Temor y ansiedad: El final de Ramadán

A medida que nos acercamos al final de Ramadán y llegan las últimas 10 noches, debo confesar que estoy aterrado. ¿Fracasaré? ¿Desperdicié este Ramadán? ¿Mis acciones fueron aceptables para Ti, mi Señor? ¿Me perderé la Noche del destino? Puede parecer extraño ―discúlpame si esto está fuera de lugar―, pero las palabras que vienen a mi mente son las de Aragorn en el capítulo de Las dos torres: “¡Ay! ¡Un mal destino está conmigo en este día, y todo lo que hago va mal!”. Eso es tal cual lo que siento.

Entonces, me encontré con esto en el Corán: {Tengan temor de Dios tanto como puedan} [Corán 64:16].

Me sorprendió el lenguaje aquí y de repente me llené de esperanza. Dios solo quiere que haga mi mayor esfuerzo. Es como si Él me hablara con el Corán, y creo que así es.

Los eruditos de la exégesis coránica han mencionado que Dios había revelado anteriormente: {Tengan temor de Dios como es debido} [Corán 3:102].

Imagino que, cuando esto fue revelado, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y sus compañeros debieron sentirse aterrados como yo lo estaba. ¿Cómo podría alguien ser constantemente obediente y tener temor de Dios como es debido?

Pero el gran intérprete del Corán, uno de los sucesores de los compañeros del Profeta, Qatadah Ibn Diamah, explicó: “{Tengan temor de Dios tanto como puedan} Esta es una concesión de Dios, porque Él es Misericordioso con Sus siervos. Antes de eso, Dios había revelado {Tengan temor de Dios como es debido} y eso significa que uno debe ser totalmente obediente y jamás transgredir. Sin embargo, Dios aligeró Su palabra sobre Sus siervos y aclaró con la revelación {Tengan temor de Dios tanto como puedan. Escuchen y obedezcan}. ¡Haz lo mejor que puedas, hijo de Adán! Y al escuchar y obedecer lo mejor que pudo, el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hizo el pacto”.

Y aunque Dios nos ordenó que seamos conscientes de Él, en Su infinita misericordia y Su entendimiento, Él fue (y siempre es) el más consciente de nosotros y de nuestra disposición. Uno solo puede imaginar cómo la carga de saber lo que ellos sabían sobre lo oculto pudo abrumar a los profetas de Dios. Una vez, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les dijo a sus compañeros: “Si supieran lo que yo sé, reirían menos y llorarían más”. Después de eso, el ángel Gabriel fue a verlo y lo amonestó con una comunicación directa de Dios: “¿Por qué causas desesperación en Mis siervos?”.

Escalofríos recorrieron mi espalda. Dios reprendió al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) por decir algo desalentador a sus compañeros, y por extensión, ¡a nosotros! Eso es lo mucho que Dios te ama.

Él te dijo que seas consciente de Él con un conocimiento que Él merece. Pero, debido a lo difícil de ello, lo calificó con “haz lo mejor que puedas”. ¡Eso es motivación! Su más amado Profeta nos dijo una declaración muy objetiva: que si supiéramos lo que él sabía de lo oculto, reiríamos menos y lloraríamos más. Así que Dios lo reprendió preguntándole: “¿Por qué haces que mis siervos desesperen?”. ¡Eso es amor!

Así que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) regresó con sus compañeros y les dijo: “¡Alégrense! Hagan las cosas bien. Busquen cercanía”.

Te dejo con la oración que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo que era la llave de todo arrepentimiento. En ella, de nuevo, se nos instruye que le digamos a Dios que estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo: “Dios amado, Tú eres mi Señor. No existe más deidad que Tú. Tú me creaste, soy Tu siervo y estoy aferrado a mi alianza Contigo y a mi promesa a Ti lo mejor que puedo. Busco refugio en Ti de cualquier mal que haya forjado. Atestiguo Tus favores sobre mí y atestiguo que, sin embargo, he pecado. Así que, por favor, perdóname, pues nadie puede perdonar el pecado sino solo Tú”.

Amín.