Incluso los profetas tuvieron problemas familiares

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Muchos de nosotros tenemos dificultados en nuestras relaciones familiares. A veces, esto significa tener que aguantar una soledad inmensa. Pero incluso en los tiempos más difíciles con nuestras familias, recuerda: incluso los profetas tuvieron problemas familiares, y a pesar de sus dificultades, continuaron en el camino de Al-lah, sabiendo que Él estaba con ellos y que no estaban solos; y esto es lo que debemos saber cuando enfrentamos nuestros propios problemas.

Tal vez estás preocupado por tus hijos, su rivalidad entre hermanos a veces te asusta. A veces, su relación puede entristecerte profundamente y te preguntas qué has hecho mal como padre.

Pero no estás solo. Imagínate el dolor de Adam y Hawwa (Adán y Eva) ¡cuando descubrieron que uno de sus hijos había asesinado al otro!

{[Oh, Muhammad:] Cuéntales la auténtica historia de los hijos de Adán, cuando presentaron una ofrenda y le fue aceptada a uno y rechazada al otro. Dijo [Caín]: “Te mataré”. Dijo [Abel]: “Dios solo acepta las obras de los que obran con fe sincera. Aunque levantaras tu mano para matarme, yo no levantaría la mía para matarte, porque yo tengo temor de Dios, Señor del universo. Prefiero que seas tú quien cargue con mis pecados y los tuyos, [y si me matas] serás de los moradores del Fuego, porque ese es el castigo para los que cometen esa injusticia”. Pero su ego lo llevó [a Caín] a matar a su hermano, por lo que se arruinó a sí mismo} [Corán 5:27-30].

¿Cómo crees que se sintieron nuestros amados primeros padres? ¿Cuál fue su reacción como padres de un hijo al que perdieron porque fue asesinado por su otro hijo? No estás solo en tu preocupación por tus hijos o tu angustia por ellos.

¿Y qué hay de aquellos cuyos hijos se han alejado del Islam? ¿Qué hay de aquellos que pasan las noches llorando, suplicándole a Al-lah que los lleve de regreso hacia Él? ¿Cuántas veces te has preguntado qué dijiste o hiciste mal mientras los educabas? ¿Fuiste demasiado duro o demasiado tolerante? ¿Cuántas veces no has deseado regresar en el tiempo y volverlo a intentar?

Pero piensa en Noé (Nuh). Él es uno de nuestros profetas más grandes, él predicó a su pueblo y a su propia familia por más tiempo del que podemos imaginar; y, como Profeta, llamó a su hijo: {… “¡Oh, hijito mío! Sube al arca con nosotros y no te cuentes entre los que se niegan a creer”. Dijo [su hijo]: “Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas”. Dijo [Noé]: “Hoy no habrá nada que pueda protegerlos del mandato de Dios, y solo se salvará aquel a quien Dios le tenga misericordia”; entonces las olas se interpusieron entre ambos, y [su hijo] se contó entre los ahogados} [Corán 11:42-43].

Cuando su hijo se negó, argumentando que una montaña lo salvaría del agua, imagina el dolor estremeciendo el corazón de Noé. Él lo estaba llamado no solo como un Profeta −alguien que llama al camino de Dios−, sino como el padre de un hijo que estaba a punto de ahogarse; como el padre de un hijo que conocía bien su mensaje y que esperaba que aceptara su misión como Mensajero de Dios y respondiera a su invitación…y finalmente, observa cómo las olas los separaron y su hijo se ahogó.

No estás solo cuando sientes que estás viendo cómo tus hijos se ahogan sin la luz de la guía. No estás solo en tu temor por ellos, en tu deseo de verlos regresar a Él. Imagina a Noé y su dolor. Él era un Profeta de Dios, pero incluso los mejores de los mejores han visto a sus hijos alejarse.

Por otro lado, es posible que alguna vez hayas tenido problemas con tus padres. Si eres un converso o has regresado al camino de Dios y tus padres están alejados de Él, tal vez tú quieras ayudarlos a ver la belleza de la verdad. Tal vez estás pidiendo a Dios por ellos fervientemente por las noches, y tratando de convencerlos de Su existencia y de la necesidad de seguir Su guía durante el día. Tal vez encuentras que, en lugar de que tu mensaje sea bien recibido, ellos están frustrados, enojados y cansados de ti. Tal vez te acusen de ser un extremista o de tener lavado el cerebro o de estar influenciado por otros, y tú estás triste por la percepción que ellos tienen de ti.

Pero imagina a Abraham (Ibrahim). Él le decía a su padre: {… “¡Oh, padre mío! ¿Por qué adoras a lo que no oye ni ve ni puede beneficiarte en absoluto? ¡Oh, padre mío! Se me ha revelado un conocimiento que tú no tienes. Sígueme, y te guiaré por el sendero recto. ¡Oh, padre mío! No adores al demonio, porque el demonio fue desobediente con el Compasivo. ¡Oh, padre mío! Temo que te alcance un castigo del Compasivo y seas de los que acompañen al demonio [al Infierno]”. Dijo [su padre]: “¡Oh, Abraham! ¿Acaso rechazas a mis ídolos? Si no dejas de hacerlo te lapidaré. Aléjate de mí por buen tiempo”. Dijo [Abraham]: “¡Que la paz sea sobre ti! Pediré perdón por ti a mi Señor. Él ha sido Generoso conmigo. Me alejaré de ustedes y de cuanto invocan en vez de Dios, e imploraré a mi Señor, y espero que mis ruegos a mi Señor no sean rechazados”} [Corán 19:42-48].

Debido a las dificultades en tu relación con tus padres, a veces puedes sentir que ardes. ¡Pero Ibrahim fue arrojado literalmente al fuego!, y gracias a su firme creencia en Al-lah, Él hizo que el fuego se volviera fresco [Corán 21:66-70]. Del mismo modo, Al-lah puede enfriar las llamas de tu vida.

¿Alguna vez has tenido problemas con uno de tus hermanos? Recuerda a los hijos de Jacob (Iaqub). José (Yusuf) no solo experimentó los sentimientos de rivalidad de sus hermanos, ¡sino que ellos conspiraron para dañarlo físicamente!

{[Dijo uno de ellos]: “Maten a José o destiérrenlo para que la atención de nuestro padre sea para nosotros por igual. Luego nos arrepentiremos y podremos ser de los virtuosos nuevamente”. Dijo uno de ellos: “No maten a José. Si ya tienen decidido deshacerse de él, mejor arrójenlo a lo profundo de un pozo seco, alguna caravana lo recogerá”} [Corán 12:9-10].

¡José fue arrojado a un pozo por sus hermanos! ¡Y esto ocurrió después de que ellos habían decidido asesinarlo! Al final, ellos se dieron cuenta de su error; pero en aquel momento, seguramente José se sintió abrumado no solo por el dolor de haber sido traicionado por sus propios hermanos, sino también por haber sido completamente abandonado por ellos. Jacob sufrió el dolor de su pérdida por muchos años, tantas fueron sus lágrimas que quedó finalmente ciego [Corán 12:84]. Los profetas fueron las mejores personas, los más cercanos a Al-lah, y aun así ellos experimentaron el mismo dolor que nosotros cuando se trata de nuestros seres queridos.

Cuando enfrentas dificultades por ser un padre soltero, recuerda a María (Mariam). Imagínatela dando a luz, sola en un desierto, frustrada, temerosa, preocupada, y adolorida física y emocionalmente. Pero Al-lah no solo abrió el camino para ella, sino que la honró con un hijo que fue un Profeta [Corán 19:16-34]. No cabe duda de que sus dificultades seguramente fueron abrumadoras; pero imagina el inmenso honor y los favores con los que Al-lah la bendijo por medio de su hijo. Del mismo modo, tú, como madre o padre soltero, que te esfuerzas por educar hijos piadosos y con un fuerte sentido de moralidad y determinación, serás honrado y bendecido por medio de tus hijos, in sha Al-lah.

Y tú, que estás pasando por problemas en tu relación matrimonial, ¿cuántas veces no has deseado confiar en tu esposo o esposa, sentirte seguro/a y amado/a por él o ella? Imagina a Lot: su esposa no solo no creía en él, ¡sino que además lo traicionó! Debido a sus acciones, ella fue dejada atrás cuando la familia de Lot fue salvada de la destrucción [Corán 11:81].

Y también recuerda a Asiah (la esposa del Faraón). Su esposo era la definición de un abusador, sediento de poder. Aun así, ella invocó a Dios con confianza absoluta en Su socorro: {… “¡Señor mío! Constrúyeme, junto a Ti, una morada en el Paraíso, y sálvame del Faraón y de sus obras abominables. Sálvame de este pueblo opresor”} [Corán 66:11].

Existen muchos ejemplos más de personas increíbles que pasaron por un profundo dolor a causa de algún ser querido, al igual que tú. Cuando experimentas sufrimiento debido a problemas en una relación, no pienses que estás solo, busca apoyo y ayuda profesional; y recuerda que incluso los mejores de nuestros antepasados pasaron por terribles dificultades en sus relaciones, que se supone debían ser fuente de amor y consuelo.

Al final del día, así como ellos buscaron refugio en Aquel que jamás nos decepcionará, nosotros también debemos hacerlo, porque solo en Él tenemos la promesa de una relación que perdurará por siempre, pues Él nunca nos desamparará. A veces no podemos comprender la sabiduría detrás de las pruebas en nuestras vidas o del dolor que experimentamos en nuestras relaciones; pero debemos recordar que no estamos solos, así como Él se lo aseguró a Musa y a Harun (Moisés y Aarón), también te lo asegura a ti: {No tengan miedo, pues Yo estoy con ustedes escuchando y observando todo} [Corán 20:46].


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