Derechos de los pobres en el Islam (parte 1 de 2)

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En las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016, los candidatos progresistas han hecho énfasis en ayudar a los pobres por medio de impuestos que se tomen de las ganancias de los ricos.

Ayudar a los pobres es un valor social básico en el Islam

Tres distintas dimensiones normativas manifiestan la clara y comprometida posición del Islam a favor de los pobres:

  1. El Islam establece varios principios y valores que favorecen a los pobres.
  2. Numerosos textos de la revelación islámica exhortan a los musulmanes a estar del lado de los pobres.
  3. El Islam establece varios mecanismos para hacer realidad la ayuda comunal e individual a los necesitados.

Echemos pues un vistazo a estos tres grupos de textos islámicos que promueven la asistencia social y emocional a los pobres.

Cuatro principios islámicos que prescriben asistir a los necesitados

  1. El derecho a la autodefensa contra la opresión

Varias aleyas del Corán establecen el derecho de la gente a defenderse contra la opresión y la injusticia: {Quien se defiende cuando es oprimido, no debe ser reprochado. Los que deben ser reprochados son quienes oprimen a la gente y se comportan con soberbia en la Tierra sin derecho alguno. Esos sufrirán un castigo doloroso} [Corán 42:41, 42].

La esencia pura de este principio es remover la opresión e injusticia y restaurar la justicia. Esta esencia se hace realidad concediendo a cada bando que ha sido oprimido el derecho a defenderse y procurar justicia. El Imam At-Tabari dice al comentar el significado de esta aleya: “No hay motivo para culpar o castigar a los que hacen algo defendiéndose de la opresión, pues ellos lo han hecho por un derecho de origen divino. Tal defensa en este caso no sería una transgresión o una injusticia. La culpa y el castigo deben recaer solo sobre los que agreden y dañan a la gente de forma injusta”.

El Imam Al Qurtubi dice sobre la misma aleya: “Esta aleya es prueba de que una persona que es víctima de opresión tiene derecho a recuperar su derecho violado o usurpado personalmente. La injusticia viene en tres formas, y cada una de estas es una excusa legal para actuar en defensa propia”.

  • Primera excusa para la defensa propia: daño físico. No hay ninguna culpa en quien busca una indemnización o vindicación contra quien le ha causado un daño físico, siempre que la retribución sea proporcional al daño recibido.
  • Segunda excusa para la defensa propia: violación del derecho mismo. Cuando se da una agresión contra una persona, contra su propiedad o contra sus derechos, y esta agresión tipificada tiene prescrito un castigo divino (hadd) hay derecho para denunciar y exigir el castigo. Sin embargo, es la autoridad comunitaria la encargada de ejecutar el castigo por tal crimen y después de un juicio justo.
  • Tercera excusa: daño económico. La parte agraviada tiene derecho de luchar para recuperar sus derechos económicos violentados hasta recuperarlos del transgresor.

Por lógica, entonces, una de las formas básicas de injusticia que los musulmanes están obligados a combatir la componen las injusticias sociales contra los pobres.

Alí Bin Abi Tálib, un sahabí reconocido por su visión aguda en la jurisprudencia y por ser uno de los cuatro califas bien guiados, dijo al respecto: “Al-lah les ha impuesto a los ricos el deber de dedicar parte de sus bienes para satisfacer las necesidades básicas de los pobres en sus comunidades. Suficiente prueba de la negligencia de los ricos en la práctica de los mandamientos de Al-lah es el hecho de que los pobres se encuentran indefensos contra los embates del hambre y la miseria. Por esto, Al-lah mismo les pedirá cuentas y castigará dolorosamente en el Día del Juicio”.

Alí también dijo: “Nunca vi la acumulación de una gran fortuna sin que haya a la vez usurpación del derecho ajeno”.

  1. Defensa de los valores de equidad y justicia

Hay varios textos de la revelación que elogian la equidad y promueven su práctica.

Abu Huraira relató: “Al mensajero de Al-lah se le preguntó: ¿quién es la mejor persona? Y él respondió: ‘El que más teme a Al-lah’” (Muslim).

Estas palabras son pronunciadas en el contexto tribal de la Arabia preislámica, donde se privilegiaba el linaje, la tribu, las alianzas y la fortuna. Aquí la taqwa, el temor reverencial de Al-lah, se convierte en un parámetro que genera igualdad, pues ningún otro atributo eleva a un hombre sobre otro.

Así también nos dice Al-lah en el Corán: {¡Oh, seres humanos! Los he creado a partir de un hombre y de una mujer, y los congregué en pueblos y tribus para que se reconozcan los unos a los otros. El mejor de ustedes ante Dios es el de más piedad. Dios todo lo sabe y está bien informado de lo que hacen} (Corán 49:13).

En otro hadiz, el Profeta dijo:  “Todos los seres humanos descienden de Adán y Eva.  Entonces, los árabes no tienen superioridad sobre los que no son árabes. El blanco no es superior al negro ni el negro es superior al blanco. La superioridad es por la piedad y las buenas obras” (Al Baihaqi).

En la perspectiva del Islam, equidad significa que las relaciones entre los musulmanes deben ser regidas por un código de leyes generales, la Sharía islámica, que trasciende por encima de las demás consideraciones, ya sean estas raciales, sociales, geográficas, culturales, etc.

Esto no significa, sin embargo, que el Islam niegue los talentos y capacidades personales de la gente, pues Al-lah dijo: {¿Acaso son ellos los encargados de repartir la misericordia de su Señor? Soy Yo Quien concedo el sustento en la vida mundanal y elevo en grados a algunas personas sobre otras, para que así se sirvan y beneficien unos a otros. Sepan que la misericordia de su Señor es mejor que lo que pudieran acaparar [de bienes materiales en esta vida]} [Corán 43:32].

Esta aleya también nos muestra que el designio de Al-lah de que haya distintos grados de provisión de sustento es un mecanismo social para la distribución de la riqueza.

Debemos notar que el Islam relaciona directamente la virtud de la equidad con la virtud de la justicia a la que muchas aleyas se refieren, tal como: {Dios les ordena que restituyan a sus dueños originales lo que se les haya confiado, y que cuando juzguen entre las personas lo hagan con equidad. ¡Qué excelente es aquello a lo que Dios los convoca! Dios todo lo oye, todo lo ve} [Corán 4:58]; y: {¡Oh, creyentes! Sean responsablemente equitativos cuando den testimonio por Dios, aunque sea en contra de ustedes mismos, de sus padres o parientes cercanos, no importa si [el acusado es] rico o pobre: Dios está por encima de ellos. Que los sentimientos no los hagan ser injustos. Si dan falso testimonio o rechazan prestar testimonio [ocultando la verdad], sepan que Dios está bien informado de cuanto hacen} [Corán 4:135].

Así pues, la justicia es un arreglo procesal para determinar quién tiene razón entre bandos en disputa. Sin embargo, los procesos judiciales deben llevarse a cabo en concordancia con las reglas que rigen las relaciones y transacciones humanas antes de que surja la disputa para eliminar la injusticia.

  1. El énfasis en el liderazgo de los pobres y los oprimidos

El principio islámico de reivindicar el apoyo y la asistencia a los pobres, que son invariablemente desdeñados donde sea –sí, donde sea– que no se aplique la ley islámica está implícito en la aleya: {Quise agraciar a quienes habían sido esclavizados en la Tierra, y convertirlos en líderes ejemplares y en herederos} [Corán 28:5].

Esta aleya pone de manifiesto una sunna divina. La sunna divina consiste en las leyes naturales permanentes e inalterables, cuyo cumplimiento es inevitable cuando se dan las condiciones.

La esencia de este concepto es que la ley de Al-lah en la naturaleza es empoderar (en un sentido amplio, con sus múltiples dimensiones: civilizacional, ética, religiosa, social, económica y política) a los oprimidos, a la gente cuya capacidad de actuar ha sido reprimida o neutralizada.

Sin embargo, la materialización de su liderazgo depende de la conciencia y compromiso de los oprimidos para con los requisitos de este liderazgo. En otras palabras, deben ser creyentes que observen las cualidades de carácter, acción y creencia comandadas por Al-lah en Su Libro y las que Su Profeta ha enseñado y ejemplificado en su vida.

El Imam Al Qurtubi comenta esta aleya así: “Según Ibn Abbás, las palabras de Al-lah en la aleya anterior –hacerlos líderes ejemplares– significan: hacerlos líderes en todo lo bueno. De acuerdo con Muyahid, el tabi’, significa: hacerlos heraldos del bien. Qatada (fallecido el 118 H/735 d.C.) opina que se trata de investirlos con autoridad política y poder basándose en la sura 5, aleya 20”.

Al Qurtubi opina que la opinión de Qatada es más amplia, pues un rey es un líder emulado. Al-lah obliga a los musulmanes a hacer realidad el liderazgo de los oprimidos. Esto es lo que se implica cuando Al-lah censura a los que incurrieron en la opresión o la soportaron, rechazando las excusas que le presentan por haber aceptado la opresión: {Aquellos que mueran siendo injustos consigo mismos [cometiendo pecados influenciados por la sociedad pagana], los ángeles al tomar sus almas les preguntaran: “¿Qué les pasó?”. Responderán: “Nos sentíamos débiles y oprimidos [por los incrédulos]”. Les dirán: “¿Acaso la tierra de Dios no era suficientemente vasta como para que emigraran [a otra sociedad]?” Su morada será el Infierno. ¡Qué mal fin!} [Corán 4:97].

El Corán también advierte de un castigo en la otra vida para los que fueron pasivos y aceptaron la opresión que se les imponía, un castigo similar al de sus opresores: {Cuando [los incrédulos] discutan en el Infierno, dirán los más débiles a los soberbios [líderes de la incredulidad]: “Nosotros fuimos sus seguidores, ¿no pueden librarnos de una parte del [castigo del] Infierno?”. Dirán los soberbios: “Todos nosotros estamos [siendo castigados] en él, Dios juzgó entre Sus siervos [y nadie puede aminorar el tormento]} [Corán 40:47, 48].

Solo los oprimidos que no tuvieron medios para combatir la opresión impuesta estarán exentos del castigo en la otra vida: {Excepto los hombres, mujeres y niños débiles que no eran capaces [de emigrar] ni les fue mostrado el camino recto. A ellos Dios los perdonará, porque Dios es Remisorio, Indulgente} [Corán 4:98, 99].

De hecho, Al-lah cuenta la liberación de los oprimidos como uno de los motivos que establecen la obligación de combatir: {¿Qué les impide combatir por la causa de Dios, siendo que hay hombres, mujeres y niños oprimidos que imploran: “¡Señor nuestro! Sácanos de esta ciudad de opresores. Concédenos, por Tu gracia, quién nos proteja y socorra”?} [Corán 4:75].


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