Buscando ayuda a través de la consejería (parte 1 de 2)

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Cada año, uno de cada cinco adultos en los Estados Unidos experimenta un problema mental o emocional que no es capaz de afrontar y resolver por sí mismo. No es sorprendente, dado el mundo complejo y acelerado en que vivimos. Los siguientes tres casos son ejemplos comunes de problemas que requieren la ayuda de un consejero (los nombres y los detalles han sido cambiados para proteger la privacidad).

  • Rania estaba muy deprimida cuando fue a su primera sesión de consejería. Ella se sentía desesperanzada respecto a su matrimonio. Declaró que su esposo, Omar, era un buen proveedor, pero se quejó de que era emocionalmente seco y poco afectivo. Dijo que él siempre tenía que estar “haciendo algo, escuchando algo, viendo algo” y nunca era capaz de simplemente sentarse y hablar calmadamente o dar un paseo, o estar solo con ella sin ninguna clase de diversión. Cuando Omar vino a una sesión y se discutió este tema, él estaba seguro sobre su definición de amor. Para él, amor significaba brindar alimentación, vivienda y vestido, tener intimidad sexual con el cónyuge y tener hijos. Él no estaba de acuerdo con la definición de su esposa respecto a que el amor también era ser “confianzudo y juguetón”. Cuando Rania le pidió leer un libro sobre el matrimonio en el Islam, él se negó. Él consideraba que “sabía lo suficiente” y consideraba que su petición era exigente. Omar alejaba a Rania cada vez que ella trataba de encontrar o crear compatibilidad en sus visiones de amor y matrimonio. Esto la hacía sentirse rechazada e ignorada como mujer y como esposa.
  • Sarah era una mujer joven que vino a consultoría debido a sus pensamientos obsesivos. Enumeraba en su mente lo que tenía que hacer cada día, una y otra vez. Sentía que este problema le estaba arruinando la vida ya que le resultaba muy difícil enfocarse en las clases de su universidad y se sentía ansiosa la mayor parte del tiempo. Nunca participaba en clase y evitaba las amistades con sus compañeros, ya que no quería que nadie se diera cuenta de su problema. Ella no sabía la causa de su problema ni cómo manejarlo. Mientras más trataba de acabar con su hábito de enumerar, este parecía fortalecerse más. Ella era miserable y estaba desesperada por encontrar alivio y vivir su vida sin obsesión y sin ansiedad.
  • Ali y Heba pidieron consejería puesto que se sentían miserables y muy desdichados. El amor y la alegría que habían experimentado cuando se habían casado, de algún modo parecían haberse desvanecido gradualmente. Ali se quejaba de que sentía mucho resentimiento hacia ella y que ella se enojaba con él a menudo. Heba declaró que su ira se debía a que Ali la culpaba de cosas que ella sentía que eran resultado de su propia desorganización y de la falta de administración de su tiempo. Ellos discutieron en su sesión de consejería el ejemplo de cuando Ali prometió llevar a Heba a un Halaqa (círculo de estudio) un día en particular a una hora específica. Ali esperó hasta el último minuto para partir, manifestándole a Heba de muchas formas pequeñas que ella lo estaba incomodando y que le impedía ocuparse de cosas como hacer llamadas o contestar sus correos electrónicos. Esta dinámica de Ali criticando a Heba y ella enojándose por ello había comenzado a dominar su relación.

¿Qué tienen en común las personas de estas tres historias? Todos son musulmanes practicantes. Todos tienen retos personales o de relación. Todos ellos sufren de una incapacidad para arreglárselas con tales retos. Y, finalmente, todos son ejemplos de individuos o parejas que inicialmente se negaron a considerar la consejería cuando le fue sugerida por un cónyuge, familiar o amigo.
¿Qué habría pasado si hubieran sabido que la consejería es una forma de abordar los asuntos y aumentar su capacidad de lidiar de manera saludable y efectiva con los desafíos de la vida? ¿Si hubieran sabido que a través de la experiencia de la consejería uno puede promover las capacidades y los recursos necesarios para encontrar realización personal y una mayor satisfacción en las relaciones? ¿Si hubieran sabido que a través de la consejería podrían corregir su visión de sí mismos y de los demás? ¿Si hubieran sabido que a través de la consejería podrían fortalecer su relación con Al-lah, el Todopoderoso?

¿Buscar consejería es un estigma o es un acto loable?

Las personas en estas historias no se dieron cuenta de que los beneficios anteriores estaban disponibles para ellos a través de la consejería y, peor aún, ellos veían la consejería como un estigma. Ellos pensaban que pedir consejería era algo vergonzoso, que mancharía su reputación y los marcaría como enfermos mentales o como personas disfuncionales/deficientes o islámicamente débiles. Además, a los musulmanes tradicionalmente se los ha desanimado de revelar dificultades personales o familiares a cualquiera fuera de la familia. Sentir que la consejería es una violación a la confidencialidad familiar contribuye a verla como un estigma. Esta visión de la consejería es muy común en nuestras comunidades musulmanas. Sin embargo, nada está más lejos de la realidad. Una y otra vez la situación cambia cuando un individuo o una pareja se persuade de que la consejería puede ayudar y da el primer paso para buscar esa ayuda, entonces se le abre un mundo de autodescubrimiento. El crecimiento personal y espiritual, una mayor felicidad, y el aumento en la satisfacción dentro de la relación, todos son potenciales excitantes. Ellos llegan a comprender que buscar consejería es una señal de que están decididos a lograr el éxito en esta vida y en la última.


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