¿Tienes que replantear tu concepto de éxito? (parte 1 de 2)

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Definiendo tu “éxito”

El éxito es la cosa más deseable, y a menudo es definido de forma distinta por diferentes personas. De hecho, puede cambiar en varias etapas de la vida de una misma persona. ¿Qué significa realmente el éxito? ¿Cómo puede alcanzarse? ¿Cómo definirías “éxito” por ti mismo?

¿Cómo has definido las metas de tu vida?

El éxito, para ti, se alcanza por:

¿Tener la casa más lujosa y extravagante?

¿Tener el auto más atractivo, nuevo, rápido o tecnológicamente avanzado?

¿Tener la familia ideal y feliz con hijos hermosos, saludables, carismáticos y bien educados?

¿Tener el cuerpo más atlético con el atuendo más elegante que el dinero puede comprar?

¿Tener el trabajo más satisfactorio y mejor remunerado?

¿Ser amado por un cónyuge rico, deseable, inteligente, amoroso y compasivo?

Algunos de los factores mencionados equivalen a obtener posesiones materiales, o provienen en realidad del deseo de complacer a otras personas, y de competir en las grandes y crueles sociedades en que nos encontramos. ¿El éxito puede ser alcanzado complaciendo a otras personas? Algunos de nosotros podemos querer o tener todo lo anterior, y otros podemos pasar por la vida satisfechos y contentos con solo una de esas cosas.

Reexaminar el éxito y la felicidad interior

Si una persona no tiene paz ni felicidad en su interior, puede pasar toda su vida buscando esta ilusión autoinfligida de éxito. Muchos de nosotros pasamos nuestras vidas buscando el siguiente desafío o el mayor obstáculo, y después de haberlo alcanzado, nos quedamos en un estado de anticlímax o con una sensación de vacío.

La ilusión o espejismo de éxito puede hacernos tambalear. Podemos pasar muchos años, e incluso décadas, persiguiendo este fantasma del éxito y participando en una competencia feroz, hasta que la sabiduría o la guía nos alcance y nuestro entendimiento se profundice, y comencemos a buscar un mayor significado para la vida que la mera existencia.

Podemos reasignar nuestras prioridades

Cada uno de nosotros tiene la opción de salir de esta caja y mirar el panorama completo. De seguro podemos planear, vivir y priorizar nuestras vidas como mejor nos parezca, y encontrar nuestra propia versión de lo que realmente nos haría felices y nos daría un éxito perdurable. Sin duda, cada uno de nosotros es único en sus pensamientos y deseos.

La razón de por qué queremos algo es tan importante como qué queremos. Las intenciones son importantes. ¿Por qué queremos tener éxito? ¿Es porque igualamos el ser exitosos con el ser felices? ¿Qué nos hace realmente felices?

Enfocando nuestro pensamiento

A fin de evaluarnos a nosotros mismos, es posible que queramos planear nuestras vidas y categorizar nuestros objetivos. Decidir y establecer nuestros objetivos en esta vida es el primer paso para esforzarnos en alcanzar y lograr nuestras metas. El Islam nos anima a pensar, reflexionar, cuestionar y analizar.

El Profeta Abraham, quien es reconocido y respetado en las tres grandes religiones monoteístas del mundo, alcanzó su estatus a través de la reflexión y la contemplación de la vida. Fue contra la corriente y siguió una fe diferente a la de sus antepasados.

El Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, regularmente contemplaba, pensaba y buscaba respuestas en la cueva de Hirá, lejos de la concurrida ciudad de La Meca. La evaluación, el cuestionamiento, la planificación y la priorización son vitales para la paz interior y el éxito a largo plazo.

Lograr el control sobre nuestras metas y objetivos

Un método para esto es dividir y reconocer todos nuestros actos, y clasificar nuestros objetivos en tres categorías. Queremos llenar nuestras vidas con las tareas con las que estamos felices, y evaluar si caen en nuestro gran esquema de dirección en la vida. Estas tres categorías son:

  • Objetivos a corto plazo con ganancias de corto término:

Ejemplos de esto incluyen tinturarse el cabello o hacerse una pedicura cada mes. Los efectos de estos actos duran un período corto de tiempo, pero son muy importantes para nosotros, para que podamos vivir nuestras vidas cotidianas sintiéndonos seguros y manteniéndonos bien. Tener este tipo de metas a corto plazo está bien y, de hecho, dependiendo de las razones por las que las hagamos, pueden contribuir a nuestros objetivos mayores y a más largo plazo.

  • Objetivos a corto plazo con ganancias de largo término:

Ejemplos de esto son terminar la secundaria u obtener un título universitario. Si bien son objetivos a un plazo relativamente corto, contribuyen a nuestros objetivos en nuestro esquema más amplio de cosas. Para este tipo de objetivos podemos encontrar motivación al visualizar y enfocarnos en el panorama a largo plazo, de dónde queremos vernos a nosotros mismos.

  • Objetivos a largo plazo con ganancias de largo término:

Aquí es donde muchas personas tropiezan y no tienen una idea fija de hacia dónde se dirigen. A menos que estén logrando y esforzándose por una causa mayor, o a menos que hayan encontrado paz y felicidad en su interior, continúan buscando por este fenómeno eufórico de felicidad. A menos que sepamos la razón por la cual estamos haciendo algo, y a menos que estemos satisfechos con que esa razón encaje en nuestro plan mayor, tropezamos, luchamos y vagamos emocionalmente, perdemos y nos confundimos a la primera señal de dificultad.

Continuará, in sha Al‑lah


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