Cazando el amor

Se encuentra en el corazón de los hombres el amor por aquello que anhelan y les brinda placer: las mujeres… [Corán 3:14].

También funciona viceversa.

De joven, solía rechazar las historias que tenían un final romántico. Sí, Cenicienta, Blanca Nieves, La Sirenita, todas eran muy dulzonas para mí. Me atraían más las historias de terror y de misterio, me mantenían alerta y con paso de lobo.

Al crecer, cada novela y película, independientemente del género, parecía casi siempre tener un sub trama involucrando a dos individuos que se enamoraban. Parecía importar menos, siempre y cuando el desarrollo de la historia fuera cautivante. Ahora creo que fue ahí donde me equivoqué.

No, no se confundan, esto no es una confesión como tal. Todo lo que quiero decir es que sin duda siento que sé más sobre el romance de lo que debería. Que lo que vi y leí es algo que no debí ni ver ni leer. Y lo peor es que no estoy sola en esto. Vivimos en una cultura que promueve la educación sexual hasta un punto que la inocencia ya no está ahí, ha desparecido. Es en este abismo inmoral sin fondo donde nos estamos hundiendo y no hay ningún obstáculo entre él y nosotros.

El otro día, me fui de juerga a ver unos dibujos animados, pues pensé que quizá era lo más sano en cartelera. Todos los demás dibujos que había visto tenían un héroe con una chica, ¡aunque el héroe fuera un animal! Los niños ven eso. Lo absorben. No les damos la suficiente importancia, pero, ¡oh, qué inteligentes son! Es con el tiempo que nos percatamos de ello. Y en hora buena nos hicimos más inteligentes.

Estos niños crecen y se hacen adolescentes, criados con ese mensaje de que el amor no es del todo malo. Y, si le sumamos esa educación de “conciencia” sexual que reciben en el colegio, se puede bastante bien calcular el total de la ecuación de lo que le está ocurriendo a nuestra juventud hoy en día.

Esto no es una exageración, como muchos padres pueden estar pensando ahora mismo. No es raro encontrar, en sociedades musulmanas, chicos y chicas parados al frente de la mezquita o en encuentros islámicos con el único propósito de coquetear con el sexo opuesto.

Y en países musulmanes, donde hacer esto en público sería considerado como un tabú, solo hay que visitar algunas redes de chats y las sucias charlas que allí tienen lugar para convencerse de mi valoración.

Papás, yo fui adolescente, sé de lo que hablo. Sus hijos ya no son esos ingeniosos bebés tan de ustedes. En esos mismos cuerpos y bajo esas caras de inocencia, hay un alma, y una mente que ustedes podrían desconocer si miran bien adentro.

Están cambiando, no solo físicamente sino mentalmente también. El problema es que mientras los cambios físicos pueden o no requerir tanto de su atención, la imagen mental que tienen del mundo en general, y especialmente del amor, puede estar necesitando por lo menos algo de intervención.

Claro, no estoy sugiriendo que espíen a espaldas de sus adolescentes, hurgando entre sus cajones a la búsqueda de pruebas incriminadoras, ni que les dé un ataque de pánico porque su hija está actuando un poco sospechosamente esta noche. Es simplemente mantener el canal abierto, darles algo de espacio y asegurarse de que sepan que tienen libre acogida para preguntarles cualquier cosa sobre la que se sientan confundidos.

Sin embargo, si notan que van en la dirección equivocada, algo de confrontación será necesario. Dicho esto, es importante no llegar a la violencia. Sean severos, pero amorosos, disciplinados pero abiertos. No hay que gritarles ni culparlos de primera mano.

Razonen con ellos y demuéstrenles que ustedes creen que ellos son lo suficientemente maduros para poder hablar juntos, háganles conocer los límites y el porqué de esos límites. Estudien el Corán con ellos, platiquen sobre hadices relativos al tema entre ustedes. Compartan ejemplos sobre la vida de los compañeros del Profeta. Y sobre todo, recuérdenles que, aún si ustedes, sus padres, no están alrededor, Al-lah es Quien todo lo ve, Quien ve todo lo que hacen.

Y este es otro consejo clave desde el otro lado de la brecha generacional: quizá el peor castigo para un adolescente perdido es que sus padres le digan que confían en él, cuando él sabe que los está traicionando y que está haciendo algo mal. El sentimiento que mayor malestar siente una chica es cuando su madre y su padre le dicen que están orgullosos de ella, cuando ella está totalmente consciente de sus pecados, día tras día. Papás, esta es una de sus mejores armas. Úsenla con sinceridad, apunten con tino.

Y una nota a aquellos jóvenes que están leyendo esto (sí, sé que están hirviendo). Contrariamente a lo que están pensando, no soy una de esas farisaicas snobs. Nunca dije que no me hubiera equivocado o que Satanás nunca me sacó del camino recto. Quiero ser clara: ¿quién no ha soñado con el hombre perfecto, ese muy personal príncipe encantador? ¿Quién no ha soñado con un chico fuerte, bondadoso, popular, rico, religioso y apuesto para una misma?

Pero a partir del momento en que intentamos llevar la fantasía más allá, tratando de convertirla en realidad, creyendo que de verdad hay un hombre impecable allí fuera, o comenzamos a chatear con extraños esperando encontrar el amor de nuestras vidas o saliendo a citas para acercarnos a un tipo al que llamamos novio, es ahí cuando debemos comprender que no estamos sino corriendo detrás de quimeras.

No podemos encontrar la felicidad y el amor cometiendo errores ni a través de lo que está mal. Y si hay algo que he aprendido en todos estos años es que, cada vez que he hecho algo mal, lo he sentido. Y sé que tú también. Allí, bien en el fondo de mi corazón, cuando ya creía que eso había muerto hacía tiempo, reaparece ese molesto sentimiento, algo tirante, como si me dijera que todo lo que necesito es decir a Al-lah que lo siento y rogarle que me perdone. Porque sé que, si me perdona y deja pasar ese asunto, no hay nada mejor para mí en todo el universo, ni un chico ni una cita ni un aniversario, y ciertamente no “el amor”.

El amor es una cosa complicada, delirante y salvaje. ¿Quién no lo desea? El Islam no nos dice que odiemos el amor, solo que nos aseguremos de llevarlo a cabo de la manera correcta a través del matrimonio; en este se encuentra el amor y la satisfacción en un grado que de otro modo jamás podrás experimentar. Al fin de cuentas, un final de cuento de hadas no es realmente nuestro propósito en esta vida real, ¿verdad?

{Se encuentra en el corazón de las personas la inclinación por los placeres: las mujeres, los hijos, la acumulación de riquezas en oro y plata, los caballos de raza, los ganados y los campos de cultivo. Ese es el breve goce de esta vida, pero lo más hermoso se encuentra junto a Dios} [Corán 3:14].