Formando el futuro: Un llamado a los padres

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“En cien años a partir de ahora, no importará cuál era mi cuenta bancaria, el estilo de casa en la que viví o el tipo de carro que conduje… pero el mundo podría ser distinto porque fui importante en la vida de un niño”.

Este poema anónimo refleja mucho del sentimiento transmitido por nuestro amado Profeta hace 1400 años.

El Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si el hijo de Adam (Adán) muere, sus acciones cesan, excepto tres: Una caridad continua, conocimiento que beneficie a los demás, o un hijo íntegro que suplique por él” (Muslim y Ahmed).

En nuestras tumbas, nuestra riqueza material no nos será de ningún beneficio. El éxito en nuestras carreras, y el grado de nuestros diplomas no será de ningún valor. Pero qué tan bien hayamos educado a nuestros hijos, contará. Y, sin embargo, tanto de nuestro tiempo, tanto de nuestro aprendizaje y de nuestros esfuerzos se gastan en pro de estas cosas, que son tan fugaces.

En otro hadiz el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Un siervo tendrá su rango elevado y dirá: ‘Señor, ¿Cómo ha ocurrido esto para mí?’. Al-lah le responde: ‘A través de la Du’a (súplica) de tus hijos por ti”(Ahmed e Ibn Mayah).

Cuando dejemos este mudo, ¿qué dejaremos atrás? ¿Qué huella dejaremos? ¿Qué habremos aportado? ¿Qué nos llevaremos? Nuestros hijos serán los herederos de esta vida. En sus manos puede estar nuestra salvación definitiva o nuestra ruina final. En sus manos puede residir la salvación final o la ruina de nuestra Ummah. ¿No debería algo de semejante importancia requerir toda nuestra atención? Deberíamos examinarnos a nosotros mismos y hacer nuestro mejor esfuerzo para perfeccionar este oficio crucial: el de la paternidad.

No imponer, sino inculcar tempranamente el amor

Imaginemos una niña en un hogar donde, aparte de ciertas normas culturales, el Islam es esencialmente irrelevante. Los padres no son serios con el Salah ni con ninguna de las prácticas islámicas, los hábitos que realizan son más una consecuencia de una costumbre étnica que del Islam. Ahora imaginemos a esta niña alcanzando la pubertad. Una niña a la que nunca le fue realmente inculcado el Islam con anterioridad, ahora está obligada a llevar el hiyab. Un niño cuya vida nunca estuvo centrada alrededor del Islam, ahora tiene que asistir al Salat Al Yumuah. ¿Le sorprendería a alguien si estos chicos se rebelan?

Consideremos ahora, por otra parte, a un niño que haya sido criado conociendo y amando el Corán, que haya sido llevado desde temprana edad a la mezquita, y que haya hecho su Salah junto a sus padres. ¿Será necesario imponer el hiyab o el Salat Al Yumuah? ¿O serán sencillamente una extensión natural para un niño o niña cuya naturaleza esencial es el Islam? Inculquen y refuercen el amor por Al-lah y por Su Mensajero desde el día en que sus niños nazcan.

Maten el televisor y los videojuegos

Muchos padres monitorean lo que sus hijos ven, pero no cuánto ven. No importa qué tanto monitoreen, estas cosas son siempre nocivas por varias razones. Primero, ver televisión es un hábito aprendido que no desaparece en la edad adulta. Un niño pequeño puede aceptar ver Plaza Sésamo, pero hay un alto riesgo de que un adolescente no. Y son pocos los que pueden no estar de acuerdo con que los programas diseñados para adolescentes y adultos están lejos de tener un contenido islámicamente apropiado. Segundo, consideren el número de horas consumidas por la televisión y los videojuegos. Los niños pueden literalmente quedarse despiertos toda la noche jugando un videojuego con el fin de avanzar a un nivel más alto. Consideremos las palabras de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, en cuanto a la importancia del tiempo: “Los pies de un siervo no podrán retirarse en el Día del Juicio hasta que el siervo haya sido interrogado sobre cuatro cosas: Su vida, cómo la vivió. Su juventud, en qué la empleó. Su fortuna, de dónde la obtuvo y en qué la gastó. Y su conocimiento y cómo actuó en relación a este” (Tirmidhi).

En los últimos tiempos, los estudios han demostrado que, independientemente de los contenidos, los niños que emplean mucho tiempo viendo televisión y jugando videojuegos son más agresivos, menos inclinados a la lectura y más propensos a desarrollar problemas de atención, como el desorden de déficit de atención.

Consientan a sus hijos con amor, tiempo y atención

Un mito desafortunadamente prevalente es creer que darles a los niños “demasiado” amor, tiempo y afecto los “malcría”. Nada más distante de la verdad. Es dándoles otras cosas para reemplazar nuestro amor, tiempo y afecto los que realmente los malcría. Los niños que son “malcriados” (consentidos) con amor y atención se convierten en las personas más generosas, amorosas y dadivosas. Aquellos a quienes este amor y atención les fue restringido, por lo general se convierten en personal de corazón estrecho y que no desean dar.

Nadie fue más afectuoso y misericordiosos con los niños que nuestro amado Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Una vez fue visitado por un hombre llamado Al Aqra Ibn Hábis. El Profeta alzó a su nieto, Al Hassan, lo puso sobre su regazo y lo besó. Al Aqra observó: “Tengo 10 hijos y jamás he besado a ninguno de ellos”. Esto era un motivo de orgullo, de hombría (como muestra de que no se es blando, que se es duro). El Profeta le respondió: “¿Qué puedo hacer por ti si Al-lah ha quitado la misericordia de tu corazón?”. Y añadió: “Quien no es misericordioso no recibirá misericordia” (Bujari y Muslim).

 No premien por actos de adoración a Al-lah

No les paguen a sus hijos por ayunar ni les prometan grandes regalos si rezan. Incúlquenles un amor por Al-lah que sea el motor interno que los lleve a hacer su Salah y su ayuno. Los psicólogos sociales han demostrado que cuando se les da a las personas premios o ganancias externas por realizar una actividad, disfrutan menos de hacer dicha actividad y están menos motivados que quienes no reciben ninguna recompensa externa pero están internamente motivados.

Inicien un sentimiento de apego a una edad temprana

Practiquen el apego parental desde una edad temprana. Cuando sus hijos están pequeños, permítanles dormir junto a ustedes y cárguenlos con frecuencia. Las investigaciones muestran que hacer estas cosas NO malcría a los niños, sino que crea un apego de seguridad entre el padre y el niño que permite que el niño tenga mayor éxito de adulto. Este apego es un precursor fundamental de una paternidad exitosa, porque sin él no se puede inculcar cabalmente el Islam. Consideren, por ejemplo, la relación entre el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y su hija Fátima. Desde muy temprana edad, ella mantuvo una muy cercana relación con su padre, quien así le transmitió su misión.

 El apego es el primer paso hacia la disciplina

Si un apego que dé seguridad se crea a temprana edad entre padres e hijos, la disciplina se dará fácilmente. Si el padre o madre mantienen su cercanía con el niño y le muestran permanente amor y apoyo, el niño evitará hacer cosas que decepcionen o perjudiquen esta relación. La disciplina no debería y no necesita hacerse físicamente, sino que debe fluir naturalmente. Si la relación se basa en el amor y el respeto, el niño estará motivado por el deseo de mantener este respeto.

Construyan la autoestima de su hijo

Asegúrense de que sus hijos sepan lo preciados que son. Díganles cuanto sea posible lo buenos e inteligentes que son. Asegúrense de que sepan el regalo tan grande que son y lo importantes que son como personas. Háganles saber que pueden tener la capacidad de cambiar el mundo, y muéstrenles cuanta fe y esperanza tienen en ellos. Solo un niño que cree que puede cambiar el mundo, algún día lo hará.


1 comentario

  • En nuestras tumbas, nuestra riqueza material no nos será de ningún beneficio. El éxito en nuestras carreras, y el grado de nuestros diplomas no será de ningún valor. (Excelente reflexión)
    Triste que muchos hermanos hacen la diferencia afirmando que tal o cual persona merece estar en talleres porque “tiene posgrados” y qué del cumplimiento como musulman-a.

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