Enseñando el amor por el Profeta en nuestras familias

El amor se aprende, no cabe duda de ello. Y del mismo modo en que el odio y el racismo se enseñan por actos y palabras a lo largo de la vida de un niño, el amor y la paciencia también se pueden enseñar.

En nuestras comunidades hay mucho amor por todas las cosas materiales de la vida, casas, carros, las mejores y últimas chucherías del mercado. Les enseñamos a nuestros hijos a anhelar esas cosas… pero lo que he notado por muchos años que realmente falta, es el amor por nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Es un amor que muchas veces se pierde en el vaivén del día a día, y un amor que tristemente carece tanto de convicción como de respeto.

Es un amor que es escasamente enseñado hoy en día, comparativamente con lo que solía ser y, hasta cierto punto, ha sido realmente dejado en descuido. Detengámonos un momento y pensemos en verdad: ¿Cuándo fue la última vez que sacamos tiempo para hablar con nuestros hijos sobre la hermosa vida del Profeta? ¿También nosotros mismos lo hemos olvidado? ¿O estamos igualmente necesitando aprender a amar a quien transmitió el mensaje del Islam?

Muchos de nosotros caemos en la última categoría. ¿Cómo podemos enseñarles a nuestros hijos a amar a alguien a quien no conocemos lo suficiente? No podemos. Pero esto no es un imposible para ninguno de nosotros, más bien es una oportunidad de oro para abrir nuestros corazones y mentes fortaleciendo nuestro imán al aprender más sobre esta maravillosa persona de la historia islámica, que contribuyó como nadie a cambiar el mundo.

Es tiempo de aprender sobre él (no solo a partir de una hora semanal en el viernes en la mezquita), de estudiar en profundidad y así poder comprender a cabalidad su vida, las adversidades que sufrió y la dimensión de su legado para nuestra Ummah.

Es tiempo para todos nosotros de aprender a amar

Para esto hay algunas guías con las que podemos, como padres, comenzar y aprender junto a nuestros hijos. Aprender juntos como familia también transmite un importante mensaje, puesto que algo que se aprende conjuntamente en el núcleo familiar se traduce en el entendimiento de los niños como algo importante y de gran valor.

Haz como te digo y haz como hago

Los niños imitan los gestos de sus padres a la velocidad del rayo. Si se les dice desde una temprana edad (o a cualquier edad) que la razón por la que hacemos tal o cual cosa, cualquier buena acción o conducta es porque esta era una costumbre del Profeta, el niño crecerá y lo recordará de por vida e, in sha Al-lah, también lo transmitirá a otros.

Organizar eventos familiares y actividades lúdicas

Organicen eventos familiares que giren alrededor de las enseñanzas y el legado del Profeta.

Hay muchas cosas que se pueden hacer que son tanto lúdicas como didácticas para toda la familia.

Montar a caballo, la arquería o la natación, pero también pequeñas actividades como jugar a las carreras, cargar a los niños en los hombros, etcétera, son acciones que recordarán a nuestros hijos al Profeta y su gran amor por los niños.

Sacar mayor provecho de las comidas  

Preparen una vez al mes una cena especial que tenga como plato principal la comida favorita del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él.

Hablen sobre los modales del Profeta mientras cenan y mencionen el gran significado de la Du’a que hizo para estos momentos.

Al lavarse después de cenar, hablen sobre la limpieza en el hogar y su importancia en nuestras vidas.

Apariencia del Profeta

Mientras transmitimos a nuestros hijos la importancia de la belleza tanto externa como interna en su carácter, podemos introducirlos a algunos hadices sobre el Profeta que describen elocuentemente su apariencia:

El Profeta tenía el físico más atractivo. Algunos comparaban su bella sonrisa con la luna llena. Su nariz era aguileña. Su rostro era suave, su barba plena. Su cuello era el más bello, y si los rayos del sol le caían sobre su cuello, parecía una copa de plata mezclada con oro. El espacio entre sus hombros era amplio.

El Mensajero de Al-lah no era ni muy alto ni muy bajo. No era ni muy pálido ni muy oscuro. Su pelo no era ni muy ondulado ni muy liso. Al-lah le encomendó su misión a la edad de cuarenta años. No tenía más de veinte canas en su pelo y barba, que Al-lah lo bendiga y le dé la paz.

Caminar del mismo modo

Practiquen caminar como lo hacía el Profeta. ¡Hagan una competencia en el patio trasero de sus casas para ver quién puede hacerlo mejor!

“Al caminar, levantaba sus piernas con vigor, alineado, ligeramente inclinado hacia delante, y posaba sus pies suavemente sobre el piso. Caminaba a paso rápido y con pasos amplios. No hacía pequeños pasos. Cuando caminaba, parecía que descendiera a un lugar más bajo…” (Tirmidhi).

Hablar de forma similar

Aisha describió su forma de la hablar como sigue: “El modo de hablar del Profeta no era rápido y continuo como el vuestro. Hablaba claramente, palabra por palabra” (Tirmidhi).

Se narra que el Mensajero de Al-lah nunca se excedía en su diálogo y todo lo expresaba de manera concisa. En su hablar, no había defecto ni por exceso ni por brevedad. Las palabras emanaban una tras otra como perlas. Quienquiera que las escuchaba las recordaba. Era el de habla más dulce entre sus compañeros. Solía mantenerse el silencio por largos periodos y no hablar innecesariamente. No decía malas palabras, y lo que decía era justo y verdadero.

Sobre su carácter

El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, era una persona en extremo maravillosa y generosa, sin duda alguna, el mejor modelo para nosotros, para nuestros hijos y para toda la humanidad.

El Profeta siempre trataba a quienes estaban a su servicio con compasión y justicia. Fueran cuales fueran las vestiduras y el alimento que llevaba y que comía, los mismos les daba a ellos de vestir y de comer.

Era generoso, benefactor, compasivo, perdonador, valiente y de suaves modales. Siempre mantenía su palabra y era conocido como el digno de confianza incluso, por quienes se oponían a la divulgación del mensaje que llegó a través de él como una luz para la humanidad.

Localizándolo en el mapa

Otra idea es conseguir un mapa y hablarles a nuestros hijos sobre los lugares donde viajó el Profeta y los eventos que ocurrían en el área.

Localicen su propia zona y descubran juntos los terrenos similares sobre la Tierra, como desiertos y otras áreas similares a las visitadas por el Profeta y, de ser posible, visítenlas durante las vacaciones familiares. Hablen sobre cómo se debe haber sentido viajar en las circunstancias de aquellos tiempos, y sobre la valentía y fuerza de carácter que suponía emprender dichos viajes.

Acampen al aire libre y cuéntense historias sobre la vida del Profeta junto a la fogata.

Conclusión

Estas son solo algunas ideas para comenzar. Lo demás depende de ustedes, y las posibilidades para aprender sobre nuestro amado Profeta son infinitas.

Compartir este amor tan especial con la familia es una bendición en sí, puesto que esto fortalecerá tu imán y el de tus familiares, y sin duda acercará a quienes integran la familia.

¿Quieren saber que es lo más maravilloso que ocurre cuando uno se embarca en este viaje? Se los diré: descubrirán que entre más aprendan sobre el Profeta, más crecerá el amor que sienten por él, y ese amor nunca deja de existir.