La enfermedad mental: Más que un problema espiritual

  • A A A | Visto: 129 veces

En verdad, me aterra lo que la gente pueda pensar si hablo sobre mis problemáticas de salud. Me pregunto si la gente me rechazará o si perderé a mis amigos, y todo por el estigma que implica una enfermedad mental dentro de las comunidades musulmanas. Pero también me sentiría falsa e hipócrita si hablara de las actitudes de los musulmanes hacia las enfermedades mentales y no mencionara mi propia batalla. Me sentiría como traicionando a mis hermanos y hermanas de fe que sufren como yo si no comparto mi lucha con ellos.

Mi predicamento

Corría el otoño de mi quinto año. Repartía mi tiempo entre mis estudios de educación para la primera infancia, encuentros con las Girl Scouts y clases de danza, todo mientras intentaba encontrar tiempo para mis terapias antes de la cena y lograr estar a las 8 en cama.

Había pasado encerrada el verano anterior a mi primer año de escuela. Cuando salía a jugar con mis hermanos o con los vecinos del conjunto, me faltaba interés, mi estado era letárgico y solía hablar de la muerte, mi propia muerte. Solía entrar en pánico, intensa e irracionalmente, si estaba lejos de mi madre por más de unos cuantos minutos.

En el consultorio de mi terapeuta pintaba dibujos y hablaba sobre mi familia, mis cinco hermanos, mi madre con demasiadas cargas y mi padre estresado. El diagnóstico vino como desorden de alta depresión heredado de mi padre. Y más tarde, fui diagnosticada con desorden de ansiedad.

Tuve el lujo de recibir ayuda médica profesional desde una edad temprana. Aprendí cómo sobrellevar el hecho de que mi mente funciona de una forma diferente. Aprendí a reconocer qué aportaba equilibrio a mis desequilibrios. Y después de varios años de tratamiento, por primera vez en mi vida no quise desperdiciar el tiempo. Quería sentirme viva. Finalmente estaba experimentando lo que la vida puede ser y no fui defraudada.

En el otoño de mi veintiún aniversario, me convertí al Islam. Mientras aprendía sobre mi nueva religión y mi imán crecía, sentí una paz y una claridad acerca de la vida y mi lugar en ella que no había experimentado nunca antes. No quería hacer nada sino agradar a Al-lah. Estaba experimentando la dulzura de la fe por primera vez y no me sentía decepcionada.

Y fue en esta fase de mi vida donde mi tratamiento para problemas mentales y mi fe hicieron colisión. A medida que me hice parte de mi comunidad islámica local, conociendo amigos musulmanes y presenciando conferencias, me fue totalmente claro que los problemas mentales pueden curarse completamente con fortaleza en la fe. Y que aquellos que se sienten depresivos o ansiosos solo se sentían de este modo por algún déficit en su imán. Siendo nueva en el Islam, tenía diferencias de posición con aquellos que sabían más de lo que yo sabía sobre el Islam y sobre todos los asuntos relacionados con la fe.

Paré todo tipo de tratamientos para mi desorden depresivo y ansioso, y enfoqué mi vida entera en buscar conocimiento, orar, ayunar y hacer duá. Después de un cierto tiempo, mi enfermedad mental reapareció con su desagradable faz. Me salí de la universidad, dejé de asistir a la mezquita y de contestar el teléfono. Cerré mi cuenta de correo electrónico, dormía más de dieciocho horas al día, y no salía de mi apartamento por semanas enteras.

¿Falta de fe?

Huda Alkhateeb, quien también sufre de desorden mental por alta depresión, explica que se vio confrontada con los mismos obstáculos como musulmana. Dice: “Escuché claramente el mensaje de parte de musulmanes a los que admiro, diciendo que no necesitamos tratamientos para nuestra salud mental si creemos, ayunamos, etc., con el suficiente esfuerzo. Si yo hubiese prestado atención a esto, hubiera sentido que experimentar depresiones era un signo de que no soy lo suficientemente creyente”.

Al contrario de Huda, yo sí presté atención a aquellos que declaraban que mi enfermedad no era más que una debilidad de mi imán. Pero no importaba cuántas plegarias ofreciera, cuántas súplicas hiciera o cuánto conocimiento adquiriera, mi salud mental solo empeoraba. Sentí pena de mí misma. Intenté ocultarme y alejarme de la comunidad, en momentos en los que hubieran podido ayudarme a atravesar esos momentos difíciles. Pero a pesar de estos sentimientos de inaptitud, quería vivir, entonces retomé el tratamiento.

Como dice Al-lah en el Corán: {No se maten a ustedes mismos. Dios es Misericordioso con ustedes} [4:29].

A medida que recuperaba mi salud y me reintegraba a la comunidad, descubrí que muchos musulmanes sufrían de enfermedades mentales en silencio, igual que yo. Pude ver los síntomas en mis hermanos y hermanas de fe, y varios me confiaron cuánto sufrían independientemente de la fortaleza de su imán o de lo mucho que practicaran actos de adoración.

Según un estudio realizado por la Dra. Mona Amer en la Universidad de Yale, casi el 50% de los americanos de ascendencia árabe, un amplio segmento de la población, muestra signos de depresión clínica[1].

Asma Abdulá, quien sufre de depresión, desorden de ansiedad y desorden post traumático (PTSD por sus siglas en inglés), dice que no encontró soporte en su comunidad, ni siquiera entre las hermanas a las que consideraba sus amigas. Explica: “La primera amiga de la universidad (dentro del seno de la comunidad musulmana) en quien confié, expresó indiferencia. Pensó que estaba exagerando la severidad de mis problemáticas o quizá sencillamente no quiso involucrarse al respecto. Otros amigos traicionaron la confianza que deposité en ellos o simplemente no pudieron sobrellevar el asunto, y eventualmente las amistades se desvanecieron. […] Ya no interactúo ni veo a mi comunidad”.

Sentirse aislado de la comunidad o juzgado por tener problemas de salud puede incrementar las problemáticas de salud mental. Huda dice: “Mi fe es el aspecto más importante de mi autodefinición como persona, y yo necesitaba ejemplos de personas piadosas para levantar mi ánimo y saber sobrellevar mi enfermedad”. Ella y muchos se beneficiarían enormemente de recibir ayuda dentro de sus comunidades, pero hay una falta de consciencia, y muchos conceptos errados deben ser resueltos a gran escala”.

Los investigadores han encontrado que dentro de las comunidades musulmanas existe un estigma gigante en lo concerniente a musulmanes con problemas mentales lo que conlleva a aislar a los que los padecen de su comunidad. Según el Journal of Muslim Mental Health: En un […] estudio que examina las actitudes hacia las problemáticas de salud mental entre las familias procedentes de Pakistán en el Reino Unido (Tabassum, Macaskill & Ahmad, 2000), ninguno de los participantes reportó que considerasen siquiera la posibilidad de contraer matrimonio con una persona con alguna enfermedad mental, solo la mitad expresó alguna voluntad de interactuar con dichas personas, y menos de un cuarto del total reportó que considerarían una relación cercana[2].

Más que sentirse expulsados de sus comunidades, los musulmanes que sufren de enfermedades mentales suelen sentirse obligados a callar lo concerniente a su enfermedad, incluso con su familia. En el seno de muchas familias musulmanas, “a causa de la posición social de la familia, muchos investigadores reportan que la divulgación de una enfermedad mental es algo vergonzoso”, según reportó The Journal of Muslim Mental Health.

Asmá dice que se sintió arruinada y frustrada frente a la respuesta de sus padres cuando intentó buscar ayuda junto a ellos. Dice: “Si me sentía deprimida, (mi madre) me hacía sentar y me gritaba por ser inútil y después me castigaba por varios meses. Esto ocurrió muchas veces antes de que descubriera que recibía tratamiento. Mi padre nunca habla al respecto, ni siquiera cuando mi madre y yo discutimos por eso frente a él”.

Huda siente que debe ocultar su enfermedad de su familia política. Explica: “(La familia de mi esposo) ha tenido una gran influencia religiosa sobre mí. Sin embargo, nunca he discutido mi lucha con la depresión con su familia, pues sé que explicar aspectos como la forma en que murió mi padre (se suicidó tras perder una larga lucha con la depresión) será visto más como un fracaso espiritual que como una enfermedad física”.

La enfermedad mental como condición física

Al-lah dice en el Corán: {Los creyentes y las creyentes son aliados unos de otros, ordenan el bien y prohíben el mal, cumplen con la oración prescrita, pagan el zakat y obedecen a Dios y a Su Mensajero. De ellos Dios tendrá misericordia. Dios es Poderoso, Sabio} [9:71].

Pero estamos fallando, los hombres y las mujeres creyentes que sufrimos una enfermedad mental, cuando rechazamos incluso admitir que tenemos un problema. ¿Cómo podemos ayudarnos los unos a los otros si negamos que necesitamos ayuda?

Las reacciones de la familia política de Huda y de los padres de Asmá son típicas de musulmanes que no entienden la enfermedad mental. Hadices como el siguiente son citados con frecuencia como prueba de que la enfermedad mental es un bloqueo de carácter puramente espiritual. El Mensajero de Al-lah dijo: “No hay musulmán al que le afecte una preocupación o tristeza y que diga: ‘¡Oh, Al-lah! Soy Tu siervo, hijo de Tu siervo e hijo de Tu sierva. Mi destino está en Tus manos, otorgas Tu juicio sobre mí, Tu sentencia sobre mí es justa. Te pido por cada uno de Tus Nombres con los que Te has nombrado, revelados en Tu libro, enseñado a uno de Tu creación, o que hayas preferido para Ti en lo oculto de Tu conocimiento, que hagas del Corán la primavera de mi corazón, la luz de mi pecho, la disipación de mi tristeza y la partida de mi preocupación’, que Al-lah no le disipe su preocupación y reemplace su tristeza con alivio” (Ibn Hibbán).  

Como musulmanes sabemos que esto es verdad para la preocupación o ansiedad y la tristeza de la que se habla en el hadiz, pues creemos en la autoridad del Profeta Muhammad. Pero la enfermedad mental de gravedad no es la misma cosa que tener una preocupación o estar triste. Tenemos que entender la diferencia entre tristeza o estrés que pueden resolverse a nivel espiritual y una grave enfermedad mental.

Podemos comparar la diferencia entre los dos casos con la diferencia entre una persona sana, pero con bajas de azúcar en la sangre, y una persona que padece diabetes. La baja de azúcar puede darse en la sangre por un estímulo externo, por ejemplo, si alguien no ha ingerido alimentos por un periodo específico de tiempo el azúcar en su sangre baja.

Sin embargo, la diabetes un proceso interno crónico donde los químicos del cuerpo están fuera de equilibrio. De modo similar, la tristeza o incluso la depresión circunstancial pueden llegar por un estímulo externo, como la muerte en la familia, el divorcio u otro evento difícil de la vida. Mientras que la enfermedad mental, al igual que la diabetes, es un desequilibrio químico crónico.

Según la Asociación Nacional para la Enfermedad Mental (NAMI por sus siglas en inglés), una de cuatro personas adultas experimenta un desorden de salud mental en un año determinado. Y la comunidad musulmana no es inmune a ello. Prácticamente todos los líderes religiosos musulmanes en América declaran haber empleado gran cantidad de tiempo dando consejos sobre salud mental de manera informal en sus congregaciones[3].

Muchos musulmanes prefieren buscar ayuda dentro de sus comunidades religiosas, ya sea pidiendo consejo a su imám, a su familia y/o a sus hermanos y hermanas musulmanes. “Un número altamente significativo de participantes reportó un deseo de buscar ayuda entre los miembros de su familia (21%) o de un líder religiosos (19%) más que de un profesional de la salud mental (11%)”, según un estudio citado en The Journal of Muslim Mental Health. Y muchos de aquellos que padecen la enfermedad y que buscan ayuda dentro de su comunidad de fe, se les dice lo mismo: que lo que experimentan es falta de fe.

Sin embargo, la ciencia de la medicina moderna nos dice que la enfermedad mental tiene causas físicas muy específicas. Está con frecuencia relacionada con una anomalía en el funcionamiento del trayecto de las células nerviosas que conectan partes del cerebro. Erick Kandel, M.D, premio Nobel laureado y profesor de ciencias del cerebro en la Universidad de Columbia, dice: “Todos los procesos mentales son procesos cerebrales y, en consecuencia, todos los desórdenes del funcionamiento mental son enfermedades biológicas… El cerebro es un órgano de la mente. ¿Dónde más podría (la enfermedad mental) estar si no en el cerebro?”

Una reciente investigación y observaciones médicas nos muestran cómo y qué tan físicamente fundamentadas pueden estar las enfermedades mentales. Científicos de Northwestern Medicine desarrollaron la primera toma de muestra de sangre para diagnosticar alta depresión en adultos. La prueba mide los niveles de los marcadores de ARN (las moléculas que llevan mensajes de nuestro ADN).

Eva Redei, quien desarrolló la toma de muestra y es profesora de psiquiatría y ciencias del comportamiento en el Northwestern University Feinberg School of Medicine, dice: “Esto indica claramente que se puede tener una muestra de sangre por laboratorio para la depresión, dando un diagnóstico científico del mismo modo (en que) alguien es diagnosticado con alta presión sanguínea o colesterol alto […], esta toma de muestra da un diagnóstico de salud mental para el siglo 21 y ofrece el primer acceso de medicina personalizada para las personas que sufren de depresión”[4].

Tratamiento: Cuidado de la salud física y espiritual

Reconocer que la enfermedad mental es un mal físico real que necesita recibir tratamiento médico no niega el aspecto espiritual de la cura. El tratamiento médico y el crecimiento espiritual no son mutuamente excluyentes. Al-lah ha creado el mundo y cada proceso dentro de este. Debemos buscar cualquiera y todos los medios que Él haga asequibles para nosotros. Incluso los profesionales de la medicina recomiendan las rutinas, como las cinco oraciones diarias, para aportar estabilidad a la vida de alguien que padece problemas de salud mental.

De modo semejante, entender que hay un poder superior que está en control del universo y de todo lo que hay en él puede dar consuelo a alguien que se siente fuera de control. Los actos de caridad pueden también jugar un rol predominante en incrementar positivamente la confianza en sí mismo y pueden ayudar al paciente a sentirse conectado con la comunidad. NAMI recomienda una combinación de medicación, dieta, actividad física, terapia conversacional, diversas formas de apoyo psicosocial, como participación de la familia y de la comunidad para ayudar al cerebro a funcionar más eficientemente. Nuestros líderes, comunidades y familia pueden jugar un papel primordial en la restauración de la salud de aquellos que sufren de enfermedades mentales.

La fe y el cuidado médico de la salud no tienen que ser vistos como aproximaciones en conflicto para un tratamiento adecuado, como suele lastimosamente ser la visión en el caso de las enfermedades mentales por parte de las comunidades musulmanas. Zain Hamdan, quien sufre de depresión crónica, desorden de ansiedad general y PTSD, sabe que tomar un enfoque espiritual y médico para una buena salud mental es muy efectivo. Zain dice: “Busqué tratamiento espiritual, lo que me llevó a mi conversión al Islam, pues sus enseñanzas están en sintonía con cómo quiero vivir mi vida en términos de paz interior y exterior. También busqué tratamiento a través de métodos convencionales de psicología y tratamiento medicado”.

Zain admite que no siempre tuvo esta perspectiva para el tratamiento de sus problemas de salud mental. Explica: “Sentí paz cuando me hice musulmán. Sin embargo, con el paso de los años, las mismas problemáticas resurgieron. Comprendí que no había resuelto mis problemas con hacerme musulmán. Solo había intercambiado un método de contención por otro… creo que la fe es importante. Y estoy plenamente convencido de que Dios puede retirar cualquier pena de tu camino si Él lo considera adecuado. Sin embargo, también tengo conocimiento de que los desórdenes mentales son asuntos médicos que requieren individuos calificados para su evaluación y tratamiento”.

Proporcionando ayuda dentro de nuestras comunidades religiosas

Debido a la gravedad de las enfermedades mentales y a que el componente religioso es esencial para la cura, una mayor concientización al interior de las comunidades de musulmanes es absolutamente necesaria. Debemos mirar con doble enfoque el tratamiento de los problemas de salud mental, uno que abarque una perspectiva estrictamente médica y otro basado en su importancia dentro de la fe.

Los líderes musulmanes deben estar preparados para ofrecer consejería que incluya referir al paciente para que busque atención médica profesional. Nuestros hermanos y hermanas deben aprender a escuchar y dar apoyo y consuelo cuando otro musulmán sufre de enfermedades mentales, en vez de solo dar castigos. Nuestras familias necesitan vencer los tabúes alrededor de las enfermedades mentales, no sermonear a quienes las padecen, y educarse al respecto para poder dar ayudar a los miembros de la familia que están sufriendo estos males en su camino hacia la recuperación de su salud.  

Al igual que con cualquier enfermedad, las enfermedades de tipo mental se pueden manejar también desde un nivel espiritual, pero esta no es la única respuesta para sobrellevarlas. Al-lah nos ha dado los medios para curar cada enfermedad. El Profeta dijo: “Al-lah ha enviado tanto la enfermedad como la cura, y ha decretado una cura para cada enfermedad; entonces, busquen tratamiento médico, pero no empleen nada ilícito” (Abu Dawud).

No debemos rechazar los medios y la misericordia que Al-lah nos ha proporcionado, ya sea a nivel físico, emocional o espiritual.

_________________________________________________

[1] http://usatoday30.usatoday.com/news/nation/2006-08-09-muslim-american-cover_x.htm

[2] http://quod.lib.umich.edu/j/jmmh/10381607.0007.102/–mental-health-stigma-in-the-muslim-community?rgn=main;view=fulltext

[3] http://quod.lib.umich.edu/j/jmmh/10381607.0007.102/–mental-health-stigma-in-the-muslim-community?rgn=main;view=fulltext

[4] http://www.northwestern.edu/newscenter/stories/2014/09/first-blood-test-to-diagnose-depression-in-adults.html#sthash.CQDpxdRi.dpuf


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *