Consejos para musulmanes. La búsqueda del conocimiento (parte 1 de 2)

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“El conocimiento constituye la guía para llegar hasta Al-lah” (Imam Ahmad).

Es verdad que existe mucha división en nuestras comunidades latinoamericanas, son muchas las causas y no se pueden reducir a una sola. En mi opinión el conocimiento, o más específicamente la falta de conocimiento, es una de ellas; pero no solo la falta de conocimiento islámico, también otras cosas como la falta de modales al preguntar o responder, de entender qué es el conocimiento islámico y las diversas ciencias que lo componen, entre otras cosas.

En este artículo no voy a tratar un tema tan extenso como lo es el conocimiento islámico, solo quiero ceñirme a un tema que me apasiona y creo que ayudará a disminuir problemas en las comunidades: los modales. En este caso, los modales de quien hace preguntas sobre asuntos islámicos.

Modales para quien hace preguntas sobre asuntos islámicos

  1. Pregunte: Parece una tontería, pero es en serio, preguntar antes que asumir es uno de los modales del musulmán. En tiempos del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), sus compañeros y compañeras preguntaban todo lo que no entendían antes de sospechar. En un hadiz bien conocido, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: “Eviten la sospecha, ya que la sospecha es la más mentirosa de las habladurías. No se investiguen unos a otros, no se espíen, no deseen las cosas de los otros, no se envidien, no se detesten. Sean hermanos” (Muslim).

Además, en el Corán se dice: {¡Oh, creyentes! Eviten sospechar demasiado [de la actitud de los demás] pues algunas sospechas son un pecado} [49: 12].

Muchas veces las suposiciones sobre las actitudes de los demás conllevan fitna, en especial si son sospechas sobre los líderes de las comunidades: que tal hizo esto y eso es innovación, que hizo lo demás y eso es de kufar, etc., son comentarios que suelen escucharse. No los repitan. Si ven algo que les es extraño, pregunten la razón; puede que sea innovación, puede que no lo sea, lo importante es no basarse en la ignorancia.

Hay un hadiz muy bonito al respecto: había un sahaba que tenía poca barba, cada vez que se encontraba con el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) veía que Muhammad lo miraba y sonreía, el sahaba pensó que se estaba burlando de su barba despoblada y se afeitó completamente. La siguiente vez que se encontró con el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), este lo vio y frunció el ceño, entonces el sahaba le dijo: “¡Oh, profeta! Cuando me veías con mi barba (poquita) te reías, ¿y ahora que la quito te molestas?”. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le respondió: “Cuando te veía, veía que entre los pelos de tu barba había tres ángeles y les gustaba balancearse entre ellos y por eso sonreía; pero ahora los ángeles se han ido”.

¡Subhán Al-lah! El hombre asumió que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se estaba burlando de él, y por esa actitud perdió la compañía de los ángeles que jugaban con su barba. Preguntar es muy importante, pero con las intenciones adecuadas, que es justamente el siguiente modal a tener en cuenta.

  1. Intención y sinceridad: Hacer preguntas islámicas puede tener muchas intenciones, pero la principal debe ser sincera, y esto quiere decir que debe ser para agradar a Al-lah, el Altísimo. En la Sunna encontramos hadices en los que el Profeta advirtió sobre la falta de sinceridad al preguntar, él dijo: “Quien busque el conocimiento para debatir con la gente no olerá el Paraíso”, y luego agregó: “y la fragancia del Paraíso se huele a miles de kilómetros” (Bujari).

También es importante que no se busque satisfacer deseos; hace poco vi un video donde un hombre le decía a un Shaij que él tenía un hijo de un año, que estaba sin trabajo y por lo tanto no estaba en buena situación económica, que era consciente de que no ayudaba en casa, pero que quería tener otro hijo. El Shaij le contestaba que es Sunna esperar para tener más hijos, al menos los dos años del amamantamiento. El hombre no aceptó la respuesta, sino que respondió con el hadiz en donde el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dice que aquel que tenga tres hijas entrará en el Paraíso. El Shaij le explicó que este hadiz completo dice: “… quien tenga tres hijas y las instruya en la religión”, por lo tanto, no es solo tenerlas sino también educarlas correctamente, y que para eso él debía encontrar trabajo, para que su esposa pudiera dedicarse a las niñas. El hombre le replicó cada respuesta y dalil que le daba el Shaij, hasta que este optó por callarse.

Era obvio que este hombre no quería una respuesta, quería una JUSTIFICACIÓN, poder llegar a casa y decirle a su esposa que debía embarazarse porque tal Shaij le dijo esto y lo otro. Eso también es muy común y debemos evitarlo, las preguntas son para conocer mejor nuestra religión, no para justificar nuestros deseos e instintos, y esto nos lleva al siguiente punto de estos breves consejos.

  1. Evite las preguntas ociosas: En Medina, durante el tiempo en que vivía el Imam Málik, vivían muchos sabios y ellos respetaban al Imam y lo reconocían como el más grande de todos ellos, de tal manera que cuando eran preguntados, respondían: “¿Voy a dar una opinión jurídica estando Málik en Medina?”.

Un día llegó a la mezquita donde Málik un hombre y le preguntó: “¿Cómo se asentó Al-lah sobre el Trono?”[1]. Luego de un tiempo, el Imam respondió: “Sabemos que Al-lah está sobre Su Trono y aceptar esto es obligatorio, pero esta pregunta que haces es bida’a”. Y ordenó echarlo.

¿Por qué? Porque esa pregunta es sobre el conocimiento oculto que solo pertenece a Al-lah, alabado sea, e insistir en conocerlo lleva a la desviación.

Este es el ejemplo clásico sobre preguntas sin utilidad, no hay que ser de los arrogantes que quieren conocer solo lo que Al-lah conoce, ni tampoco de los ociosos que preguntan solo para satisfacerse.

Cuando se está escuchando una clase o se está adquiriendo conocimiento, siempre se recomienda hacer la Du’a que el Profeta enseñó: “¡Oh, Al-lah! Me refugio en ti del conocimiento que no me beneficia”.

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[1] En referencia a la aleya del Trono 2:225.


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