En el nombre de Dios

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Hace un mes, una vecina fuerte, vigorosa, madre de tres y abuela de uno, estaba degustando un delicioso sancocho. El sábado anterior habíamos estado charlando sobre el Islam; ella, al escucharme decir Bismil‑lah antes de comer, me preguntó: “¿Y eso qué es?”.

No quise abrumarla con explicaciones como la que expone el Shaij Abdu Razaq Al Bader, quien dijo que Bismil‑lah significa buscar ayuda en el nombre de Al‑lah para realizar un asunto, ya que por sí misma la persona no puede conseguir nada a menos que Dios lo decrete; ni quise añadir que el mismo Shaij dice que se Le pide a Al‑lah, Alabado sea, que dispense bendiciones sobre la actividad que se está realizando.

Tampoco le dije que el hecho de tener bendiciones sobre cada asunto de nuestras vidas es una ganancia; al decir Bismil‑lah, no importa si tal asunto resulta bien o mal, nosotros como creyentes ya hemos ganado.

Ni le expliqué que el Profeta Muhammad nos ordenó decir Bismil‑lah antes de cada acción en un bello relato, cuando vio a un joven llamado Omar Ibnu Abu Salama y le dijo: “¡Muchacho! Di Bismil‑lah (antes de comer), come con tu mano derecha y come lo que hay frente a ti” (Bujari y Múslim).

Además, que esta simple frase es un escudo poderoso, que nos protege contra genios malvados y los aleja de nuestra comida para que no puedan tomar de lo que nos alimentamos.

En lugar de todo eso, yo le expliqué que Bismil‑lah significa: “En el nombre de Dios”, y que es una de las formas en que adoramos a Dios y Le damos las gracias por la bendición de comer. Ella, mi vecina, hizo varias observaciones de que también bendecía la comida porque entendía que todo proviene de Dios, y que, aunque las cosas también se deben a nuestro trabajo, ¿gracias a Quién es que podemos trabajar? Si tenemos salud, dinero, trabajo, comida, es por la gracia de Dios. Eso dijo ella. Luego, seguimos divagando por diversas elucubraciones de índole religiosa.

Como les iba diciendo, esta vecina estaba deleitándose con un sancocho, y cuando iba en mitad del plato, mientras se llevaba la cuchara a la boca, de repente la dejó caer, se quedó congelada y conmocionó a todo el mundo. Su familia, presta a ayudar, llamó una ambulancia y, tras ingresar a un hospital, se obtuvo el dictamen médico: mi vecina había sufrido una embolia. Y así, de un minuto al siguiente, la capacidad de mi vecina de agradecerle a Dios al llevarse la cuchara a la boca se desvaneció, perdió la movilidad de la parte derecha de su cuerpo y la de la parte izquierda la tiene reducida.

La invitación es a que no esperemos a perder las gracias de Al‑lah para darnos cuenta que las poseíamos, los dones de Dios son diarios y tan abundantes que en ocasiones los invisibilizamos detrás de la cotidianidad.

Las súplicas cotidianas (llamadas suras Mazurat) están recopiladas de la manera en que nos las enseñó a hacer el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) en persona, están pensadas para convertir cualquier momento en un acto de adoración y que, de esta manera, todo en la vida del creyente esté dedicado a Al‑lah, Alabado sea.

Por eso, es muy importante decirlas de corazón, entendiendo su significado, sintiendo las palabras que pronunciamos. No hay que mecanizar los actos de adoración, sino al contrario, esforzarnos para que nuestra intención sea correcta, para que sea un acto de alabanza. Decir Bismil‑lah no debe ser solo una frase extraña antes del primer bocado de comida, debe ser un acto de profundo agradecimiento para con el Sustentador de la creación, para con Quien es el único que merece nuestra adoración, Dios.

{Entre Sus signos están los vientos que Él envía para traerles lluvias y agraciarlos con Su misericordia, y para que naveguen los barcos con Su voluntad y puedan procurar el sustento; deberían agradecerle} [Corán 30:46].

Recuerden, el agradecimiento es una de las características del creyente sincero, y Dios nos dice en el Corán que debemos ser agradecidos:

{Agracié a Luqmán con la sabiduría [y le dije]: “Sé agradecido con Dios, pues quien agradece lo hace en beneficio propio, mientras que el ingrato debe saber que Dios no precisa del agradecimiento [de las personas] y es digno de toda alabanza} [Corán 31:12].

Nuestro agradecimiento no Le afecta en nada a Dios, pero en cambio sí se refleja sobre nosotros como un rayo esplendoroso que se disemina por toda nuestra vida. Sé agradecido antes de que sea demasiado tarde. Recuerda y agradece tus bendiciones en tiempos de abundancia, no pierdas la más mínima oportunidad de adorar al Creador, siempre acuérdate de las palabras del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “Recuerda a Al‑lah en tiempos de prosperidad, y Él se acordará de ti en tiempos de adversidad”.


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