Modestia por dentro y por fuera: Cubrir el cuerpo, proteger el corazón

Algunas mujeres solo cubren su cabello, otras sus rostros también. Algunos hombres están cubiertos de pies a cabeza entre sus zowbs (traje largo para hombre), mientras que otros prefieren trajes occidentalizados. Cualquiera que sea el atuendo, la modestia es el código de vestimenta para todos los musulmanes creyentes, hombres y mujeres. Esto no es una nueva información. Cualquiera que lea el Corán o estudie la Sunna puede confirmar que Al-lah prescribe claramente que Sus seguidores deben acogerse a un tipo específico, más no complicado, de código de vestimenta. Lo que significa que un musulmán debe representarse a sí mismo y a su Ummah de una manera agradable.

Disfrutar de las bondades de Al-lah

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, consideraba la buena apariencia y el vestirse bien como un signo de adoración al demostrar las bendiciones de Al-lah. Dijo: “Al-lah ama ver los signos de Sus favores en Su siervo” (Tirmidhi).

Explicando este hadiz, el Imám At-Tirmidhi dijo que mientras estuviera dentro de los límites de la moderación, un hombre o una mujer creyentes pueden, y deben, vestirse con gusto y cuidar de su apariencia.

Es interesante notar que la recomendación de verse bien y cuidar de la propia apariencia aplica tanto en público (en los centros de estudio, en el trabajo, etc.) como en la privacidad de sus hogares. Una mujer que se mantiene en casa para cuidar de los niños y de su esposo es tan responsable de su apariencia como una mujer que deja su hogar cada mañana para ir a trabajar. Del mismo modo, un esposo que diariamente viste de traje y corbata para el trabajo es igualmente responsable por mantener una buena higiene y una apariencia atractiva para su esposa e hijos, amigos y familiares. De todos ellos se requiere que se presenten con la mejor luz posible, reflejando la belleza del Islam. Sin embargo, esta belleza no debe desplegarse de tal modo que se convierta en un atractivo innecesario, llamando una atención inapropiada.

La moderación promueve la modestia

La modestia no se limita al vestido, también incorpora requisitos como la limpieza del cuerpo, de las uñas, del pelo y de los dientes. Sin embargo, la importancia dada a esto no debe sobrepasar los límites islámicos, puesto que eso conlleva al orgullo y a ser presumido. Uno debe verse bien sin ser extravagante, pues Al-lah ha permitido a Sus siervos disfrutar de las cosas bellas y promueve que adoptemos dichas cosas.

Nuestros esfuerzos por embellecernos, sin embargo, no deben limitarse solo a nuestro cuerpo físico. ¿De qué sirven unos bellos atuendos y un cuerpo limpio si el corazón está sucio y ennegrecido? A veces nos esforzamos mucho por nuestra apariencia y nos olvidamos de revisar nuestros pensamientos, ideas y opiniones. ¿Es nuestra actitud humilde y nuestro comportamiento moderado? ¿Tenemos nuestros corazones limpios y puros? Esta transparencia de mente y de corazón se traduce en modestia.

Modestia del corazón

Un corazón modesto es aquel que es sincero y humilde, uno que no se permite presumir y pavonearse. Hay una diferencia entre disfrutar de bellos atuendos y accesorios y hacer hincapié en ellos. Lucir un nuevo atuendo de diseñador para la aprobación de los demás obviamente no es modesto, mientras que llevar el mismo nuevo atuendo después de dar las gracias a Al-lah es modesto. Un musulmán que entiende que cada acción es para el agrado de Al-lah, también entiende que hacer lo contrario anulará las buenas acciones y cancelará la recompensa. Un corazón modesto se abstendrá de buscar la fama y la reputación y solo buscará la recompensa de Al-lah. Este tipo de corazón modesto tiene intenciones puras y monitorea las palabras y los hechos para confirmar que sean sinceros y modestos, en afinidad con la modestia que representa el corazón de dicha persona.

Asegurarse de que las palabras y los actos sean modestos no es siempre fácil. Ciertamente, hay actos que contienen con facilidad la modestia en sí, como el salah o el ayuno, y que son actos rituales que muchos realizan, no por reputación, sino por la causa de Al-lah. Sin embargo, otros actos son más tentadores y pueden llevar a la presunción. Por ejemplo, dar caridad es en ocasiones una acción que puede hacer recaer al donante en la presunción. Algunas personas pueden disfrutar el efecto que tiene en su reputación el dar amplias sumas de dinero. Estas personas están destinadas a una gran pérdida. El Islam prescribe la generosidad y el dar caridad, pero no a expensas de un orgullo pecaminoso. De hecho, el Corán claramente amonesta contra esto: {¡Oh, creyentes! No malogren sus caridades haciendo alarde de ellas u ofendiendo, como aquel que contribuye para que la gente lo vea, pero [en realidad] no cree en Dios ni en el Día del Juicio Final. Su ejemplo es como el de una roca cubierta de tierra, a la cual le cae un aguacero que la deja al descubierto. Esas personas no obtendrán recompensa alguna por sus [buenas] obras, porque Dios no guía a la gente que se niega a reconocer la verdad} [Corán 2:264].

Parte del problema de realizar actos para la aprobación de los demás en vez de hacerlo por agradar a Al-lah, es que a veces la gente se siente preocupada por cómo sus actos son comparados con los de los demás. Las personas se sienten obligadas a hacer lo que los demás hacen. Esto puede convertirse en un gran impedimento para la sinceridad en las obras y acciones. Dar una importancia innecesaria a las demás personas en todos los aspectos, ciertamente no arroja nada bueno.

Además de evitar tener miradas vigilantes sobre lo que los demás hacen, debemos también evitar tener miradas inspectoras sobre las personas del sexo opuesto. Restringirse de admirar inapropiadamente la belleza del sexo opuesto requiere modestia en el corazón. Un hombre con un corazón modesto siente vergüenza de andar mirando descaradamente las cualidades físicas de una mujer; y una mujer con un corazón modesto siente vergüenza de andar mirando a un hombre atractivo. Bajar la mirada conlleva otro atributo propio de un corazón modesto, la timidez (haya´). La timidez en el concepto islámico se caracteriza como un rasgo que impide que la persona sea orgullosa o arrogante. Aunque por naturaleza se espera que las mujeres tengan cierta timidez, el Profeta era el mejor ejemplo de timidez, lo que indica que toda la humanidad puede adquirir dicha cualidad. Abu Said Al Judri narró: “El Mensajero de Al-lah era más tímido que una virgen oculta en su propia habitación. Si veía algo que le desagradaba, solo nos percatábamos de ello por su expresión facial” (Bujari y Muslim).

Este grado de haya´ solo se puede alcanzar si se tiene un corazón puro y modesto, un corazón que evita y rehúye cosas que no están de acuerdo con las enseñanzas del Islam.

Ahora, ya debe parecer obvio que la modestia no es simplemente un asunto de vestidos. De hecho, la modestia del corazón y la del cuerpo se complementan una con la otra. Puede que la una no necesite de la otra; y en ciertos casos, es posible que la gente practique una antes que la otra o una más que la otra. Pero en todo caso, debemos recordar que ambas son necesarias para que seamos completa y totalmente modestos, por fuera y por dentro.