Las raíces liberales de la islamofobia

Los peores islamófobos de la actualidad no están saliendo de las filas de los movimientos de ultraderecha, sino que se declaran liberales.

La enfermedad de la islamofobia, el odio irracional y categórico hacia los musulmanes y su religión (al igual que su correspondiente mal del antisemitismo contra los judíos, del racismo contra los afroamericanos, de la misoginia contra las mujeres, o de la homofobia contra los LGBQT), requerirá un curso continuado de pensamiento crítico y examinación persistente antes de comprender sus orígenes patológicos y exponer y desacreditar globalmente a sus principales ideólogos.

Hoy día, en los Estados Unidos, los ataques crecientes de los supremacistas blancos en contra de personas, instituciones e íconos judíos, musulmanes y afroamericanos, se han reunido bajo un código de propaganda común denominado “alt-right[1], cuyo máximo ideólogo, Stephen Bannon (el Abu Bakr Al Baghdadi del alt-right) se sienta ahora a la diestra del presidente de los Estados Unidos en la Oficina Oval como su máximo asesor.

¿Cuál es la naturaleza de esta enfermedad y de dónde proviene? Ya tenemos una serie de excelentes estudios sobre el tema, entre ellos podría citar el de Peter Gottschalk y Gabriel Greenberg: Islamofobia: Convertir a los musulmanes en el enemigo; el de Deepa Kumar: Islamofobia y la política del Imperio; el de Nathan Lean: La industria de la islamofobia: Cómo les temen a los musulmanes los manufactureros de derecha; y el de Carl Ernst (Ed.): Islamofobia en los Estados Unidos: Anatomía de la intolerancia. A estos debemos añadir el exquisito desguace que hace Terry Eagleton de: Nuevos ateos, razón, fe y revolución: Reflexiones sobre el debate de Dios.

Todos estos estudios han sido necesarios y revolucionarios, pero están lejos de ser suficientes. La enfermedad de la islamofobia (como cualquier otro tipo de fobia) tiene síntomas variados y requiere de un diagnóstico crítico continuo.

Ignorancia presuntuosa

En la actualidad, la atención del mundo es atraída hacia los mayores islamófobos, como Stephen Bannon y Sebastian Gorka, o el teórico de la conspiración Frank Gaffney y su combo, todos y más congregándose alrededor de Donald Trump en la Oficina Oval.

Ocultos bajo su disfraz, son una versión mucho más perniciosa de la enfermedad en los círculos liberales más populares, mejor representados por los bufones de la corte creados por los medios de comunicación, como Bill Maher y su escudero Sam Harris.

Si me preguntan cuál es el individuo islamófobo más perverso de los Estados Unidos vivo en la actualidad, no diría que es Bannon, Michael Flynn, Stephan Miller, ni siquiera Gorka, aunque todos ellos sean ahora los principales fanáticos oportunistas de la carrera a la que los cruzados están animando a Trump.

Yo diría, sin dudarlo un instante, que Maher y Harris, y antes de su muerte, el ambicioso Christopher Hitchens, son, por mucho, los peores tenientes de las tropas de asalto de la islamofobia.

Estos islamófobos liberales están perfeccionando su odio contra los musulmanes con rostros sonrientes, bromas tontas, argumentos falsos, risas forzadas y consentimiento fabricado, todo ello con la cooperación total de formas de expresión perfectamente respetables.

Masas de millones de estadounidenses están dando demostraciones en contra de los notorios racistas reunidos alrededor de Trump. Maher y Harris, por su parte, son encantadores de serpientes vendiendo su odio en horario estelar de televisión.

Estos islamófobos liberales, el proverbial enemigo de aquello que no entienden, pontifican su miedo patológico hacia el Islam y los musulmanes con falsa autoridad y falsa familiaridad.

Sentado junto a Maher, Harris emite la Orden Ejecutiva de que el Islam “debe ser reformado”. Pero, ¿por qué autoridad, qué educación, qué conocimiento, qué erudición, y quién le dio a él esa autoridad?

Ni Maher ni Harris podrían distinguir una palabra árabe de una persa, turca o urdu, aunque les golpeara en la cara y, sin embargo, se sientan ahí como dos bandidos talibanes disparando, a través del lente de la cámara, a la risa periódica de aprobación de su público.

Piénsalo: En toda la pandilla de islamófobos liberales y conservadores, ninguno de ellos puede distinguir una palabra árabe de una persa. Son el equivalente funcional de los shaijs ignorantes y sus contrapares shiítas por todo Oriente Medio, que vienen y emiten fatuas sobre “Occidente” sin conocer ni una palabra de inglés ni de ningún otro idioma europeo.

Y justo ahí está el dilema de nuestro tiempo, atrapado entre dos pandillas de xenófobos ignorantes, enfrentando batallones de ignorancia armada, unos contra otros.

Fanatismo desquiciado

Se atreven a hablar de “batalla de ideas” sin dar una sola cita de ningún teólogo, filósofo, místico, poeta, artista o intelectual musulmán vivo o muerto, dentro de su vertiginosa prosa vacía.

La enormidad de su ignorancia solo está respaldada por sus autoendilgados privilegios de blanco. Son blancos, entonces pueden decir lo que se les ocurra.

En el apogeo de la modernidad ilustrada, Europa terminó en los campos de concentración alemanes. En el apogeo de la democracia estadounidense, están gobernados por Trump. ¡Y se atreven a hablar de “batalla de ideas”! ¿Cuáles ideas?

La historia de su propio país se inicia con la destrucción genocida de los nativos americanos, continuada con la despreciable historia de la esclavitud estadounidense, y en el pináculo de los logros tecnológicos, con el lanzamiento de la bomba atómica sobre Japón. ¿Batalla de cuáles ideas contra cuáles ideas?

Sin embargo, semejante tontería de “batalla de ideas” es un subterfugio para la banalidad mucho más simple de la ignorancia. Ya no se trata de acusar a Maher de ser el fanático que es, porque su defensa abierta al racismo descarado es ahora una cuestión de conocimiento público después de su reciente relación con el conocido neofacista Milo Yiannopoulos.

Esto no quiere decir que los musulmanes en masa son un regalo de Dios para la humanidad. La islamofilia está tan trastornada como la islamofobia. Hay más de 1.500 millones de musulmanes en todo el mundo. Algunos son criminales, sociópatas, homicidas, psicóticos, etc. Para hacerle frente a dichas patologías se requiere un mínimo de simpatía por la humanidad, algo que tienen en común millones de otros musulmanes que no tienen nada que ver con los criminales.

Hoy existen dos amenazas, que son complementarias a esa reforma interna definitiva que se ha hecho necesaria para la historia intelectual musulmana desde su fatídico encuentro con el colonialismo europeo: Baghdadi y su banda de criminales asesinos de un lado, y Maher y su club de islamófobos liberales del otro.

Este ascenso histórico de la islamofobia tendrá un impacto transformador en los musulmanes y en el curso actual de su pensamiento crítico. Los más serios entre los intelectuales musulmanes están pasando hoy día por los dolores del renacimiento moral e imaginativo.

Sus enemigos, entre los que están Maher y Bannon, son enemigos de la humanidad, porque la islamofobia es un subterfugio delgado para una xenofobia mucho más maligna, el miedo a todo y a todos los que no se vean ni suenen como ellos.

Los musulmanes somos privilegiados, quizás incluso estamos destinados a luchar por nuestras libertades civiles en términos universales renovados, no solo para nosotros mismos, sino para todos los demás componentes de la humanidad, que luchan contra la supremacía blanca en Estados Unidos y Europa.

Superaremos esta lucha habiendo universalizado moralmente nuestras particularidades políticas. Nos enfrentaremos a Maher y Bannon cara a cara, ojo con ojo, con nuestra humanidad educada contra su barbarie analfabeta.

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[1] La “derecha alternativa”, ideología nacida en Estados Unidos cuya columna vertebral es la oposición a la corrección política, el multiculturalismo y la inmigración. Su movimiento hace gran uso de las redes sociales virtuales para difundir inconformismo y provocar indignación, y está conformado principalmente por jóvenes anti-establishment.

*Publicado originalmente en: www.aljazeera.com

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