Reflexiones sobre Scott Kugle, orientación sexual y acercamiento al homosexualismo como musulmanes

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Poco después de responder las preguntas sobre la posición del Islam respecto a la homosexualidad, formuladas por un joven estudiante de periodismo que se había puesto en contacto conmigo a través de mi mezquita local, con el propósito de redactar un artículo sobre dicho tema, comencé a escuchar con curiosidad acerca de Nur Warsame, el primer Imam abiertamente homosexual de Australia.

Siempre había sospechado que tendríamos un Imam con dicha inclinación, pero jamás estuve seguro de cuándo. Dado que las dos experiencias ocurrieron en la misma semana, me quedé reflexionando sobre la noción de que, además de ser un tema digno de una mayor apertura y discusión, el mismo era quizás uno sobre el que la gente podría potencialmente tener un cierto grado de confusión y que, por lo tanto, requería de mayor aclaración.

Así lo destacó una de las preguntas que me hizo el joven periodista, quien curiosamente provenía de un entorno musulmán, pero (según entendí) ya no se identificaba como musulmán.

Su pregunta fue: “¿Una persona puede ser musulmán y homosexual al mismo tiempo?”. Inicialmente, me llamó la atención la sencillez de la pregunta, pues la homosexualidad siempre ha sido vista como un pecado grave, al punto de que Ibn Al Qaiem (muerto en 1350) dijo: “No existe pecado que cause más corrupción que el pecado de la homosexualidad”[1].

Dicho esto, la homosexualidad en realidad jamás ha sido vista como un anulador de la fe. Por lo tanto, en lo que se refiere a tecnicismos, es posible que una persona sea homosexual y musulmana a la vez.

Pero en aras de obtener una imagen completa, debí anotar que la homosexualidad estaba prohibida sin duda alguna en lo que se refiere al discurso clásico, al punto de que podría ser más lógicamente concebible que uno dejara por completo el Islam que intentar justificar la adopción integral de la homosexualidad utilizando fuentes islámicas.

En retrospectiva, lo que debí haber agregado, sin embargo, es que un musulmán inquietado por inclinaciones homosexuales podría ser considerado como superior, espiritualmente hablando, a sus hermanos en la fe que no tienen que luchar contra dichas inclinaciones. Dijo el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “Al‑lah decretó obras buenas y obras malas, luego Él explicó esto. Aquel que piense en hacer una buena obra y no la haga, Al‑lah se la escribirá como si hubiera completado una buena obra. Si piensa en hacer una buena obra y la hace, Al‑lah se la escribirá como si hubieran sido entre diez y setecientas, o muchas más. Si piensa en hacer una mala obra y no la hace, Al‑lah se la escribirá como si hubiera completado una buena obra; y si la piensa y la lleva a cabo, Al‑lah se la escribirá como una mala obra” (Bujari y Muslim).

Al igual que la persona enfurecida que se niega a actuar por ira o el lujurioso que rechaza sus bajos deseos, aquellos asediados por pensamientos y deseos homosexuales también serán recompensados por aquello sobre lo que decidan no realizar.

A pesar de tan grande bendición (que por supuesto requiere un esfuerzo), muchos como Scott Kugle, un musulmán abiertamente homosexual, afirman que la ley islámica debe ser alterada a fin de hacerla coincidir con el paradigma social actual hacia la homosexualidad: “Si los musulmanes no se adaptan a las nuevas circunstancias cambiando algunas normas de la Shar’ia, cada vez más entre ellos optarán por soluciones seculares. Ellos pueden sostener que la Shar’ia no necesita ser seguida más allá del campo de las normas rituales de la adoración, o puede que abandonen el Islam frustrados…[2].

Al igual que Kugle, hay musulmanes homosexuales anónimos en Brisbane, de quienes mi entrevistador (a fin de darme un mayor contexto con respecto a lo que estaba escribiendo en su artículo) me informó. Estos individuos aparentemente sostienen opiniones muy similares a las de Kugle, tomando la posición de que el Corán jamás prohíbe la homosexualidad de forma explícita.

En cierto sentido, quizás tengan razón en que el Corán jamás utiliza la palabra “homosexualidad” (es decir, liwat). Sin embargo, esta ausencia del término se debe más bien al hecho de que la palabra árabe para homosexualidad se deriva del nombre del Profeta Lot (en árabe Lut), quien fue enviado para advertir a su pueblo contra dicho comportamiento lascivo; por lo tanto, el Corán pudo haber evitado la utilización de una forma de su nombre a fin de mantener su honor.

Además, también se puede argumentar que la homosexualidad, como concepto, pudo no ser tan conocida como en la actualidad. Louis Crompton (muerto en 2009), un pionero de los estudios sobre homosexualidad, escribió: “La homosexualidad parece haber sido comparativamente muy poca de acuerdo a la evidencia entre los beduinos de Arabia en la época preislámica. Se ha sugerido que las actitudes de los árabes hacia el sexo sufrieron un cambio, ya que conquistaron imperios más avanzados y sofisticados, en especial el imperio Persa Sasánida”[3].

Cuando uno estudia la prohibición, tal como se halla en el Corán, no puede ignorar (ni reinterpretar) cómo el Profeta Lot se refiere tan negativamente a la transgresión cometida por su pueblo: {¿Cometen una inmoralidad de la que no hay precedentes en la humanidad? Satisfacen sus deseos con hombres en vez de hacerlo con mujeres, son trasgresores} [Corán 7:80-81].

Una lectura superficial de esta historia, incluso si se hace con ayuda de la traducción, no deja ninguna duda razonable de que los hechos que Lot objetaba correspondían explícitamente a la homosexualidad y no a la violación, como afirman algunos que tratan de justificar la homosexualidad dentro del contexto del Islam.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “No hay nada que tema más para mi Ummah que la obra del pueblo de Lot” (At-Tirmidhi e Ibn Mayah)[4].

No hace falta decir que hadices de esa naturaleza (a pesar de estar normalmente autenticados por un número abrumador de especialistas, y de formar la base de muchas opiniones académicas) son criticados de forma rutinaria por gente no especializada, como Bin Jahangir, un economista que afirma: “La mayoría de hadices que son utilizados para condenar las relaciones entre miembros del mismo sexo son de naturaleza dudosa, y la mayoría de las opiniones de los juristas indica la falta de apreciación de este asunto”[5].

Teniendo en cuenta los grandes cambios sociales ocurridos durante las últimas décadas, incluyendo la aceptación de la homosexualidad como norma, el mayor problema sobre el que las comunidades musulmanas (particularmente las de Occidente) deben llegar a un acuerdo, es:

¿Cómo lidiar con gente que afirma que la homosexualidad no está condenada en el Islam?

El hecho es que ha habido un consenso histórico, al que alude el Imam Al Baihaquí (muerto en 1066) en su compilación de tradiciones proféticas [entre otras obras académicas]. En consecuencia, no solo sería intelectualmente deshonesto, sino también espiritualmente engañoso, que afirmáramos aceptar la homosexualidad como norma.

Incluso si las normas sociales [no musulmanas] de la actualidad parecen darle libertad a ese estilo de vida, dicha forma de pensar restringe la libertad de respetar a quienes toman una posición moral diferente, evitando la perspectiva de cualquiera que defienda lo contrario. Para aquellos que aceptan la autoridad y la sabiduría de Al‑lah y de Sus mensajeros, el Corán advierte: {Si obedecieras a la mayoría [de las personas] en la tierra, te extraviarían del sendero de Dios, porque siguen solo conjeturas y no hacen más que especular} [Corán 6:116].

Especialmente en nuestra época, una crítica hacia la homosexualidad equivale a intolerancia. Norman Geisler, un apologista cristiano, define la intolerancia como un “prejuicio sin ninguna razón ni sustento para la objeción”[6]. Por lo tanto, debemos estar dispuestos a reconocer que se admite a menudo una línea delgada, que es atravesada por miembros de nuestra comunidad, de modo que no se puede afirmar por completo que se entiende lo que nuestros correligionarios están pasando, ni la vergüenza que quizás están experimentando, cuando admiten este tipo de problema.

La Ummah jamás ha tenido que lidiar, históricamente, con la legitimación masiva de dicho comportamiento, excepto en la actualidad. Por ello, lo que algunas comunidades musulmanas pueden, y quizás deberían hacer, es cambiar la manera en la que se acercan a los homosexuales, en lugar de centrarse en la prohibición como tal.

Del mismo modo, el autor de la Guía cristiana completa para entender la homosexualidad ha sugerido que, primero que todo, uno debe tener cuidado de no denigrar a los miembros de dicha corriente. Además, no debemos confundir una posición moral con un mal, como los prejuicios y la intolerancia[7].

Dicho enfoque es, sin duda, consistente con la orden coránica de aplicar la sabiduría y la prédica justa: {Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría y bellas palabras. Argumenta de la mejor manera. Tu Señor sabe bien quién se extravía de Su camino y quién sigue la guía} [Corán 16:125].

Dicho esto, sería prudente diferencias entre aquellos que predican públicamente un mensaje contrario a las normas bien establecidas requeridas por el Islam, y aquellos que “sufren en silencio” a la vez que reconocen el estatus de dicha prohibición.

En cuanto a las relaciones que los musulmanes “correctos” pueden potencialmente mantener con dichas personas, una de las últimas preguntas que me hizo mi entrevistador, fue si era aceptable que alguien que se identificara a sí mismo como gay o lesbiana asistiera a las oraciones. Como musulmanes, nosotros jamás debemos sentirnos cómodos con la idea de restringir el acceso de una persona a un lugar donde se tiene la intención de fomentar una relación con el Creador, incluso si dicha persona persiste, consciente o inconscientemente, en lo que se considera como un comportamiento pecaminoso.

Al igual que cualquier persona que cae en el pecado o en la desviación, debemos orar por su bienestar espiritual y debemos ser proactivos en ayudarle a superarse, a través de la comprensión, la bondad y, por supuesto, la persistencia. Por lo tanto, el asunto se convierte en uno relativo a cómo queremos “orientarnos” a nosotros mismo, a efectos de transmitir verazmente el mensaje.

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[1] Al Yawab Al Kafi, pp. 240-245.

[2] Kugle, Scott. Homosexuality in Islam (Homosexualidad en el Islam), Oneworld Press, 2010, p. 185.

[3] Crompton, L. Homosexuality and Civilization (Homosexualidad y civilización), Harvard University Press, 2003, p. 170.

[4] Este hadiz ha sido clasificado como sahih por el Shaij Al Albani en Sahih Al Yamí, no. 1552.

[5] Habib, S. Islam and Homosexuality (Islam y homosexualidad), vol. 1, ABC-CLIO, 2010, p. xlvii.

[6] Geisler, N.L. Christian Ethics: Contemporary Issues and Opinions (Ética cristiana: Problemas y opiniones contemporáneos), Baker Academic, 2010, p. 296.

[7] Dallas, J. & Heche, N. The Complete Christian Guide to Understanding Homosexuality (Guía cristiana completa para entender la homosexualidad), Harvest House Publishers, 2010, p. 150.


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