La gente de Al-lah

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Escribo esto sabiendo tristemente que ser de la gente de Al-lah es un sueño por el que tengo que trabajar con mayor empeño. Mi escrito sobre “la gente de Al-lah” es como el mendigo que mira al hombre rico dando caridad, deseando estar en su lugar; o como una persona ignorante escuchando a un sabio, deseando saber tanto como el erudito. Lo que tengo mayor necesidad de recordar constantemente –así como todos lo que están conmigo en esta búsqueda– es que el simple hecho de desear sin actuar es un espejismo que eventualmente solo nos llevará a tener más sed y desesperación.

Entonces, ¿a qué me refiero cuando digo “la gente de Al-lah”?

El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Al-lah tiene Su propia gente entre la humanidad. Los compañeros preguntaron: ‘Oh, Mensajero de Al-lah, ¿Quiénes son?’”. Él dijo: “La gente del Corán –son la gente de Al-lah– y aquellos que están más cercanos a Él” (Ibn Máyah).

El libro de Al-lah es como ningún otro, es el discurso atemporal de Al-lah. Y nos ceñimos a sus significados como fueron explicados por el Profeta y entendidos por los compañeros.

Uno de los milagros del Corán es que Al-lah nos facilitó su memorización: {Verdaderamente hemos hecho este Corán fácil de comprender y de memorizar. Entonces, ¿habrá alguien que recuerde y reflexione?} [Corán 54:17].

Este verso se repite cuatro veces en el mismo capítulo. El hecho es que los versos en el Corán son profundamente expresivos y no pueden nunca ser reproducidos ni por el más elocuente de los mortales; sin embargo, pueden memorizarse de principio a fin. Esto es una prueba de la facilidad que Al-lah ha puesto en ello. Y aun así muchos de nosotros nos limitamos a sentarnos y dejar pasar esta oportunidad sin darle un segundo chance.

Echemos un vistazo al estatus que les espera a los Ahl Al Qur’an.

La mejor gente

Uzman Ibn Affan narró que el Profeta dijo: “Los mejores de entre ustedes son aquellos que aprenden el Corán y lo enseñan a otros” (Bujari).

El Corán cambia la vida circundante de una persona. Durante el califato de Omar Ibn Al Jattab, algunos hombres vinieron y le preguntaron sobre quién llevaba el mando en la Meca. Los hombres preguntaron: “¿A quién has puesto al mando de la Meca?”. Él respondió: “A Ibn Abza”.  Ellos preguntaron: “¿Y quién es Ibn Abza?”. Omar respondió: “Un esclavo liberado de entre aquellos que hemos liberado”. Los hombres dijeron: “¿Dejaste que un esclavo fuera el comandante de la Gente del Valle (las nobles tribus de Quráish)?”. Uzman respondió: “Verdaderamente, es un recitador del Libro de Al-lah y es conocedor de las obligaciones de los musulmanes. ¿No escucharon la declaración del Mensajero?: ‘En verdad, Al-lah eleva a cierta gente por Su Libro y rebaja a otros por el mismo’” (Muslim).

Lo que se espera al final del trayecto no es solo el éxito en este mundo, sino también la aprobación del Mensajero de Al-lah al llamarte “la mejor gente”. ¿Qué mayor honor podemos esperar?

El sistema de recompensa

Puesto que Al-lah nos recompensa por algo tan pequeño como quitar una ramita espinosa del camino por donde pasa la gente, por Su misericordia, entonces, ¿cuál sería la recompensa por leer y memorizar el propio discurso de Al-lah?

Ibn Masúd narró que el Profeta dijo: “Quienquiera que recite una letra del Libro de Al-lah será acreditado con (el equivalente de) una buena acción, y de una buena acción se obtiene (el equivalente de) diez recompensas. No digo que Alif-Lam-Mim sea una letra; sino que Alif es una letra, Lam es una letra y Mim es una letra” (Tirmidhi).

En ocasiones, para memorizar algo tenemos que leerlo muchas veces para que “se nos grabe” o para corregir nuestros errores. Nos toca pasar por ciertas dificultades al memorizarlo, ya sea por el lenguaje empleado o para lograr una correcta pronunciación. Realmente Al-lah es el Misericordioso por excelencia: incluso por este intento fallido nos recompensa.

En una narración el Profeta dijo: “Quien lea el Corán e intente memorizarlo con esfuerzo, aunque sea difícil para esa persona, obtendrá doble recompensa” (Bujari).

Tal es nuestro Rabb, el Misericordioso, el Altísimo.

No solamente Al-lah ha hecho del Corán una fuente de recompensas para nosotros (al leerlo), sino que también lo ha hecho un medio para dar caridad, aunque no tengamos ni dos monedas para frotar en nuestro bolsillo. ¡Esta es la belleza del Islam!

El Profeta Muhammad dijo: “Aquel que recita el Corán en voz alta es como quien da caridad abiertamente, y aquel que recita el Corán en silencio es como quien da caridad en secreto” (An-Nasai).

Abu Huraira narró que el Profeta dijo: “El Corán vendrá el Día de la Resurrección y dirá: ‘¡Oh, Señor! Adórnalo (a su recitador)’. Entonces, se le dará una corona de honor para que lleve puesta. Después dirá (el Corán): ‘¡Oh, Señor! Dale más’. Entonces se le dará un traje de honor. Entonces dirá: ‘¡Oh, Señor! Complácete con esta persona’. Entonces Al-lah estará complacido con esa persona” (Tirmidhi).

Una prueba en el Día del Juicio

Abu Umama relató que el Profeta dijo: “Lean el Corán, pues ciertamente llegará en el Día del Levantamiento (Juicio) como un intercesor para sus compañeros. Y el Corán es una prueba en pro o en contra de ustedes” (Muslim).

En otro hadiz, el Profeta estipuló: “El Corán se encontrará con su compañero en el Día de la Resurrección cuando su tumba sea abierta, en forma de un hombre pálido, y le dirá: ‘¿Me reconoces?’. La persona dirá: ‘No te reconozco’. Y dirá: ‘Soy tu compañero, el Corán, que te mantuvo sediento en los días de calor y despierto por las noches. Cada mercader se beneficia de su negocio y hoy tú te beneficiarás de tus buenos actos’…” (Ahmad).

Ya hemos visto la importante posición que el Corán tiene junto a Al-lah.  Él estará a nuestro favor, como una prueba o un testigo para nosotros en el Día en que necesitaremos desesperadamente cada buen acto, o estará en contra de nosotros. ¡El mismísimo discurso de Al-lah en contra de nosotros! Simplemente imaginemos eso. Por Al-lah, que eso hace sentir un mortífero escalofrío por la columna vertebral.

¿Estamos descuidando el Corán?

¿Estamos actuando en contra de sus enseñanzas?

¿Estamos buscando excusas para no cumplir sus órdenes o alejarnos de sus prohibiciones?

¿Estará de nuestro lado en el Día del Juicio?

En nuestros asuntos mundanos buscamos wasta (palanca, contacto), es decir, conexiones en la vida para lograr que las cosas sean hechas. Pues bien, aquí está la mayor y más elevada de todas las wasta con la que se pueda soñar: el Corán mismo abogando por nosotros frente a nuestro Rabb, cuando nuestras lenguas se nieguen a hablar por nosotros.

El Corán no es solo un medio de bendiciones, sino que es la llave para el éxito tanto aquí en la dunia como en el ájira. Entonces, puede determinar nuestro nivel de estancia en el Yannah y la propia compañía que tendremos allí, in sha Al-lah.

Abdul-lah Ibn Amr Bin Al-Aas oyó decir al Profeta: “Le será dicho al compañero del Corán: ‘Lee y elévate (hacia los niveles más altos del Paraíso) y embellece tu voz como lo hiciste cuando estabas en la vida mundanal. Pues en verdad, tu posición en el Paraíso será el último verso que recites’” (Tirmidhi).

Nuestra madre Aisha relató que el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Ciertamente, quien recite el Corán con belleza, suavemente y con precisión, estará en compañía de nobles y obedientes ángeles” (Bujari).

Olvidando el Corán

Esto es algo que enfurece y entristece mucho. Toma tanto tiempo memorizar tan solo una página y tan poco tiempo para olvidarla. Es como arena cayendo desde un puño cerrado. Si no se mantiene la muñeca firmemente, entonces lentamente, pero con seguridad, se escabullirá.

El Profeta Muhammad dijo: “Quien aprende el Corán es como el poseedor de un camello atado. Si está atento a él, lo mantiene; pero si lo suelta, se irá” (Bujari).

También dijo (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “Es mala cosa que algunos de ustedes digan: ‘He olvidado tal y tal verso del Corán’, puesto que, ciertamente, ha sido por causa (de Al-lah) que lo olvidaran. Entonces toca que se mantengan recitando el Corán, ya que se escapa del corazón de los hombres más veloz que un camello desatendido” (Bujari).

Con un gran poder viene una gran responsabilidad

Prácticamente todos nosotros hemos escuchado la anterior declaración. Pero ahora en nuestras manos no es un libro cualquiera que tomamos de nuestra biblioteca, sino que son las palabras de Al-lah, el Altísimo.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Quienquiera que recite el Corán asegura el conocimiento de la Profecía entre sus costillas (en su pecho), aunque la Revelación Divina no le haya sido enviada a esa persona. No beneficia a quien ha sido dotado con el Corán que se indigne con aquellos que tienen ira, ni debe caer en actos de ignorancia con aquellos que son ignorantes, mientras que la Palabra de Al-lah está allí en su pecho” (Al Hakim).

Esta es la prueba de fuego para nosotros, para que midamos y honremos nuestra relación con el Corán. Quiera Al-lah ayudarnos a darle al Corán su derecho.


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