Regalos que perduran (parte 2 de 2)

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Vestirnos para impresionar

Además de cuidar de los niños, tenemos que cuidar de nosotras mismas también. En pocas palabras, tratar de estar siempre bien presentables y agradables. Ya sea que tengamos un trabajo fuera de la casa o permanezcamos en ella con los niños, muchas de nosotras tenemos el problema de ser descuidadas cuando estamos en casa. Si trabajamos fuera de casa, en el momento en que llegamos a casa nos cambiamos y nos ponemos un suéter cualquiera o pijamas o cualquier cosa que sea cómoda, y nunca nos detenemos a pensar si eso es agradable para nuestros esposos. Y si somos lo suficientemente afortunada para quedarnos en casa con los niños, olvídate… no nos quitamos los pijamas en todo el día. Muchas mujeres que tienen bebés o niños pequeños incluso llegan hasta a bromear de que rara vez toman un baño porque están muy ocupadas con sus hijos.

Ciertamente, este no es un espectáculo muy agradable para ver si lo pensamos bien. Pero, si una amiga o un familiar fuera a venir a visitarnos, nos esforzaríamos por limpiar todo y vestirnos agradablemente para recibir esa visita. ¿Por qué no mostramos a nuestros esposos por lo menos la mitad de esa cortesía? No necesitamos estar glamorosas para ellos, pero por lo menos estar limpias, arregladas y presentables para ellos.

Respetar lo que es suyo, lo que es tuyo y lo que es de nuestra familia demuestra y mantiene el respeto por todo lo que le pertenece a él, a ti y a ambos. Cuidar de sus pertenencias, “nuestras posesiones” y tus cosas. Tu casa no tiene por qué estar reluciente, pero un poco hace mucho. Incluso si podemos hacer un poco de vez en cuando se nota y será muy apreciado.

Una forma de respetar nuestras pertenencias es mantenerlas limpias. Mantener la casa limpia y ordenada, lo mejor que se pueda. A nadie le gusta regresar a casa y encontrarla un desastre; lo mejor que podemos hacer es mantener el orden y la limpieza tanto como sea posible. Sin embargo, cuando ambos esposos trabajan, a veces esto es muy difícil de hacer. Es entonces cuando muchos adultos establecen la regla del 50/50. Dividen el trabajo de la casa en la mitad. Tú lavas los platos y yo los seco. Tú cocinas y yo limpio. Tú alistas a los niños para ir a la escuela y yo los alisto para ir a dormir. Pero, ¿qué sucede si alguno tiene un contratiempo y no puede llegar a casa a tiempo?, ¿los platos se quedan sucios y los niños no van a la cama? El matrimonio no se trata de 50/50; sin embargo, se trata de equidad. Sé justa: si llegas a casa antes que tu esposo, comienza el trabajo, par que al llegar a casa él encuentra la casa por lo menos con cierta apariencia de orden. Por lo menos uno de ustedes puede tener la tranquilidad para atender mejor a los niños o cualquier otra cosa que haya que atender ese día. Tal vez la próxima vez le tocará a él.

No se trata solo de lo que tú haces

Muchas podrán pensar que todo lo que hemos señalado anteriormente es parte de la descripción del trabajo de una esposa. Es nuestro deber ser buenas con nuestra suegra, es nuestro deber educar bien a nuestros hijos, es nuestro deber lucir y actuar de forma agradable para nuestros esposos y es nuestro deber cuidar de nuestras pertenencias. Definitivamente no estamos discutiendo eso, pero no se trata solo de lo que tienes que hacer, sino de cómo lo haces. Ese es el punto. Este no es simplemente un recordatorio de nuestros deberes, sino de hacerlos bien y hacerlos con amor y cuidado. Si podemos realizar nuestras obligaciones con la intención de que lo estamos haciendo por la causa de Al-lah y queremos complacer a nuestros esposos y a nuestras familias, entonces seremos mejores que si lo hacemos simplemente para cumplir con nuestro trabajo.

Por supuesto, lo que está adentro también cuenta. Si estamos de buen humor cuando nuestro esposo llega a casa del trabajo, se sentirá bienvenido. El humor es contagioso, tu buen humor puede tener un efecto positivo sobre él; sonreír y decir “salam” cuando aparece por la puerta, es un regalo simple, además la sonrisa también es un acto de caridad, como dijo el Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam.


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