Procrastinación: Un fuego abrasador en el alma (parte 2 de 5)

monkey business
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  • “Trabajo mejor bajo presión, así que posponer el trabajo tiene sentido para mí”.
  • “Realmente no quiero hacer esto. Es aburrido. Por eso, es entendible que siga posponiéndolo”.
  •  “¡Oh, bien! El mundo no se va a acabar si no hago esto ahora mismo”.
  • “No estoy de humor para hacer esto ahora. Voy a dejarlo para después”.
  • “Siempre espero hasta el último minuto para hacer las cosas y todo sale bien”.
  • “Las circunstancias me han dejado exhausto. Esperaré a sentirme mejor”.

Observe cómo la base de todas las excusas es la idea de sentirse con más energías mañana, sentirse de mejor ánimo más tarde, sentirse mejor después. El punto es que esta gente pretende que mañana será distinto de hoy. Actúan como si fueran a tener la motivación, la energía, el buen ánimo, la resistencia, la capacidad necesaria, más tarde, mañana o en algún momento en el futuro.

De lo que no se dan cuenta es que la única forma en que mañana puede ser diferente a hoy es fortaleciendo y disciplinando la voluntad propia hoy, el día de hoy. El único momento que existe para hacerlo es AHORA. Por el contrario, cada vez que retraso mis tareas, hundo mis pies más en este hábito, haciendo que la tarea sea mucho más difícil mañana.
Un autor desconocido dijo que “la procrastinación es la tumba en que la oportunidad es sepultada”. ¿Cuál oportunidad? Se trata de valorar el esfuerzo que hacemos en y por sí mismo. Cuando nos dedicamos a la búsqueda de la excelencia en nuestra vida diaria, el enfoque está en cuán simples y efectivos pueden ser mis esfuerzos. Entonces me doy cuenta de que no se trata de éxito o de fracaso. Se trata de cómo me presento a mí mismo ante el momento en el que encuentro la oportunidad de tomar acción cuando tengo una tarea en mis manos. Esta disposición, esta disponibilidad de energía para hacer lo que tengo frente a mí, resuelve el parloteo mental y el conflicto interno. Así, la ansiedad y la depresión relacionadas con el hábito de procrastinar, se disipan. La autoestima y la confianza mejoran. Estoy cultivando un concepto de mí mismo de que soy confiable y responsable, y eso se siente muy bien. Es buscar la excelencia.
Imagina una ceremonia del té japonesa. Utiliza una experiencia cotidiana —beber té— y la transforma en un ritual que cuida de los más mínimos detalles, como la forma de sostener la taza de té, observar cómo se ve, huele y suena cada paso en el proceso de hacer el té, cómo limpiar los utensilios, y hacer estas cosas sencillas con una mentalidad dirigida a la excelencia. Atender los detalles y apreciar la belleza hallada en la experiencia más ordinaria y cotidiana, ayuda a quien participa en la ceremonia del té a valorar los aspectos aparentemente triviales de su vida diaria. Se trata de hallar paz y armonía en la atención plena (estando completamente presente y profundamente consciente) y en el disfrute de la sencillez. Calcular mis impuestos no se trata de calcular mis impuestos: se trata del autodominio. Se trata de fortalecer la voluntad como un músculo. Se trata de abrir el corazón al disfrute sencillo, a la alegría de hacer lo que hay que hacer, y aunque pueda ser aburrido o tedioso, asistir a la tarea con la actitud mental de buscar la excelencia.
Cada tarea, asignación o actividad que pueda considerar poco atractiva, como calcular mis impuestos o lavar los platos, se puede abordar como una ceremonia del té. Por ejemplo, tengo la intención de correr todos los días a las 6 a.m. aunque prefiero quedarme en cama hasta las 6:30. La siguiente mañana, a las 5:55 mi parloteo mental dice: “Tal vez debería ir después del trabajo… podría así revisar mi página de facebook y responder algunos correos antes de irme esta mañana; al fin y al cabo, me siento un poco lento hoy…”. Sería muy fácil ceder, distraerme y dejar de correr a pesar de que tengo la intención de hacerlo todos los días. Entonces, ¿qué puedo hacer?

Me enfoco en los detalles, no en el resultado: las visiones, los sonidos, los olores, las sensaciones físicas de mover y hacer. Los matices emocionales de tejer mi vida con las formas, texturas, colores de experiencias elegidas y casuales que me hacen sentir realmente vivo. Estar vivo (!) y elegir una acción, e ir donde mi voluntad y mi visión me permitan producir gemas para mi tesoro de momentos preciados. Esos son los momentos destinados para dominar el yo.


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