Momentos condenados al olvido

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La vida se compone de momentos y estos podemos clasificarlos en dos tipos: momentos que la memoria protege de ser olvidados y momentos que el olvido no permite recordar. Y ciertamente los primeros, son momentos que valen una eternidad.

“Pasear tranquilamente con tu esposa y tus hijos en un lugar apartado de toda contaminación acústica y ambiental, sin mirar al reloj y sin que un aparato (móvil, tablet, consola…) distraiga tu atención robándote ese momento tan especial, sintiendo cómo la brisa fresca acaricia tu rostro y el bello cantar de los pájaros amenizan e invitan sutilmente a reflexionar en la creación de los cielos y la Tierra. Dedicarte en cuerpo y alma a disfrutar con tus seres queridos y demostrarles lo feliz y afortunado que te sientes al tenerlos a tu lado, mientras ellos se deleitan al experimentar la inexplicable sensación de júbilo y felicidad que los embarga al sentirse queridos por ti”.

Vivimos unos tiempos muy extraños y tan rápidos avanzan, que probablemente llegará una época en que las personas que lean acerca de este tipo de hechos, debido a la profunda superficialidad en la que vivan, lo verán como algo fantástico, algo que roza la leyenda, al igual que ocurre con muchos de nosotros hoy en día al leer acerca de los primeros musulmanes y su extrema dedicación en busca de la ansiada complacencia de Al-lah y su alejamiento de todo lo mundano, pues ellos entendieron y aplicaron en sus vidas enseñanzas tan profundas, como aquella en la que nuestro amado Mensajero (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Sé en este mundo como un viajero o alguien que está de paso”. E Ibn Omar añadió: “Si te llega la noche, no esperes al amanecer; y si amaneces, no esperes a que te llegue el anochecer”.

Vivir el momento

En cada momento se esconde todo un paraíso de sensaciones cuya puerta es la reflexión, pero ¿acaso hay tiempo para reflexionar?:

{Ciertamente en la creación de los cielos y la tierra y en la sucesión del día y la noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas. Los que recuerdan a Al-lah de pie, sentados y acostados, y reflexionan sobre la creación de los cielos y la tierra: “¡Señor nuestro! No creaste todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo del Fuego”} [Corán 3:190-191].

El ser humano corre detrás de algo que nunca alcanzará (el mundo y lo que contiene), y no se cansa de intentarlo, ignorando que la muerte corre más que él y donde menos se lo espera, se la encontrará.

Corre, pero hacia su eternidad va muy lento, casi sin avanzar, de manera tal, que para reflexionar nunca tiene tiempo.

Corre, y le gustaría volar, pero por mucho que se esfuerce, solo alcanzará aquello que le ha sido prescrito, ¿acaso no es triste desperdiciar toda una vida por aquello que ante Al-lah, Glorificado sea, vale menos que el ala de un mosquito?

No se me ocurre mejor ejemplo para ilustrar la manera de vivir intensamente cada momento que a través de aquello que aprendí de mi hijo cuando apenas contaba él con un año y unos pocos meses, observándolo y viendo cómo algo tan simple para él (digamos, una cajita de cartón) se convertía en su mundo, dedicándole todo su ser, sin pensar en el después y en lo que ya pasó, disfrutando cada segundo y sacándole el máximo sentido, sin importarle la hora, el clima, ni los problemas que asolan a la humanidad, simplemente, dándole su debido derecho a ese momento que, aunque simple, se convierte en algo muy especial… sí, de los más pequeños se puede aprender y sacar grandes lecciones, pero para ello, hay que dedicarle tiempo a la reflexión.

¿Qué le está sucediendo a la humanidad?

El siglo XXI ha traído consigo grandes avances, pero al mismo tiempo da la sensación de que está llevado al ser humano a un retraso espiritual que cada vez se va agravando más. Gran parte de esta tecnología que ha sido fabricada para “facilitarnos la vida” lo que está consiguiendo es convertirnos en desechos sociales, esclavos de lo material, cuerpos desalmados y sin personalidad, corazones que laten pero que están vacíos debido a que se han llenado de lo superficial… el alma no envejece, se marchita en un cuerpo estancado en la mediocridad.

Y lo más grave de todo, si es que ya de por sí lo anterior mencionado no reviste seriamente gravedad, es que esta “enfermedad” que está padeciendo la humanidad afecta tanto a jóvenes como a aquellos entrados en edad, amenazando con arrasar generaciones venideras, y si el árbol pierde sus raíces, los primeros en verse afectados son sus frutos, y sin raíces ni frutos, lo que hoy puede ser considerado un bosque, va camino de convertirse en el más desolado de los desiertos.

Quiera Al-lah protegernos de ello y hacernos de aquellos que Lo recuerdan constantemente, de pie, sentados o recostados. Amín.

Y que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con Su amado Mensajero Muhammad, con su inmaculada familia, sus nobles compañeros y todos aquellos que sigan su ejemplar guía.

Las alabanzas sean para Al-lah, Señor de los mundos.


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