Ramadán: Sobreviviendo a la adversidad, encontrando el significado

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No estoy exagerando. Para quienes se les hace difícil recordar los beneficios de lo que hacemos en este sagrado mes −Ramadán−, yo creo que es solamente el poder de nuestras familias y comunidades que se reúnen −y están juntas en las adversidades− lo que nos hace continuar. Pero para quienes estamos aquí en Occidente, quienes estudiamos y trabajamos entre los no musulmanes, existe un aspecto que se adiciona a nuestro ayuno de Ramadán, el cual puede causarnos dificultades personales, y es nuestro aislamiento del resto de la sociedad.

Es verdad que podemos estar frente a un escritorio, un mostrador, una máquina, o lo que sea que nos provea el sustento, y sentir que ninguno de nuestros colegas comprende por lo que estamos pasando. Podemos pasar horas en este hambre y cansancio solitarios. Nuestras mentes pueden incluso engañarnos con la idea de que es demasiado para nosotros. Pero Al-lah dice: {Dios no Exige a nadie por encima de sus posibilidades…} [Corán 2:286], y sabemos que después de los 30 días de Ramadán estaremos con vida y bien, con un espíritu elevado, e −in sha Al-lah (con el permiso de Al-lah)−, habremos aprendido una o dos cosas. Entonces, ¿qué método te estoy proponiendo, mi hermano y hermana en el Islam, para ayudarte a pasar por este periodo de adversidad, y superarlo habiendo encontrado el significado en cada paso del camino? Es muy simple: sé una hormiga.

Además de la complejidad de sus hábitos de vida y las capacidades de su cuerpo, la hormiga tiene una muy evidente y sorprendente característica que es visible para cualquiera que haya pasado tiempo observando a estas increíbles criaturas: su determinación, la cual se manifiesta a través de su vigorosa persecución de sus metas, sus riesgos calculados contra pronósticos negativos, y su sorprendente habilidad para adaptarse a las condiciones cambiantes. Estas características de la hormiga inspiraron al Imam Al Ghazali, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, para ofrecer –en su libro titulado Ihia’ ‘Ulum Ad-Din– una magistral parábola mediante la cual podemos compararnos a nosotros mismos y aprender algo significativo este Ramadán:

“Un ser humano, en su esfuerzo por distanciarse de los extremos opuestos (de los excesos y la deficiencia en la religión) regresando al medio, puede ser comparado con una hormiga arrojada al centro de un anillo calentado en el fuego y puesto sobre la tierra: ella huirá del calor del anillo que la rodea, pero, al ser incapaz de escapar, continuará caminando hasta que irá a tomar un descanso en el centro (si tiene que morir, morirá allí), porque el centro es el punto más alejado del calor del anillo que la rodea”.

Paso a paso, el Imam Al Ghazali nos lleva a través de la parábola. Primero dice: “Los deseos del hombre lo rodean, tal como el anillo caliente rodea a la hormiga”. Estos son las formas en que Al-lah, Glorificado sea, nos prueba, como nos dice: {Él es Quien Creó la muerte y la vida para probarlos y distinguir quién de ustedes obra mejor…} [Corán 67:2].

Al Gazali explica: “El área fuera del anillo representa el estado de los ángeles, quienes no están limitados por deseos humanos ni por la necesidad de contradecir los dictámenes divinos –un estado que los seres humanos nunca alcanzarán debido a la naturaleza que Al-lah ha creado en él–. Así como la hormiga se esfuerza para salir del anillo, pero no puede, nosotros también tratamos de librarnos de las limitaciones de nuestros malos deseos, pero no podemos debido al mismo estado en el que Al-lah nos ha creado. La hormiga da vueltas alrededor, y lo mismo hacemos nosotros. Ella se quema en los bordes del anillo, y nosotros nos quemamos una y otra vez haciendo lo que está en contra de los mandatos de Al-lah. Invertimos nuestras esperanzas en el dinero, el sexo, la indulgencia en la comida, la música, la televisión, las películas y toda clase de emociones simplemente tratando de alcanzar un sentimiento interno de libertad de las ansiedades provocadas por la tensión entre nuestros deseos y las órdenes de Al-lah, y nos quemamos”.

“Para el ser humano, el estado angelical de libertad de las limitaciones, del pecado, y de las leyes divinas parece ser la principal meta de la humanidad. Él desea imitarlos (a los ángeles) en su libertad”. Cuando Al Gazali lo caracteriza como una búsqueda de la libertad, todos sabemos de lo que está hablando. Él está hablando acerca de un tipo de libertad, la cual nos es prometida en el Paraíso, el tipo de autosatisfacción del “alma complacida”, con la cual Al-lah está complacido y a la que se refieren los versos: {¡Oh, alma que estás en paz con tu Señor! Vuelve a la vera de tu Señor complacida y satisfecha [con la recompensa, que Al-lah está complacido contigo]} [Corán 89:27-28]. Incluso los no musulmanes buscan este estado, en cada uno de sus actos de desobediencia, están en busca de satisfacción y plenitud. Pero el musulmán está consciente del Infierno y de las consecuencias fatales de sus malas acciones.

Algunos musulmanes tomaron otro enfoque extremo, y esto es lo que Al Gazali mencionó sobre la práctica de alguna gente en su tiempo, gente que se privaba de comida casi hasta la muerte para así librarse de sus deseos. No, esto no está permitido en el Islam. Nosotros –los musulmanes– somos una nación a la que se le ordenó estar en el medio, y a no exagerar en ninguno de nuestros asuntos. Al-lah ha hecho obligatorio el ayuno para nosotros solo por un periodo limitado de tiempo, no de una forma exagerada.

Mientras ayunamos este Ramadán, no debemos buscar la paz al final del mes, como muchos de nosotros lo hace, sino en un proceso de comprensión y conocimiento sobre la búsqueda de toda la humanidad para alcanzar un camino medio a través de sus acciones. Nuestros colegas no musulmanes pueden permanecer ajenos a lo que pasamos por ganar el favor del Sustentador del universo, pero en realidad no podemos permanecer ajenos a lo que toda la humanidad pasa tratando de encontrar la satisfacción final y eterna. Ramadán no se trata de solidarizarse solo con los hambrientos, sino de solidarizarse con toda la humanidad; pues, a pesar de las comodidades materiales que algunos puedan tener, todos son pobres y necesitan de Al-lah. Dice el Corán: {¡Oh, gente! Ustedes son los que necesitan de Dios, mientras que Dios es el que tiene domino absoluto y es digno de toda alabanza} [Corán 35:15].


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