No hay “yo” en el Islam

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“No hay ‘yo’ en un equipo”, o algo así dice el adagio tan común entre los grupos deportivos. Se trata de un asunto de colaboración, donde el éxito de todos depende de una cooperación sistemática de cada miembro. Los esfuerzos fracasan una vez que uno de los miembros se sale de la línea y pone sus metas por encima de las del equipo. Los equipos no pueden ganar a menos que estén unidos y cada miembro coopere con los demás en la persecución de las metas colectivas y no individuales.

En el mundo premoderno, los individuos se veían a sí mismos a través del prisma de las comunidades que los rodeaban. La vida en esos tiempos exigía que la gente trabajara unida, lo cual generaba una visión comunal del mundo. La religión también informaba esa visión colectiva. De hecho, en el Corán el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, es a menudo instruido a “estar” con los virtuosos, o “estar” con los piadosos. El Corán también habla de comunidades: musulmanes, judíos, cristianos; la gente de Noé, de Lot, de Salih, etc.

Después de años de cambio tecnológico y del surgimiento de tendencias intelectuales que desafiaron los mismos fundamentos de las visiones comunales del mundo, el concepto de individualismo se levantó e hizo su incursión en varias regiones, especialmente en el Occidente, aunque poco a poco se va extendiendo a los confines del Oriente.

El Corán también nos habla como individuos. Somos instruidos como individuos a temer las consecuencias de nuestras propias acciones, y a temer el Día en que seremos individualmente juzgados por nuestras acciones individuales, y no por las acciones de nuestras familias y comunidades. Por tanto, el individualismo, en el sentido de responsabilidades personales y el esforzarse por ser las mejores personas que podamos ser, es una parte muy importante de nuestra visión del mundo. Es solo cuando el individualismo nos dice que ignoremos a todos los demás por proteger nuestros propios intereses, donde debemos detenernos y considerar sus consecuencias.

Una comunidad, al igual que un equipo, no puede levantarse como una entidad si los miembros que la componen piensan en términos de “yo” y no de “nosotros”. El Corán nos habla y nos caracteriza como una Ummah, una nación de creyentes, quienes nos exhortamos unos a otros hacia lo que es justo y conveniente. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, nos comparó con un “cuerpo”, diciendo que cuando una parte del cuerpo siente dolor, el cuerpo entero sufre por eso. Los Ulama animaron a los musulmanes a aferrarse a la Yama’ah, el grupo de creyentes, para apoyarse mutuamente cuando se establece, y asegurar así la integridad de nuestra fe. Todo esto indiscutiblemente habla de una perspectiva comunitaria. El individualismo, cuando no es visto dentro de un paradigma comunal, nos atomizará y llevará a la comunidad a su muerte.

Cuando pensamos colectivamente, vemos nuestra conducta y actividad en relación al grupo más amplio al que pertenecemos. Nos preocupamos unos por otros, no podemos estar tranquilos y relajados cuando sabemos que alguien más necesita ayuda. A un nivel más profundo, nos preocupamos por el bienestar de nuestra comunidad en su conjunto. Vemos el éxito en términos de comunidad. La visión comunal del mundo fomenta el altruismo y la generosidad.

Después de la desintegración de los imperios y de la creación de los estados-nación, los países europeos intentaron unir sus respectivas poblaciones alrededor de consignas artificiales de nacionalismo. Estas consignas y causas no eran más que nefastas políticas formuladas en un discurso de “país”, “deber patriótico” y “madre patria”. Estas consignas vacías estimularon a los ciudadanos alrededor de causas específicas y dejaron las semillas para futuras expresiones de identidad nacional. Esto significaba que la misma colección de personas, quienes fueron miembros de los mismos grandes imperios años antes, ahora estaba separada en fríos clubes privados de “franceses”, “ingleses”, “alemanes”, etc.

La concepción islámica de comunidad tiene sus raíces en la fitrah y no en la artificialidad del nacionalismo. Somos culturalmente diferentes, pero nuestros valores éticos son los mismos. Nuestra identidad colectiva no nos enfrenta con otras comunidades, como el nacionalismo sin sentido lo hace. Propiamente concebida, nuestra Ummah nos permite perpetuar el mensaje del Corán e implementar la Sunnah del Mensajero, que es exactamente para lo que se supone que está.

Lo que hace que la noción de nacionalismo sea increíblemente débil es que este es históricamente contingente. Varios millones de indios mughal se convirtieron en solo indios, quienes después se convirtieron en pakistanís orientales, quienes después se convirtieron en bengalíes, quienes luego, en función de las corrientes geopolíticas, caerán en el futuro en una incesante cascada de identidades provincianas. Esto hace que no haya continuidad con las primeras comunidades, que no haya una visión de futuro, y está basado en la insostenible premisa de la supremacía. Esto pone a las personas unas contra otras en lugar de unirlas, y finalmente esto se pondrá alegremente en los libros de historia.

El Islam concentra a las personas alrededor de ideas y conceptos naturales para ellos: justicia, virtud, probidad, piedad y, sobre todo, la creencia en un Único Creador y Señor. Estos valores, a diferencia del nacionalismo, no son inyectados o adoctrinados en nadie. Son creencias perennes, con las cuales las fibras de los corazones de las personas han estado alguna vez en sintonía. Sin embargo, el Islam, como una fuerza viva en el mundo, depende del vehículo de sus creyentes. Permanece en el campo de las ideas y conceptos si a su propia gente no le importa afiliarse con él y hacerlo real. Lo que el individualismo hace, al igual que el nacionalismo, es desviar a la gente lejos del llamado natural de sus fitrahs. Una nación de musulmanes individualistas permanece vulnerable a influencias perniciosas como el nacionalismo y otras teorías tribales, que son el sello distintivo de la gente que no posee una adecuada visión celestial.

La recuperación de esta visión de un panorama comunal comienza, irónicamente, con los individuos. Nosotros, como individuos musulmanes, debemos cuestionar el grado en que descuidamos nuestras comunidades debido a la forma en que vemos la vida a través de nuestros propios objetivos. Existe una oportunidad de oro para los musulmanes que viven en tierras de mayoría no musulmana, en la medida en que la gente como nosotros necesita desarrollar las estructuras de apoyo comunal tan necesarias para cualquier comunidad interesada en mantenerse a sí misma como tal.

Las constantes lamentaciones de una Ummah “perdida” o carente de unidad, no tienen sentido mientras como musulmanes se autodesvinculan de forma individual de cualquier acción colectiva apreciable. Al final, todos debemos comprometernos nuevamente con el bienestar de la comunidad, y de forma consciente convertirnos en los bloques de apoyo necesarios para presentar una alternativa universal incluyente y concreta para el problema global actual de la interminable y angustiosa división comunal, la cual terminará solamente con la desintegración de la identidad individual de los seres humanos.


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