Actúa de acuerdo a tu fe

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Algunos de nuestros hermanos y hermanas musulmanes brillan de emoción cuando se encuentran frente a otro Ramadán. Sus rostros resplandecen y no muestran ni un indicio de fatiga o hambre. De forma incansable van a la mezquita noche tras noche, sin preocuparse en absoluto por la alarma del reloj para el Fayer (oración del alba) del día siguiente.

Sin embargo, existen otros que tímidamente arrastran sus pies hasta la mezquita solo unas cuantas noches, preguntándose de qué se trata todo el alboroto. Realmente no lo están sintiendo. No están sintiendo esa sensación de cosquilleo que esas otras personas parecen experimentar en este bendito mes. Tampoco están buscando los beneficios de las oraciones nocturnas y no realizan ninguna otra buena acción durante este sagrado mes.

Más bien, ellos suelen ser quienes a duras penas realizan sus cinco oraciones diarias, y difícilmente las realizan a tiempo. Pero no es porque no crean en Al-lah o no tengan fe en la religión o algo por el estilo. ¡No! Es simplemente porque están tan ocupados con sus vidas, sus trabajos, sus estudios y todo lo demás, que a veces es realmente difícil lidiar con los estudios y el trabajo y todos esos “rituales” que toman tiempo. Pero, ¿realmente pensamos que estamos tan ocupados? ¿Estamos más ocupados que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y sus Compañeros, que Al-lah Esté complacido con todos ellos? Piensa en esto…

Puede ser que trabajemos o estudiemos por 10 ó 12 horas al día, metemos en ellas el gimnasio, ir de compras, comer, mirar televisión y dormir, y ya no queda tiempo. Entonces, ¿qué hacían ellos 1400 años atrás? Un hombre típico era pastor, guerrero, comerciante, granjero y obrero, etc., y todo en un mismo día. Él hacía todo con sus propias manos, bajo el ardiente sol, sin un automóvil que lo llevara a donde necesitara ir, sin aire acondicionado, sin un teléfono celular, sin correo electrónico, sin siquiera las tres comidas diarias. Y no podemos utilizar la excusa de que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y sus Compañeros, que Al-lah esté complacido con ellos, eran especiales y que fueron escogidos por Al-lah. Sí, el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, fue escogido, pero era un hombre y fue hecho para trabajar duro (más duro que cualquier hombre de hoy en día), ya que él, sallallahu ‘alaihi wa sallam, fue un ejemplo para todos nosotros. Esto puede hacerse y debe hacerse. Incluso por el más ocupado de los hombres (y el más noble), las pruebas de la vida no se sobreponen a la adoración de Al-lah. El Profeta, salllallahu ‘alaihi wa sallam, sabía esto y nos lo explicó. Cuando le preguntaron: “¿Qué acción es la más amada por Al-lah?” Él, sallallahu ‘alaihi wa sallam, respondió: “Realizar cada oración a su tiempo debido” [Bujari y Muslim].

Algunos de nosotros creemos, con todo nuestro corazón, que mientras Al-lah Sepa lo que hay en nuestros corazones, eso es todo lo que importa, incluso si no podemos realizar las oraciones o el ayuno, como está prescrito. Ellos piensan que de eso es todo lo que se trata el Islam: la intención. Mientras sus intenciones sean buenas, ¿qué importa si pierden una o dos oraciones o uno o dos ayunos?

Si este fuera el caso, terminaría con un puñado de filosofías, pero sin una verdadera fe. Porque la diferencia entre la filosofía y la religión son las acciones que apoyan esa religión. Una persona con un corazón lleno de amor por Al-lah, pero que no demuestra de forma práctica ese amor, es como un capullo de rosa que nunca florece y por tanto nunca llega a su máximo potencial. Tal capullo es aun hermoso, pero aún no ha alcanzado la belleza que Al-lah Quiere para él. No se puede negar que las intenciones por sí solas son importantes y valiosas; pero lo que queremos decir es que solo cuando van acompañadas de acciones las intenciones son una señal de verdadera fe.

Los actos de adoración que hacen del Islam una forma de vida son también los que hacen esto una cuestión de fe, y no solo un apego mental o emocional. Esta es una creencia la que abarca al ser de forma integral, y por lo tanto requiere la participación de todo el ser. Podemos pasarnos el resto de nuestros días convenciéndonos de que Al-lah conoce lo que hay en nuestros corazones (ciertamente lo conoce), pero también ha prescrito para nosotros un claro conjunto de reglamentos que se supone debemos seguir. La oración y el ayuno están entre ellos. Imagina que tenemos una tarea en la escuela y le decimos al profesor que hemos decidido no hacer la tarea porque sentimos que hemos comprendido el tema tan bien simplemente leyendo el libro de texto y asistiendo a las clases. En otras palabras, el profesor solo tiene que confiar en que conocemos el tema, y se limitará a tomar nuestra palabra como prueba de ello. Es casi lo mismo.

Al-lah nos está Probando y nosotros le estamos diciendo, al no realizar las oraciones o el ayuno, que preferimos no tomar Sus pruebas, pero que comprendemos el material. ¿Cómo es eso posible? Si realmente creemos en Él en nuestro corazón, entonces debemos estar dispuestos y ser capaces de demostrar simultáneamente con nuestros cuerpos, mentes y espíritus la fuerza y el poder de nuestra fe.

Afortunadamente, Al-lah es el más Misericordioso y Perdonador; por tanto, hagamos que este Ramadán sea nuestro trampolín para comenzar a actuar de acuerdo a nuestra fe.


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