Umm Salama, asesora del Jefe de Estado

Las mujeres en la política son un tema delicado, no solo entre musulmanes, también entre no musulmanes. El mundo occidental ha tenido solo un puñado de líderes políticos femeninos y sus gobiernos han incluido más mujeres en la política hace relativamente poco tiempo, con un sexismo que se mantiene en alza. En el mundo musulmán, siglos de cultura han perpetuado la idea de que las mujeres no encajan en la esfera pública, en particular la política. Y aunque hay países como Bangladesh y Pakistán que han tenido líderes mujeres, la participación de estas en la política se mantiene como una problemática actual.

La participación de las mujeres en la política ha tenido mala acogida entre muchos musulmanes, quienes se justifican con el siguiente hadiz: “Nunca un pueblo será exitoso… aquel que dio su liderazgo a una mujer” (Bujari).

Mientras que el significado que comúnmente se enseña de este hadiz es la prohibición de que las mujeres sean jefes de Estado, el Shaij Muhammad Akram Nadwi comparte otro entendimiento del mismo: “La historia completa es que el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) envió una carta de dawah al rey de Persia, Kisra (Cosroes/Khosro) quien destrozó la carta. Como respuesta, el Profeta hizo una duá para que este imperio fuera destrozado del mismo modo en que Cosroes destrozó la carta. Poco después, Ciro murió, y su hija fue elegida como gobernante. Cuando el Profeta oyó las nuevas, hizo la observación que es hoy tan conocida: ‘Nunca un pueblo será exitoso… aquel que dio su liderazgo a una mujer’ (Bujari).

Sin embargo, lo que no se tiene en consideración es que el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) estaba haciendo una observación de manera muy específica sobre la nación de Kisra, de que ellos (un pueblo que había hecho de una mujer su líder) nunca serían exitosos, no porque su líder fuera una mujer, sino porque el Profeta ya había hecho su duá para que este imperio fuera destruido en su totalidad”.

Al especificar “un pueblo… aquel que dio su liderazgo a una mujer” se refería sencillamente al pueblo de Kisra, el cual (aparentemente) era el único en su tiempo en tener una mujer como líder. Así, se debe entender que el hadiz de Abu Bakrah no es una declaración general para que se utilice en aras de prevenir que las mujeres tengan algún tipo de autoridad; sino, más bien, una pronunciación específica dirigida hacia un pueblo específico.

Poniendo a un lado el asunto de los jefes de Estado, aun así, el hecho es que cualquier participación de las mujeres en el área política es en la mayoría de los casos rechazada. Se considera como una cuasi transgresión  pasar los límites del espacio doméstico a la esfera pública. Esta actitud, empero, no existía en los tiempos del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él). De hecho, sus esposas, (las madres de los creyentes) estaban personalmente muy involucradas en su sociedad, no solo como generosas filántropas o como ejemplos espirituales, sino como individuos políticos conscientes.

Umm Salama es una de las Ummahát Al Mu’minín (madres de los creyentes) quien jugó un rol trascendental en la historia política del Islam. Conocida como narradora del hadiz y jurista, Umm Salama demostró su conocimiento, inteligencia y sabiduría en muchas ocasiones, pero más notablemente durante los tiempos en los que el tratado de Hudaibia fue firmado entre el Profeta y la gente de Quraish.

Es esencial conocer el contexto de lo que ocurría al momento de este tratado: Era el sexto año de la Hiyra, después de que las principales batallas contra los Quraish ya se habían librado. Los musulmanes eran ahora una fuerza poderosa en Medina, aunque Meca no había sido conquistada aún. Después de las batallas de Badr, Uhud, Jandaq y Ahzab, los musulmanes estaban en una posición de poder y autoridad como nunca más desde entonces han experimentado… y, sin embargo, hasta ese entonces, ninguno había estado en condiciones de retornar a Meca para realizar el peregrinaje sagrado. Sus corazones, y el corazón del Profeta más que todos, añoraban retornar al santuario sagrado y presenciar de nuevo la Kaaba con sus propios ojos, y realizar el Hayy y la Umrah en completa devoción a Al-lah.

Una mañana, el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) despertó, y su rostro irradiaba felicidad. Había tenido un sueño: había visto a sus compañeros rasurándose sus cabezas, saliendo del estado de Ihrám (el estado de consagración). Los sueños de los Profetas son un tipo de revelación, y siempre se hacen realidad. Así, él y sus compañeros sabían que eso ciertamente ocurriría. Llenos de felicidad, cerca de mil Sahabas, hombres y mujeres, se reunieron junto con sus animales para el sacrificio, sin armas, de acuerdo a las leyes del Ihrám, y procedieron hacia la Meca, que era aún considerado, con todo, territorio enemigo.

Una caravana tan extensa como la de ellos era imposible de mantenerse en secreto o de no ser detectada, y tan pronto como los Quraish escucharon sobre las intenciones de esta, una unidad militar fue enviada para bloquear su ruta. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) notó su camino, buscando entrar por otra vía, y la congregación de musulmanes se encontró, entera, en los valles de Hudaibia. En ese momento, la camella en la que montaba el Profeta, Qaswa, se detuvo, se arrodilló y se negó a continuar. En vano, el Profeta y los Sahabas intentaron mover a la camella, pero fue en vano.

Fue entonces cuando el Profeta comprendió que había una razón muy superior detrás de esto, más allá de la fatiga de su montura. “Aquél que impidió que los elefantes entraran en Meca es el Mismo que ha impedido que Qaswa haga igual”, les informó.

Los mecanos, convencidos de que los musulmanes estaban listos para atacarlos, enviaron otra delegación al encuentro de los musulmanes, y Uzman Bin Afán fue enviado de vuelta para explicar la situación y negociar un arreglo entre las partes. En ese momento, se expandieron rumores de que se creía que Uzman había sido asesinado. Inmediatamente después, la ocasión trascendental de Baiat Ar-Ridwán tuvo lugar, el pacto de lealtad con el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él).

Umm Salama estaba entre ellos y, por lo tanto, fue una de aquellos a quienes les fue prometido el Paraíso, como lo indican las palabras del Profeta: “Ninguno de los que juró lealtad bajo el árbol entrará en el Infierno” (Musnad Ahmad [3/350] No. 14820; Sunan Abu Dawúd [2/624] No. 4653; Sunan At-Tirmidhi [5/695] No. 3860; At-Tirmidhi dijo: “Este hadiz es Sahih”).

Otros eventos ocurrieron, todos los cuales conllevaron a una creciente situación de tensión. Eventualmente, el Profeta y los líderes de Quraish empezaron a hablar y negociar los términos de la entrada de los musulmanes a Meca. Los Quraish hablaron con arrogancia: la primera condición era que los musulmanes entraran inmediatamente a Medina, sin haber ni siquiera puesto un pie en la Ciudad Sagrada; e incluso su retorno al año siguiente estaba limitado a solo tres días. Con estas palabras, los corazones de los musulmanes quedaron rotos. ¡Habían sacrificado tanto y habían pasado por tantas cosas para hacer realidad el sueño del Profeta, y para experimentar la profunda realización de hacer la Umrah! Aun así, el Profeta había aceptado esta condición, así como las otras estipuladas por los Quraish, y entonces el Tratado de Hudaibia fue firmado. Con el corazón en pena, pero sabiendo que esto era lo requerido, el Profeta ordenó a los sajabas sacrificar sus animales y afeitar sus cabezas.

Por primera vez desde su establecimiento en Medina, los musulmanes estaban en un estado de estrés devastador. Por primera vez en la historia, los verdaderos creyentes del Islam se encontraron a sí mismos en una posición en donde objetaban las acciones de su Mensajero. Y por primera vez, el Profeta se encontró a sí mismo en una situación donde los más amados por él, los primeros musulmanes y los más entregados al Islam, rechazaban seguir sus órdenes. Con el rostro enrojecido de rabia y de tristeza, el Profeta entró en la carpa de Umm Salama.

Totalmente al tanto de lo que había ocurrido, Umm Salama, con su mente brillante, supo inmediatamente cómo resolver el profundo y preocupante dilema. “Sacrifica tu animal y afeita tu cabeza” le dijo a su esposo, el Mensajero de Al-lah, “y notarás que te obedecerán”.

Estas pocas palabras, escasas pero profundas, fueron las que salvaron a la naciente nación musulmana de un inminente desastre. Umm Salama era una mujer bien informada de lo que acontecía entre los Sahabas y del estado de la Ummah. Entendía sus emociones y sabía de su devoción hacia su Mensajero.

Si hubiese sido una mujer que solo hubiera vivido pendiente de su propio hogar y se hubiera ocupado exclusivamente de sus asuntos hogareños, no habría sabido de todo esto, pero esta única frase es evidencia clara de que ella era una persona que interactuaba con su sociedad cotidianamente. Solo estando totalmente al día y actualizado con los asuntos sociales y políticos de la comunidad se logra tener una visión de por qué la gente actúa en determinada manera. Y no se puede esperar que alguien aporte una solución práctica y efectiva a tan complejos asuntos de Estado y de religión sin saber exactamente qué tipo de personas están involucradas en dichos asuntos.

Cuando el Profeta salió de su carpa en silencio, los compañeros observaron con creciente humildad y pena cómo él sacrificaba su hady y afeitaba su cabeza. Sobrecogidos al comprender la dimensión de su rebelión, y adoloridos en su fuero interno por haber ofendido a su Mensajero de manera tan severa, inmediatamente siguieron a su líder, comprobando además que las palabras de Umm Salama fueron realmente las de una mujer de Estado, brillante, una sabia consejera, y una esposa capaz de dar apoyo y asistir a su esposo de la manera que él más lo necesitaba. No como alguien para compartir su cama o cocinar su comida, sino como alguien en plena capacidad de proveer la más oportuna de las soluciones en los momentos más tensos y difíciles. En una situación tensa con implicaciones emocionales y políticas, la visión de Umm Salama fue lo que protegió a la Ummah musulmana en su totalidad de una guerra civil. Sin su inteligencia y asertividad política, una situación difícil se hubiera hecho aún peor. Y esto es en sí una clara evidencia de que la Ummah no puede crecer, ser saludable y sobreponerse a las más grandes tragedias, sin el compromiso activo, la participación y la educación de las mujeres musulmanas.

Desafortunadamente, en la mayoría de los recuentos de la Sirah y de las biografías de Umm Salama, a este momento histórico y crucial solo se le prestan unos instantes de atención. El rol de Umm Salama se ve típicamente enmarcado de manera decididamente doméstica: con frecuencia retratada entre líneas en el cuadro de un esposo cansado y acosado que al llegar del trabajo recibe la atención de su paciente, sabia y maternal esposa que lo escucha y le hace sugestiones a modo de apoyo, que sorpresivamente terminaron siendo efectivas. Es esta percepción de las mujeres como seres sin importancia política ni como figuras respetadas en este contexto lo que es problemático. Hagamos un alto por un momento y pensemos en esto un poco más, para entender qué tan poco reconocimiento reciben las mujeres por su participación.

Imaginemos que el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) hubiera escogido ir donde Abu Baker y le hubiera hablado sobre el asunto. Indudablemente, esto hubiera sido percibido como algún tipo de consejo político, un ejemplo de cómo Abu Baker desplegaba sus posiciones políticas y su perspectiva de los complejos asuntos de Estado. No es así, sin embargo, como se retrata a Umm Salama. Esto es una clara manifestación de cómo se utiliza el lenguaje para describir el rol, compromiso y participación de las mujeres. ¡Imaginemos que hubiéramos hablado de Umm Salama como de una analista política, como de una mujer profundamente actualizada con las corrientes de la opinión pública, capaz de dar una mirada objetiva a la situación y ver al Profeta no solo como a su esposo herido emocionalmente, sino como a un líder enfrentando un sensible caso estatal!

Su opinión no es la de una mujer invisible para su sociedad, sino que se trata del análisis de un individuo detalladamente consciente del estado político de la Ummah. Las palabras de Umm Salama no son el resultado del aislamiento, sino del compromiso y la participación. Detrás de aquel preciso momento se vislumbraba claramente un historial completo de su lugar dentro de su sociedad, no como una mujer relegada exclusivamente a la esfera doméstica, sino la de un miembro activo de la comunidad.

Tampoco fue Umm Salama una anomalía o una excepción. Hafsa Bint Omar, otra de las Ummahát Al Mu’minín, fue una influyente consejera política para su padre Omar Ibn Al Jatab cuando fue Califa. Umm Al Banín Bint Abdel Azíz, la hermana del famoso Omar Ibn Abdel Azíz, es conocida por un mordaz discurso que le infligió a uno de los más temidos personajes de su tiempo, Al Hayáy Ibn Yusuf. Nana Asmaú, la hija del famoso Don Fodio procedente de Nigeria, jugó un poderoso rol en el califato Sokoto de África. Pari Khan Khanum, una princesa persa, fue asesinada por su perspicacia y posición política como una de los principales personajes del Imperio Safavid.

Estas fueron todas grandiosas mujeres musulmanas que jugaron fuertes roles políticos dentro de la Ummah, no mujeres simplemente relegadas a estar a un lado de los hechos, murmurando modestas “sugerencias” a los oídos de sus esposos o padres, sino mujeres que fueron activas, participativas y comprometidas con sus sociedades, conscientes de las tensiones y matices políticos, y que no dudaron en alzar su voz. Estas mujeres estaban guiadas por un sentido de responsabilidad espiritual, sabiendo que Al-lah les había dado visión y que ellas también tenían la obligación de dar un aporte positivo, mejorando así sus sociedades.

Cuando reconozcamos que las mujeres musulmanas tienen un valioso rol para jugar en el campo político, y que la Ummah solo se beneficiaría de las contribuciones hechas por mujeres musulmanas tanto espiritual como socialmente conscientes, entonces veremos un cambio significativo de nuestro actual y deplorable estado. Tanto hombres como mujeres musulmanes tienen mucho que aprender de la historia de Umm Salama y de muchas otras mujeres que han impulsado con grandeza a nuestra Ummah, y es en el ejemplo de sus pasos que debemos buscar reconstruirnos nuevamente. Las heroínas olvidadas del pasado son la gente cuyo ejemplo inspirará e impulsará a los héroes y heroínas de las generaciones venideras.