Du’a como medio para fijar metas

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La Du’a es adoración, dijo el Mensajero de Al‑lah y luego recitó las palabras de Al‑lah: {Su Señor dice: “Invóquenme, que responderé [sus súplicas]”. Pero quienes por soberbia se nieguen a adorarme, ingresarán al Infierno humillados} [Corán 40:60].

Du’a, la súplica a Al‑lah, es la esencia de todos los actos de adoración. ¿Qué afirmación puede ser mayor con respecto a su valor? Después de todo, es la esencia del propósito mismo de todo el desarrollo del proyecto de creación del ser humano. Sus beneficios espirituales son innumerables. Solo los más miserables se privarán a sí mismos de ese don divino.

Quiero hablar aquí de un solo aspecto de la Du’a que, en cierto modo, abarca todos los demás aspectos. En particular, con Du’a me referiré a las mazurat (las súplicas regulares que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, nos enseñó a decir día y noche, antes, después y durante cada acto importante que hacemos). Hay un encanto especial en estas súplicas hermosas y conmovedoras desde la perspectiva de la vida cotidiana, además de sus múltiples beneficios y recompensas.

Planear en el contexto de Niya (intencionalidad)

Los gurús de la gerencia y la planeación nos harían creer que “si no planeas, planeas fracasar”. Esta afirmación peculiar y astuta resulta ser bastante cierta. Los expertos en psicología islámica también describen la importancia de planificar en el contexto de niya o intencionalidad. La intencionalidad significa ser y actuar en nuestra vida con buenas intenciones, y evitar tanto las malas intenciones como el actuar sin intención. Esto debido a que es suficiente para las fuerzas demoníacas en el mundo abrumarte con la idea de que estás llevando una vida apática y sin sentido, sin una intención, propósito, objetivos y metas claros, incluso si no tienes malas intenciones. Es esta falta de intensiones buenas y consideradas lo que se convierte en malas intenciones y, consecuentemente, malas acciones, para llegar finalmente a un muy mal resultado en el Día del Juicio.

La conclusión es: no dejes de planear, en especial para tu vida en el Más Allá. El primer paso en cualquier libro de planes es fijar metas. Tienes que decidir a dónde quieres ir antes de comenzar a planear tu viaje. Si vas a ir a la Luna, por ejemplo, es mejor que tu preparación sea muy distinta a la que tendrías si fueras ir a la tienda más cercana. El aspecto más importante de la súplica es que hace por ti esta parte crucial de la planificación, y lo hace de la mejor forma posible y con las palabras más hermosas.

Tomemos la analogía del taller de planificación un poco más a fondo. Si asistes a uno de esos talleres sobre la planeación y organización, es probable que pases mucho tiempo de la primera lección aprendiendo sobre cómo fijar metas, pensando en cómo escribir manifiestos de misión buenos, sonoros, precisos y viables. La siguiente lección importante se enfoca en cómo recordar tu misión, y recordarla en todo momento. Ahí es cuando los expertos en la materia nos cobran un brazo y una pierna para asesorarnos sobre cómo mantener nuestros planificadores a mano, de modo que podamos revisar nuestros manifiestos de misión a diario, etc.

Las súplicas proféticas hacen todo eso por nosotros y más, y lo mejor, gratis. Nos recuerdan nuestra verdadera misión final en la vida, y establecen nuestros objetivos de modo apropiado. De hecho, nos recuerdan nuestros medios y estrategias, y lo hacen en la forma más elocuente y concisa. Nos recuerdan el aspecto correcto de esta misión, y los medios correctos a adoptar en la ocasión correcta. Por supuesto, para los aspectos particulares de nuestras vidas individuales, necesitamos establecer nuestros propios objetivos y estrategias, como sobresalir en nuestro campo de estudio o en nuestro negocio. Sin embargo, podemos incorporar súplicas para estos objetivos específicos en nuestra rutina diaria. Imagina a un estudiante que apunta realmente alto en su carrera académica y hace Du’a todos los días con sinceridad para alcanzar su objetivo, frente a otro que nunca piensa conscientemente en sus objetivos académicos. Hay al menos dos grandes ventajas que disfruta el primero de estos dos estudiantes: una, que siempre está motivado a alcanzar aquello por lo que reza, y dos, que no comete el error de poner inconscientemente ninguno de sus objetivos académicos o mundanos por encima del objetivo del Más Allá, porque hace Du’a a Al‑lah con regularidad y recuerda el lugar correcto de su objetivo específico en una visión más amplia.

Sura Al Fátiha, el mejor ejemplo de fijación de metas

La maestra de todas las súplicas, la mayor de todas las suras del Corán, Al Fátiha, es también el mejor ejemplo de fijación de metas y, de hecho, de fijación de medios, si se quiere. Recítala en tu corazón entendiendo sus significados e imagina cómo lo hace:

{En el nombre de Dios, el Compasivo con toda la creación, el Misericordioso con los creyentes. Todas las alabanzas son para Dios, Señor de todo cuanto existe, el Compasivo, el Misericordioso. Soberano absoluto del Día del Juicio Final, solo a Ti te adoramos y solo de Ti imploramos ayuda. ¡Guíanos por el camino recto! El camino de los que has colmado con Tus favores, no el de los que cayeron en Tu ira ni el de los que se extraviaron} [Sura Al Fátiha].

Estas frases nos recuerdan cuál es el tipo de mundo en que vivimos, es decir, las cuestiones más fundamentales de la existencia: ¿Cuál es nuestro origen y nuestro fin? ¿Quién, si lo hay, es nuestro dueño y sustentador, y a quién rendiremos cuentas? Nuestro Creador, dueño y maestro, ¿es bueno o malo? ¿Es misericordioso y justo o inmisericorde e injusto? Porque si el Creador no fuera bueno y misericordioso, entonces no habría esperanza de bondad, moralidad y felicidad para nosotros, no sería racional para nosotros actuar de forma correcta, ética y desinteresada. Nuestra existencia sería manifiestamente sombría y miserable. El primer y más grande capítulo del Mensaje final de Al‑lah nos asegura una y otra vez, día y noche, que nuestro Creador y nuestro Señor es, de hecho, Bueno, Misericordioso, es más, Él es el más Misericordioso. Esa afirmación de Ar-RahmánAr-Rahim se repite dos veces para enfatizar y asegurar.

Luego viene nuestro juramento a Aquel Creador y Amo más Misericordioso y más Benevolente: reservamos nuestra adoración, amor, devoción, obediencia y súplicas solo para Ti, Al‑lah. Este es un manifiesto de medios para lograr nuestro objetivo. El gran erudito islámico Ibn Al Qaiem, explicó algunos de los significados e implicaciones de este juramento de “Iyaka nabudu wa iyaka nastaín” [Corán 1:5] en un libro de tres volúmenes, Madáriy As-Salikín.

Luego viene nuestra petición mayor a Al‑lah, nuestro objetivo: El Camino Recto que nos llevará a Al‑lah, Su complacencia y Su promesa. Esta súplica por guía continua, mientras buscamos la ayuda de Al‑lah, también nos recuerda nuestro objetivo final, y un verdadero creyente jamás pierde de vista esta meta de la guía para la complacencia final de Al‑lah.

Los ejemplos son muchos, y quedan como un ejercicio para que pensemos acerca de cómo nos recuerdan constantemente nuestro fin, así como los medios. El mensaje es: si quieres cambiar tu vida para mejorar, una gran manera de comenzar es memorizar y entender estas súplicas.

Bienaventurados quienes memorizan las súplicas del Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, para toda ocasión, y las dicen con un corazón y una mente despiertos. Ellos dejan que las palabras de Al‑lah y de Su Mensajero fijen sus metas y se ocupen de su planificación. Aquellos que se preocupan por el éxito en su misión última de la vida, ¿qué más pueden pedir?


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