La justicia social y económica

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En cualquier situación, ya sean las relaciones internacionales o los asuntos familiares, la paz y la seguridad se pueden lograr solo si se observan los dictados de la justicia.

La justicia es la base de la paz y la estabilidad del individuo y de la sociedad en su conjunto. Todos los miembros de la sociedad se sienten seguros cuando saben que sus derechos son protegidos y sus intereses están a salvo. Así, la gente no teme que alguien sea injusto con ellos y que no puedan ser indemnizados. Por eso la gente tiene una disposición natural de amor hacia la justicia, la exige y alaba a quienes la administran correctamente.

Cuando las autoridades practican la justicia, la gente los ama y los obedece; así, la paz, la seguridad y la estabilidad prevalecerán. El crimen disminuirá y la gente se preocupará por procurar sus intereses personales y públicos, cimentando su sociedad e incrementando su patrimonio. Al Mawardi escribió en su Adab Ad-Dunia wad-Din: “El tercer principio que ayuda a mejorar los asuntos seculares es la justicia plena que invita a la armonía, promueve la obediencia [a la autoridad] con la cual el país prospera, la riqueza aumenta y la progenie del hombre se multiplica y el gobernante se siente seguro”.

Por este motivo, cuando Al Hurmuzan, gobernador persa, vio a Omar Ibn Al Jattab durmiendo a campo abierto sin temor de ser atacado o acosado. Le dijo: “Has gobernado con justicia, así que te sentiste seguro y te dormiste”.

Traicionar la justicia acaba con la paz y la seguridad y lleva al castigo en esta vida y la otra. Me parece muy pertinente la afirmación del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam: “¡Gente! Las naciones antes acostumbraban a dejar libres a los nobles que robaban y acostumbraban a cortar (la mano) al humilde que robaba”.

Así pues, el castigo de los que traicionan la justicia se puede ver en sus disputas y divisiones. Traicionar la justicia provoca el odio y la enemistad, lleva a grandes tribulaciones, causa anarquía y da motivos para la represión, persecución y venganza. La historia, pasada y presente es testigo de esto. Al-lah Dice: {Por cierto que destruimos a muchas generaciones que os precedieron debido a su iniquidad. Sus Mensajeros se presentaron ante ellos con las evidencias, pero no les creyeron. Así castigamos a los pecadores} [Corán 10:13]; {Aquellas naciones predecesoras [como ‘Ad y Zamud] las destruimos por su iniquidad, y ya habíamos decretado el día de su destrucción} [Corán 18:59]; y: {Sus casas yacen vacías, por haber sido injustos. Por cierto que en ello hay un signo para quienes reflexionan} [Corán 27:52].

Yabir Ibn ‘Abdul-lah, que Al-lah esté complacido con él, relató que el Mensajero de Al-lah, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “Cuidaos de la injusticia, pues la injusticia es oscuridad en el Día de la Resurrección. Y cuidaos de la avaricia, pues la avaricia destruyó a los anteriores a vosotros y los incitó a derramar sangre y legitimar lo que era ilícito para ellos” [Muslim].

La injusticia es la causa principal de varios tipos de crimen, que surgen como resultado de sentimientos de odio, enemistades, inseguridad y opresión que bullen en los corazones de los oprimidos. Ellos sienten que su sociedad no se preocupa más por ellos y que sus derechos son violados y coartados a favor de los poderosos y privilegiados. Esto hace que muestren indiferencia por lo que aqueja a su sociedad o, lo que es peor, colaboren con otros para hundirla.

Por el contrario, los miembros de una sociedad justa, sienten que su honor está protegido, sus derechos resguardados y se les ofrecen muchas oportunidades. Esto los anima a esforzarse para proteger su sociedad a toda costa y salvaguardar sus intereses.

El secretario general de las Naciones Unidas dijo en un informe que presentó ante la conferencia de Caracas en 1980: “Los Estados miembros deben trabajar para eliminar todas las causas del crimen en general, las más importantes de ellas son: la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la discriminación racial y la injusticia social y económica”.

La justicia social es un tema crucial en nuestro tiempo, sin embargo, tocaremos aquí un solo punto: la justicia social se preocupa principalmente de la justa distribución de recursos y oportunidades económicas en la sociedad.

Los que niegan la posibilidad práctica de la justicia social son muchos hoy en día, lo cual es una clara muestra de cuán decepcionada está la gente respecto a las posibilidades del ser humano actualmente. Pero las prácticas de la justicia social se encuentran en el alma misma del Islam, y las medidas apropiadas para asegurar la justicia social son parte misma de la fe.

Políticas monetarias y la circulación de los bienes son parte de la esencia misma de la justicia social. Az-Zakah, el tercer pilar del Islam, ha sido instituido; y Ar-Riba (la usura) ha sido estrictamente prohibida para asegurar justicia social, de modo que la riqueza no se acumule en manos de algunos pocos mientras que el resto de la sociedad queda con interminables deudas. Al-lah dice: {Te preguntan [¡oh, Muhammad!] acerca de la caridad. Diles: “Lo que deis, que sea para vuestros padres, parientes, huérfanos, pobres y viajeros insolventes”. Ciertamente lo que hagáis de bien Al-lah lo sabe} [Corán 2:215]; y dice: {Creed en Al-lah y en Su Mensajero. Haced caridad de los bienes que Él os agració. Quienes de vosotros hayan creído y hecho caridades recibirán una gran recompensa} [Corán 57:7]; y dice: {pero Al-lah permitió el comercio y prohibió la usura} [Corán 2:275]. Y en otra aleya Al-lah claramente expresa esta sabiduría detrás del Zakah: {Lo que Al-lah concedió a Su Mensajero [como botín, sin necesidad de combatir] de la gente de las aldeas, pertenece a Al-lah, al Mensajero. a sus parientes, a los huérfanos, a los pobres y al viajero insolvente. Para que la propiedad no sea un privilegio de los ricos} [Corán 59:7].

La justicia en el Islam trabaja exactamente con estos objetivos en su máxima extensión posible. Sin embargo, el Corán no deja que salga de nuestro pensamiento el hecho de que estos amplios alcances posibles de la justicia en el mundo empiezan y dependen de la justicia del individuo para con su Señor, para consigo mismo, para con sus hermanos de la humanidad y toda la creación, y que, a fin de cuentas, nuestro éxito en hacernos justos en cada uno de estos niveles se verá plasmado en las cuatro dimensiones de justicia en el mundo y serán correspondidos, acto por acto, en el inevitable día que seguramente será el encuentro con el juez, Al-lah, el Justo.


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