Lo que nos dice nuestro medio ambiente

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Para romper con la visión del mundo secular, la pregunta más importante a plantear es: ¿Qué se quiere decir con “medio ambiente”? ¿Comienza el medio ambiente al otro lado de la puerta? ¿Comienza donde nosotros terminamos? Y, ¿dónde puede estar? Si es como el Corán nos dice –que en el momento de nuestra muerte los ángeles quitan las almas de nuestros cuerpos–; entonces, ¿no podríamos decir que habitamos dentro de nuestros cuerpos y, por lo tanto, nuestros cuerpos son un medio ambiente?

¿Y cómo es que la idea materialista de que el medio ambiente esta “allá afuera” da lugar a un conjunto de actitudes que difieren del principio coránico de que todos estamos conectados gracias a un lenguaje divino común? El Corán nos dice que estas Aiats o signos de Al-lah no están simplemente fuera de nosotros, extendidas hacia el horizonte, sino que además están dentro de nuestros cuerpos, dentro de nuestras mismas almas: {Les haremos ver Nuestros signos en los horizontes, y en ellos mismos, hasta que se les evidencie [a través de ellos] la Verdad…} [Corán 41:53]. Mientras el péndulo de la civilización occidental se balancea entre la cristiandad y el secularismo, la naturaleza nunca recupera su significado intrínseco, y los significados de la vida siempre permanecen subjetivos. La gente va de los extremos de dominar y explotar la naturaleza, a “salvarla” y adorarla.

El paradigma islámico toma al medio ambiente –que es una creación, al igual que el universo entero y todo lo que existe en él– como un lenguaje de símbolos no muy diferente a los sonidos y formas que componen los lenguajes hablados y escritos. Al-lah compara al Corán y a la creación como Libros de Revelación que debemos leer y sobre los que debemos reflexionar. Este lenguaje es traducido como “signos” (o Aiat, es decir, los versos del Corán y las pistas para entender la creación). Estos indicadores divinos –de la palabra árabe Aiah– no se limitan a nuestros seres físicos, sino que penetran en lo profundo de nuestras almas. Y es así que nosotros mismos somos tan parte de la naturaleza, que es creación, como nuestras almas son parte de nuestros cuerpos.

Luego, observemos la naturaleza, o el medio ambiente, como una guía y busquemos una lección en su actividad o reacción, teniendo en mente que esto puede ser realizado tanto por la reflexión meditativa como por la deliberación científica. Aunque somos una sociedad que pretende ser científica, el descubrimiento se ha ido, mientras la sociedad permanece atrapada en el dogma de un reduccionismo material anticuado, donde todo se reduce a una partícula inconexa de materia. Sin embargo, la física cuántica nos ha mostrado ahora, muy claramente, que el universo entero está realmente interconectado.

Además, la fotografía ha ilustrado la magnífica realidad de que la estructura de una célula del cerebro es igual que la estructura del universo. Nosotros somos el microcosmos. El universo es el macrocosmos. Tal vez no seamos capaces de ver nuestros efectos en el universo, pero ciertamente podemos ver cómo nuestras creencias impactan y afectan el mundo en el que vivimos. Por un lado, somos una parte íntima de los ecosistemas y jugamos un rol, ya sea armonioso o destructivo. No hay neutralidad mientras estemos en el mundo. Por otro lado, el medio ambiente es un espejo para nosotros, y debemos ver que nos está diciendo que nos estamos corrompiendo espiritualmente y nos estamos autodestruyendo. Al final, la tierra (mediante nuestra corrupción y por orden de Al-lah) fácilmente nos puede eliminar de la existencia, rebalanceándose eventualmente y continuando. En otras palabras, la tierra no necesita que la arreglen, nosotros sí.

El Corán mismo extrae muchas lecciones de los desastres medio ambientales pasados, desde crisis locales hasta mundiales. Lo que esto nos indica es que cada vez que se producía un desastre medio ambiental, era, de hecho, causado por la mano del hombre, inspirado por sus creencias falsas, sin importar cuán rica, poderosa o tecnológicamente notable era la sociedad.

Dice el Corán: {Y por cierto que les habíamos concedido mayor fortaleza que a vosotros [¡oh, idólatras de Quraish], y los habíamos dotado de oído, vista e entendimiento; pero de nada les sirvieron sus oídos, sus ojos y su inteligencia, pues negaron los signos de Al-lah y merecieron el castigo [que negaban y] del que se burlaban} [Corán 46:26]. Cuando llegue el juicio de Al-lah, la misma tierra se levantará en contra del hombre por orden de Al-lah, será así a causa de lo que los corazones y las manos de las personas le hicieron al mundo. Tenemos mucho por aprender, tanto en Oriente como en Occidente, con respecto a la complejidad moral de la catástrofe medio ambiental del relato coránico del Profeta Noé, la paz sea con él, quien le dijo a su pueblo –lo cual hoy Occidente tontamente toma como una historia inventada–: {…Implorad el perdón de vuestro Señor, pues es Remisorio, y así os enviará del cielo una lluvia abundante, y os concederá muchos bienes e hijos; también jardines y ríos} [Corán 71:10-11]. Sin embargo, el Corán nos dice que ellos mantuvieron de forma beligerante sus costumbres ignorantes a instancias de sus élites: {Y [sus líderes] dijeron: No abandonéis a nuestros ídolos… Y por sus pecados fueron ahogados…} [Corán 71:23,25].

Así, el mensaje de Noé representa una lección para nosotros como una civilización global al borde del desastre, y la solución: romper las cadenas humillantes y opresivas de servidumbre al hombre, quien ni siquiera puede crear una pulga, y regresar a la humilde pero digna servidumbre a nuestro único Creador. Si hacemos esto, la tierra florecerá y nosotros en ella. Si continuamos con el abuso, la tierra, desatada por orden de Al-lah, nos destruirá.

Lo que debemos recordar es que la crisis medio ambiental es una crisis humana, y que es consecuencia directa de nuestro mal relacionamiento con Al-lah, con nuestros congéneres y con las demás criaturas, en lo que respecta a la Ley de Dios. El Shirk (idolatría), asociar a otros con la divinidad de Al-lah, es equivalente a la opresión de aquel que rechaza sus propios orígenes, su naturaleza, y la verdad es que solamente oprime su propia alma. Por lo tanto, nos quedamos con una pregunta obvia: ¿Cómo puede la bondad emanar de quien está oprimido por sus propias manos?


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