Quraish, pescando en un espejismo (parte 1)

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Alabado Sea Aquel que diversificó las preocupaciones y decretó para todo problema diversas soluciones. Alabado y Enaltecido sea Aquel entre cuyos dedos están los corazones. Y que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con Su amado Mensajero Muhammad, su familia y sus nobles compañeros.

Hace más de 1.400 años se llevó a cabo una reunión muy urgente, en un lugar elegido y bendecido por Al-lah, la Meca; una reunión de vital importancia, donde estuvieron presentes los grandes jefes de la noble tribu de Quraish, una reunión histórica, una ocasión memorable y digna de mencionar.

Por ello, nos gustaría invitarte, oh, respetado lector, tú que has decidido dedicar estos valiosos minutos de tu vida a descubrir los beneficios que se esconden tras estas humildes líneas −las cuales pido a Al-lah que acepte y a lo más profundo de tu corazón haga llegar−, a un viaje a través de los siglos para que puedas, simbólicamente, estar presente en dicha reunión y así beneficiarte y entender mucho mejor la maravillosa historia del Islam.

Nos encontramos en el siglo VII de la Era Cristiana, en la Península Arábiga, y más concretamente, en la Santa Ciudad de la Meca, en la cual había un lugar llamado Dar An-Nadwa o “Casa de la Asamblea”, lugar donde los principales nobles de la poderosa tribu de Quraish solían reunirse para tratar temas urgentes y trascendentales; y ciertamente, el tema a tratar en esta ocasión merecía, según ellos, una atención muy especial.

Fue Al Walid Ibn Al Mughirah, jefe del clan de los Banu Majzum, el que los convocó y tomó la palabra para abrir la reunión, diciendo: “¡Oh, gente de Quraish! Como bien saben, está muy cerca la época de la peregrinación, y muchos de los que van a venir han escuchado hablar de Muhammad y su asunto (el Islam). Así pues, pónganse de acuerdo en UNA SOLA PALABRA que podamos utilizar en su contra, para así conseguir ahuyentarlos y evitar que lo escuchen; pues comprobado está que aquel que lo escucha acaba siguiéndolo, y no debemos permitirlo, porque ya hemos perdido a muchos de los nuestros; y si lo que predica se extiende, acabará con nuestros ídolos”.

Y te preguntarás, ¿UNA SOLA PALABRA? ¿En serio? ¿Toda una reunión de Estado simplemente para ponerse de acuerdo en UNA SOLA PALABRA? ¿Todos esos grandes jefes dejaron todas sus ocupaciones para concentrarse y esforzarse por encontrar UNA SOLA PALABRA?

Sí, has leído bien, pues aquel al que se refieren no es otro que al amado de Al-lah, al Sello de los Profetas, al amo de los descendientes de Adán, aquel que fue enviado como misericordia para los mundos, al elegido por la Voluntad Divina.

Entonces empezaron a intervenir los presentes, entre los que se encontraban personajes tan influyentes como Abu Yahl, Umayya Ibn Al Jalaf, Utba Ibn Rabi´a, Abu Lahab (tío y acérrimo enemigo del Profeta), Uqba Ibn Abi Muait, An-Nadr Ibn Al Harez y Al As Ibn Wail, entre otros.

− “¿Y si decimos que es un mentiroso?”, dijo uno de ellos.

− “¿Cómo vamos a afirmar tal cosa, si hemos sido nosotros quienes lo hemos denominado como ‘el sincero, digno de confianza’?”, replicó Al Walid.

− “Entonces digamos que es un poeta”, propuso otro de los presentes.

− “Conocemos bien a los poetas, y las palabras de Muhammad van más allá de la poesía, no tienen comparación”, volvió a replicar Al Walid.

− “Podemos afirmar que es un loco”, se atrevió a decir otro, casi sin convencimiento.

− “Los locos son reconocibles a primera vista debido a su comportamiento, y el carácter de Muhammad nada tiene que ver con ellos”, continuó replicando Al Walid casi sin inmutarse, pues sabía muy bien que lo que pretendían conseguir se salía de sus posibilidades.

El tiempo pasaba, los ánimos empezaban a encresparse y la tensión era más que evidente en el ambiente; pero, a decir verdad, la incapacidad de Quraish por encontrar esa ansiada PALABRA no se debía al poco tiempo del que disponían, pues aunque Al-lah les hubiese permitido vivir catorce siglos más hasta nuestra época sin otra ocupación más que seguir buscando un solo defecto al mensaje que Muhammad trajo y a él como portador del mismo, no hubiesen sido capaces de ello, ¿cómo iba a ser de otro modo si Al-lah dijo acerca de él: {Ciertamente eres de una naturaleza y moral grandiosas} [Corán 68:4]?

Y dijo el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: “He sido enviado para completar los nobles modales”.

Y como bien dicen los árabes en uno de sus legendarios proverbios: “Aquel que carece de algo no puede concederlo”.

En verdad que el Mensajero de Al-lah era el vivo reflejo de todo aquello que predicó, hasta tal punto que se le preguntó en una ocasión a su noble e inmaculada esposa Aisha, que Al-lah esté complacido con ella, acerca del carácter del Profeta, y ella respondió: “Su carácter era el Corán”.

Por ello entenderás, oh, distinguido lector, que la empresa de Quraish por buscarle un defecto, es comparable al hecho de pretender pescar en un espejismo.

Pero como lo que estaba en juego era demasiado y ellos no estaban dispuestos a perderlo, ni mucho menos a reconocer la evidente verdad que tenían entre manos, no les quedó más opción que mentir acerca del Mensajero de Al-lah, pues para ellos el fin justificaba los medios.

Y como bien es sabido, la mentira abre caminos, pero nunca conduce a un buen destino. Así pues, estimado lector, sigue acompañándonos en este beneficioso viaje y conoce el desenlace de esta gran reunión, el cual no te dejará indiferente, puede ser que a través de ello cambie tu vida y, por ende, tu eternidad.

Te esperamos en el siguiente artículo in sha Al-lah.


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