En el nombre de Dios

Hace un mes, una vecina fuerte, vigorosa, madre de tres y abuela de uno, estaba degustando un delicioso sancocho. El sábado anterior habíamos estado…

Hay que educar

Llegué a la casa de mi amada abuelita; ella, como buena abuelita que es, me ofreció comida, unos religiosísimos frijoles verdes que yo acepté…