Cómo pedirle a Al-lah durante Ramadán

{Y si Mis siervos te preguntan por Mí [¡oh, Muhammad!, diles] que estoy cerca de ellos. Respondo la súplica de quien Me invoca. [Entonces] que Me obedezcan y crean en Mí, que así se encaminarán} [Corán 2:186]

Nuestro IslamEncontrar nuestra sumisión personal

Ramadán es una época para cultivar una mayor consciencia de Al-lah y, posteriormente, cosechar la voluntad y el entusiasmo de nuestra parte para inclinarnos y confortarnos con la sunna de Al-lah, nuestro Creador, Aquel que nos formó como somos. El ayuno estacional de nuestra comunidad (saum), con la satisfacción de nuestras necesidades colectivas de alimentos y bebidas en el Mágrib (atardecer), el tiempo de romper el ayuno en comunidad (iftar), es seguido por noches de solidaridad social en las oraciones de tarawih, enfocadas en nuestra alabanza a Al-lah y nuestra súplica a Él, en un esfuerzo general que nos prepara para algo aún más profundo…

La introspección y meditación diurnas, que surgen de una nueva lectura de nuestro Libro Guía, prepara la consciencia y las funciones de autoevaluación, y preparan nuestra expectativa de reavivamiento y transformación personal. Con las puertas del Cielo abiertas, su ayuda ofrecida a nosotros ―y las fuerzas del mal, mantenidas a raya― durante este mes bendito, se nos pide ― de hecho, se nos exige claramente― ayunar: {En el mes de Ramadán fue revelado el Corán como guía para la humanidad y evidencia de la guía y el criterio. Quien presencie la llegada de [la Luna nueva de] el mes deberá ayunar… Dios desea facilitarles las cosas y no dificultárselas; alaben y agradezcan a Dios por haberlos guiado} [Corán 2:185].

No hay excusa ―excepto si existe el peligro inminente de daños, dificultades extremas o incapacidad― para retrasar esta práctica. Este es un momento de gran oportunidad para el desarrollo personal mediante el acceso y la aceptación de la ayuda de Al-lah, con el objetivo final de nuestra sumisión (Islam) a Su guía y, por lo tanto, el mayor éxito de nuestras vidas.

{Cuando llegue el socorro de Dios y la victoria…} [Corán 110:1]

Pero, ¿cómo podemos acceder completamente a la necesaria ayuda de Al-lah?

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Primero, por supuesto, debemos ser conscientes de qué se nos ofrece y cómo obtenerlo ―y bajo qué términos―:

  • {… Su Señor dice: “Invóquenme, que responderé [sus súplicas]”. Pero quienes por soberbia se nieguen a adorarme, ingresarán al Infierno humillados. Él es el Viviente, no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él; invóquenlo solamente a Él. Alabado sea Dios, Señor del universo. Diles [¡oh, Muhammad!]: “Me ha sido prohibido adorar a aquellos [ídolos] que invocan en lugar de Dios, me han llegado milagros evidentes de mi Señor y se me ordenó someterme al Señor del universo} [Corán 40:60, 65-66].
  • {Invoquen a su Señor con humildad en privado. Él no ama a los transgresores. No siembren corrupción en la Tierra después de que se haya establecido en ella el orden, e invóquenlo con temor y esperanza. La misericordia de Dios está cerca de los que hacen el bien} [Corán 7:55-56]

Segundo, esta ayuda debe ser verbalizada consciente y deliberadamente y solicitada a Al-lah, con nuestras manos extendidas en expectativa, listos a recibir lo que Él ya ha dispuesto para entregarnos en nuestros primeros momentos de preparación. Este acto debe ser más que un acto consciente de algo que sabemos que solo Al-lah puede brindarnos, incluso si no sabemos de dónde.

{Diles: “Mi Señor solo ordena la justicia, que se mantengan en adoración en las mezquitas, y que Lo invoquen solo a Él practicando sinceramente Su religión”. Así como los creó [por primera vez] los hará volver [a la vida]} [Corán 7:29]

Somos nosotros quienes debemos prepararnos para Sus dones, pero no sin Su ayuda, incluso cuando Le pedimos a Él. Podemos ser nosotros, solo nosotros, los que ponemos obstáculos en la vía de recibir Sus bendiciones. Si ni siquiera Le pedimos a Él, nuestro Señor, si ni siquiera reconocemos Su alabanza ni entramos en ese ritmo de alabanza constante, nos privamos de la cercanía con Al-lah, y probablemente nos anticipamos o perdemos la respuesta a nuestras súplicas.

{A Dios pertenecen los nombres más sublimes, invócalo a través de ellos, y apártate de quienes los niegan. Serán castigados por lo que hicieron} [Corán 7:180]

Tercero, las manos extendidas no deben retirarse de forma prematura, si consideramos que la recepción de ayuda no se inicia de inmediato. Tampoco debemos rendirnos, listos a concluir que Al-lah no puede o no quiere proveernos o, peor aún, asumir que Él es mezquino y no se preocupa por nuestras necesidades. A menudo, las cosas que Le pedimos a Al-lah ―que no podemos obtener de otro modo― no llegan a nuestra puerta por UPS ni en las alas de Gabriel.

Hablando de Gabriel, este Mensajero angelical de Al-lah ya nos ha entregado a todos nosotros, en viajes sucesivos, medidos y reunidos, un Libro Guía completo (el Noble Corán), y esta entrega del siglo VII fue hecha a un ser humano, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ―es decir, alguien completamente equipado para recibirlo, protegerlo y preservarlo con seguridad, para interpretar sus contenidos y modelarlo para nuestra Umma, la comunidad musulmana―, mucho mejor equipado que cualquiera de nosotros.

Entonces, es mejor descartar la posibilidad de una exhibición pública dramática del favor de Al-lah sobre nosotros, y conformarnos con un cambio drástico de nuestros corazones, el verdadero campo de batalla para someter nuestras voluntades a la guía de nuestro Mentor. El éxito de este cambio depende de un autoesfuerzo determinado, aunque no sin la ayuda de Al-lah para llevar a cabo el proceso.

Cuarto, saber que se pueden aprender lecciones con la persistencia y la paciencia.

{Busquen socorro en la paciencia y la oración. El cumplimiento de la oración es difícil, excepto para los que se someten humildemente [a Dios]; tienen certeza del encuentro con su Señor y saben que retornarán a Él} [Corán 2:45-46]

Si la súplica persistente no produce de inmediato el resultado imaginado, uno debe persistir entonces en buscar la respuesta en algo diferente a la forma prevista.

Quizás, después de reflexionar, uno llegue a notar que había pedido fama y fortuna, por ejemplo, pero recibió en su lugar trabajo duro en un empleo estable, aunque no glamoroso, con un pago suficiente pero modesto, y con ello el final de esas cuentas que uno no podía pagar, además de encontrarse en una posición de confianza y respeto de sus colegas, lo que produce autoestima. ¿Podría ser esa la respuesta de Al-lah a las necesidades por las cuales uno estaba orando, en reconocimiento divino de la verdadera necesidad del siervo orante?

Muebles nuevos

Quizás hay un período de espera que Al-lah, Omnisciente y Sabio, considera necesario, durante el cual uno se prepara para incorporar de forma agradecida la bendición que se recibirá en el estilo de vida. Mientras uno espera pacientemente la entrega de la “nueva pieza de mobiliario” en la casa espiritual propia, es posible que tenga que reorganizar los muebles existentes para hacerle espacio, o incluso puede que uno tenga que despejar esa parte central de la vida diaria. Tener los mejores “muebles” en nuestro espacio de vida podría impedir el mantener lo que uno alguna vez consideró esencial para su felicidad.

Remplazar los viejos “muebles” con otros nuevos puede requerir paciencia con uno mismo, así como paciencia con Al-lah, en especial después de que Él haya provisto para ti lo que realmente necesitas y, afortunadamente, lo que al final realmente quieres. Puede tomarte tiempo dejar de lado lo que te resulta familiar y confortable para sentirte “en casa” con el mejor remplazo recomendado y brindado por Al-lah.

Viendo los resultados

Todos nosotros somos “trabajos en proceso”. Aprender a pedirle a Al-lah con el debido respeto y confianza es una aventura de toda la vida. El estado de ayuno de Ramadán, a la vez que nos enseña disciplina y a dar caridad voluntaria a quienes necesitan más que nosotros, también nos abre los ojos a nuestra propia necesidad ante Al-lah, el Proveedor universal, el único que nos puede enseñar nuestras verdaderas necesidades.

No perdamos las lecciones que nos ofrece el estado de hambre durante el ayuno de Ramadán, y respondamos pidiéndole a Al-lah que satisfaga nuestras necesidades más fundamentales y profundas de comprendernos a nosotros mismos y hacer lo que nuestro Creador nos exige. Es a Él a quien rendiremos cuentas por las decisiones de nuestra vida y por la autorrealización de nosotros mismos en relación a Su sunna. No perdamos de vista ni minimicemos la ayuda de Al-lah, tal y como se nos ofrece en el estado de consciencia elevada que todos tenemos en este sagrado mes de Ramadán.

{¿Acaso creen que van a entrar al Paraíso sin sufrir las mismas pruebas que quienes los precedieron? Padecieron pobreza e infortunios, y una conmoción tal que hasta el Mensajero y los creyentes que estaban con él imploraron: “¿Cuándo llegará el auxilio de Dios?”. Pero el auxilio de Dios estaba cercano} [Corán 2:214]

{Cuando llegue el socorro de Dios y la victoria, y veas a la gente ingresar en masa a la religión de Dios, glorifica alabando a tu Señor y pide Su perdón; Él es Indulgente} [Corán 110:1-3]