¿Quién es dueño de Jerusalén?

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Todo Estado-nación cuenta con una narración sobre sus orígenes, transmitida tanto por la cultura oficial como por la popular; entre tales historias nacionales, sin embargo, pocas han sido tan escandalosas y controvertidas como lo es el mito nacional israelí.

El muy conocido relato de la tierra prometida, de la diáspora judía y su reivindicación de una continuidad cultural y racial del pueblo judío hasta el día de hoy, resuenan más allá de las fronteras de Israel. Pese a su abusivo empleo para justificar el asentamiento de judíos en Palestina y el proyecto del Gran Israel, se han realizado muy pocas investigaciones académicas sobre su exactitud histórica.

Estos días los medios de comunicación y las redes sociales rebalsan de imágenes y mensajes: “Jerusalén capital de Palestina”, “Jerusalén capital de Israel”, banderas, cruces y juramentos por uno y el otro lado saturan nuestros cerebros, dejándonos en un estado de confusión cuando no de manipulación mental del grado más bajo…

El conflicto israelí se origina en 1947, cuando los refugiados sionistas ―introducidos en la región de Palestina desde inicios del siglo XX― dan un golpe de estado y declaran un “Estado de Israel” encima de las casas y huertos de la población originaria y árabe de Palestina.  Hasta el día de hoy este “Estado” no ha dejado de crecer a costa de sus vecinos.

El sionismo es una ideología política que predica el derecho especial (histórico o teológico) del pueblo hebreo, judío o israelí para tomar para sí el territorio palestino y tierras adyacentes entre el Nilo y el Eufrates ―casi todo el Medio Oriente― con derecho soberano y exclusivo por encima de los habitantes árabes y no árabes que pueblan la zona desde hace miles de años…[1].

El sionismo no es sinónimo de judaísmo. No todos los judíos son sionistas, y no todos los sionistas son judíos, pues hay muchos cristianos evangélicos que sirven a los propósitos políticos del sionismo desde una interpretación extremista y parcializada de la Biblia[2] o desde las prebendas generosas del sionismo israelí para sus pastores…[3].

Un agravante del sionismo es que es la versión hebrea del nacionalismo europeo de la era moderna. Alega supuestos “derechos místicos” de unas “naciones” con lazos comunes y “místicos” (volkgeist) sobre unos territorios específicos que son su “espacio vital” (liebensraum). Israel incluso tiene “colchones de seguridad” y “muros de separación” a costa del territorio de sus vecinos. Esto es obviamente una versión oriental del nazismo y las “fronteras móviles” de la raza aria[4].

En el caso hebreo, Dios, Jesús o el Espíritu Santo “otorgan” a la nación hebrea soberana potestad para gobernar todas las tierras entre el Nilo y el Eufrates o el Jordán… esto es un detonante seguro para el conflicto pues, en ese contexto, Dios Todopoderoso no toma en cuenta que estos territorios están poblados por otros pueblos arábigos o semíticos similares a los israelíes bíblicos y de mucha consanguinidad común…[5].

Los sionistas entran en Palestina bajo la complicidad del gobierno inglés y alegando buscar refugio entre los árabes de la persecución europea (o cristiana) en su contra. El plan era crear un Estado de gente europea que sirviera a los intereses de Inglaterra, luego EEUU en la zona, y hasta ahora va viento en popa[6].

El Islam no se opone a la presencia de gente judía en Tierra Santa, al contrario, los musulmanes siempre protegieron y acogieron a los judíos cuando estos eran perseguidos por los cristianos en Europa; Marruecos y Turquía son prueba evidente de ello.

El Islam no se opone a que haya un país con el nombre de Israel, pues para los musulmanes Israel es el nombre de un Profeta de Dios y no tiene nada de malo el nombre ni las banderitas con la estrella de David, otro Profeta de Dios reverenciado por los musulmanes.

El problema básico es la imposición de un régimen racista que discrimina a los demás habitantes de Tierra Santa al puro estilo del apartheid sudafricano o la Alemania nazi. El problema es el engaño de negar la afiliación de los habitantes originarios a la tierra que los vio nacer y crecer durante miles de años desde tiempos del neolítico[7]. El problema es expulsar de sus casas y perseguir con violencia a los habitantes originarios de la Tierra Santa…

El Islam no está contra el judaísmo ni contra el pueblo hebreo, pero no puede quedarse callado ante la opresión racista y la imposición injusta de un régimen racista sobre un pueblo y unas tierras que no lo autorizaron ni les complace.

La visión islámica hacia la capitalía de Jerusalén siempre fue distinta al nacionalismo moderno. Mientras el nacionalismo moderno presenta a una sola nación “racial o cultural” como “legítima dueña o soberana” sobre un territorio, el Islam establece en la Sharía la obligación de las autoridades de proteger y respetar los derechos de cualquier pueblo que se establezca en Tierra Santa, respetando las leyes y el derecho de los demás habitantes.

La visión sionista enmarcada en el nacionalismo moderno del siglo XIX y XX, la ideología que nos llevó a las dos guerras mundiales, es racista y discriminadora. Expulsa de forma violenta a los propietarios de la tierra Palestina inventando impuestos y multas pesadísimos para luego confiscar las casas de quienes no puedan pagar, siendo que la tierra palestina no es propiedad del régimen sionista.

Aquí tenemos algunos ejemplos de la violencia verbal y la falacia en la que incurren publicaciones sionistas y que luego promueven la violencia física y material contra los árabes musulmanes y cristianos y otras comunidades palestinas:

“Israel siempre le ha pertenecido exclusivamente a los judíos, es el único pueblo indígena que existe de esa tierra… Los judíos son el único pueblo para quienes la tierra de Israel fue su único reino nacional en la historia… Por casi diecinueve siglos los judíos han sufrido a manos del mundo y el 98% de todo ese sufrimiento se provocó en nombre de Dios, de Jesús y de la iglesia”[8].

Respecto a la ciudad misma de Jerusalén o Al Quds, se agregan muchas más falacias, chantaje emocional y violencia verbal contra las demás comunidades que comparten Jerusalén desde mucho antes que exista siquiera Israel. Si aún tienen paciencia para más de tales falacias, les presentamos más ejemplos:

“El mundo no combate contra los judíos sino contra la persona a la que están entregados los judíos en devoción: Dios… Los palestinos son una farsa… lejos de que la presencia israelí sea ilegal, los judíos son los únicos propietarios de la ciudad según el derecho internacional, la verdad histórica y la justicia natural…[9].

Incluso la comunidad cristiana armenia teme, con pocas excepciones, que la ciudad de Jerusalén pase a ser la capital de Israel pues eso los sometería a más ataques de parte de los judíos ortodoxos y otros sionistas[10].

La visión musulmana mayoritaria, a su vez, es multicultural, universal e inclusiva.

Desde la llegada de los musulmanes árabes en el siglo VII d.C. la Sharía islámica gobernó Jerusalén con espíritu cosmopolita y de reconocimiento a los derechos humanos.

Los musulmanes dieron un estatus especial a la ciudad y le retornaron su nombre luego de que fuese cambiado a la fuerza por los romanos poco después de la expulsión de los judíos fuera de Palestina por casi dos mil años[11].

Se emitió un llamado a los judíos del mundo para retornar a Palestina y muchos lo hicieron de hecho. Se le dio un reconocimiento legal a cada comunidad religiosa monoteísta y se les asignó un espacio de la ciudad para que puedan vivir según sus usos y costumbres (así lo dispone la Sharía islámica).

Para ello, se les dio autonomía administrativa y civil que tanto los judíos como las distintas iglesias cristianas gozaron por siglos, mientras duró la práctica de la Sharía islámica a nivel estatal. En 1918, Sherif Hussein, el guardián de los lugares islámicos sagrados de Arabia, escribió que los judíos afluyendo a Palestina eran “exiliados volviendo a su sagrada y amada tierra patria”. En marzo de 1919, el Emir Faisal escribió: “Les daremos a los judíos una sincera bienvenida a casa”.[12]

David (la paz sea con él) declaró que Jerusalén fuese su capital, pero eso no lo hace fundador de la ciudad ni mucho menos dueño de la misma. La Biblia, en cualquiera de sus versiones, y los libros de historia establecen claramente que el pueblo jebuseo ―parte de los cananeos arábigos muy anteriores a la existencia de Israel― eran los pobladores originales de Jerusalén y que siguieron viviendo allí por mucho tiempo después de que los israelíes se fueron[13].

En este contexto, vemos cómo los musulmanes, a pesar de ser el poder dominante sobre Jerusalén desde el 641 d.C., dividieron la ciudad en cuatro distritos o cuarteles: uno musulmán, uno judío y dos cristianos ―separados, pues los cristianos latinos eran enemigos de los griegos―.

El Islam ya propuso desde hace siglos la solución para Jerusalén: respeto a la humanidad y derechos de todas las comunidades que pueblan la ciudad, autonomía para los cristianos, los judíos y los musulmanes dentro de sus distritos, para poder realizar con libertad sus ritos y ceremonias civiles y religiosas.

El modelo de convivencia exitosa establecido por los musulmanes logró convertir a Jerusalén en una ciudad ejemplar en derechos y libertades religiosas. Un ejemplo de esa convivencia es el hecho de que, hasta el día de hoy, sean dos familias palestinas, árabes y musulmanas, las que custodien las llaves de uno de los lugares más sagrados de la cristiandad, la Iglesia del Santo Sepulcro. Ellos siguen hasta la fecha abriendo y cerrando las puertas de la iglesia según lo indiquen las comunidades cristianas que la utilizan.

El problema de Jerusalén ya fue solucionado desde hace siglos por el Islam: convivencia, autonomía, trato justo y respeto a los derechos humanos. Si se recurre a la solución musulmana hoy en día, no sería problema que exista un Estado llamado Israel ni que tenga la estrella de David por signo, pues para la población de tal Estado y sus vecinos la estrella de David dejaría de ser signo de imperialismo, opresión y racismo como lo es hoy en manos del extremismo sionista.

El objetivo del sionismo en su versión moderada y progresista se puede lograr de un modo pacífico, conviviendo con los árabes originarios en igualdad de condiciones, sin crear colonias ilegales en tierras usurpadas a los campesinos palestinos.

Palestina puede ser el hogar nacional de los judíos si estos representaran una alternativa de progreso y justicia, y sin lugar a dudas destacarían entre las dictaduras o estados sectarios vecinos.

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[1] Di Tella et al, Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas. Ed. EMECÉ, Bs. As., 2001, p. 650. Pike, Edgar Royston, Diccionario de Religiones, Fondo de Cultura Económica, México, 1951.

[2] Los sionistas cristianos sostienen que “Nuestro Mesías y Rey, Jesucristo, nació [en una familia] de padres judíos, en una sociedad judía, convirtiendo así al pueblo judío en nuestra ‘realeza’ que debe ser honrada…” https://goo.gl/Ck7LfT

[3] El magnate William Eugene Blackstone se inspiró en la conferencia para publicar el libro “Jesús viene”, que retomó la causa restauracionista, y también absolvió a los judíos de la necesidad de convertirse al cristianismo antes o después del regreso del Mesías. Su libro fue traducido y publicado en yiddish. Del 24 al 25 de noviembre de 1890, Blackstone organizó la Conferencia sobre el Pasado, Presente y Futuro de Israel en la Primera Iglesia Metodista Episcopal de Chicago, en la que participaron líderes de muchas comunidades cristianas. Se aprobaron resoluciones de simpatía por los judíos oprimidos que vivían en Rusia, pero Blackstone estaba convencido de que tales resoluciones ―aunque fueron aprobadas por hombres prominentes― eran insuficientes. Defendió firmemente el reasentamiento del pueblo judío en Palestina. En 1891, presionó al presidente Benjamin Harrison para la restauración de los judíos, en una petición firmada por 413 prominentes estadounidenses, que se conoció como Blackstone Memorial. Entre los nombres figuraban el presidente de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, el presidente de la Cámara de Representantes, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes y varios otros congresistas, Rockefeller, Morgan y famosos industriales. La declaración decía, en parte: “¿Por qué las potestades que, en virtud del tratado de Berlín, en 1878, otorgaron Bulgaria a los búlgaros y Serbia a los serbios no devolverán ahora Palestina a los judíos? … Estas provincias, así como Rumanía, Montenegro y Grecia, fueron arrancadas de los turcos y entregadas a sus propietarios naturales. ¿No pertenece Palestina a los judíos como es debido?”. Yaakov Ariel, On Behalf of Israel; American Fundamentalist Attitudes toward Jews, Judaism, and Zionism, 1865–1945 (New York: Carlson Publishing, 1991), pp. 70–72.

[4] Para mayor información ver: Garaudy, Roger, The Case of Israel a Study of Political Zionism, Shorouk International, París, 1983.

[5] http://www.akal.mx/libros/La-invenciOn-del-pueblo-judIo/9788446032311.

[6] En agosto de 1840, The Times informó que el gobierno británico estaba considerando la restauración judía. Una figura importante, aunque a menudo descuidada, en el apoyo británico a la restauración de los judíos fue William Hechler (1845-1931), un clérigo inglés de descendencia alemana que fue capellán de la embajada británica en Viena y se hizo amigo cercano de Theodor Herzl. Hechler fue instrumental en ayudar a Herzl a través de sus actividades diplomáticas, y puede, en ese sentido, ser llamado el fundador del sionismo cristiano moderno. Al conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Theodor Herzl, los editores del volumen conmemorativo en inglés señalaron que William Hechler demostró ser “no solo el primero, sino el más constante e infatigable de los seguidores de Herzl”. Merkley, Paul (June 2, 1998). The Politics of Christian Zionism 1891-1948. Florence, Kentucky: Routledge. p. 240. ISBN 9780714644080.

[7] http://www.aish.com/h/c/mm/Hanukkah-Celebrating-8-Differences-that-Make-the-Jewish-People-Unique.html?s=fab.

[8] http://www.aishlatino.com/iymj/mo/Borrando-a-los-judios-de-su-propia-historia.html?s=rab. http://www.aish.com/jw/me/Jerusalem-Stating-the-Obvious.html?s=nb.

[9] http://www.aish.com/jw/me/Jerusalem-Stating-the-Obvious.html?s=nb. http://www.aish.com/jw/me/Recognizing-Jerusalem-as-Israels-Capital-A-Historic-Watershed.html?s=mpw.

[10] Si Jerusalén está dividida entre Israel y un Estado palestino, el Patriarcado armenio teme las consecuencias de terminar en el lado israelí. Si el barrio armenio está aislado de los barrios musulmanes y cristianos, los armenios podrían perder su derecho a la Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar de la tumba de Cristo. También, existe la preocupación de que el Barrio Judío, que comparte un muro con el Barrio Armenio, se expandirá a medida que el número de judíos en la Ciudad Vieja siga creciendo, mientras que la población armenia se marchita. Los jóvenes judíos ultra-ortodoxos escupen a veces a los sacerdotes armenios y a otros clérigos cristianos dentro de la Ciudad Vieja (Gray Beltrán). http://archives.jrn.columbia.edu/2010-2011/coveringreligion.org/2011/05/torn-between-two-worlds-and-an-uncertain-future/index.html

[11] Para un testimonio de primera mano, ver: Mackintosh-Smith, Tim, The travels of Ibn Battuta, ed. Picador, Londres, 2002.

[12] http://www.aish.com/h/c/mm/Hanukkah-Celebrating-8-Differences-that-Make-the-Jewish-People-Unique.html?s=fab.

[13] Ripoll Perello, Eduardo, Prehistoria e Historia del Próximo Oriente, Ed. Labor, Barcelona 1975, pp. 88, 201, 203, 204.


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