Trabajando en el automejoramiento (parte 1 de 3)

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Si tuviéramos que crear un perfil compuesto general de parejas que buscan consejería matrimonial, se vería así:

  1. Uno (o ambos cónyuges) se resiste a aprender cosas nuevas, se cierra a las experiencias nuevas, y es estático en lugar de dinámico en su forma diaria de vivir.
  2. Uno (o ambos) niega sus propios problemas, culpa a los demás de sus dificultades, y no es muy abierto a recibir comentarios acerca de sus defectos ni es completamente honesto acerca de sus problemas y deficiencias.
  3. Uno (o ambos) tiene problemas para controlar sus impulsos, compulsiones o adicciones.
  4. Uno (o ambos) es desorganizado respecto al manejo del tiempo o la administración de las finanzas, la familia, etc.
  5. Uno (o ambos) tiene problemas de ansiedad, ira o depresión.
  6. Falta de confianza o asertividad en la relación en uno (o ambos), y resignación a un matrimonio (y/o vida) insatisfactorio, o sumido en una actitud pasiva-agresiva.
  7. Uno (o ambos) es perezoso, falto de motivación o inspiración, sintiéndose como víctima de circunstancias externas, incapaz de hacer de su relación matrimonial una prioridad.
  8. Uno (o ambos) es infeliz o incluso miserable con su matrimonio y su vida en general.

Podemos evitar gran parte de la miseria antes descrita trabajando en nosotros mismos y haciendo un inventario de nuestras propias características de personalidad para ver cómo estamos manejando cada uno de los aspectos que se enumeran a continuación; ese podría ser un método efectivo para lograr mejorar nuestra relación matrimonial y nuestro relacionamiento social en general. Una pareja de esposos puede aprender nuevas habilidades como la escucha empática o la resolución de conflictos. Sin embargo, los dos esposos aportan a la relación sus propias fortalezas y debilidades. Si ambos están comprometidos con la autotransformación, trabajando en sus propios problemas, la relación puede fortalecerse y profundizarse cada día. Cada aspecto del ser humano enumerado a continuación se refiere a la correspondiente descripción anterior. Además de la felicidad personal de cada cónyuge y el éxito de la relación matrimonial, es muy importante trabajar en el ego, principalmente porque somos los modelos primarios de relación saludable o insalubre para nuestros hijos con respecto al yo.

Cada uno de los rasgos que mencionaremos a continuación es parte del potencial humano para alcanzar un estado integrado del propio ser total y completo. Cada persona tiene el reto de armonizar las diferentes partes de su personalidad –sus pensamientos, sentimientos, actitudes, creencias, valores, motivaciones y comportamientos– en un todo único y congruente. Podemos mirar la personalidad como un sistema cuyas diversas partes están combinadas y organizadas, un conjunto de aspectos de personalidad y carácter que forman un todo complejo y unitario. Cada aspecto listado a continuación es un elemento fundamental en el viaje de autotransformación, la búsqueda por la excelencia (Ihsan) que nos enseña el Islam.

  1. La apertura a nuevas experiencias y al cambio

Esto indica el deseo de una persona y su voluntad de buscar nuevas ideas, actividades, y/o personas. Estos individuos se sienten cómodos con el cambio y no se apegan estrictamente a rutinas y experiencias familiares a menos que faciliten su salud, felicidad y éxito. Siempre hay nuevas oportunidades para el cambio, ya sea en nuestro mundo externo de experiencia o en nuestro mundo interno de pensamientos, sentimientos, actos y hábitos.

Aquellos que están cómodos con el cambio tienen una mentalidad abierta y una inclinación por el crecimiento y enriquecimiento personal, la exploración y el descubrimiento. Aquellos que están abiertos a nuevas experiencias tienden a ser curiosos y de mente creativa, y disfrutan con la variedad. Ellos entienden que el Islam es una religión transformadora del yo y de la forma de vida.

  1. Integridad

La integridad es esencial para la excelencia espiritual. También es el núcleo de una vida realmente feliz y satisfactoria. Cultivar la integridad y la honestidad implica un distanciamiento gradual de toda pretensión y manipulación en nuestras interacciones con los demás. La integridad es una forma de vivir que se apega a los principios morales y éticos, que resulta en un proceso de sanación de todo lo que está fragmentado, roto o herido en el alma. Esta manera de vivir también incorpora una dedicación a hacerle frente a las deficiencias propias y a ver honestamente la realidad de la vida diaria y las relaciones de uno.

Dejar nuestras pretensiones egoístas y llevar una vida centrada en Dios, en todo momento, es un viaje permanente que promete la mayor felicidad y satisfacción. Es el camino que podemos tomar para recuperar nuestra Fitrah, la naturaleza humana primordial, prístina, con la que nacimos.


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