Islam: La máxima transformación femenina

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Tuve una transformación absoluta que me hizo sentir totalmente renovada y equilibrada. Todo comenzó cuando recibí un regalo hace algún tiempo. Estaba bien envuelto. Lo desempaqué cuidadosamente, capa por capa. Para mi sorpresa, era el Islam. Sintiéndome obligada, me lo puse. Al principio me resultó un poco incómodo, me sentía tímida de salir con él. Me encantaba, pero ¿qué diría la gente? ¿Qué pensarían los demás?

Después de un tiempo, se convirtió en parte de mí. Lo hallé cómodo y hermoso. Me enseñó que fui hecha a mano, diseñada y cuidadosamente desarrollada para ser yo: una mujer. Este Islam me fortaleció y empoderó cada vez más. El Islam me ayudó a abrazar mi feminidad de todo corazón. La confianza sustituyó a la duda, el Islam corre dentro de mí y finalmente emana e irradia desde mi interior. Por primera vez, me siento orgullosa de ser mujer.

Antes de la transformación

Creciendo como mujer

Para muchas chicas, descubrir cuán generalizado, omnipresente y fetichizado está el concepto de belleza en nuestra cultura, es un despertar rudo. Mi entendimiento de aquello en lo que se supone que debía convertirme, se conformó, en parte, a través de películas, programas de televisión, revistas, música, y probablemente de las muñecas Barbie sobresexualizadas con las que jugaba.

Recuerdo cuando salía en la preadolescencia con mis amigos al centro comercial, mirando con admiración las modelos y los maniquís, imaginando cómo se suponía que yo debía verme. Sobrecargada de autoconsciencia, me sentía agobiada, como muchas otras mujeres, por mi apariencia y mi comportamiento. La presión eclipsó, y realmente destruyó, lo que pudieron ser muchas experiencias enriquecedoras.

La solución Tomboy

A veces, simplemente era más fácil parecer un chico. Andar con chicos, vestir camisetas sueltas como ellos, y ser ruda y descuidada en mi apariencia. Era un alivio estar lejos de la competencia y el sentimiento de insuficiencia entre mis amigas. Me sentía más libre, fue un respiro de las intensas expectativas que había estado enfrentando. Pero ese abandono no iba a durar.

La pubertad llovió sobre mi desfile

A medida que se acercaba la pubertad, hasta los muchachos se convirtieron en un problema. Comenzaron a sentir la sexualidad femenina y ya no fue posible ser uno más de ellos. Los comentarios rudos y las observaciones incómodas convirtieron el hecho de ser chica en algo más atormentador que nunca. Cuando los muchachos comenzaron a desear a las muchachas, fue aplicada más presión sobre nosotras: tener un gran cuerpo, ser populares, ser la primera opción, ser “sexy”.

Presenciamos el cambio de nuestros cuerpos, consternadas al descubrir que no se estaban convirtiendo en material para las portadas de las revistas. Mirar el espejo mientras pellizcábamos las partes de nuestros cuerpos que “no deberían” estar ahí, resultó ser una parte triste de convertirse en mujer hoy día.

Se desperdicia tanto tiempo tratando de ser diferente, que nos produce un sentimiento continuo de fracaso. Fracaso sobre el que no tenemos ningún tipo de control, porque no elegimos las formas de nuestras narices ni las estructuras óseas de nuestras caderas. Muchas muchachas se tambalean al borde de la autodestrucción debido a la imposición de estándares artificiales e irrealizables.

Hacerte grande y salir al mundo real

Finalmente, me rebelé en silencio contra las demandas que me hacía la sociedad. Me volví artista, audaz, y gané cierta autoconfianza al decidir ser diferente. Comencé a tomar clases de moda en el FIT de Manhattan durante la preparatoria. Me había liberado de la esclavitud de las expectativas culturales, pero descubrí una nueva realidad cuando comencé a desplazarme independientemente a la ciudad.

Lo que descubrí se describe con exactitud en un artículo publicado en upworthy.com hace un tiempo. La autora detalló lo que muchas mujeres experimentan a diario. Cómo nos vemos obligadas a desestimar y pasar por alto situaciones que, bien analizadas, son claramente inaceptables. Ella describe esto como “la realidad de ser mujer” en nuestro mundo: “Todas hemos aprendido, sea por instinto o por prueba y error, cómo minimizar una situación que nos incomoda. Cómo evitar enojar a un hombre o ponernos en peligro. Todas, en muchas ocasiones, hemos ignorado un comentario ofensivo. Todas nos hemos reído de un lance inapropiado. Todas nos hemos tragado nuestra ira cuando hemos sido menospreciadas o nos han tratado como tontas. Somos sexualizadas antes de llegar a entender lo que eso significa. Recibimos miradas y comentarios antes de que siquiera podamos conducir, y de parte de hombres adultos. Nos sentimos incómodas, pero no sabemos qué hacer, así que seguimos con nuestras vidas (Gretchen Kelly[1]).

Ese artículo se hizo viral cuando fue publicado, y sigue circulando después de más de un año. La razón es que resuena profundamente en las mujeres. Expone una realidad que la mayoría de las mujeres oculta.

Respeto artificial

A juzgar por las discusiones sobre sexismo e igualdad de género, puedes ser llevado a creer que las mujeres son respetadas y tratadas con igualdad en la actualidad. Lamentablemente, no hemos llegado tan lejos como queremos creer.

Creo que es un error confundir la palabra igual con lo mismo, cuando de hecho, hombres y mujeres somos diferentes y nuestras diferencias deben ser respetadas. Las mujeres están bajo una presión absurda para alcanzar estándares inalcanzables de belleza y, a la vez, los hombres son avergonzados por sentirse atraídos hacia las mujeres. Este mensaje contradictorio sobre la sexualidad tiene ramificaciones desagradables.

Una realidad peligrosa

El Centro Nacional de Recursos de Estados Unidos para la Violencia Sexual (NSVRC por sus siglas en inglés, American National Sexual Violence Resource Center) reporta que una de cada cinco mujeres estadounidenses será violada en su vida, y una de cada cuatro niñas será abusada sexualmente antes de llegar a la edad de 18 años. En 2008, Human Rights Watch (HRW) reportó un aumento enorme en la incidencia de violencia doméstica, violación y asalto sexual en un período de dos años. Sin mencionar la epidemia de adicción a la pornografía, que devasta a muchísimas familias.

Estas estadísticas indican que vamos en la dirección equivocada, nuestro intento de lograr una equidad de género parece un fiasco colosal. Estos problemas son sintomáticos de un problema mucho más profundo. Creo que eso se debe en parte a la definición no natural de hombres y mujeres, y a la negación de nuestra sexualidad innata. Eliminar la sana canalización de esa sexualidad está resultando en un desequilibrio peligroso.

La transformación

Entonces, ¿dónde entra el Islam?

No puedo ignorar el hecho real de que incluso las sociedades musulmanas modernas tienen problemas en lo tocante al sexismo, el abuso y varios grados de todos los asuntos que he mencionado. Estos deben ser abordados tanto como nuestros defectos en Occidente.

Pero mi transformación no tiene que ver con los musulmanes, sino que está relacionada directamente con el Islam verdadero. La transformación que he sufrido fue interna y externa, espiritual y física.

Desde dentro

El cambio más importante ocurrió en mi interior. El Islam cambió mi propia actitud hacia la feminidad, hacia mí misma. Honestamente, antes del Islam, inconscientemente devalué a las mujeres. Supongo que por eso sentí la necesidad de afirmar mi valía demostrando que estaba en pie de igualdad con los hombres.

Mi entrada al Islam

El Islam me enseñó que las mujeres hemos sido creadas intencionalmente, que hombres y mujeres tenemos la misma valía; hemos sido creados de manera diferente para complementarnos unos a otros. Dios se preocupa tanto por los actos y la devoción de las mujeres como los de los hombres. Dios dice: {No dejaré de recompensar ninguna de sus obras, sean hombres o mujeres, descienden el uno del otro} [Corán 3:195].

Para agregarle énfasis y garantizar que no haya ambigüedad en esto, el Corán en ocasiones afirma lo mismo dos veces, una para los hombres y otra para las mujeres, como en sura 33:35, donde nos tranquiliza así: {Dios les tiene reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas…}. Véase también 4:124; 16:97; 33:35; 40:40; 49:13.

Los cambios internos llevan a cambios externos

Así pues, ahí estaba yo con esta nueva consciencia, esta afirmación, de que estaba imbuida con valía en el momento en que fui creada. Mi propia feminidad es valiosa. Además, si hago el bien, mi Señor lo apreciará más de lo que cualquier mortal podría hacerlo.

Las características que diferencian a los hombres de las mujeres, son las cosas que nos hacen especiales, y por medio de las cuales contribuimos al mundo en formas que ningún hombre puede. Esta nueva autoestima naturalmente conllevó cambios externos. Anhelé vestirme con más modestia.

Las pautas en el Islam para las relaciones de género fueron esclarecedoras. Ellas protegen a la gente, en especial a las mujeres, de esas situaciones indeseables descritas en el artículo de Gretchen Kelly. En el Islam, Dios ya nos ha dado las precauciones que debemos tomar para protegernos de vivir de esa manera, no tenemos que vivir “la realidad de ser mujer”, podemos vivir con dignidad y respeto.

Transformación completa: El resultado

El Islam me dio autoconfianza y equilibrio al enseñarme a valorarme como mujer. Cambié la forma de vestir para reflejar mi nuevo estado de ser: una mujer dedicada a Dios, como María, la madre de Jesús. Cambié mi forma de interactuar con el sexo opuesto. Ahora yo tenía el control sobre mi cuerpo, sobre quién puede tocarlo y quién puede verlo. No soy accesible, mi presencia es un privilegio.

Esta transformación cambió poderosamente mi enfoque de cómo la gente percibe la belleza o la sexualidad, hacia esfuerzos y logros más significativos. Ahora estoy libre de la vergüenza que alguna vez me significó el ser mujer, y me encanta. No más horas en frente del espejo deseando que los “defectos” desaparezcan. En lugar de eso, veo a través de ellos. Cuando me miro al espejo, me veo a mí misma. Y gracias a Dios, finalmente amo lo que veo.

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[1] http://www.upworthy.com/this-is-how-a-lifetime-of-potentially-dangerous-situations-affects-every-woman1


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