¿Eres un padre negligente?

  • A A A | Visto: 478 veces

¿Qué hace a una persona un padre negligente?… Bien, no mucho. Quiero decir, no mucho si hablamos del esfuerzo. Es fácil ser una mamá o un papá que siempre dicen sí a sus hijos, pero es difícil tomar esas decisiones que bien sabes te derretirán el corazón al mirar la carita tristona de tu hijo/a mientras dice: “Por favor, ¿siiiiii?”.

Sí, lo sé; me ha ocurrido y he tropezado también.

Pero una carita tristona ya no me convence hoy en día. Me puse firme cuando mi niña estaba en esa edad terrible (sus dos años) –la cual, dicho sea de paso, no es tan terrible porque aprendí a decir “no”–. Los primeros meses me sentí miserable, lo admito, algunas veces me quedaba pensando, reconsiderando la validez de mi actitud…“¿es realmente tan malo comprarle ese nuevo juguete que ella quería?”, me preguntaba. Pero después recobré la compostura y decidí de una vez por todas que: “Sí, sí lo es”, y por lo tanto: “No, no lo compré”.

Sin embargo, todos estamos expuestos a dar fácilmente el brazo a torcer de vez en cuando, pues es difícil resistir, y en ocasiones uno quiere ser ese héroe, ese caballero en brillante armadura que salva el día montando su corcel blanco y un gran “¡Sí!” que hace que los niños se vuelvan loquitos con grandes y luminosas sonrisas que gritan “¡Yuju!” –y no olvidemos, claro está, los consabidos abrazos y besos que vienen incluidos en el paquete del “sí”–.

Ser un padre demasiado condescendiente es dañino para el niño. Esta actitud le da la idea errónea de que no hay límites, que nada le está prohibido. Por ejemplo, algunos niños van de visita junto con sus padres a la casa de conocidos o algún pariente cercano y la destrozan completamente mientras sus padres miran impasibles, conversando acerca de política o deportes, tomando un té o un café. Y luego, cuando llega la hora de irse, llaman al niño y se van. Nadie ayuda a limpiar, nadie se disculpa por lo que el heredero de la familia rompió, y nadie llama la atención al niño por su comportamiento.

¿Por qué? Porque está bien; y si alguien dice algo… bueno, tú sabes, al fin y al cabo “niños son niños”, ¿cierto?

Los valores más importantes que debemos enseñarles a nuestros hijos son, por sobre todo, el respeto y la responsabilidad.

Con estas dos características nuestros hijos llegarán lejos. Con la responsabilidad nuestros hijos aprenderán que sus acciones tienen consecuencias; así, en lugar de culpar a los demás o a otras cosas, ellos darán el paso adelante, enfrentando sus errores y asumiendo las consecuencias si cometen un error o hacen una mala elección.

Con el respeto, nuestros hijos aprenderán a cuidar de ellos mismos al respetarse como musulmanes y musulmanas, y aprenderán a respetar a los demás y la propiedad ajena. No se trata solo de los aspectos materialistas de entender estas características que se pueden aprender, sino que se trata de diferenciar lo bueno de lo malo. Se trata de respetar a sus mayores, a sus profesores y a los miembros de la comunidad, aún en caso de desacuerdos.

Necesitamos preguntarnos si la mala educación y la falta de respeto son “lindas” en un niño, y cómo le afectarán en su edad adulta. Igualmente, debemos entender que la manera en que eduquemos a nuestros hijos tendrá un reflejo directo en la manera en que ellos nos tratarán en nuestra senectud… ¿qué les estamos enseñando? Si les enseñamos a faltarle el respeto a un anciano, debemos prepararnos porque un día nosotros también seremos ancianos.

El Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, afirmó: “No es uno de nosotros quien no tiene compasión por sus semejantes” [Bujari].

Debemos enseñarles a nuestros hijos la compasión: compasión por los sentimientos de los demás, compasión por sus posesiones que tanto esfuerzo les costó adquirir; pero, lo más importante, debemos inculcarles una profunda compasión por la raza humana y las criaturas de Al-lah en esta tierra.

A través de los años he participado en muchas cenas, reuniones, Halaqas (grupos de estudio) y recepciones matrimoniales, pero la escena es siempre la misma. Veo el mismo patrón repetirse una y otra vez. Siempre me pregunto cómo es que hemos dejado que los niños en nuestras comunidades se comporten tan desbocadamente, y la respuesta es siempre la misma: es así porque nosotros los dejamos.

A pesar de que seguramente seremos negligentes en algunos aspectos de nuestras vidas, nunca debemos serlo con la educación de nuestros hijos.

Realiza este test para saber si eres negligente

Anótate un punto por cada “sí” que respondas

  1. ¿Dices “sí” a tus hijos para evitar discutir con ellos?
  2. ¿Se las arregla siempre tu niño para conseguir lo que quiere de ti?
  3. ¿Generalmente acabas dando el brazo a torcer ante los gimoteos de tus hijos?
  4. ¿Sientes que las distintas responsabilidades que hay para hacer en la casa a diario (limpiar, etc.) no tienen relación directa con la educación de los hijos?
  5. ¿Tus hijos tienen la tendencia a hacer berrinches en público?
  6. ¿Son tus hijos irrespetuosos o rudos contigo u otras personas?
  7. ¿Miran tus hijos más de dos horas de televisión a la semana?
  8. ¿Juegan tus hijos video juegos diariamente?
  9. ¿Te parece que no es malo que tu hijo saque malas notas de vez en cuando en la escuela?
  10. ¿Generalmente dejas a tus hijos hacer cosas porque los padres de los demás niños los dejan hacerlas?

 El resultado

Bien, ahora que tuviste el valor de enfrentar las preguntas más duras, ¿tienes las agallas de descubrir qué implican tus respuestas?

Si sacaste entre 7 y 10: ¡Cuidado! Definitivamente estas siendo negligente con esas decisiones relacionadas con la crianza de los hijos que son difíciles. Toma el control, tus hijos deben y tienen que saber que hay un adulto. Lo más importante es que lo que les enseñas hoy los acompañará a través de toda su edad adulta. Piensa acerca del tipo de adulto que quieres criar: ¿independiente o dependiente?

 Si sacaste entre 4 y 6: Oh, oh. ¡Ten cuidado, estás cerca de convertirte en un padre negligente con todas las de la ley! Tu falta de determinación ahora dañará a tus hijos en el futuro. Date tiempo y esfuérzate por tomar esas decisiones difíciles por tus hijos; puede que hagan caritas y berrinches ahora, pero cuando sean mayores te lo agradecerán.

Si sacaste entre 0 y 3: ¡Caramba, eres un hueso duro de roer! Pero algunas veces, ser firmes con los seres que amamos es lo mejor. Estas por buen camino, sé amoroso, ¡pero no aflojes! Eres un modelo para tus hijos, y algún día tus nietos se beneficiarán de la buena educación de aquel que algún día fue tu responsabilidad como padre.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *