Enfrentando los prejuicios y la discriminación

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El siguiente es un ejemplo de la labor realizada por el Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (CAIR por sus siglas en inglés, Council on American-Islamic Relations)[1] en la defensa de los derechos de los musulmanes y de las comunidades musulmanes en Norteamérica:

Publicado el 2 de agosto de 2016: El caso de la mezquita Bensalem

Como muchos de ustedes ya saben, el CAIR-Filadelfia ha presentado una demanda contra el municipio de Bensalem por prohibir la construcción de una mezquita. El 21 de julio de 2016, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos también presentó una demanda contra este mismo municipio, haciendo eco a nuestras denuncias de discriminación e injusticia. Solo bajo circunstancias extraordinarias, el Departamento de Justicia presenta demandas legales contra municipios. El mero hecho de que se haya involucrado, dice mucho de la notoriedad del comportamiento de Bensalem contra la mezquita de Bensalem, y de sus políticas respecto a los lugares de culto. Actualmente estamos a la espera de una decisión del juez sobre si nuestro caso se une al del Departamento de Justicia.

Aplaudimos el compromiso del Departamento de Justicia para proteger los derechos religiosos de los musulmanes. Es un alivio ver al gobierno de los Estados Unidos trabajando con su población musulmana para garantizar la igualdad de derechos.

Sin embargo, el prejuicio y la discriminación contra los miembros de la fe islámica sigue siendo muy real en las calles de los Estados Unidos y en los medios masivos de comunicación, que no hacen distinción entre (1) una pequeña minoría que se ha desviado hacia una ideología terrorista y (2) la gran mayoría de musulmanes y de organizaciones islámicas que condenamos enérgicamente la distorsión escandalosa del Islam por parte de las amenazas extremistas y los actos violentos de unos cuantos bárbaros. El musulmán de a pie es a menudo víctima del bien intencionado lema de autoprotección “haz algo o di algo”, que a menudo se convierte en provocación activa de odio, o incluso en crimen.

¿Cómo debe responder el musulmán a esos eventos?[2] Las mujeres musulmanas son cada vez más víctimas de diversas formas de acoso y discriminación, debido a las señales visibles de su afiliación religiosa. ¿Cómo pueden las mujeres hacerle frente a los prejuicios y la discriminación que se han salido de control, en un país que proclama la libertad de culto y las libertades civiles? Los hombres tampoco están exentos del señalamiento religioso. Incluso muchos no musulmanes (como los sijs y otros) han sido arrastrados a esta orgía de odio.

Veamos esto con más detalle…

¿Qué es prejuicio y discriminación?

“Prejuicio” se refiere a una actitud negativa u hostil hacia un grupo social en particular. Es una generalización o “prejuzgamiento” incompleto e inflexible, que se hace antes de que ocurra cualquier contacto real. Por otro lado, “discriminación” se refiere a un acto, comportamiento o trato desfavorable hacia una persona que pertenece a dicho grupo social. El prejuicio es un pensamiento o actitud, la discriminación es la expresión de dicho pensamiento o actitud. El prejuicio NO lleva automáticamente a la discriminación, ya que no es una relación uno a uno. El prejuicio puede existir sin la discriminación, y la discriminación puede ocurrir sin el prejuicio. Los dos están relacionados, pero no en una relación causal fuerte.

El prejuicio y la discriminación pueden tener lugar con base en la raza (características físicas como el color de piel), la etnia (tradiciones, prácticas culturales, creencias), la religión (creencias y prácticas), el género, etc. Lo que se hace socialmente significativo en el prejuicio es la opinión o actitud que automáticamente asume superioridad e inferioridad con base en diferencias de grupo. El individuo prejuicioso básicamente piensa y siente que es mejor que aquellos del grupo social identificado, y utiliza esta lógica para llevar a cabo diversas formas de acoso y discriminación.

El ejemplo del Profeta

Sería prudente recurrir al ejemplo del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) a la hora de determinar cómo hacer frente a los prejuicios y la discriminación. El propio Profeta sufrió graves formas de prejuicio, discriminación y persecución. Uno de los líderes de esta campaña fue nada menos que su tío, Abu Láhab, quien estuvo involucrado en un sinnúmero de hechos ofensivos contra el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), y estos estaban llenos de odio y rencor. Él mismo le lanzó piedras al Profeta, se burló de la muerte de su segundo hijo, diciéndole que era “el hombre de truncada descendencia”, lo siguió durante la peregrinación y otros eventos para alejar a la gente de su llamado, etc.

La esposa de Abu Láhab, Ummu Yamil Bint Harb, también hizo parte de esta campaña implacable. Ella tenía muy mal humor, era abusiva en su lenguaje, y era experta en encender la discordia y la sedición. Una vez ató manojos de espinas con cuerdas de fibra de palma, y los lanzó en el camino del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) para causarle daño.

Abu Yáhal fue otro enemigo del Profeta y del Islam. En una ocasión, mientras el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) estaba prosternado durante la salat en la Kaaba, Abu Yáhal trajo el feto sucio de una camella y se lo puso en la espalda, y los incrédulos alrededor de la Kaaba se desternillaron de risa. Hay muchas más historias acerca del ridículo y la persecución de que fueron víctimas el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y sus seguidores. En un momento dado, el Profeta fue expulsado de la ciudad y buscó refugio en la ciudad cercana de Taif. Cuando salía de dicha ciudad, fue gravemente agredido y golpeado.

¿Y cuál fue la respuesta del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él)? No hay más que revisar la Du’ah que hizo en respuesta a esta última situación. Herido, sangrando y sediento, levantó sus manos al cielo y suplicó: “¡Oh, Al‑lah! Solo ante ti me quejo de mi impotencia, de la escasez de mis recursos y de mi insignificancia ante la humanidad. Tú eres el más Misericordioso de los misericordiosos. Eres el Señor de los indefensos y los débiles. ¡Oh, Señor mío! ¿En manos de quién vas a abandonarme, en las de un pariente distante antipático que me va a fruncir el ceño, o en las del enemigo al que se le ha dado control sobre mis asuntos? Pero si Tu ira no recae sobre mí, no tengo de qué preocuparme. Busco protección en la luz de Tu Rostro, que ilumina los cielos y disipa la oscuridad, y que controla las cosas en este mundo así como en el Más Allá. ¡Que nunca provoque yo Tu ira ni Te encolerices conmigo! Y no hay poder ni recursos sino solo los Tuyos” (Ar-Rahiq Al Majtum).

Lecciones para aprender

Es interesante notar que durante una época en la que había mucho potencial para la rabia intensa, el resentimiento y el antagonismo, estos ni siquiera se insinúan en la respuesta del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él). Su principal preocupación era cómo reaccionaría Al‑lah ante su propio comportamiento, estaba preocupado de desagradar a Al‑lah. No estaba enfocado en el comportamiento de los atacantes, sino en su propia lucha para hacer frente a los abusos. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) hizo Du’ah a Al‑lah para que le ayudara en su trabajo y le diera la fuerza para completar su misión. Para él, Al‑lah lo era todo, y la oposición del mundo entero no era nada. En una versión de la historia, se reporta que él incluso le pidió a Al‑lah que perdonara a los hombres y mujeres que lo habían perseguido y lastimado, y que los guiara hacia la luz del Islam.

Este es el ejemplo del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) que debemos seguir en los tiempos de discriminación y persecución. Esto es parte del proceso de purificación del alma, pues Al‑lah nos da estas pruebas con el fin de que podamos purificarnos. Las recompensas provienen de Al‑lah para aquellos que se controlan y perdonan a sus victimarios. Es un objetivo difícil de alcanzar, pero que siempre tiene los mejores resultados. Vengarse y perjudicar a la otra persona en respuesta, solo conlleva a más conflicto y a niveles más intensos de odio, prejuicios y discriminación. Una respuesta negativa por parte de un musulmán solo confirmará las falsas creencias y las actitudes del atacante.

El comportamiento responsable del mumín (creyente) también les demuestra a los demás la verdadera belleza del Islam. En esencia, se convierte en una gran oportunidad para la Dawa. En lugar de retratar el aspecto destructivo de la naturaleza humana, les dará a los demás una visión de la paz y la armonía de ser musulmán. Los musulmanes debemos estar en paz con toda la creación, incluyendo a los demás seres humanos. Esto debe ser así independientemente de cómo seamos tratados por ellos. El mensaje del Islam se expandió por muchas partes del mundo con base en esta realidad.

La otra lección para aprender es que nunca debemos avergonzarnos de ser musulmanes. Este es el regalo más maravilloso que alguien pueda tener en esta vida. Debemos tener una fe firme en Al‑lah y en nuestro Din. No debemos ocultarnos en nuestros hogares por temor a maltratos, ni quitarnos nuestro hiyab por la misma razón. Debemos ser valientes y orgullosos de llevar el Mensaje de Al‑lah al mundo, tal y como lo hicieron los profetas. No estamos oprimidos, somos libres. Aquellos que oprimen, solo oprimen sus propias almas. Ellos desconocen la verdad de la naturaleza del mundo. Es nuestro deber tratar de liberarlos de su propia tiranía. Ese es el pensamiento del creyente y en ello reside el verdadero éxito.

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[1] http://www.cair.com/videos.html

[2] http://www.islamophobia.org/anti-prejudice-tools.html


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