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Aleya 6 de la sura Al Fátiha

La sura Al Fátiha[1] es el primer capítulo del Corán, también es llamada “la madre del libro”, “la que abre” o “sura de la apertura”. Es la sura que todo musulmán debe recitar en sus oraciones diarias, ya que hay un hadiz auténtico que dice: “La oración de quien no recite durante ella la primera sura del Corán, no será aceptada”.

Se recita una vez en cada raka[2], lo que resulta en que un creyente que practique su oración la recita mínimo 17 veces al día.

El capítulo (sura) completo tiene 25 palabras en árabe, y es muy importante conocer el significado de cada una de las palabras que se pronuncian en esta sura.

Este artículo se centra en el versículo 6:

اهدِنَا الصِّرَاطَ المُستَقِيمَ

{Guíanos por el sendero recto} [Corán 1:6]

Son tres palabras en árabe:

  • La primera es “Guíanos” (ihdina – اهدِنَا), que es de vital importancia: lo dice en primera persona del plural, es decir, a nosotros, ¿y quiénes somos nosotros? Todos los musulmanes del mundo, desde aquel que está retomando la saláh[3] luego de cometer algún pecado grave, hasta aquellos que son sabios en alguna rama de las ciencias islámica. Todos y cada uno decimos: “guíanos”.

Hay personas que creen que han llegado a un nivel excelente de su Islam, que han alcanzado algún tipo de cúspide islámica y que allí permanecerán, pero esto no es correcto. Esta palabra nos recuerda que aquel que guía es Al‑lah y nadie más. Puedes ser un sabio, un shaij, una lideresa musulmana, una científica, pero solo Al‑lah te mantiene en el camino correcto.

Cuando decimos “guíanos” no pedimos solo por los demás ni tampoco exponemos sus pecados: “guíala que está mal”, “guíalo al Islam correcto”, “guía al que está desviado”. No estamos pensando en otros como individuos, sino en una comunidad como un todo, cohesionados.

Además, se enfatiza que la guía es comunitaria y que no es asunto personal, se pide la guía para todos porque es una llamada colectiva, y a la vez un reconocimiento de que el Islam y su vivencia de manera correcta son sociales también. Se pide la guía por la familia, como base de la sociedad; por la comunidad, aun la que es lejana; por hermanos que no conocemos, lo que ayuda a aumentar nuestra empatía.

  • La segunda palabras es “Sendero (sirat – الصِّرَاطَ)”, que es un sustantivo que está adjetivado por la tercera palabra: “Correcto o recto (mustaquím – المُستَقِيمَ)”, así que están relacionados de manera indivisible.

Este “sendero recto” es la vía de salvación, el camino que nos lleva al Paraíso; además, un sendero que nos lleva a lograr los objetivos mundanales de manera correcta. Es un sendero que se empieza transitando en la dunia[4] y tiene como meta el Paraíso. Sin embargo, no es un camino pavimentado que está claramente marcado, es más un sendero en medio de una montaña.

Cualquiera que haya caminado por el monte, la selva, o hecho senderismo, sabe que tiene que mantener sus ojos todo el tiempo en el camino: un descuido y podrías salirte y terminar muy perdido en la espesura. Hay que caminar siempre pendiente de dónde pones tus pies, examinando hacia dónde vas, no puedes ir distraído, sino que tiene que ser un andar totalmente consciente.

Esta comparación no es para desanimarnos, sino que es una invitación a esforzarnos, a no tomar caminos facilistas, también para mantenernos en guardia, saber que solo Al‑lah nos guía y solo Él, Alabado sea, nos puede desviar.

Algunas personas se esfuerzan en la práctica del Islam, pero llegan a un punto en que creen estar a salvo, o que ya lo lograron, como si existiera una meta invisible que ya cruzaron. Recitar “Guíanos por el camino recto” nos recuerda que la guía es un proceso, y que dura toda la vida. Cuando se abandona la idea del proceso, de mejorar en la guía, se pasa al juicio, a ver a los demás como desviados, a juzgar la práctica religiosa de los otros.

Cuando suplicamos, al recitar Al Fátiha, por la guía correcta, estamos reconociendo el poderío de Dios, y Le pedimos que nos ayude a mejorar nuestra práctica religiosa. No hay que mecanizar esta aleya[5] tan importante, hay que sentirla cada vez que se dice, suplicarla con el alma, recitarla de manera consciente.

Guíanos por el camino recto es una súplica, una comunitaria, donde se deja de lado el ego, el yo individual, y el creyente se suma a la comunidad islámica mundial y suplica por cada uno de sus integrantes. Es uno de los antídotos contra el ego, ataca el mal tóxico del juzgamiento. Es una de las mejores súplicas que podemos hacer. ¡Y es obligatoria!

Gracias a Al‑lah por hacernos de los guiados.

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[1] Otra transliteración es Al Fatiha.

[2] Unidad de la oración islámica.

[3] Oración ritual islámica.

[4] El mundo material.

[5] Versículo del Corán.