Pequeños pasos hacia un gran viaje

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Una de las primeras imágenes que nuestros hijos identifican es la de la Ka’bah. Esto es: un cubo negro, simple en apariencia, abrumador en presencia, rodeado por un mar de gente vestida de blanco. Esta es la Casa de Al-lah, nuestros niños lo saben.

Mi hijo conoce la historia del Hayy y del Eidul Adha (la Fiesta del Sacrificio), al menos en partes separadas e incoherentes. Pero este año quiero que esas partes se vayan uniendo en un todo. Él es ahora un niño grande, con “casi 7 años” como él mismo afirma, y mucho más del viaje debe comenzar a tener sentido para él.

Y ese es mi punto. El viaje hacia el Hayy comienza mucho antes de que abordemos el avión. Comienza en la infancia. Toda nuestra vida escuchamos de la familia, los amigos, parientes, vecinos y ancianos que van al Hayy. Tenemos una consciencia permanente de que esta es una visita que estamos obligados a hacer antes de partir hacia la misericordia de Al-lah.

De niños escuchamos por casualidad historias que absorbemos, y que se convierten en marcas indelebles en nuestra memoria, asociaciones de la vida real, o expectativas para cuando nosotros mismos nos encontremos allí. Desde mis primeros días he escuchado cuán grande es el Hayy. He creído en ello sin haber estado nunca allí. Cuando finalmente fui, se hizo realidad para mí. ¿Cómo podrían ser falsos años de recuerdos y asociaciones?

Había escuchado que el Hayy era cansado. Lo fue. Había escuchado que era hermoso. Lo fue. Había escuchado que era duro. Lo fue. Había escuchado que era fácil. Lo fue. Había escuchado que Al-lah reconectaría cosas, y lo hizo.

Cuando recorrí las calles de La Meca, Medina y los recintos sagrados, vi con mis propios ojos lo que siempre me habían descrito, y sentí muchas de las emociones de las que la gente hablaba.

El viaje al Hayy comenzó con la familia del Profeta Abraham mucho antes de que llegaran allí. Mientras caminaban solos por el desierto, Agar, su esposa y madre del Profeta Ismael, comenzó las lecciones con su hijo mucho antes de que sus propias huellas y su propio paso se hicieran rituales obligatorios para miles de millones en el camino hacia el Paraíso.

La consumación de la fe en Un Dios y la sumisión a Él únicamente, son los objetivos del Hayy. Esas fueron las lecciones dadas a Ismael cuando aún era un bebé, presenciando una llamada milagrosa al Salah por parte de su Señor. Cuando ya era muchacho, se preparó a sí mismo para el mayor de los sacrificios. Siendo joven, se purificó en el servicio de Al-lah al construir el edificio de la Casa de Al-lah, la Ka’bah, por Su causa. Él conocía bien sus metas y conocía bien la pureza necesaria para cualquier peregrinaje. Sus expectativas de lo impresionante de una experiencia de sometimiento, estaban muy arraigadas en su alma.

Esta es la conversación que deben conocer nuestros niños. Esto es lo que necesita ser parte de su construcción de memoria y de asociación antes de que finalmente hagan el Hayy en algún momento posterior de sus vidas. Esta no es como cualquier otra experiencia ordinaria de viaje, donde sus conocimientos se enfocan en los mejores restaurantes y los baños más limpios. Las expectativas de este viaje son de una naturaleza completamente distinta.

Una guía estupenda para esto es el erudito Yunaid Al Baghdadi. Él le hace al peregrino que regresa, algunas preguntas respecto a su Hayy. Esto es sobre si las expectativas del peregrino eran correctas, y entonces el peregrino se da cuenta de que su viaje estuvo mucho más allá del récord de una experiencia extraordinaria, puesto que nunca le había ocurrido lo que realmente es el Hayy, y lo que realmente pudo hacer por él.

No deseo que mi hijo de casi 7 años solo piense y sepa que el Hayy es algo grande, sin darse cuenta nunca del potencial que tiene para él. No quiero que él sea un peregrino que regresa para darse cuenta que perdió mucho y ganó poco.


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