Manteniendo el sentido del humor

A través de nuestro sentido del humor somos capaces de esparcir alegría, amor y afecto entre nuestros seres más cercanos, y crear una atmósfera calurosa, cooperativa y de confianza con aquellos con quienes tenemos un primer encuentro.

Estaba en proceso de adquirir carro nuevo y finalmente había encontrado uno que a la vez me gustaba y estaba dentro de mi presupuesto. Recogí el cheque en mi banco y entusiasmada llegué hasta el proveedor para concluir la compra. Con ciertas preguntas de último momento antes de firmar los papeles de propiedad, me condujeron a una oficina en la parte trasera del edificio para hablar con uno de los vendedores que me habían atendido en la compra.

Al llegar a su oficina, vi que estaba ocupado con una colega, una mujer. Me pidió que entrara y mientras intentaba responder mis preguntas, vi que su colega me miraba, a mí y a mi hiyab, llena de curiosidad desde todos los ángulos. En cierto punto de nuestra conversación, el vendedor tuvo que ir a buscar al administrador, dejándome a solas con su colega. En vez de quedarme allí parada entre un silencio embarazoso, procedí a entablar una amistosa conversación. En el poco tiempo que compartimos hablando juntas, nos reímos y realmente disfrutamos la compañía una de la otra. Parecía tan sorprendida y de repente tan tranquila por la fluidez de nuestra conversación, que antes de salir de la oficina, incluso hizo un cumplido sobre mi pañoleta. La sentí incómoda justo después de pronunciarse al respecto, pero me reí y le agradecí calurosamente. Tanto ella como yo aprendimos una valiosa lección ese día.

Ese momento me abrió los ojos frente al poder real que es tener un buen sentido del humor, y ser amable y de fácil trato con los demás.

La risa es una especie de “lubricante social”, rompe las barreras de la comunicación. Cuando tenemos el corazón ligero y somos fáciles de abordar, nos hacemos más cercanos y asequibles a los otros. Incluso nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, era conocido por exhibir un excelente sentido del humor. Solía con frecuencia bromear junto con sus Compañeros. Aun así, sus bromas nunca estuvieron fuera de la verdad. Se dice que sus Compañeros le decían: “Bromeas con nosotros”. Y su respuesta era: “Pero nunca digo nada excepto la verdad” (Bujari).

¿A dónde se fue la risa?

Ha sido reportado que el alumno promedio en edad preescolar ríe unas 300 veces al día, mientras que los adultos promedio sólo ríen unas 17 veces al día. ¿Qué causa un cambio tan drástico? ¿Nos tomamos la vida demasiado en serio? ¿Dejamos de reír porque nos hacemos viejos, o nos hacemos viejos porque dejamos de reír?

Nuestro sentido del humor es como vemos y afrontamos la vida. Podemos ser sinceros con la vida sin tomarnos todo tan en serio. El humor nos provee de un muy necesario amortiguador contra los duros golpes de la vida. Lo podemos usar para reírnos de nuestros errores y tristezas. Adoptando una perspectiva de trato fácil y tolerancia en la vida y aprendiendo a reírnos de nosotros mismos, podemos abiertamente revelar nuestra humanidad y nuestras flaquezas. Los demás pueden relacionarse con nosotros e identificarse con nosotros. Tener la capacidad de reírnos durante los momentos difíciles puede por lo general ayudar a disipar algo de del sentimiento de incomodidad, haciendo las cosas un poco más llevaderas.

¿Consolador o despectivo?

Es posible que algunos de nosotros tengamos recuerdos no tan gratos de distintos tipos de humor. Muchos, en algún punto de nuestras vidas, hemos encontrado a alguien del tipo despectivo que utilizan el humor y la risa para humillar e invalidar a los demás. Estos individuos, por lo general, han experimentado un dolor muy hondo y secreto. El humor es poderoso. Tenemos una tremenda responsabilidad con quienes nos involucramos al bromear y al hacer chistes. Si la persona no es honesta, sincera y verídica en su humor, puede terminar voluntaria o involuntariamente hiriendo a quienes están a su alrededor. El humor puede herir y curar, acusar y perdonar, promover o destruir, todo radica en la intención detrás de quien lo usa. Nuestro uso bienintencionado del humor y de las bromas nunca debe caer al nivel de ser degradante, de mal gusto o sucio.  Nuestra capacidad de hacer sentir a otros alegres es en cierto grado un deber en el Islam. La recompensa para aquellos que se esfuerzan por dar felicidad y alegría a aquellos con los cuales la persona se encuentra, con frecuencia está documentada: “Quienquiera que se encuentre con su hermano musulmán y lo haga feliz por algo que agrada a Al-lah, Al-lah lo hará feliz en el Día de la Resurrección” (Tabarani).

Cuanto más nos acercamos…

Aunque debemos respetar ciertos límites establecidos en nuestras relaciones personales de modo que estas funcionen correctamente, tener un alegre sentido del humor y una naturaleza de trato fácil puede ayudar a fortalecer estas relaciones y a establecer un vínculo más sólido. El estado de ánimo después de ciertos intercambios puede dejar a una pareja sintiéndose a millas de distancia el uno del otro. Quizá una pareja comparta un tonto mundo secreto, una frase o una acción que indican el deseo de dejar atrás el punto de conflicto. El humor sirve como un rompehielos que permite restablecer la cercanía sin tener que recaer en un tópico delicado.

En la paternidad hay una responsabilidad que implica el uso de cuidados, estructuras y disciplina en la crianza de los niños. Un poco de humor añadido a nuestra rutina paternal de vez en cuando, puede hacer maravillas para hacernos queridos para nuestros hijos. Reírnos con nuestros hijos periódicamente, cuando es apropiado, muestra cuán cercanos podemos ser. No somos solo sermones y castigos severos. Es importante que los niños se sientan libres de acercarse a sus padres con sus ideas y argumentos.

Como seguidores del Islam, nos está permitido tener un corazón alegre y mostrar un buen sentido del humor. Al hacer esto, tenemos que tener en cuenta el empleo de un trato amable y gentil cuando nos dirigimos a los demás. Estos atributos nos permiten hacer que quienes están a nuestro alrededor se sientan cómodos, generando un efecto positivo en ellos. Si nuestras acciones complacen a Al-lah, entonces Él abrirá el corazón de las personas hacia nosotros de modo que podamos ser genuinamente acogidos por aquellos con quienes tenemos contacto en nuestro cotidiano vivir.