Buscando curación con ruqia y el Corán (parte 1 de 2)

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El asunto de buscar tratamiento con ruqia y el Corán es muy serio y requiere una discusión franca debido al hecho de que una serie de innovaciones y supersticiones, que no tienen soporte en el Corán ni en la Sunna del Profeta Muhammad ni en el ejemplo de sus nobles compañeros, están siendo practicadas en el nombre de la ruqia y de la curación a través del Corán.

Aunque a menudo se traduce ruqia como “encantamiento”, esta definición es engañosa y conlleva una connotación negativa en español. Mientras que la palabra encantamiento se suele asociar con historias de brujería y hechizos mágicos, la ruqia implica recitar el Corán y hacerle súplicas a Al‑lah para ayudar en el tratamiento de la enfermedad y otros problemas, y de ninguna manera implica brujería, magia ni hechicería en lo absoluto.

Ibn Hayar Al Asqalani dijo que la definición de ruqia incluye taawud, que significa buscar refugio. En sus palabras: “No hay desacuerdo alguno (entre los eruditos) en cuanto a la permisibilidad de recurrir a Al‑lah en busca de ayuda y refugio para cualquier cosa que ocurra o que se espera que suceda” (Fatḥ Al Bari).

El tema de la curación con ruqia está estrechamente ligada a la aqida y la moral, y se refiere a problemas sociales complejos y fenómenos que han surgido en los últimos tiempos. Lamentablemente, la discusión excesiva sobre estos temas, junto con frecuentes tratamientos a través de ruqia sin el conocimiento básico, se han convertido en algo común. Esto ha llevado a que aumente el número de personas que afirman practicar la ruqia, cuando no tienen ningún conocimiento del Islam y mucho menos siguen sus enseñanzas.

Una cantidad de estas personas no calificadas ha aprovechado la oportunidad para ganarse la vida con la ruqia, a menudo beneficiándose del temor y la desesperación de sus clientes. Estos charlatanes a menudo explotan a sus clientes a nivel financiero, emocional e incluso sexual. Otros se han vuelto laxos en cuanto a tratar a las mujeres y han llegado hasta a ver sus encantos, descubrir partes de sus cuerpos e incluso tocarlas.

En consecuencia, las personas han llegado a desconfiar de dichas prácticas.

Al discutir los beneficios de la ruqia legítima, uno no puede ignorar los feos asuntos ya mencionados, ya que estos deben ser expuestos de modo que los musulmanes puedan distinguir entre la ruqia que es permitida en el Islam, y las prácticas desviadas que son la obra de charlatanes y oportunistas codiciosos.

En este espíritu, la principal preocupación de este artículo es ofrecer consejo sincero y advertir contra las desviaciones malvadas a las que la práctica inadecuada de la ruqia puede llevar, así como discutir los efectos perjudiciales que estas tienen sobre la aqida, la moral y la vida social en general. Como veremos, las mejores defensas contra la charlatanería y la ignorancia son la fe en Al‑lah y un buen conocimiento islámico.

La condición del corazón

El corazón normalmente está lleno y no permite que nada ajeno ingrese a él, a menos que otra cosa lo abandone primero. Ibn Al Qaiem dijo: “Para que un lugar abra espacio para que otro lo ocupe, está obligado a vaciarse primero. Esto aplica a los asuntos materiales tanto como a las creencias y la voluntad” (Al Fawa’id).

El siervo creyente conoce a su Creador, por qué fue creado, y el viaje después de la muerte. También sabe que los humanos y los yinn no tienen poder para dañarse o beneficiarse a sí mismos, ni controlan la vida, la muerte ni la resurrección sin la licencia de Al‑lah.

El creyente monoteísta, por lo tanto, lleva una vida pacífica, pues sabe muy bien que nadie tiene poder sobre él excepto con el permiso de Al‑lah, y Al‑lah dice: {[Satanás:] No tendrás poder alguno sobre Mis siervos, salvo los que se extravíen siguiéndote} [Corán 15:42].

Y otra aleya dice: {Si Dios te aflige con una desgracia, nadie excepto Él podrá librarte de ella. Pero si te agracia con una bendición, Él tiene poder sobre todas las cosas} [Corán 6:17].

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le dijo una vez a Abdul-lah Ibn Abbas: “¡Muchacho! Permanece atento a Al‑lah y Él estará atento a ti. Protege Sus derechos y Él siempre estará contigo. Si debes mendigar, ruégale solo a Él; y si necesitas ayuda, suplícale solo a Al‑lah por ayuda. Recuerda que, si toda la gente desea beneficiarte, no podrá brindarte nada excepto lo que Al‑lah ha predestinado para ti. Y si todos intentan hacerte daño, no podrán afligirte en nada excepto en lo que Al‑lah ha predestinado contra ti. Las plumas se han secado y puesto a un lado, y la tinta del Libro (de la predestinación) se ha secado” (Ahmad y Tirmidhi).

En contraste, la fe débil en el monoteísmo, una dependencia débil de Al‑lah, y una falta de conocimiento beneficioso, hacen que el corazón sea caldo de cultivo para insinuaciones, ilusiones y trivialidades.

Con respecto a esta condición peligrosa, Ibn Al Qaiem escribió: “Los espíritus malignos obtienen principalmente el control de aquellos que tienen poca inclinación religiosa, y de los que la fe ha abandonado sus corazones y lenguas, [personas] cuyas almas están vacías del recuerdo de Al‑lah y de las fórmulas para fortalecer la fe propia. Cuando los espíritus malignos encuentran a una persona que está aislada, desarmada y desnuda, pueden atacarla fácilmente y vencerla” (At-Tib An-Nabawi).

Y también comentó: “La brujería de los hechiceros solo afecta a los corazones débiles y a las personas que están apegadas a los caprichos y deseos mundanos, que no participan en la lectura del Corán y en hacer súplicas proféticas a diario. Los eruditos han dicho: ‘Los hechizados son aquellos que se dejan hechizar, porque siempre encuentras sus corazones atados a algo y obsesionados con ello, de modo que sus corazones se ven dominados con esa cosa dependiendo del grado de apego a la misma. Y Al‑lah sabe más” (Al Fawaid).

La solución para este problema es llenar el corazón, la mente y la vida con actividades relacionadas con servir a Al‑lah, reflexionar sobre Él y recordarlo. De este modo, la fe se convierte en un arma poderosa en la lucha contra aquellos que buscan utilizar la magia, la brujería y el engaño a fin de obtener algún beneficio para sí mismos.

La legitimidad de buscar tratamiento médico

No hay duda alguna de que el Islam vino con poderes curativos tanto para el corazón como para el cuerpo. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Hay un remedio para cada enfermedad, y cuando el remedio es aplicado a la enfermedad, esta se cura con el permiso de Al‑lah, el Exaltado y Glorioso” (Múslim).

Comentando sobre este hadiz, Ibn Al Qaiem escribió: “El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, condicionó la curación a la aplicación de la medicina a la enfermedad [correcta]. [Así como toda criatura tiene su opuesto], toda enfermedad tiene su remedio que puede curarla. La recuperación está condicionada a que el remedio corresponda a la enfermedad… Por lo tanto, siempre que el remedio [sea excesivo en la manera o cantidad], traerá consigo otra enfermedad. Por el contrario, siempre que la cantidad administrada sea menor a la necesitada, fallará en resistir a la enfermedad y, en consecuencia, resultará ineficiente. En consecuencia, si el médico no encuentra el remedio apropiado, o si el remedio no corresponde a la enfermedad, la cura resulta imposible. Además, si el tiempo no es conveniente para una medicina [en particular], el remedio también resultará infructuoso. De modo similar, si el cuerpo no acepta [ese remedio] o está demasiado débil para tomarlo, o hay algo que evita que este tenga un buen efecto, la cura no tendrá lugar. Por otra parte, siempre que el remedio corresponda a la enfermedad, la cura tendrá lugar sin duda, con la licencia de Al‑lah” (At-Tib An-Nabawi).

Curiosamente, hay personas que desprecian las técnicas modernas para el diagnóstico de muchas enfermedades, y atribuyen erróneamente cualquier enfermedad a la que se enfrentan a los efectos de la posesión de los yinn, el mal de ojo o la brujería. Su ignorancia resulta en ocasiones en la muerte de un paciente, en un intento inútil por exorcizar el supuesto yinn. Por tal razón, es necesario identificar la naturaleza de una enfermedad primero que todo, y luego tratar de hallar la cura correspondiente, ya que, si uno no está seguro de la naturaleza de la enfermedad, ¿cómo podría prescribir la medicina adecuada?

Algunos se pueden preguntar si buscar tratamiento médico contradice el principio de tawákul (la verdadera confianza en Al‑lah). De hecho, numerosos hadices proféticos, incluyendo el anteriormente mencionado, apoyan la opinión de que buscar tratamiento médico es perfectamente aceptable e incluso aconsejable en el Islam. Existe acuerdo unánime entre todos los eruditos musulmanes a este respecto.

La guía del Profeta con respecto a la protección y la curación

Nuestra mejor guía en la vida viene de estudiar la vida y los hábitos del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, quien nos mostró qué hacer en toda circunstancia. {Se les ha presentado un Mensajero de entre ustedes mismos que se apena por sus adversidades, se preocupa y desea que alcancen el bien [e ingresen al Paraíso]; es compasivo y misericordioso con los creyentes} [Corán 9:128].

De hecho, él nos guio a todo lo que es bueno y nos advirtió contra todo lo que es malo. Su gruía incluye además protección contra toda clase de enfermedades, así como formas y medios para manejarlas cuando ocurren. Examinaremos aquí algunas medidas de protección prescritas por el Profeta, además de varios remedios para combatir los efectos del mal de ojo y la brujería.

Medidas de protección

La protección contra el mal, en general, puede realizarse afirmando la creencia en la unidad y unicidad de Al‑lah, descubriendo acerca de Él a través de Sus nombres sublimes y atributos elevados, ofreciéndole adoración sincera solo a Él, obedeciendo Sus mandamientos, confiando en Él, amándolo y recordándolo con frecuencia. Así es como buscamos Su protección en general.

También, hay detalles con respecto a cómo buscar Su protección utilizando métodos más específicos, como hacer súplicas antes de tener relaciones sexuales para resguardar a la descendencia, recitar sura La vaca en casa, y recitar la aleya del trono y las últimas tres suras del Corán (conocidas como Al Muawidat).

Vale la pena mencionar que hay una gran diferencia entre las palabras sinceras que emanan del corazón, y solo hablar “de dientes para afuera”. Lo que aquí se requiere es el recuerdo que involucra tanto el corazón como la lengua. Ibn Al Qaiem describe esto como “un tipo de lucha”: “Un luchador solo puede derrotar a su oponente si el arma que utiliza es fuerte, y si él mismo es lo suficientemente fuerte como para manejar dicha arma. Si una de esas dos condiciones no se cumple, el arma no servirá de nada. El problema será aún peor si no se cumple ninguna de las dos condiciones” (At-Tib An-Nabawi).

Tratamiento para mal de ojo

El poder para hacer daño a los demás con una mirada o un vistazo, conocido como mal de ojo, es real. Ibn Abbas narró que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “El efecto del mal de ojo (al ain) es real, porque si hubiera algo que pudiera superar al destino [por la rapidez con que se manifiestan sus efectos], habría sido [el efecto de] el mal de ojo” (Múslim).

Para evitar el efecto del mal de ojo al ver algo o alguien que le agrada, y se teme que pueda ser afectado por el mal de ojo, uno debe decir: “ma sha Al‑lah” (solo lo que Dios quiere ocurrirá), y luego debe orar a Al‑lah para que bendiga a esa persona o cosa.

El tratamiento del mal de ojo puede ser efectivo dependiendo de si quien ha sido alcanzado por el mal de ojo es conocido. Si es conocido, la evidencia que apoya lo que se debe hacer proviene del siguiente hadiz. Abu Umamah Ibn Sahl Ibn Ḥunaif narró: “Mi padre, Sahl Ibn Ḥunaif, realizó el gúsul en Al Jarrar. Se quitó el jubah que llevaba puesto, mientras Amir Ibn Rabia observaba, y Sahl era un hombre con una hermosa piel blanca. Amir le dijo: ‘Jamás he visto nada como lo que he visto hoy, ni siquiera la piel de una virgen’. Sahl cayó enfermo en el acto y su condición empeoró. Alguien fue con el Mensajero de Al‑lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le dijo que Sahl estaba enfermo, y no podía ir con él. El Mensajero de Al‑lah fue y Sahl le contó lo que había ocurrido con Amir. El Mensajero de Al‑lah dijo: ‘¿Por qué uno de ustedes mata a su hermano? ¿Por qué no dijiste: Que Al‑lah te bendiga (tabáraka Al‑lah)?. El mal de ojo es real. Haz wudú por él”. Amir realizó el wudú. Luego, el Profeta roció parte del agua del wudú de Amir sobre la cabeza y el cuerpo de Sahl. Luego, Sahl fue con el Mensajero de Al‑lah y no tenía nada de malo” (Ahmad).

Sin embargo, si la persona que ha lanzado el mal de ojo no es conocida, entonces el tratamiento puede realizarse a través de ruqia, las súplicas proféticas apropiadas y la demostración de devoción sincera a Al‑lah. Al‑lah siempre responde la duá de los afligidos, como dice el Corán: {… Quien responde al afligido cuando Lo invoca…} [Corán 27:62].

Ibn Al Qaiem dijo: “Entre las fórmulas para buscar refugio en Al‑lah y aquellas que abarcan ruqia, están: la recitación frecuente de sura El amanecer, sura Los seres, sura El inicio, y la aleya del Trono”.

Uno también debe recitar súplicas proféticas, como las siguientes:

❋ “Busco refugio en las palabras perfectas de Al‑lah, del mal que Él ha creado”.

❋ “Busco refugio en las palabras perfectas de Al‑lah, de todo demonio, alimaña y mal de ojo”.

❋ “Busco refugio en las palabras perfectas de Al‑lah, que ninguna persona justa ni perversa puede transgredir, del mal que Él ha creado, traído a la existencia y producido”.

❋ “Para nosotros Al‑lah es suficiente, y Él es el mejor guardián. Al‑lah es suficiente para mí. No existe divinidad excepto Él. En Él pongo mi confianza, y Él es el Señor del Trono Poderoso”.

Quienes han realizado estas súplicas, en verdad se han dado cuenta de sus abundantes beneficios y de la gran necesidad de ellas, porque alejan el mal de ojo y eliminan el efecto, por supuesto, dependiendo de la fuerza de la fe de aquel que las recita, la fortaleza de su resolución espiritual, la fuerza de su confianza en Al‑lah y una creencia firme. De hecho, [estas cosas] son armas [en la lucha contra el mal] (At-Ṭib An-Nabawi).

Tratamiento para la brujería

Sobra decir que es mejor prevenir que curar. Por lo tanto, uno debe protegerse a sí mismo del efecto de la magia y la brujería antes de que ocurran. Entre otras cosas, esto se puede lograr demostrando devoción sincera y adoración únicamente a Al‑lah, confiando en Su destino y designio, buscando Su protección al recordarlo con frecuencia, y recitando súplicas proféticas en momentos apropiados.

Comer dátiles de Medina es otra manera de evitar el efecto maligno de la brujería, como se menciona en el hadiz narrado por Sad, en el que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si alguien [come] siete dátiles aywa en la mañana, no será afligido por veneno ni brujería ese día” (Bujari y Múslim).

Es importante ser conscientes de que quienes se beneficiarán de este hadiz son solo aquellos que creen sinceramente en lo que dijo el Profeta y creen firmemente que todo lo que él dijo es cierto, ya sea que su realidad haya sido confirmada o no.

En cuanto a tratar la brujería después de que ha ocurrido, la persona afectada debe demostrar paciencia y satisfacción total con el decreto de Al‑lah. También es esencial que asuma cualquier mal que haya hecho y se arrepienta de sus pecados. Cuando busque tratamiento, debe evitar los pseudotratamientos que ofrecen los magos, brujos y charlatanes, e insistir en recibir tratamiento solo de aquellos que son reconocidos por su piedad y rectitud.

Continuará, in sha Al‑lah, en la parte 2…


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