Al borde de un ataque al corazón espiritual

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Las charlas islámicas sobre el corazón son todas buenas y provechosas, pero con frecuencia podemos perdernos (incluso agradablemente) en las discusiones alrededor de este misterioso músculo, que se adhiere en el mundo de lo oculto y a la vez tiene un cuerpo tangible. Este músculo es el asiento de nuestra vida, tanto corporal como espiritual; y mientras que existen rápidas y sencillas técnicas de chequeo para mejorar la condición física del corazón, no encontramos suficientes guías para mantener nuestro corazón espiritual sano.

Este artículo hace énfasis en cinco acciones comunes que pueden conllevar a la enfermedad del corazón espiritual, y un artículo a continuación nos dará cinco formas de mantener nuestro corazón espiritual en forma.

Al igual que las enfermedades físicas del corazón, el corazón espiritual se enferma a partir de la pereza y de la gratificación inmediata. He aquí cinco cosas que se necesita evitar para mantener el corazón en buen estado:

  1. Las adicciones

El más rápido destructor del corazón son las adicciones de cualquier forma o dimensión.  No importa cuál sea el objeto al que se sea adicto. La adicción es una fijación y el deseo por algo que va más allá de lo razonable y sobrepasa los límites saludables.

Si la cosa a la que se es adicto es algo permitido, pondrá al corazón en conflicto, y probablemente los efectos no se verán inmediatamente, sino que saldrán a relucir lentamente y con el tiempo. Al principio puede que la persona solo sienta algo de intranquilidad inicial, lo que se puede ignorar fácilmente, pero que igual puede dar el mismo resultado: dureza en el corazón y desapego y disgusto por la lectura del Corán, la oración o el recuerdo de Al-lah (dhiker).

Si la cosa a la que la persona es adicta es un pecado, pondrá al corazón en peligro severo. Uno está en el peligro de merecer el castigo de Al-lah o Su abandono hasta que se arrepienta. El corazón se cubrirá de una coraza negra y se embarcará en los susurros de Satanás mientras que se sentirá enfermo de un hambre insaciable. El corazón está en peligro de un muy rápido y brutal final, y debe decidirse prontamente a corregirse, sabiendo que revertir el daño requerirá un muy drástico y concertado esfuerzo, un enfoque a “sangre fría”.

Una buena guía para seguir es preguntarse a sí mismo qué tan fácil se puede dejar de hacer lo que se esté haciendo para ir a rezar o cuánto enfoque se tiene al rezar. ¿El objeto en cuestión visita su mente cuando se encuentra haciendo salah? ¿Obtiene alguna satisfacción en los actos de adoración o solo de aquella cosa?

  1. Pecados

No hace falta decir que los pecados embotan el corazón. Y, sin embargo, está en la naturaleza de los seres humanos el ser vulnerables a nuestros propios nafs y al susurro de los shaiatines. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Juro por Aquel en Cuya mano está mi alma, que si fueran una gente que no comete pecados, Al-lah los devolvería y los reemplazaría con gente que cometiera pecados y después buscara el perdón de Al-lah, de modo que Él pudiera perdonarlos” (Muslim).

Como humanos, vivimos en un constante ciclo de pecado, remordimiento, arrepentimiento y, ojalá, precaución y reparación (expiación). Los pecados en sí no son buenos para el corazón, pero son parte integral de nuestro paso por este mundo. Es mejor evitar los pecados, sean mayores o menores, del mismo modo en que evitamos comidas tentadoras y estilos de vida que nos llevarían a sufrir de un alto colesterol.

Aun así, esta vida está salpimentada de altos y bajos, y nadie es virtuoso en todas las circunstancias.  Nuestro Imán tiene sus altos y sus bajos, y los bajos suelen acompañarse de un flujo de pecados que, in sha Al-lah, cada quien podrá ir direccionando a medida que la conciencia de sí mismo se afianza y logra romper el patrón de conducta.

Es obvio que los pecados mayores embotan el corazón rápidamente, pero los pecados menores son un asesino silencioso, pues muy a menudo la persona cree que está “bien” hasta que se estrella con la realidad. Sí, debemos evitar los pecados, pero más importante aún (del mismo modo como cuando pasamos por un estado de pereza y de gula), por lo menos debemos tener la humildad de aceptar nuestra debilidad para empezar a retomar esos pequeños pasos que nos devuelven al camino recto, y esto empieza con un sincero arrepentimiento y pequeñas pero consistentes buenas acciones.

  1. Demasiada socialización

La socialización viene en tres formas:

La que se recomienda, como la socialización por una buena causa, este es el caso de reunirse en una halaqa o evento caritativo.

La permitida, como la de reunirse entre amigos solo con un objetivo de esparcimiento o páginas de socialización como Facebook.

Y la prohibida, como lo es encontrarse con amigos para mirar una mala película o ir a un “club” donde actividades harám o altamente cuestionables tienen una alta posibilidad de ocurrir.

La primera, la que es recomendada, es la que no contribuye con la enfermedad espiritual. Sin embargo, las otras dos sí lo hacen, cada una a su modo. La socialización permitida no embota el corazón a menos que se haga demasiado.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Deberían reír menos. Verdaderamente, demasiada risa embota el corazón” (Al Adab Al Mufrad, calificado como hasan por Imám Al Bujari).

La socialización permitida puede, de hecho, mantener el corazón con buen balance y promover su buena salud, puesto que todos necesitamos un descanso o tiempo de relajación en medio del trabajo. Del mismo modo que alguien que asiste al gimnasio regularmente y come bien, pero se permite ocasionalmente una pizza o unos días sin ir al gimnasio para quedarse en casa y descansar.

Si se trabaja en esta socialización permitida hacia una mejor y más elevada rutina de entrenamiento espiritual, esto será un preventivo contra posibles ataques. Sin embargo, si se socializa en exceso, el corazón empezará a sentirse intranquilo y a estar en riesgo. A veces, no podemos impedir que el medio nos requiera socializar más de lo que quisiéramos, ya sea por compromisos laborales o familiares. La solución para esto es programar un tiempo establecido para estar a solas consigo mismo, como el tiempo del salat ad-duha o del qiam al lail, para así poder nutrir el corazón.

Sobra decir que socializar en formas que implican acciones pecaminosas hiere el corazón y lo lleva a estropearse. Muchos musulmanes necesitan saber y estar precavidos sobre los pecados silenciosos que acompañan la socialización, tales como el chisme, alardear o ser argumentativos, especialmente en los medios de comunicación social.

  1. Comer y beber en exceso

He aquí una práctica que puede atrofiar tanto el corazón físico como el corazón espiritual al mismo tiempo. Y mientras supone un doble riesgo, es también por lo general pasada por alto o menospreciada. El consumo excesivo puede ser un tipo de adicción, perteneciente a la primera categoría de males a evitar. Sin embargo, puede también tratarse de un mal hábito combinado con una cierta pereza para tomar riendas sobre el asunto. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “El creyente fuerte es mejor para Al-lah que el creyente débil” (Muslim).

La fuerza no debe entenderse aquí en términos de fuerza bruta, sino en términos de nivel de estado físico. Un musulmán que tiene un peso saludable y un cierto nivel de atletismo tendrá más energía para sus actos de adoración, puesto que muchos actos de adoración implican el componente del cuerpo físico.

El ayuno tiene como prerrequisito la abstinencia de comida y de bebidas, pero quienes se han vuelto diabéticos por sus malas elecciones en sus estilos de vida no pueden ni siquiera ayunar. Otros acostumbrados a comer demasiado a lo largo del día comerán en exceso a la hora del iftar y no se sentirán ágiles para el salah de la noche. Estar de pie es una de las posiciones claves durante el salah, pero una persona con sobrepeso necesitará sentarse porque sus rodillas y tobillos no podrán cargar su propio peso. O puede ser que la persona sea delgada, pero sin condición atlética alguna, entonces se sentirá fatigado durante los largos periodos de salah. Cualquiera que consuma alimentos en exceso tendrá dificultad para salir de estados de sueño o letargo, bien sea para realizar qiam al lail o Fayer, por una condición de “coma por comida”.

Quienes consumen demasiado alimento también suelen estar distraídos por pensamientos constantes sobre comidas y bebidas. Cada vez que sienten un antojo de comida, buscan satisfacerlo, entonces emplean una gran cantidad de tiempo preparando comida o comiendo. Si la persona aprende a sobrellevar un poco de hambre, podrá realizar más actos de adoración.

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, nos aconsejó cómo llenar nuestros estómagos: “No hay recipiente que el hijo de Adam (Adán) pueda llenar que sea más perjudicial que su estómago, pues es suficiente para él tomar unos cuantos bocados para mantener recta su espalda. Sin embargo, si su apetito lo supera, entonces puede llenar (su estómago) un tercio con agua, un tercio con comida y un tercio con aire (para facilitar la respiración)” (Ibn Mayah).

Abu Sulaimán Ad-Darani dijo: “Todo se oxida, y la oxidación del corazón es comer hasta la saciedad”.

  1. Sueño desproporcionado

Hay muchas investigaciones que sugieren la importancia del sueño y que el ser humano debería tener, en promedio, ocho horas de sueño por la noche. Sin embargo, sabemos que nuestro amado Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, solía rezar por lo menos un tercio de la noche. Para nosotros, cualquier porción de la noche para levantarnos a orar es mejor que nada.

No debemos pensar en el sueño únicamente en relación al número de horas, sino también en la calidad de dichas horas. Como musulmanes, creemos en el concepto de barakah, lo que implica un incremento más allá de lo que se puede esperar en el curso normal de cada asunto. Si levantarnos para hacer qiam al lail o incluso Fayer es difícil y nuestro cuerpo nos grita que está cansado, entonces nuestro estado biológico nos está diciendo que regresemos a la cama, que necesitamos más descanso. Aun así, la mayoría de nosotros sabe que un día sin Fayer es por lo general un día con su barakah disminuida o perdida, un día de letargo y de falta de enfoque.

Entonces, para quien da un poco de su noche en adoración a Al-lah, bien sea en oración o leyendo Corán o haciendo dhiker, esa persona sabe que, si bien ha perdido un poco de sueño, Al-lah pondrá barakah en el sueño que tome. Y, además, ese sueño no solo será suficiente para él, sino que se sentirá más vivaz al día siguiente. Esto es porque, si bien el cuerpo se priva de un poco de sueño, el alma se refresca y el corazón está animado. La energía vital no viene solo del cuerpo físico, sino también del corazón y del alma.

Muchos son los que duermen mucho de noche y, sin embargo, al día siguiente aún se sienten aletargados. Esto es porque su alma está prácticamente en un coma por la ausencia de algún esfuerzo y de aptitud para la adoración de Al-lah. Han caído demasiado en la autoindulgencia y son estos quienes tienen el corazón atrofiado.

Permitámonos iniciar el proceso de limpiar nuestros corazones removiendo su oxidación. In sha Al-lah en el próximo artículo propondremos cinco hábitos saludables para nutrir y proteger el corazón espiritual.


1 comentario

  • 🙂

    Estuve leyendo tu artículo y hay cuantiosas información que no sabía que me has enseñado,
    esta espectacular.. te quería agradecer el espacio que
    dedicaste, con unas infinitas gracias, por instruir a personas
    como yo jajaja.

    Besos

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