Venciendo la ansiedad (parte 1 de 5)

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Imagina a una madre que tiene un problema con su hijo de 4 años y su hija de 3. Ellos se molestan constantemente uno con el otro y eso usualmente los lleva a pelear y llorar. Las cosas van tan mal que esta madre comienza cada día con un habitual diálogo interno negativo. Su diálogo interno va más o menos así: “Oh, mi Dios, no llevamos despiertos ni una hora y ya ellos están peleando. Este será otro día miserable. Ya no puedo soportarlo más, realmente siento en este momento que odio a mis hijos… Astagfiru Al-lah”.

Ahora, imagina otra madre con la misma situación. Ella comienza cada día con un diálogo interno también. Su diálogo interno va así: “Oh, mi Dios, no llevamos ni una hora despiertos y ellos ya están peleando. Está bien, solo déjame recordarme que ellos simplemente se están comportando como niños. Esta es otra gran oportunidad para practicar la paciencia y la perseverancia (Sabr) y saber que Al-lah me ama y me recompensará por eso. La forma en que decido responder en esta situación estresante es la prueba que se me ha dado en esta vida. Enseñarles la mejor manera de divertirse en lugar de siempre estar molestándose mutualmente, y enseñarles que la resolución del conflicto es realmente un noble desafío. Alhamdu lil-lah, no puedo aspirar a nada mejor hoy día que estar en control de mí misma y encontrar algunas formas creativas de influenciar positivamente y enseñar a estos niños a quienes amo mucho. Oh, Al-lah, Dame la fuerza y la resistencia para permanecer en el camino y recordar estos nobles principios. Con Tu ayuda no hay nada ni nadie que evite mi victoria. Oh, Al-lah, es Tu amor y cuidado lo que me permite continuar”.

El estrés no es necesariamente negativo

¿Cuál de estas dos madres está bajo estrés? Si respondes que ambas, estás en lo correcto. La diferencia entre los dos relatos es que una madre respondió de forma constructiva al estrés, mientras que la otra respondió de forma destructiva. Los dos diálogos internos antes mencionados reflejan el cambio experimentado por una hermana que consultó con nosotros con respecto a los problemas que estaba teniendo con sus hijos. La transformación tuvo lugar primeramente debido a su observación y reconocimiento de su diálogo interno. Pero el punto a tener en cuenta aquí es que el estrés es cualquier evento, circunstancia o situación que amenaza o se percibe como una amenaza para nuestro bienestar. En toda situación de estrés existe un factor estresante (el estímulo) y existe la respuesta a ese factor estresante. La ansiedad, la tensión y la preocupación, por ejemplo, son respuestas negativas al estrés.

Estas son las respuestas de la primera madre mencionada arriba. Aclaremos el significado de ansiedad, tensión y preocupación, y cómo están relacionados.

La ansiedad: Malestar de la mente. Cierta cantidad de ansiedad en la vida es normal, pero la ansiedad de larga duración afecta negativamente las funciones diarias, o si es excesiva es un indicador de insuficiencia en cuanto a las habilidades de afrontamiento.

La tensión: Sensación de presión emocional, mental y sobre todo física; cuando el cuerpo reacciona al estrés los músculos puede tensarse, en el cuello o el estómago, por ejemplo.

La preocupación: Un sentimiento de malestar, particularmente sobre el futuro. El Dr. D. McCann, M.D., quien dirige la unidad de ansiedad y desórdenes afectivos en el Instituto Nacional de Salud Mental, dice que la preocupación es ansiedad que se anticipa a alguna amenaza futura o algo percibido como una amenaza para el bienestar propio.

Podemos ver que la ansiedad, la tensión y la preocupación tienen significados muy cercanos, con la diferencia implícita de que la tensión puede referirse más específicamente a una respuesta fisiológica, y la preocupación indica un malestar con respecto al futuro.

Las respuestas de la segunda madre mencionada arriba son de una clase diferente. Sus respuestas indican calma, paciencia y perseverancia (Sabr), conformidad con su destino, valor y esperanza. Ella sigue los pasos de todos aquellos seres humanos que han comprendido que la clave, el secreto, el fondo, el punto esencial es cómo decidimos responder a las dificultades y adversidades de la vida.

Omar, que Al-lah esté complacido con él, dijo: “No existe una sola dificultad que haya enfrentado, o una calamidad que me haya golpeado, sin que Al-lah me haya otorgado cuatro bendiciones. La primera, que la calamidad (o dificultad) no fue en mi Din. La segunda, que no fue peor de lo que era. La tercera, que no me impidió conformarme y rendirme ante Al-lah. Y la cuarta, que anhelaba la recompensa de Al-lah”.

¡Cuán elocuente y certero! En esta breve declaración, Omar, que Al-lah esté complacido con él, todo un ejemplo de sabiduría espiritual, encuentra cuatro beneficios en una situación de estrés. Hoy en día, la reformulación o cambio de perspectiva es una técnica poderosa que se enseña en consejería profesional.

¿Qué determina la forma en que una persona sentirá y reaccionará al enfrentarse con una situación estresante?

Observemos otro ejemplo cotidiano. Imaginemos a dos hombres atrapados en una congestión de tráfico. Digamos que ambos están retrasados para llegar al trabajo y ambos tienen una reunión importante en la que tienen que presentar una propuesta para un nuevo proyecto a un posible cliente. El primer hombre suda, espera lo peor, anticipa un jefe furioso y, seguro de perder el negocio, comienza a maldecirse a sí mismo o a la situación. Finalmente, cuando sale del congestionamiento, conduce apresuradamente a su trabajo, casi ocasionando un accidente, llega corriendo a la oficina, ni siquiera saluda a la recepcionista. Entra a la sala de reuniones sudando, sin aliento y disculpándose se dirige a tropezones hacía el área de proyección. Su presentación es débil y sin concentración ni seguridad. Pierde el negocio.

El segundo hombre en el congestionamiento toma un profundo respiro, e inmediatamente se recuerda a sí mismo que este problema está fuera de su control. Pone una grabación de la recitación del Corán y repite más de una vez en voz alta que todo está en las Manos de Al-lah, y él simplemente hará lo mejor que pueda una vez que llegue a su trabajo.

Sale del congestionamiento, llega a la reunión, tarde pero sereno. Se disculpa sinceramente con el posible cliente y con humor comienza su presentación, diciéndole que se mantuvo en calma a pesar de la trancadera del tráfico porque sabía que iba a tener “una batalla difícil” para impresionar al cliente ya que llegaría tarde, y por lo tanto tenía que conservar su energía. El cliente sonríe, todos se relajan, y él realiza una presentación impresionante y obtiene el contrato.


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