El matrimonio en una caja (parte 1 de 2)

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{Y entre Sus signos está haberos creado esposas de entre vosotros para que encontréis en ellas sosiego, y puso entre vosotros amor y misericordia. Por cierto que en esto hay signos para quienes reflexionan} [Corán 30:21].

El suceso

“Tienes que ir a Egipto este fin de semana”. Sonaba algo alocado, pero había estado planeando este viaje New Age durante cinco años y había hecho todas las cosas que hacen los viajeros: incienso, cristales, sanaciones espirituales… Pero este viaje que se acercaba iba a ser una especie de pináculo para mí, una culminación de todos los caminos juntos. Poco sabía de lo que Al-lah tenía preparado para mí en la semana entrante.

Había vivido una vida no musulmana que era bastante normal para esta sociedad, pero supe allí que había más para la vida que eso. La persona egipcia que me ayudaría fue mi nuevo gurú, y ella jugaría un rol importante, sin que lo sepa, en ayudarme a islamizarme. Aquí les narraré cómo se desarrolló.

El día de la reunión fue un martes. Así es que recogí el pasaporte la mañana del sábado. Mi vuelo a Egipto había estado reservado para el sábado a las 6 p.m., y realmente depositaba mi confianza en Dios esperando que aquello fuera lo correcto. El viernes, compré una mochila, y realicé arreglos para vender mi casa, abandonar mi trabajo de tiempo completo, y dejar atrás a todo el mundo y a todo.

Ese sábado me movía como una zombi, alguna fuerza invisible me empujaba hacia adelante. Dejé mi ciudad con apenas una mirada hacia atrás y volé rumbo al Cairo, considerando seriamente que mi vida nunca sería la misma.

Cuando llegué al aeropuerto del Cairo, no pude encontrar a mi gurú –quien me había dicho el día anterior que estaría allí para indicarme qué hacer– por ninguna parte. Entonces me estremecí, pero encontré un guía que hablaba inglés, y me llevó a un hotel donde la podría llamar para ver cuáles serían los pasos a seguir. La primera tarea que ella me dio fue cambiar el itinerario para un destino completamente diferente. Ella enigmáticamente me dijo: “Ve a Saqqara y ponte delante de estas 24 cosas en el Seraphim”.

Ansiosa para encontrar mi destino, obtuve un libro del lobby del hotel y me encontré con que Saqqara estaba situada en la meseta de Giza, que fue el hogar de la primera pirámide construida, la pirámide escalonada. La mañana siguiente me desperté temprano y encontré a un taxista fuera del hotel que hablaba inglés, y me informó cuando salíamos del desierto acerca de cómo proceder en ese país.

Cuando arribamos a la boletería de Saqqara, dije a los hombres allí presentes lo que quería, y me dirigieron hacia dos jóvenes vestidos con pantalones de traje y camisas blancas. Me enteré más tarde que ambos eran inspectores de arqueología y actuaban como guías para el sitio. Uno de ellos me vio y se acercó, pero cuando escuchó lo que quería dijo: “Eso es imposible, está cerrado”, pero yo no estaba dispuesta a aceptar un “no” como respuesta.

Hice tanto ruido que el otro inspector se acercó caminando con una mirada sorprendente, y acercó su cara a la ventana para evaluar la situación –me comprometí con este apuesto musulmán en el plazo de una semana, y nos casamos en el Cairo dos meses más tarde–.

Un montón de cosas ocurrieron después de eso. Mi gurú me estafó y perdí casi todo, incluyendo ese loco sistema de creencia en el que me basaba, y cuatro meses después de mi matrimonio, abracé el Islam, y es ahí donde este artículo realmente comienza.

El contexto

Había experimentado las relaciones habituales como mujer americana, teniendo un divorcio muy temprano en mi vida. Pero como una observadora interesada, había descubierto literalmente centenares de matrimonios a mi alrededor que habían fracasado, y había monitoreado la elevada tasa de divorcio en este país que alcanzaba el 60 por ciento.

No podía entenderlo, ya que todos los matrimonios al principio eran más o menos lo mismo: el chico conoce a la chica, el chico sale con la chica, la chica ve algo que le agrada, la chica está viviendo con el chico, la chica incita al chico al matrimonio, el chico está indeciso, el chico finalmente cede, se casan y en la ceremonia matrimonial prometen estar juntos para siempre en medio de todas esas flores decorativas. El chico eventualmente se vuelve desinteresado, la chica se frustra con lo que ella pensó que había encontrado en él, el chico y la chica no tienen a nadie que les ayude con sus problemas… y la chica se divorcia del chico. Esto ocurrió repetidas veces, como si estos matrimonios estuviesen en la misma e interminable rueda del molino.


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