El Islam no es solo un legado folclórico, es una doctrina de vida

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Muhammad es un musulmán cuyos padres emigraron desde el Indostán. Siempre se consideró un musulmán practicante. Se esfuerza por asistir al rezo del viernes en la mezquita de su ciudad en algún lugar de América, aunque reconoce que presta poca atención a las palabras del Imam durante el sermón y poco le preocupa su significado y aplicación. Samira es una musulmana nacida en un país norafricano que emigró a Europa con su familia. Usa el hiyab del mismo modo que su madre, y aspira a casarse con alguno de sus paisanos como dispone la tradición familiar. También piensa que es una musulmana practicante, pues sigue al pie de la letra las costumbres del país del cual procede y ella asume que eso es suficiente.

Hacen lo que hace la mayoría de la gente de sus comunidades de musulmanes migrantes en Occidente, ¿qué podría salir mal?

Si bien haber nacido en el seno de una familia musulmana es una gracia inmensa de Dios, la persona no debe descuidarse y no debe pensar que ese hecho en sí lo convierte en un musulmán. Tampoco debe pensar que la práctica religiosa es parte del respeto y la obediencia que le debemos a nuestros padres y mayores en general.

Dios dice en el sagrado Corán: {Le he ordenado al ser humano hacer el bien a sus padres. Su madre lo lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sean agradecidos conmigo y con sus padres, pero sepan que ante Mí comparecerán al final} (Corán 31:14).

Aquí en esta aleya, Dios nos establece claramente que un musulmán debe tratar bien y cariñosamente a sus padres por los muchos sacrificios que ellos han hecho para su bienestar. Sin embargo, en la misma aleya Dios establece que la persona no debe olvidar que será juzgado por Dios y bajo Sus mandatos.

Si nosotros practicamos el Islam como una herencia folklórica de nuestros padres, no estamos entendiendo la esencia del Islam. Y en varios aspectos estaríamos asemejándonos a los idólatras que nos describe Dios en las siguientes aleyas del sagrado Corán:

{Ellos [en la vida mundanal] encontraron que sus padres estaban descarriados, y aun así siguieron sus pasos. La mayoría de los pueblos que los precedieron también se habían extraviado. Por ello les envié [profetas] amonestadores. Pero observa dónde terminaron aquellos que fueron advertidos, excepto los siervos fieles a Dios} (Corán 37:69-74).

En estas aleyas Dios nos hace referencia a los idólatras, pero notamos algunos aspectos que coinciden con el comportamiento del musulmán “folklórico”: reconoce que sus padres no actúan de acuerdo al Corán en todo, pero aun así mantiene una imitación ciega de sus costumbres. El seguimiento o imitación no deben ser ciegos y deben dedicarse a los enviados de Dios. Solo los que siguen e imitan a los enviados de Dios en sus enseñanzas provenientes de la revelación son los verdaderos siervos de Dios.

Dios agrega más en la descripción de los idólatras en el sagrado Corán y nos dice:

{Cada vez que envié a un amonestador a un pueblo, los más ricos y poderosos decían: “Nosotros vimos a nuestros padres que practicaban una religión [politeísta], y seguimos sus pasos imitándolos”. [Decían los mensajeros]: “¿Y si les propongo algo mejor que lo que practicaban sus padres?”. Respondían: “No creemos en tu Mensaje”. Los castigué [como merecían]. Reflexionen sobre cuál fue el final trágico de los que desmintieron [a los profetas]} (Corán 43:23-25).

La entrega en el Islam es solo a Dios y el seguimiento es a Sus enviados. Los usos y costumbres de nuestros padres y ancestros se deben sopesar y evaluar en base a lo que Dios dice en Su revelación. Si nos inclinamos por seguir a nuestros padres y ancestros en algo contrario a lo que Dios manda, estaríamos desobedeciendo a Dios y mereceríamos Su castigo.

Aquellos musulmanes que asisten a los rezos del viernes y en especial a los rezos del Eid deben meditar sobre la pureza de su intención al realizar estas buenas obras, pues dijo el Profeta Muhammad: “Las obras son según las intenciones, y cada persona tendrá su recompensa según su intención” (Bujari y Muslim, del relato de Omar bin Al Jattáb).

Si nuestra intención se inclina por un seguimiento ciego de nuestros padres solo por tradición y costumbres, pues seremos “musulmanes folklóricos” y nuestras obras serán juzgadas en base a esa intención.

En cambio, si nuestra intención nace de una fe firme, sincera devoción a Dios y una comprensión racional de la revelación, nuestras buenas obras serán verdaderos actos de adoración a Dios y nuestra recompensa será Su complacencia para con nosotros.

Debemos estar muy atentos de no caer en el error de estar practicando y divulgando un Islam folklórico, basado en los usos y costumbres de la sociedad de origen de nuestros padres y no basado en las fuentes de la Sharía que son: el Corán, la Sunna, el consenso de los eruditos y el razonamiento analógico básicamente.

Especialmente en nuestros tiempos, debemos saber que la práctica del Islam en los mal llamados “países islámicos” está muy lejos de ser la práctica y comprensión del Islam de los sahabas del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y las generaciones que los siguieron. Este simple hecho explica que estos mal llamados países islámicos sean un ejemplo de atraso, corrupción y extremismo.

Hermana, si vas a usar el velo, preocúpate de saber cuál es el velo en la Sharía islámica y no uses cualquier cosa que veas a tus familiares vestir. Hermano, si vas a participar de las actividades de la mezquita en tu ciudad, preocúpate de que sean según manda Dios y Su Mensajero, no de que sean meros festivales folklóricos de otros países.

Los musulmanes en Occidente tendrán algún día su propio folklore si sobreviven a la cada vez más fuerte discriminación que les aplican las mal llamadas “culturas autóctonas de Occidente”. Recordemos que el cristianismo mismo fue en su momento una religión venida del Medio Oriente a Europa.

Sin embargo, este folklore no será lo que los une con sus hermanos musulmanes de Asia o África, sino que deben ser los fundamentos del Islam obtenidos de sus fuentes originarias: del Corán, la Sunna y de una comprensión racional de las mismas.

El Islam es una revolución en el comportamiento, es la revolución más respetuosa de las costumbres que lo preceden; pero aun así exige una devoción sincera a Dios y Su revelación por encima de todas las costumbres o tradiciones.


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