No se lo digas a nadie…

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Una de las cualidades más nobles en una persona es la de saber guardar los secretos. Es muy importante cultivar esta cualidad en nosotros y esforzarnos por guardar responsablemente los secretos que otros nos confían. En el momento en el que aceptamos que alguien nos confíe un secreto, nos comprometemos con esa persona a no divulgar esa información, estamos haciendo un pacto de lealtad; y si rompemos ese pacto, esa confianza, vamos a tener que rendir cuentas ante Al-lah por ello. Dice el Corán: {… Cumplan con sus compromisos, porque se los interrogará por ellos} [17:34].

Por lo general, los secretos que esconden las personas tienen que ver con cosas malas, cosas vergonzosas, quizás de su vida pasada o quizás se trate de algún error reciente, pero lo cierto es que se trata de algo que, de divulgarse, causaría dolor o vergüenza a la persona implicada. Así que, pensemos en lo que sentiríamos si se divulgara un secreto que queremos esconder de los demás, sin duda sería algo que nos causaría tristeza y decepción. Recordemos siempre lo que dice la famosa “regla de oro”: No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan.

Guarda los secretos ajenos para que Al-lah guarde los tuyos

Piensa en algo malo que alguna vez hiciste y en lo terrible que sería para ti que se hiciera público. Dios es tan Misericordioso que está dispuesto a esconder de las personas esa falta que cometiste para que no quedes en vergüenza, para que tu reputación no sea manchada, pues uno de los bellos nombres de Al-lah es Al Ghafir (el que cubre las faltas de Sus siervos); pero para acceder a esa misericordia de Dios, debemos mostrar misericordia hacia los demás. Dijo el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “A quien cubra (los defectos) de un musulmán, Al-lah le cubrirá (sus defectos) en esta vida y en la otra”.

Antes de hablar, piensa en las consecuencias

Cuando revelamos un secreto que alguien nos confió o del que nos enteramos por terceras personas o de forma fortuita, podríamos estar causado un grave daño tanto a la persona implicada como a su familia.

Antes de soltar la lengua por el simple gusto de transmitir un chisme, debemos pensar en las posibles consecuencias y, sobre todo, en las consecuencias espirituales que tendremos que enfrentar, porque sería un pecado más que agregamos a nuestra lista. Dijo el Profeta Muhammad sobre los chismes: “El que difunde los chismes que ha oído por ahí no entrará al Paraíso” (Bujari y Muslim); y dijo: “Los más malvados entre los siervos de Al-lah son aquellos que andan difundiendo chismes, dividiendo a los que se aman y tratando de difamar a los que son inocentes” (Ahmad).

No traiciones

Si alguien te cuenta un secreto, es porque confía en ti, no traiciones esa confianza. Tal vez ya hayas tenido la amarga experiencia de sufrir una traición y sabes lo que se siente.

Si una persona te pide que no reveles una información que te confió, no lo hagas, aunque a ti te parezca algo sin importancia. En el momento en que tú le aseguraste a esa persona que no divulgarías esa información, hiciste un pacto con ella, no quebrantes ese pacto, es tu obligación respetarlo y cumplir tu palabra. Dijo el Profeta Muhammad que dos de las características de la gente hipócrita son: si celebra un pacto lo traiciona y si promete algo no cumple.

Trata de no enterarte de los secretos de la gente

En la medida de lo posible, trata de no enterarte de los secretos de otros. No preguntes, no indagues en la vida de los demás. No debemos meternos en los asuntos privados de otros. El Corán advierte: {… No se espíen…} [49:12].

Conocer un secreto de alguien es una responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros, y sobre toda responsabilidad que tengamos en esta vida tendremos que rendir cuentas en el Día del Juicio.

Cuanto menos sepas de los asuntos privados de los demás, estarás más a salvo de caer en la tentación de los chismes, y así estarás salvaguardando tu reputación y te estarás librando del castigo que aguarda a los chismosos.

No uses los secretos como un arma para vengarte

{… Que el rencor que sienten no los conduzca a obrar injustamente…}, dice el Corán [5:8]. Amistades que se terminan, relaciones que se rompen, son experiencias por las que inevitablemente pasamos a lo largo de nuestras vidas. Cuando nos sentimos víctimas de injusticias, cuando nos sentimos traicionados o despreciados, es normal que en nuestro interior se anide el resentimiento hacia quien o quienes nos trataron mal, y eso podría llevarnos a olvidar los pactos que alguna vez hicimos con quienes en un día fueron nuestros amigos o a pensar que ya no tenemos por qué respetarlos; pero eso es un grave error. Contar los secretos que en algún momento se nos confiaron es un acto de traición y de injusticia, aunque nuestra relación con una persona X haya terminado, aún debemos mantenernos fieles a nuestros principios, a nuestra religión, a la palabra que dimos en algún momento; aún tenemos la obligación de mantenernos en obediencia a Dios y no actuar con injusticia, aunque creamos que la persona no se lo merece, no se trata de eso, sino que se trata de nuestra obediencia a Dios.

No cuentes tus secretos

A menudo, a los musulmanes occidentales nos cuesta desprendernos de la enseñanza cristiana de la confesión de los pecados. Nacemos y crecemos escuchando que debemos confesar nuestros pecados al cura o al pastor, o reconocer nuestros pecados públicamente ante la comunidad en la iglesia; pero es necesario que entendamos que el Islam NO pone esto como un requisito para conseguir el perdón de nuestros pecados. El Islam enseña que debemos esconder nuestros pecados de la gente, que al único a Quien tenemos que confesárselos es a Dios, solo ante Él tenemos la obligación de reconocer nuestros pecados, arrepentirnos por ellos y pedir sinceramente Su perdón. Dios no quiere que nos expongamos al escarnio público, porque nos ama más de lo que una madre ama a sus hijos. Una de las debilidades de nosotras las mujeres, es que nos encanta compartir nuestros secretos con nuestra “mejor amiga”. Mi consejo es que no lo hagas… si tienes un secreto que consideras terrible, y realmente no quieres que un día se desvele, no lo cuentes ni siquiera a tu mejor amiga. Uno no sabe las vueltas que la vida pueda dar, y esa persona que hoy es tu mejor amiga mañana podría convertirse en tu enemiga; o puede ser que ella tenga otra mejor amiga además de ti y se lo cuente a ella, y así, cuando te des cuenta tu secreto habrá dejado de serlo.

Si sientes que debes contárselo a alguien para calmar tu conciencia o desahogarte, cuéntaselo a Al-lah, habla con Él, como si Lo tuvieras frente a ti, enciérrate en tu habitación y desahógate a solas con Él. Verás que es muy reconfortante, sentirás tu corazón aliviado, {Los corazones de los creyentes se sosiegan con el recuerdo de Dios…} [Corán 13:28].

Imita el ejemplo del Profeta

Para finalizar, recuerda que, como musulmanes, nuestro ejemplo a seguir es nuestro amado Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él. Él tenia el sobrenombre de “Al Amín”, el digno de confianza; ¡incluso sus enemigos confiaban en él! A pesar de que sus detractores buscaban cualquier excusa para desacreditarlo ante la gente, nadie, nunca, lo acusó de ser un traicionero, un chismoso o de romper su palabra. Es ese el ejemplo de comportamiento que debemos imitar, es ese el nivel de virtud que debemos anhelar alcanzar. Pidamos a Al-lah que nos ayude a mejorar nuestro comportamiento y carácter, y esforcémonos por ser personas dignas de confianza.


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