Los derechos de los niños Sobre los padres (parte 1 de 2)

Hemos escuchado a menudo sobre los derechos de nuestros padres en el Islam. Nuestras madres, nuestras madres, nuestras madres…y después nuestros padres. Esto ha sido grabado en nuestra mente desde que pudimos hablar por primera vez. Y cuán importante es que los respetemos, los sirvamos, cuidemos de ellos (especialmente en la vejez) y, sobre todo, los honremos.

Y esto no para allí. Tras su muerte, nuestro deber con ellos continúa a través de nuestra súplica permanente, la caridad que demos a su nombre, la peregrinación (Hayy) si fuere necesario, e incluso la visita regular a los amigos que amaron, honrando a quienes ellos estimaron en vida cuando tenemos la oportunidad. Tan dulce y civilizada integración intergeneracional es lo que Al-lah y Su Mensajero nos han legado como musulmanes.

Sin embargo, muy pocos de entre nosotros reflexionamos sobre los derechos de los niños en el Islam y, más específicamente, sobre los derechos que los niños tienen sobre los padres. El fruto de nuestro matrimonio, la alegría de nuestros ojos, una parte tan integral del placer de nuestras vidas: claramente nuestros hijos merecen que meditemos seriamente en qué es nuestro deber proveerles si realmente los amamos y tenemos temor reverencial de Al-lah. Dice Al-lah: {Los bienes materiales y los hijos son parte de los encantos de la vida mundanal…} [Corán 18:46].

  1. Las cinco áreas protegidas

En su libro Los derechos de los niños, Ahmad Shawqi Ibrahim subraya 10 derechos del niño no nato (feto) sobre sus padres, así como los derechos del niño durante y después del nacimiento. Para poner esto en contexto, el Islam consagra cinco tipos de protección otorgadas a los seres humanos por Al-lah, y que nos encomienda preservar para con nosotros mismos y con los demás: Protección del linaje, de la integridad física, de la mente, de la riqueza y de la religión. Si se afecta o causa la pérdida de alguno de estos elementos, perdemos (en cierta medida) la complacencia de Al-lah, puesto que Él nos ha comprometido a cumplir con los propósitos de todos y cada uno estos derechos.

Crianza y recompensa divina

La protección del linaje implica más que criar un niño piadoso. Comienza incluso antes de que el niño nazca, englobando la responsabilidad del hombre y del mujer a hacer de sí mismos creyentes piadosos, y la responsabilidad del hombre de escoger a una mujer piadosa como esposa y de la mujer de elegir a un hombre piadoso. Implícita en esta elección matrimonial debe estar la sincera intención de tener hijos, cuyo derecho a existir les fue otorgado por Al-lah incluso antes de que fueran siquiera mencionados.

El derecho del niño a un linaje incluye la obligación por parte de sus padres a criarlo como un ser responsable y obediente hacia Al-lah, Su Mensajero y sus padres, de modo que pueda tener su lugar entre los piadosos de esta Ummah.

Esto es una responsabilidad de peso para las madres y los padres sin duda alguna, con consecuencias de tan largo alcance como se pueda imaginar. Al-lah nos cuestionará sobre lo que hicimos o dejamos de hacer en el desempeño de esta ardua labor en el Día del Juicio. Aquellos seres humanos cuyos buenos actos en ese Día sean [pocos y] livianos y, por ende, su salvación penda de un hilo, buscarán de inmediato culpar a las generaciones que les precedieron para salvarse de la condena divina. Los hijos acusarán a sus padres de ser quienes los privaron de orientación, de ser quienes no les enseñaron los derechos de Al-lah y las responsabilidades de los hijos de Adán, dejándolos ignorantes, permitiéndoles incluso comer y beber aquello prohibido.

{… Nuestros padres eran idólatras, y nosotros solo somos sus descendientes siguiendo lo que ellos hacían. ¿Acaso vas a castigarnos por lo que hicieron los que falsearon [la verdad del monoteísmo]?} [Corán 7:173].

En un famoso hadiz el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Todos ustedes son como pastores. Y así como el pastor cuida de su rebaño, ustedes deben proteger sus hogares”. Esta responsabilidad no es solo para el Imam líder de la mezquita o el líder de un pueblo. El Profeta infiere aquí esta responsabilidad a padres y madres, hijos e hijas, y a cada miembro de nuestra Ummah que tome cualquier responsabilidad, empezando por la de formar parte de una familia.

Entonces, Al-lah declara en el Corán: {¡Oh, creyentes! Protéjanse a sí mismos y a sus familias del Fuego [del Infierno], cuyo combustible serán los seres humanos y las piedras, y en el que habrá ángeles rigurosos y severos que no desobedecen a Dios en lo que Él les ordena, sino que ejecutan Sus órdenes. [El Día del Juicio se les dirá:] ¡Los que rechazaron el Mensaje! Hoy no pretendan excusarse, simplemente recibirán el merecido por lo que hayan hecho} [Corán 66:6-7].

Además, el Profeta aconsejó a sus compañeros exhortándolos a tener matrimonios felices y familias extensas, por los beneficios y bondades que trae tener esposas afectuosas y numerosos niños: “Desposen al wadúd al walúd (a las mujeres amorosas y afectuosas bien dispuestas a la crianza)”.

Las recompensas de criar niños virtuosos

La bendición de los hijos es en extremo abundante, lo suficiente como para prodigar felicidad a las familias tanto de madres como de padres por igual. Sin embargo, la adecuada labor de criar niños es ardua y extensa en gran proporción. A veces extenuante y complicada, la crianza (más que el niño en sí) puede arrancar la esperanza del confundido corazón de un padre e imponer un alto costo a la propia fuerza emocional y psicológica.

Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) hizo referencia a una gran promesa para aquellos padres que sufren y se esfuerzan en su labor, dando así un alivio a la fe y a los corazones: “Si alguien tiene tres hijas y soporta con paciencia los inconvenientes que ellas le causan, Al-lah lo elevará a los más altos niveles del Paraíso”. Un hombre escuchó esto y preguntó: “¡Oh, Mensajero de Al-lah! ¿Irá al Paraíso aún si tiene dos hijas [y hace lo mismo]?”. “Incluso dos”, respondió. No le preguntaron en el caso de una (hija).

Sin duda, el amor y la esperanza se desbordan en un padre, como un regalo del Dador y Retenedor de la progenie, y Dispensador del castigo y la recompensa. En una interpretación de una aya de la sura At- ábun (el día del desengaño): {Sus bienes materiales y sus hijos son una tentación, pero Dios tiene junto a Él una recompensa grandiosa} [Corán 64:15].

  1. Los derechos del niño en el vientre materno

Los derechos de los niños se mantienen a través de su vida, pero inician en lo que algunos eruditos han denominado como “la segunda vida” (Las vidas del hombre de Abdul-lah Al Adad) o lo que es la vida en el vientre materno, siendo la primera vida “el convenio de fe” en una existencia preterrenal, cuando Al-lah sacó a toda la humanidad de entre las espaldas de los Hijos de Adán para que juraran la creencia en Su Soberanía única y absoluta sobre nosotros [Corán 7: 172]. Aquí subrayaremos estos 10 derechos del niño en el vientre, y dejaremos para futuros escritos la exposición de los derechos posteriores a esta etapa, in sha Al-lah.

  1. El derecho a elegirle una buena madre

El primer y más importante derecho de un niño es que su padre haga una sabia selección de su madre. Solo Al-lah sabe si una pareja tendrá hijos. Pero independientemente de eso, un potencial padre está en la obligación de escoger una esposa piadosa (una mujer fuerte en su religión y sincera en su devoción a Al-lah) puesto que será la potencial madre de sus hijos. Ya que si Al-lah ha decretado hijos para ellos, será ella quien lleve dentro al niño y, durante este importante periodo y en las etapas cruciales de formación después del nacimiento, será ella quien esté en primer lugar para dar fuerza y moldear la personalidad y el desarrollo del niño. Si ella no es una mujer firme en su religión, o si es deficiente en cuanto a su tarbiya con el niño −esto es en su educación religiosa y de modales−, entonces esto influenciará negativamente el espíritu del niño y su buena disposición, lo que puede tener efectos devastadores e incluso irreversibles.

El Profeta orientó a los musulmanes en un famoso hadiz sobre el matrimonio: “Una mujer es desposada por cuatro razones: su dinero, su linaje, su belleza o su religión. Escoge a la religiosa, no sea que tu mano quede en el polvo”; o: “… Escoge a la religiosa, y tus manos serán frotadas con polvo”. Hay dos interpretaciones distintas sobre esta última frase usada por el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). La primera –“…no sea que tu mano quede en el polvo”− ve esto como una advertencia, asociando el polvo con la destrucción. La segunda –“… y tus manos será frotadas con polvo” − es una expresión idiomática que significa “y puede que prosperes”. Para quienes consideran que esto no es una frase a modo de súplica por parte del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se puede entonces interpretar como “… y has espolvoreado tus manos con bendiciones” (Bujari y Muslim).

Este hadiz connota una jerarquía de las razones por las cuales los hombres tienden a desposar a las mujeres, siendo la cualidad religiosa la inspiración menos frecuente entre los hombres casaderos. El respaldo categórico del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) para elegir a las mujeres religiosas es, en consecuencia, una fuerte recomendación para que los hombres musulmanes rompan con las tendencias preexistentes y eleven criterio matrimonial como su prioridad inicial. Puesto que es la orden de Al-lah que pasemos nuestras vidas en compañía de los creyentes piadosos y que nos abstengamos tanto como sea posible hasta de miradas deseosas sobre este mundo cargado de glamor y encantos. Y no hay una compañía más frecuente que la de la propia esposa.

Notemos que el Corán exhorta al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y por extensión a todos los musulmanes: {Reúnete con quienes invocan a su Señor por la mañana y por la tarde anhelando Su rostro. No te apartes de ellos buscando el encanto de la vida mundanal. No obedezcas a aquel cuyo corazón se ha olvidado de recordarme, sigue sus pasiones y actúa con negligencia} [Corán 18:28].

  1. El derecho a elegirle un buen padre

En el hadiz anterior, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) subrayó la religión como la principal cualidad a ser buscada en una mujer para escogerla en matrimonio. Otro reporte en Tirmidhi (1084, clasificado como ahsan [correcto] por Al Albani) enfatiza igualmente la característica de la religiosidad en los hombres como esposos, pero añade a esto la consideración más amplia de la cualidad del buen carácter.

“Y si viniese a ti (alguien pidiendo) en matrimonio (a tu hija), alguien con cuyo compromiso religioso y carácter estás complacido, entonces desposa (a tu hija) con él; puesto que, si no haces esto, habrá fitna (tribulación) sobre la tierra y se esparcirá la corrupción” (Sahih At-Tirmidhi, 866).

Esto demuestra que, en cuanto al padre, lo más importante es su piedad en la religión. Pero los tutores de una mujer son instados a discernir la rectitud, honestidad, disposición y buenos modales del pretendiente, incluso cuando se refieren a sus asuntos personales y sociales. El esposo es básicamente la autoridad decisiva en la familia y con los niños. Él es el pastor del rebaño familiar y el responsable de su provisión. Al-lah declara: {… Su padre había sido un hombre piadoso, y tu Señor quiso que cuando alcanzaran la madurez encontraran el tesoro, como una misericordia de tu Señor…} [Corán 18:82].

Esto demuestra que un padre piadoso beneficia a sus hijos. Además, los frutos de ese árbol de piedad continúan floreciendo, incluso mucho después de su muerte.

  1. El derecho a estar protegido de Satanás desde antes de la concepción

En repetidas ocasiones, el Corán nos advierte que Satanás es el enemigo declarado del hombre. Este empieza su ataque a los humanos desde el primer momento, en el acto de concebir un nuevo ser humano. Viene al padre y a la madre en el momento de la intimidad y los distrae de invocar a Al-lah. Si obtiene el éxito, Satanás inculca el engaño en la vida del nuevo ser.

Por esto el Profeta nos enseñó una súplica a ser pronunciada cuando nos involucramos en relaciones maritales a manera de proteger a cualquier niño que pudiere resultar de estas. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Si alguno de vosotros ha ido con su esposa (en la intimidad) y ha dicho: ‘Bismil-lah. Al-lahuma! yannibna ash-Shaitan.Wa yannib ash-Shaitan ma razaqna’ (en el nombre de Al-lah. ¡Oh, Al-lah! Apártanos de Satanás, y aparta a Satanás de lo que nos otorgues), entonces satanás no perturbará a ningún niño destinado a venir de ellos [de este acoplamiento]”.

  1. El derecho a ser deseado y querido por los padres

Hemos visto que Al-lah ha establecido en el Corán que los hijos están entre los más grandes tesoros y bendiciones de este mundo (Corán 18:46). Además, desear y tener hijos es la Sunna de los profetas y mensajeros de Al-lah. Por largo tiempo sin herederos, el Profeta Zacarías rogó a Su Señor con profunda sinceridad, diciendo: {¡Oh, Señor mío! No me dejes solo [sin hijos]. Tú eres Quien concede descendencia} [Corán 21:89]. La historia de su súplica y la anunciación de la venida de Yahia (Juan) como un hijo Profeta, está también relatada en la sura Al Imrán [3:38-41] y en cierto grado en la sura Mariam [19:2-15]. El Corán nos da este y otros ejemplos de los piadosos creyentes buscando una descendencia íntegra y creyente a través de la súplica y la oración. Incluso aquellos a quienes Al-lah prueba impidiéndoles tener hijos, siguen esta gran Sunna de comprometerse con Al-lah en súplica sincera pidiendo por la bendición divina de hijos piadosos.

Así, si deseamos seguir los pasos de los profetas, debemos hacer las mismas súplicas que ellos hicieron y creer con Iman (fe) firme que solo Al-lah es Quien da y toma, y Él solo tiene el poder de garantizarnos una descendencia piadosa. La súplica presente en la sura Al Furqán (el criterio) resume tan ardiente y salubre deseo; dice: {¡Oh, Señor nuestro! Agrácianos con cónyuges y descendientes que sean un motivo de alegría y tranquilidad para nosotros, y haz que seamos un ejemplo para los que tienen temor [de Dios]”} [Corán 25:74].

  1. El derecho a padres sinceros en su intención de criarlo por Al-lah

Ciertamente, los actos valen por su intención, dijo el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él). Tan significativo es este principio en el Islam que Imam Al Bujari lo registró como el primer hadiz reportado en su compilación Sahih, puesto que significa que una acción es recompensada, válida, sopesada y tendrá consecuencias en lo sucesivo según la intención que la acompañe. Así, tener hijos está destinado a ser algo con la mejor intención y buscando únicamente la complacencia de Al-lah.

Además, debemos criarlos para que sean responsables y firmes en su relación con Al-lah, su Creador, y a ser respetuosos y obedientes hacia sus padres, quienes los criaron y fueron compasivos con ellos cuando eran pequeños.

Por otra parte, Al-lah no desea que nuestros hijos se conviertan para nosotros, ni para sus familias ni para nadie, en motivo de orgullo o arrogancia. Tampoco es para que los hijos tomen ventaja de esto. Al-lah nos los da y toma en Su tiempo predeterminado. Por tanto, solo a Él pertenecen y solo a Él retornarán.

  1. El derecho a la vida

El Islam prohíbe rotundamente tomar la vida de los niños. Al-lah dice en la Sura Al Isrá: {No maten a sus hijos por temor a la pobreza11. Yo los sustento a ellos y a ustedes. Matarlos es un pecado gravísimo} [Corán17: 31].

Cuando llega el momento de tener hijos, no se debe temer a la pobreza, pues Al-lah es el Proveedor. Esto incluye el aborto voluntario, que sea por temor a la pobreza o por desagrado frente a la carga que suponen los hijos. Una vida es una vida, ya sea en el vientre o tras el nacimiento.

El Islam autoriza la protección del niño y de la madre de cualquier dificultad excesiva, incluidos los actos de adoración que pudiesen resultar arduos, eximiéndolas del ayuno durante el embarazo y la lactancia. Además, la adecuada nutrición y el evitar exponerse a cualquier perjuicio durante el embarazo, son derechos de las madres en doble proporción, puesto que esto afecta la salud no solo del feto, sino también de la madre.

  1. El derecho a la protección y al medicamento

Una extensión del derecho a la vida, el derecho a la protección y al medicamento, obliga a la madre a no exponer a su hijo a daños ni perjuicios. El niño no nato es una confianza que Al-lah pone en nosotros (Amána). Entonces cualquier comportamiento que ponga en riesgo al niño o a la madre –ya sea por algo que se haga o que se deje de hacer– la madre es responsable de ello frente a Al-lah, y será llamada a rendir cuantas por ello en el Más Allá.

El Islam se diferencian de muchas otras religiones por su enseñanza profética sobre la búsqueda curas para los males, lo que no es falta de fe en Al-lah, sino más bien un reconocimiento de la disposición de raciocinio y capacidad de acción con las cuales Al-lah dotó al hombre. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Hay una cura para cada enfermedad, y cuando la cura es aplicada sobre le enfermedad, esta se cura con el permiso de Al-lah” (Bujari 5466). Dijo también: “Aquel que ha enviado la enfermedad ha enviado también la cura” (Al Muwatta). Esto nos sirve como guía general para medicar y proporcionar remedio tanto a jóvenes como ancianos por igual.

  1. El derecho a la provisión

El término Nafaqa (proveer a esposa e hijos) está entre las principales responsabilidades del esposo. Esto incluye comida, bebida, vestimenta, techo y medicina. En una bella declaración, el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), dijo: “Cuando gastan sinceramente de su riqueza (es decir, de la provisión para sus familias) en la causa de Al-lah, son recompensados por ello. Incluso por el bocado que ponen en la boca de sus esposas”.

  1. El derecho al linaje

Es el derecho del niño llevar el apellido de su padre a modo de crear un lazo entre padre e hijo. Es un pecado desconectar al niño, o no dejarle saber sobre su paternidad biológica, sin importar las circunstancias, incluso si el niño es huérfano o adoptado por otro.

Es, en consecuencia, un derecho de nacimiento de los hijos el llevar el apellido de su padre, pues este es el nombre por el cual serán llamados en el Día del Juicio. Al-lah dice: {Llámenlos [a sus hijos adoptivos] por el apellido de sus padres verdaderos, porque eso es lo más justo ante Dios; pero si no conocen a sus padres, mejor digan que ellos son sus hermanos en la religión y sus protegidos. No será considerado un pecado si lo hubieran hecho por error, pero sí será un pecado en caso de que lo hicieran intencionadamente. Dios es Perdonador, Misericordioso} [Corán 33:5]

Esto es una amonestación en particular en cuanto a la falsificación del registro biológico en favor de la noción de adopción, del tipo que altera el registro de la paternidad del niño llamando al niño con el apellido de quien toma su custodia. El Islam no está en contra de que se tome bajo cuidado a los niños abandonados o a los huérfanos; sin embargo, está categóricamente en contra de la falsificación de la realidad biológica de la paternidad.

Del mismo modo, está estrictamente prohibido para un padre negarle la paternidad a su hijo o hija. La línea de sangre de una familia debe garantizarse con el objetivo de preservar el conocimiento individual y público de los antepasados, descendientes y relaciones familiares de cada quien. Por esta razón, el Islam prohíbe el tipo de adopción que falsifica el registro biológico (más no el cuidado a los huérfanos) y prohíbe también el adulterio como algo abominable (así como situaciones similares) que pueden presionar al individuo a ocultar la paternidad.

  1. El derecho a la herencia

Uno de los más grandes derechos y responsabilidades legados por Al-lah a la humanidad es el de la administración de la herencia. El Islam claramente preserva este derecho en la Shari’ah (Ley Divina). En resumen, Al-lah otorga una porción equitativa de herencia al niño de acuerdo a lo que ha prescrito, cuando dos requisitos apliquen: Primero, el niño debe nacer vivo del vientre de su madre. Segundo, el niño no nato debe haber sido concebido dentro del vientre materno con anterioridad a la muerte de la persona de quien heredará en el futuro.

De este modo Al-lah, como el Garante de sus derechos, da a los niños honor y protección incluso antes de su nacimiento. Entonces quien crea en Al-lah y el Último Día, entonces que tenga conciencia de asegurar los derechos de los niños, quienes no pueden hacerse valer ni defenderse por sí mismos, como tampoco son capaces de ver su propia y adecuada disposición.

Y ¡ay de quienes usurpan sus derechos a los niños o que presumen justificar con sus razones personales la privación de lo que Al-lah ha legado a estos pequeños!, que son parte de nuestras bendiciones, alegría, encantos de este mundo, y una prueba para nosotros.