Reconsiderando el pecado: ¿Son los pequeños pecados realmente pequeños?

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La gente de tiende a caer en el hábito de minimizar o percibir como pequeños todo tipo de pecados, algunos de los cuales pueden perfectamente ser monstruosos. Es crucial para nuestro éxito, tanto en esta vida como en el Más Allá, que todos apreciemos la importancia de no menospreciar ningún acto errado.

En vez de mirar nuestro pecado y pensar: “Bueno, esto es un asunto pequeño”, deberíamos reflexionar y ver a Quién estamos ofendiendo y a Quién estamos desobedeciendo. Al-lah, el Altísimo, dice: {Propagaron la calumnia con su lengua, repitiendo con la boca aquello sobre lo cual no tenían conocimiento [que fuera verdad], y creyeron que lo que hacían era leve, pero ante Dios era gravísimo} [Corán 24:15].

Deberíamos seriamente considerar el hecho de que estamos yendo contra la orden de Al-lah en vez de simplemente mirar la ofensa como algo de menor grado y sin consecuencias. Debemos tener en cuenta que realmente hemos transgredido las reglas del Glorioso y Altísimo Al-lah, nuestro Creador y Señor, que puede, si lo decide, hacer caso omiso de un gran pecado y hacernos responsables por uno pequeño.

El Mensajero dijo: “Cuidado con los pecados menores, porque, de hecho, los pecados menores y sin importancia son como la parábola de las personas que acamparon al lado de un valle. Cada uno de ellos aportó un pedazo de madera hasta que acumularon aquello con lo que cocieron su pan” (Ahmad).

Un sabio dijo alguna vez: “Tengan cuidado con sus pecados, pues son como una roca gigante que se lanza contra una casa y la demuele. El viento entonces entrará y soplará sobre las velas encendidas”.

Más importante aún, debemos siempre recordar que para cada pecado hay un taubah (arrepentimiento). Sin embargo, mantenernos alejados de los pecados es mucho mejor que hacer taubah. Sufián Az-Zauri dijo: “Una vez pregunté a mi maestro: ‘¿Quién es el hombre decente y virtuoso?’. Respondió: ‘Aquel que no permitirá que su compañero (el ángel en su hombro izquierdo que registra sus pecados) de la izquierda escriba actos reprobables’”. Yo (el autor) digo: “El hombre decente y virtuosos es aquel constantemente consciente de la mirada de Al-lah y no da tregua a su corazón y lengua del recuerdo de su Señor”.

En consecuencia, hay que estar absolutamente conscientes de todos los tipos de transgresiones y pecados, sin decirnos a nosotros mismos hasta convencernos de que algunos son insignificantes y asumir que Al-lah va a perdonarlos; aunque lo sean, debemos estar conscientes de esto puede convertirse en un hábito y podemos eventualmente caer en la oscuridad asociada con los pecados graves y mortales.

Hay que ser precavidos y no seguir los pasos de aquellos que se vuelven esclavos de sus caprichos y comienzan a satisfacer todos sus antojos, mientras ignoran totalmente lo que Al-lah y Su Mensajero ordenan y prohíben. No hay que dejarse engañar por el lujo en el que viven de momento, sino que tengamos la certeza de que más adelante espera para ellos un día en el que sus pies temblarán, sus cuerpos se estremecerán y su color palidecerá. Es el día en que su estancia de pie será demasiado larga, su cuenta será severa y sus corazones estarán en sus gargantas. Verán todos sus hechos escritos en sus libros en un día en el que su tiempo será igual a cincuenta mil años. Sufrirán el calor insoportable y la sed insostenible. Gemirán y llorarán de agonía y arrepentimiento. Pensemos en ese día.

Ese día es el Día de la Resurrección, el día de Ar-Rayifah (el primer soplo de la trompeta, que causará el temblor de la tierra y de los cielos y será el final de la vida), el Día de Ar-Radifah (el segundo soplo, que hará que todos salgan de sus sepulturas. Es el Día del remordimiento, el día en que todas las excusas serán en vano y Al-lah pronunciará: {¡Los que rechazaron el Mensaje! Hoy no pretendan excusarse, simplemente recibirán el merecido por lo que hayan hecho} [Corán 66:7].

En ese día, no habrá padre que socorra a su hijo ni hijo que socorra a su padre, en absoluto. Realmente es: {El día que llegue, las mujeres que estén amamantando a sus hijos se desentenderán de ellos, las embarazadas abortarán [por el terror], y verás a las personas caminar como ebrios, pero no estarán ebrios, sino que el castigo de Dios será intenso} [Corán 22:2].

En ese día, todos los actos llegarán a su fin, toda la riqueza y los ricos se desvanecerán, todas las voces se silenciarán y los reyes de la tierra estarán en humildad y temor. Todas las lenguas serán selladas y las extremidades tendrán la orden de hablar. Esos serán los asuntos de aquellos que hayan gastado sus vidas en la ciega sumisión a sus vanos deseos.

Pero si queremos reunirnos con aquellos que serán salvos, asegurémonos de ser como ellos, hagámonos responsables por todo lo que hacemos. Tratemos de caminar en sus zapatos, y no nos contentemos con simplemente estar cerca de ellos, pues Al-lah no reunirá en el Paraíso más que a As-Salihin y aquellos a quienes sinceramente siguen Sus pasos. Seamos conscientes de la declaración de Al-lah: {En cambio, quien haya tenido conciencia de que comparecerá ante su Señor y haya preservado su alma de seguir sus pasiones, su morada será el Paraíso} [Corán 79:40-41].


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