El testimonio de fe es el inicio del camino, no el final

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Juan Carlos es un musulmán latinoamericano. Es un musulmán nuevo relativamente. Le costó mucho abandonar los usos y costumbres de su gente en lo que respecta a la religión. Tuvo que enfrentar a su propia familia que se oponía a su islamización.

En fin, pasó por un calvario para poder pronunciar públicamente el testimonio de fe monoteísta.  Lo que Juan Carlos no sabe es que su mayor esfuerzo aún está por venir…

Satanás hace lo posible por evitar que la persona se encamine y enderece sus pasos. Cuando ve que esto no es posible y la persona finalmente pronuncia el testimonio de fe (Shahada), recurre a la siguiente estrategia para llevar a la persona hacia la perdición: venderle un Islam falso e inútil. Anular sus buenas obras haciéndole creer que no son necesarias y que le basta con pronunciar el testimonio de fe y con mantener la sensación de la fe en su corazón.

Dios dice en el Corán: {¡Oh, creyentes! Entréguense por completo [a Dios practicando el Islam] y no sigan los pasos del demonio, porque él es su enemigo declarado} (Corán 2:208).

El musulmán que cae en esta estratagema está en un grave peligro, pues la fe es una cosa y el Islam es otra. La fe en Dios único, en los ángeles, los libros sagrados, los profetas, el destino y el juicio final es una seguridad en el corazón; pero esta fe es inútil y tiende a perderse si la persona no la convierte en un modo de vida compuesto por acciones puntuales realizadas con la intención de complacer a Dios y del modo en que Dios nos instruye a través de Sus mensajeros.

Si, así es; el islam no es la fe misma sino que es la manifestación material de esta fe. Cuando el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos enumera los cinco pilares del Islam termina hablándonos del yihad, que es el esfuerzo por complacer a Dios. Este esfuerzo consiste en la intención de complacer a Dios a través de acciones específicas y puntuales que se encuentran mencionadas en las fuentes de la Sharía islámica: el Corán, la Sunna, el consenso y el razonamiento analógico básicamente.

Entonces, el Islam es esa serie de actos voluntarios e intencionados para complacer a Dios exclusivamente. Ese es el sometimiento y la entrega a Dios: cuando nuestros actos están en concordancia con la voluntad de Dios.

Cuando aprendemos que Dios ordena rezar un rezo obligatorio poco antes del amanecer, debemos levantarnos todos los días, con calor o frío, hacer una ablución válida o su sustituto lícito; y debemos realizar el rezo en la manera que nos enseñó el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) según nuestras posibilidades.

Cuando aprendemos que tenemos que entregar parte de nuestros bienes a los necesitados una vez al año, debemos sagradamente apartar esta parte y buscar algún necesitado de la lista que claramente establece el Corán y es detallada por la Sharía.

Cuando aprendemos que tenemos que ayunar una vez al año durante un mes, debemos cumplir cada uno de estos días de ayuno si estamos saludables y somos residentes.

Si vemos que el Corán nos dice que tenemos que evitar los préstamos con intereses (usura, riba) o realizar transacciones bancarias que impliquen el pago o el cobro de intereses, pues debemos aplicarlo efectivamente cada día de nuestras vidas mientras podamos.

Cuando leemos hadices que nos indican que el musulmán debe decir la verdad aunque sea frente a los tiranos, debemos aplicar esto de hecho en nuestras vidas.

Y así sucesivamente… el Islam se vive a cada paso de nuestras vidas y es una sucesión de esfuerzos voluntarios e intencionales que tienen como fin lograr la complacencia de Dios a través de buenas acciones que son delimitadas, detalladas y reglamentadas por la revelación de Dios y el esfuerzo sincero por comprender Su voluntad.

Satán nos dirá que ya es suficiente, que ya hicimos pública nuestra fe y que tener fe en el corazón nos exime de los esfuerzos diarios… nada más falso y nada más peligroso para nuestra salvación personal en esta y la otra vida.

Dios dice en el sagrado Corán: {¿Acaso creen que van a entrar al Paraíso sin sufrir las mismas pruebas que quienes los precedieron? Padecieron pobreza e infortunios, y una conmoción tal que hasta el Mensajero y los creyentes que estaban con él imploraron: “¿Cuándo llegará el auxilio de Dios?”. Pero el auxilio de Dios estaba cercano} (Corán 2:214).

Si queremos que nuestros esfuerzos para encaminarnos y acercarnos a Dios rindan frutos y sean aceptados por Dios debemos seguir esforzándonos cada día de nuestras vidas. El testimonio de fe no es el final del esfuerzo sino su inicio real.

No debemos caer en el error de otras religiones. La práctica religiosa que Dios nos ha elegido es el Islam, y este se debe aplicar de forma efectiva en nuestras vidas todos los días. Por eso el Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos enseñó que la cima del Islam es el esfuerzo diario por aplicar los principios del Corán y la Sunna del modo más racional y pleno posible.

Dios dice en el sagrado Corán: {Aquellos que creyeron, emigraron y se esforzaron por la causa de Dios son quienes pueden esperar con certeza la misericordia de Dios, y Dios es Absolvedor, Misericordioso} (Corán 2:218).

El Islam se fundamenta en buenas obras realizadas con fe y devoción, y reguladas por el conocimiento práctico que resulta de la comprensión racional de la revelación divina (Fiqh). Como verán, desde el principio, desde el nombre mismo de la práctica religiosa elegida por Dios (el Islam) todo el asunto va orientado a la práctica efectiva y racional de los mandatos de Dios.

No vayan a pensar erradamente que se nos propone una vida de prácticas autómatas y rutinarias al puro estilo fariseo. Está claro que debemos mantener fe y práctica diaria en un equilibrio, así como debemos equilibrar entre lo espiritual y lo terrenal.

Por eso, en el Islam la fe verdadera es: seguridad en el corazón, palabras con la boca y obras con el cuerpo. Dios dice clara y tajantemente en el Corán: {Juro por el tiempo que los seres humanos están en la perdición, excepto aquellos que crean, obren rectamente, y se aconsejen mutuamente con la verdad y con la paciencia [ante las adversidades]} (Corán 103:1-3).


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