Los milagros de los profetas (parte 1 de 3)

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La necesidad de los milagros

Es esencial para la humanidad tener profetas y mensajeros que le muestren el camino correcto; por lo tanto, la necesidad de profetas es mayor que su necesidad de cualquier otra cosa. Los mensajes de los profetas son el espíritu, luz y vida del mundo, y sin ellos no habría bondad en el planeta. Al-lah, Glorificado sea, dice: {¿Acaso quien estaba muerto [de corazón, perdido en la incredulidad] y le dimos vida [guiándolo], y le proporcionamos una luz con la cual transita entre la gente es igual a aquel que se encuentra entre tinieblas y no puede salir de ellas?} [Corán 6:122]. Este es el caso del creyente, quien se hallaba muerto en la oscuridad de la ignorancia, y Al-lah, el Todopoderoso, lo trajo a la vida por medio del espíritu del mensaje y la luz de la fe, e hizo de él una luz, con la que camina entre la gente, a diferencia del incrédulo cuyo corazón está muerto y quien lleva una vida de oscuridad. Además, Al-lah, el Altísimo, describe Su mensaje como el espíritu, cuya pérdida hace que la vida termine. Al-lah, Glorificado sea, dice: {Te hemos revelado la esencia [el Corán] por Nuestro designio; tú no conocías los Libros [revelados anteriormente] ni la fe [en los preceptos divinos], pero hicimos que él fuera una luz con la que guiamos a quienes queremos de entre Nuestros siervos} [Corán 42:52].

No hubo Profeta enviado por Al-lah, el Altísimo, al que la gente no haya negado, que no haya sido atacado y al que la gente no le haya lanzado acusaciones y mentiras. En respuesta a las sospechas de aquellos que se han alejado del mensaje de los profetas y que discrepan recurriendo a falsedades, Al-lah, el Todopoderoso, por Su infinita sabiduría, apoyó a Sus profetas con milagros para demostrar su honestidad y para afirmar la revelación divina que llegaba con ellos. Este apoyo es una señal de la perfección de Su justicia, misericordia y amor por perdonar y establecer evidencia contra la gente, pues Al-lah no envió ningún Mensajero sin haberle dado un milagro que fuera testimonio de la veracidad de lo que decía. Al-lah, el Todopoderoso, dice: {Por cierto que enviamos a nuestros mensajeros con las pruebas evidentes e hicimos descender con ellos el Libro y la balanza de la justicia para que los hombres sean equitativos} [Corán 57:25]. Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, reportó que el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “A cada Profeta se le otorgaron milagros por los que la gente creyó, pero lo que se me ha otorgado a mí es la inspiración divina que Al-lah me ha revelado. Por ello espero que mis seguidores superen en número a los de todos los demás profetas el Día de la Resurrección” [Bujari].

Vamos a hablar ahora sobre los beneficios y la sabiduría de apoyar a los Profetas con milagros, pero debemos entender primero qué es un “milagro”.

Los milagros son fenómenos sobrenaturales que Al-lah, el Todopoderoso, hace que ocurren a manos de Sus profetas y mensajeros (por ejemplo, convertir el cayado de Musa, que Al-lah exalte su mención, en una serpiente viva). Los milagros son pruebas que no pueden ser refutadas ni invalidadas, y evidencian la veracidad de los profetas. Algunos eruditos agregan una condición extra a esta definición, y es que el milagro debe tener por objeto desafiar a los que se niegan obstinadamente a creer. En este sentido, algunos incidentes trascendentales que ocurrieron a manos del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, como que brotara agua de sus dedos, el incremento de una pequeña cantidad de comida, que se escucharan a unos guijarros en sus manos haciendo Tasbih (diciendo Subhan Al-lah), árboles acercándose a él con sus troncos anhelándolo, etc., no se incluyen bajo la definición de milagros, pues su objetivo no era desafiar. Sin embargo, eruditos musulmanes del más alto rango, como el Imam Ahmad, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, consideran “milagro” como un término amplio para todo lo que Al-lah, el Todopoderoso, les ha otorgado a Sus profetas para probar su veracidad, sea que tenga por objeto desafiar a los incrédulos o no, y esta es la opinión correcta.

Tipos de milagros

Si consideramos cuidadosamente los milagros de los profetas, podemos agruparlos en tres tipos:

  1. Conocimiento: Es la habilidad del Profeta de hablarle a la gente sobre cosas o incidentes desconocidos, ya sean del pasado o del futuro. Un ejemplo de esto es cuando ‘Isa (Jesús), la paz sea con él, informó a su gente sobre lo que comían y guardaban en sus casas. Otro ejemplo es cuando el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, nos informó sobre las naciones anteriores y sobre eventos por venir, como las señales de la Hora y las tribulaciones a las que su nación será sometida, todas estas cosas se enmarcan dentro de la categoría del conocimiento (de lo desconocido).
  1. Capacidad: Es como convertir un palo en una serpiente, curar al ciego y al leproso, devolverle la vida al muerto y dividir la luna.
  1. Suficiencia: Es la protección que Al-lah, el Todopoderoso, dio a Su Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, de la gente que quería dañarlo. Incluye también su Wisal (ayunar días y noches completos continuamente) sin afectar su vitalidad y actividad.

Vale la pena mencionar que nadie posee la perfección de estas tres cualidades excepto Al-lah, Glorificado sea. Por lo tanto, Él, el Altísimo, ordenó a su Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, que declarara su negación de afirmar que las poseía. Al-lah, Glorificado sea, dice: {Diles [¡oh, Muhammad!]: No les digo que poseo los tesoros de Al-lah ni conozco lo oculto ni tampoco les digo ser un Ángel, solo sigo lo que se me ha revelado} [Corán 6:50]. Así, el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, declaró que él no conocía lo invisible, no poseía los tesoros de la tierra ni era un ángel que no necesitara comida, bebida ni dinero. En resumen, los profetas alcanzan estas tres cualidades sobrenaturales en la medida en que Al-lah, el Todopoderoso, se las otorga, de tal manera que ellos solo saben lo que Al-lah les enseña, y tienen el poder de hacer solo lo que Él les permite hacer, y prescindir de aquello con que Él los enriquece.


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