Paz y reconciliación el Islam

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As salamu aláikum. Que la paz de Dios sea con todos ustedes.

Desde el momento mismo en que un musulmán saluda o se presenta, desea la paz; Le pide a Dios que otorgue Su paz a quien se encuentra con él o a quienes lo escuchan. El hecho de que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos haya ordenado difundir el saludo de paz, no es solo una cuestión de buenos modales; es la afirmación de que Dios quiere que los seres humanos vivamos en paz, y los musulmanes debemos dar el ejemplo.

El Islam no es una religión en el sentido occidental de la palabra, sino que es una forma de vida completa, un sistema social, económico, político, filosófico, moral, ético, religioso y ambientalista amplio y coherente, holístico. Cuando este sistema fue puesto en práctica en la Península Arábiga del siglo VII, transformó un grupúsculo de tribus bárbaras sin arquitectura ni caligrafía, en una gran civilización, y esto lo hizo en menos de 70 años. El Islam es, por tanto, civilización; y muchos historiadores occidentales han reconocido que fue el Islam el que civilizó a Europa.

Una de las características de una civilización es que procura el bienestar de todos sus miembros y evita la confrontación entre ellos. Gracias a eso, las tribus árabes que se mataban entre sí en guerras interminables por cualquier motivo, se unieron en una gran nación que fue la luz del mundo, la civilización más avanzada técnica y científicamente durante un milenio. Otra característica de una civilización es que maneja un sistema legal y jurídico en manos de autoridades competentes, por lo que tomarse la justicia por mano propia es algo prohibido.

Pero el Islam va más allá, enseñándonos no solo buenos modales y exigiéndonos ser benevolentes con todas las personas y los animales, sino que nos insta a ser compasivos, y nos enseña que Dios recompensa ampliamente a quienes perdonan y a quienes buscan la reconciliación.

De hecho, lo que nos ordena Dios Todopoderoso y Eterno en el Corán, y lo que el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos enseñó con su propio ejemplo de vida, es que evitemos el derramamiento de sangre, que busquemos salidas pacíficas a los conflictos, que agotemos siempre todas las vías diplomáticas, y que incluso cuando legalmente se dé el caso de que un musulmán tenga derecho a exigir que se castigue a alguien que lo ha perjudicado, para el musulmán siempre es mejor perdonar. Dice Dios en el Corán: {La ofensa debe ser retribuida por una pena equivalente, pero quienes sepan perdonar serán recompensados por Dios} [Corán 42:40].

Los musulmanes estamos convencidos total, profunda y definitivamente de que el Corán es la Palabra auténtica de Dios, y defendemos con evidencias lógicas, históricas y documentales esa idea. En el Corán Dios nos dice: {Quien mata a una persona sin que esta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra, es como si matara a toda la humanidad. Pero quien salva una vida es como si salvara a toda la humanidad} [Corán 5:32].

Miremos lo que nos dice aquí: si matas a alguien que es inocente, mereces el mismo castigo que si extinguieras a la raza humana; pero si salvas a alguien, inocente o no −aquí Dios no pone condición alguna− mereces la misma recompensa que si salvaras a la humanidad entera. Y ya que el profeta Muhammad dijo que los creyentes debemos competir en hacer buenas obras, tenemos la obligación de aprovechar cualquier oportunidad que tengamos de salvar o de ayudar a salvar una vida, aunque esa vida sea la de nuestro peor enemigo.

El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue un gran diplomático que sirvió muchas veces como intermediador, solucionando conflictos de manera pacífica. Una vez fue a la ciudad de Taif para llevar allí el mensaje del Islam, y la gente lo sacó de la ciudad a pedradas. Cuando dejaron de perseguirlo, el Profeta tenía sus sandalias inundadas de sangre, entonces se le apareció el ángel Gabriel y le preguntó si quería que esa ciudad fuera aplastada por dos montañas. Muhammad le respondió que no, porque quizás los hijos de esa gente podrían ser buenos creyentes. En lugar de querer castigar a quienes lo agredieron, prefirió salvar sus vidas con la esperanza de que sus descendientes fueran mejores que ellos.

Ya que Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue el último Profeta, el Profeta enviado para toda la humanidad, y ya que él es el ejemplo que tenemos a seguir, nuestra misión como musulmanes es ser un ejemplo para el mundo, un ejemplo de misericordia, como nos ordena Dios en el Corán: {Aquellos que hacen caridad, tanto en momentos de holgura como de estrechez, controlan su enojo y perdonan a las personas, sepan que Dios ama a los que hacen el bien} [Corán 3:134].

Los musulmanes tenemos la misión de mostrarles a los demás la belleza y la veracidad del Islam, no con meros discursos y exposiciones, sino con nuestro diario vivir. Debemos mantenernos firmes en nuestra fe, trabajando para mejorar nuestra sociedad, llevando el mensaje divino a los no musulmanes, sin esperar ni pretender que toda la humanidad se haga musulmana, sino cumpliendo nuestro deber de llevar luz a la oscuridad, pues solo Dios guía a quien Él quiere. Dios mismo nos dice en el Corán que Él hubiera podido hacernos a todos creyentes, pero no lo hizo así, por eso somos diversos, y por eso los musulmanes siempre hemos convivido con no musulmanes.

El Profeta Muhammad nos enseñó que debemos ser gentiles con todos −reyes, siervos, ricos, pobres, blancos, negros, amarillos, mujeres, hombres…− y que debemos ser buenos vecinos. Cuando Úmar Ibnu Ámir (que Dios esté complacido con él) le preguntó al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) cuál era el mejor acto, él le respondió: “Mantén los lazos de parentesco con aquellos que lo cortan, dale al que te ha privado, y no busques vengarte del que te hizo daño” (Áhmad y At-Tabarani).

Y también se registra que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) afirmó: “Un árabe no es mejor que un no árabe, y un no árabe no es mejor que un árabe; una persona blanca no es mejor que una persona negra y una persona negra no es mejor que una blanca, excepto por la piedad” (Tabarani). Es decir, todos somos iguales, y lo único que nos diferencia ante Dios es nuestra fe y buenas obras.

Recordemos también que al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo persiguieron, lo humillaron, lo atacaron, hicieron atentados contra su vida; sus seguidores fueron discriminados, agredidos, torturados, algunos asesinados, y todos finalmente exiliados. Sin embargo, cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) llegó a La Meca con un gran ejército y entró sin que nadie pudiera oponérsele, no permitió el pillaje, no puso en la cárcel a nadie, dejó que quienes quisieran quedarse lo hicieran con todas las garantías, sin exigirles nada a cambio, excepto el cumplimiento de la ley −como en toda sociedad−, y aceptó como sus hermanos a aquellos de sus enemigos que decidieron abrazar el Islam.

Ese es el ejemplo del hombre que los musulmanes afirmamos seguir. Él es nuestro modelo de vida. ¿Por qué Muhammad fue tan magnánimo? Porque obedecía las órdenes de su Señor. Dios nos dice en el Corán: {Ante todo, elige perdonar} [7:199]. Nuestra labor es dar lo mejor de nosotros para que, con nuestro trabajo, nuestra actitud y nuestro compromiso el resto del mundo vea que el Islam es una opción, una propuesta diferente e interesante para la construcción de un mundo pacífico, equitativo, con bienestar para todos, tanto musulmanes como no musulmanes. Esa es la mejor forma de Dawa que existe, es la mejor forma de demostrarle al mundo entero que el Islam es paz, porque es una forma de vida que nos enseña de manera real y efectiva a construir la paz.

Dios mismo nos da un consejo muy sabio en Su Revelación, y que es la clave para que seamos agentes de paz en todo el mundo: {Responde con una buena actitud [si eres maltratado], y verás que aquel con quien tenías enemistad se convierte en un amigo ferviente} [Corán 41:34].


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