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Hayy: Conmemorando al Profeta Abraham, padre de la fe (parte 3 de 3)

¿Tema sin resolver?

Otro tema de interés ―fuera del conocimiento promedio de judíos, cristianos y musulmanes― es este: ¿Quién era el “Hijo del Sacrificio”?

Con base en el texto coránico, el musulmán dirá que claramente fue Ismael, ya que algunas aleyas después de la visión y el sacrificio, en el relato coránico (37:99-109), se le anuncia a Abraham ―que era anciano― la albricia de que tendrá “otro” hijo, y menciona a Isaac por su nombre (37:112-113), siendo esa una recompensa por hacer lo correcto y ser un siervo creyente (37:110-111). Sin embargo, notamos que Ismael no se menciona por su nombre en el texto de la visión y el sacrificio en el Corán (37:99-111).

Con base en el texto bíblico, el judío dirá que claramente fue Isaac, ya que su nombre aparece cinco veces dentro de la narrativa (Gén. 22, verses 2, 3, 6, 7, y 7 nuevamente). De hecho, ningún musulmán ni cristiano niega la afirmación bíblica de que Dios hizo con Abraham un pacto relacionado con Isaac. El Corán celebra sin reservas a Isaac, Jacob, José, Moisés, Aarón, etc., así como a su ancestro Abraham, reconociéndolos a todos ellos como profetas de Dios, hombres rectos y ejemplos para la humanidad. Así que la virtud de Isaac nunca es puesta en duda por los musulmanes.

Sin embargo, uno no puede evitar observar algunos datos curiosos dentro del pasaje bíblico de la visión y sacrificio (Génesis 22). El hijo es mencionado como “el niño” (versículos 5, 12), “tu hijo” (versículo 2), “su hijo” (v. 9), “él” (vs. 2, 10, 12) o “aquel” (v. 2), de manera normal y aparte de identificar al hijo por su nombre. Pero la frase enfática “tu único hijo” aparece tres veces (versículos 2, 12, 16). Sin duda, algo ha sido agregado al texto de esta narración bíblica:

Una de estas dos opciones de corrupción al texto debió ocurrir, ya que hay una contradicción en atribuir el título de “único hijo” a Isaac. Incluso si uno fuera a argumentar que Agar era una esposa “falsa” de Abraham, ¿cómo se podría afirmar que Ismael fue un hijo “falso”? ¿Acaso el ADN miente? Y más al grano, ¿acaso Dios miente? Sí, Isaac era el único hijo de Sara, pero según la Biblia Dios le estaba hablando a Abraham cuando se refería a su “único hijo”.

¿Habría algún motivo para que el último redactor del texto del Génesis menospreciara a Ismael? Sabemos que Sara estaba celosa de Agar.

Pero Sara se dio cuenta de que el hijo que Agar la egipcia le había dado a Abraham se burlaba de su hijo Isaac. Por eso le dijo a Abraham: “¡Echa de aquí a esa esclava y a su hijo! El hijo de esa esclava jamás tendrá parte en la herencia con mi hijo Isaac”. Este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de su propio hijo. Pero Dios le dijo a Abraham: “No te angusties por el muchacho ni por la esclava. Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac. Pero también del hijo de la esclava haré una gran nación, porque es hijo tuyo” (Génesis 21:9-13).

Está bastante claro en el documento general del Génesis que Ismael fue el primogénito de Abraham y nació 14 años antes que Isaac. Abraham tenía 86 años cuando nació Ismael (Génesis 16:15) y 100 años de edad cuando nació Isaac (Génesis 21:5). Entonces, si el segundo hijo de Abraham, Isaac, fuera llamado el “único hijo” de Abraham, ¿cómo es que el primer hijo de Abraham, Ismael, no cuenta como hijo? ¡Ismael fue el “único hijo” de Abraham durante 14, antes de que naciera Isaac! El relato del Génesis reconoce la paternidad de Abraham sobre Ismael y la filiación de Ismael a Abraham (Gén. 21:11-13), a pesar de que, según la Biblia, Sara se sale con la suya: “Pero Dios le dijo a Abraham: ‘No te angusties por el muchacho ni por la esclava. Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac. Pero también del hijo de la esclava haré una gran nación, porque es hijo tuyo’” (Génesis 21:12-13).

Es muy poco probable que el texto hebreo hubiera sido adulterado mucho después por manos hostiles que querían reclamar el centro de atención para Ismael, justo bajo las narices de los eruditos hebreos que descendían de Isaac. Más bien, sospecho que fue Isaac el que fue agregado para identificar retroactivamente al “Hijo del Sacrificio” como el hijo de Sara, el que está en la línea genealógica del pueblo judío[1] [1].

La crisis retratada en el texto de la visión y sacrificio (Génesis 22) es que el anciano Abraham tiene un único hijo en ese momento, y ese único hijo claramente es Ismael. Ahora, Dios le había prometido a Abraham que Él bendeciría de gran manera a la humanidad a través de su progenie, en especial los profetas bíblicos[2] [2]. En ese momento no había segundo hijo, es decir, Isaac. Por lo tanto ―en la mente del anciano Abraham, en esa época y bajo esas circunstancias― matar a su único hijo equivaldría a eliminar la posibilidad de la progenie necesaria para cumplir la promesa que Dios le había hecho. Al final, de manera realista, ¿se revertiría la esterilidad de Sara, incluso después que ella se hiciera más anciana? No era un final probable para esa historia. Pero Dios le había hecho una promesa, y Abraham dejó que Él cumpliera Sus propósitos…

Ahora, supongamos que Dios no se había quedado con el cuchillo elevado de Abraham, ¿él habría seguido sacrificando a su único hijo, Ismael? Recordemos que Dios le proporcionó a Sara un hijo 14 años después, lo que significa que el hijo prometido y el pueblo judío todavía no habían nacido. Y si el “Hijo del Sacrificio” fuera Isaac, el segundo hijo, entonces Abraham habría tenido a su primogénito vivo, a través de quien podría haber sobrevivido su linaje, lo que habría vindicado la confianza de Abraham en la promesa de Dios sobre su progenie.

Entonces, ¿por qué era necesario que la prueba suprema de Abraham hubiera tenido lugar con el primogénito de Abraham, Ismael, mucho antes de que naciera Isaac? No conozco ningún indicio de ello en Génesis 22 ni en Corán 37, pero consideremos esto: El sacrificio de niños humanos era practicado por los pueblos en esa área en aquella época. Quizás hay más historia de la visión y sacrificio de la que ha sido registrada en Génesis 22. Recordemos la prohibición contra el derramamiento de sangre de otros humanos (Gén. 9:5) en general. Quizás esta era una lección para Abraham de que la vida humana no debe ser tomada en sacrificio, independientemente de si esa vida era la del hijo de la promesa de Abraham o la de cualquier otro hijo de cualquier otro padre.

Es cierto que el texto del Génesis ha ubicado la perícopa del nacimiento de Ismael (21:1-7) por delante de la perícopa de la expulsión de Agar e Ismael (21:8-21), ambas seguidas de la perícopa de la visión y sacrificio (22:1-19). Uno tiene la sensación de que ambos hijos están vivos en el momento de la prueba suprema de Abraham. ¿Pero estos hechos están ordenados de manera cronológica, o su orden está pensado para minimizar una vergüenza con respecto a Ismael ―por parte de los redactores posteriores del texto― y para afirmar los derechos de Sara sobre Agar?

Independientemente de la posición tomada por el lector, la conclusión es que Abraham escuchó la orden visionaria de Dios y confió en que Dios cumpliría Su promesa, a pesar del resultado desastroso de causa y efecto que normalmente se esperaría si Abraham fuera a matar a su único hijo en obediencia a la visión. El Hayy islámico celebra la certeza de Abraham en la bondad y credibilidad de su Señor.

Notas tomadas de “el viaje a La Meca”

El peregrino que se acerca a La Meca está a punto de alcanzar la cumbre espiritual de su búsqueda, al entrar al lugar “santo” durante cierto período de tiempo. Una vez se ha ingresado a este espacio restringido, tiene prohibido hacerle daño a cualquier criatura en el camino, ya sea matando un animal para comerlo, o incluso un insecto. Su enfoque se centra únicamente en su sumisión al Dios que guio al “amigo de Dios” (Al-Khalil), y progresa de un lugar a otro en sus rituales de peregrinación, evitando la atención indebida hacia su exterior, teniendo prohibido incluso cortarse las uñas o recortar su cabello hasta que haya completado la caminata con su Señor.

El peregrino experimenta las etapas de su viaje junto con compañeros en el camino terrenal ―todos vistiendo las mismas ropas sencillas y humildes, todos con la intención de agradar al Señor a Quien finalmente regresarán para rendirle cuentas― y buscando las mejores recompensas en la otra vida. En una etapa del ritual del Hayy, el peregrino permanece en oración y súplica durante un tiempo ante su Señor, con reverencia, como será en el Día del Juicio. Las otras prácticas del Hayy replican algo de las historias épicas de Abraham, Agar e Ismael, como se menciona en el Corán o en el hadiz del Profeta Muhammad.

Hace ochenta y ocho años, un europeo converso al Islam cruzó el desierto árabe sobre un dromedario en un viaje de 23 días, con su fiel compañero beduino. Cerramos nuestras reflexiones sobre el Hayy citando extractos de su siguiente relato[3] [3]:

Abraham y su carnero celestial [simbolizado por el desierto árabe con la Vía Láctea en el cielo nocturno]: tales imágenes llegan fácilmente a la mente en este país. Es notable cuán vívido es el recuerdo de este antiguo patriarca entre los árabes, mucho más vívido que entre los cristianos de Occidente, quienes basan su imaginario religioso, en primera instancia, en el Antiguo Testamento, o incluso entre los judíos, para quienes el Antiguo Testamento es el comienzo y el final de la palabra de Dios para la humanidad. La presencia espiritual de Abraham siempre se siente en Arabia, como en todo el mundo musulmán, no solo en la frecuencia con que su nombre ―en su forma árabe, Ibrahim― les es dado a los niños, sino también en el recuerdo siempre recurrente, tanto en el Corán como en las oraciones diarias de los musulmanes, del papel del patriarca como primer predicador consciente de la Unidad de Dios: esto también explica la gran importancia dada por el Islam al peregrinaje anual a La Meca, que desde los tiempos más remotos ha estado relacionado íntimamente con la historia de Abraham. No fue ―como asumen erróneamente muchos occidentales― algo llevado a la órbita del pensamiento árabe por Muhammad en un intento, por así decirlo, de “tomar prestados” elementos del saber religioso del judaísmo, ya que históricamente se ha establecido que la personalidad de Abraham era bien conocida para los árabes mucho antes del advenimiento del Islam. Todas las referencias al patriarca en el Corán mismo están redactadas de modo que no dejan lugar a dudas de que había estado viviendo en el primer plano de la mente árabe siglos antes del tiempo de Muhammad: su nombre y el esbozo de su vida siempre son mencionados sin ningún preliminar ni explicación, como algo que era, incluso para los primeros oyentes del Corán, completamente familiar. De hecho, ya en tiempos preislámicos, Abraham tenía un lugar sobresaliente en las genealogías de los árabes como progenitor, a través de Ismael (en árabe Ismail), el hijo de Agar, del grupo árabe “norteño” que hoy comprende a más de la mitad de toda la nación árabe, y al cual pertenece la propia tribu de Muhammad, los Quraish.

Solo el comienzo de la historia de Ismael y su madre es mencionado en el Antiguo Testamento, ya que su desarrollo posterior no tiene relación directa con los destinos de la nación hebrea, a la cual está dedicado principalmente el Antiguo Testamento, pero la tradición árabe preislámica tiene mucho más que decir sobre este tema.

Según esta tradición, Agar e Ismael fueron abandonados por Abraham en el lugar donde hoy se levanta La Meca, lo que, a primera vista, no es nada improbable si uno recuerda que, para un nómada, un viaje de poco más de treinta días no es nada fuera de lo ordinario. En cualquier caso, la tradición árabe dice que fue Abraham quien trajo a Agar y a su hijo a este valle entre colinas rocosas, desnudo y estéril bajo el sol de Arabia, barrido por los llameantes vientos del desierto y evitado incluso por las aves de rapiña. Hasta en la actualidad, cuando el valle de La Meca está lleno de casas, calles y personas de muchos idiomas y razas, el desierto grita desde las laderas muertas a su alrededor, y sobre las multitudes de peregrinos que se prosternan ante la Kaaba, sobrevolando el fantasma de aquellos milenios pasados en los que el silencio, ininterrumpido y desprovisto de toda vida, colgaba sobre el valle vacío.

Ese era el escenario apropiado para la desesperación de esa esclava egipcia que había dado a luz a un hijo de su amo, convirtiéndose así ―según el adulterado relato bíblico― en objeto de tanto odio por parte de la esposa de su amo, que ella y su hijo Ismael debieron ser desechados. Según el relato coránico, Abraham llevó allí a su esposa esclava y a su hijo primogénito por órdenes de Dios; en el Corán no se menciona nada acerca de que Sara hubiera presionado al patriarca para expulsar a su único hijo.

Sin duda, el patriarca debió haberse sentido entristecido cuando abandonó a Agar e Ismael ―para obedecer a Dios, según el Corán, o para aplacar la ira de su esposa, según la Biblia―, pero uno debe recordar que él estaba tan cerca de Dios, que no tenía dudas de que Su misericordia no tiene límites. Se nos dice en el Libro del Génesis que Dios lo consoló así: “No te angusties por el muchacho ni por la esclava… también del hijo de la esclava haré una gran nación, porque es hijo tuyo”. Y así, Abraham abandonó a la mujer y al hijo en el valle, dejándoles un odre de agua y una piel con dátiles, y se fue al norte a través de Madián a la tierra de Canaán.

Un árbol de sarha se levantaba solitario en el valle. A su sombra se sentó Agar con el bebé en su regazo. A su alrededor no había nada más que un calor danzante y una luz deslumbrante en la arena y las laderas rocosas. ¡Qué buena era la sombra del árbol! Pero el silencio, ese horrible silencio sin el aliento de ningún ser vivo… A medida que el día pasaba lentamente, Agar pensó: “Si solo viniera algo vivo, un pájaro, un animal, incluso una bestia de presa, ¡qué alegría sería!”. Pero no llegó nada excepto la noche, reconfortante como todas las noches del desierto, una fría bóveda de oscuridad y estrellas que suavizaba la amargura de su desesperación. Agar sintió nuevo valor. Le dio algunos dátiles a su hijo y ambos bebieron del odre.

Pasó la noche, y otro día, y otra noche. Cuando llegó el tercer día con su aliento ardiente, ya no quedaba más agua en el odre y la desesperación superó todas las fuerzas, convirtiendo la esperanza en una vasija rota. Cuando el niño clamó por agua en vano, con una voz cada vez más débil, Agar Le suplicó al Señor, pero Él no se manifestó. Agar, angustiada por el sufrimiento de su hijo moribundo, corrió de un lado al otro por el valle con las manos levantadas, siempre recorriendo el mismo tramo entre dos colinas bajas, y es en recuerdo de su desesperación que corren los peregrinos por ese mismo trayecto cuando vienen a La Meca, siete veces entre estos dos montículos, suplicando como lo hizo ella una vez: “¡Oh, Tú, Generoso, Tú, lleno de gracia!, ¿quién tendrá piedad de nosotros a menos que Tú nos tengas misericordia?”.

Y entonces llegó la respuesta: una corriente de agua brotó y comenzó a fluir sobre la arena. Agar gritó de alegría y acercó al bebé al precioso líquido para que bebiera, y ella bebió con él, gritando entre sus jadeos: “¡Zummi, zummi!”, que es una palabra sin significado que simplemente imita el sonido del agua que brotaba de la tierra, como queriendo decir “¡brota, brota!”. Para que no se agotara y se perdiera en el suelo, Agar amontonó una pequeña pared de arena alrededor del manantial, después de lo cual dejó de fluir y se convirtió en un pozo, que en adelante pasó a ser conocido como el pozo de Zamzam, y que aún existe en la actualidad.

Los dos se salvaron de la sed, y los dátiles les duraron un poco más. Después de algunos días, un grupo de beduinos que había abandonado sus tierras natales con sus familias y bienes, llegaron del sur de Arabia buscando nuevos pastos y pasaron por la desembocadura del valle. Cuando vieron bandadas de pájaros volando en círculos sobre este, concluyeron que allí debía haber agua. Algunos de sus hombres entraron en el valle para explorarlo y se encontraron con una mujer sola sentada con un niño al borde de un pozo abundante. Dispuestos pacíficamente como estaban, los miembros de la tribu le pidieron a Agar permiso para instalarse en su valle. Ella lo concedió con la condición de que el pozo de Zamzam permaneciera para siempre como propiedad de Ismael y sus descendientes.

En cuanto a Abraham, la tradición dice que volvió al valle después de cierto tiempo y encontró a Agar y a Ismael vivos, como Dios se lo había prometido. A partir de entonces los visitó con frecuencia, y vio cómo su hijo crecía para convertirse en un hombre y casarse con una mujer de la tribu del sur de Arabia. Años después, al patriarca le fue ordenado en un sueño construir cerca al Pozo de Zamzam un templo para su Señor, y ayudado por Ismael construyó el santuario que hasta hoy día se levanta en La Meca y que es conocido como la Kaaba. Mientras cortaban las piedras para lo que se convertiría en el primer templo levantado para la adoración del único Dios, Abraham levantó su rostro hacia el cielo y exclamó: “¡Labaika, Al-lahuma, labaik!” (¡Estoy a Tu servicio, Dios, estoy a Tu servicio!), y es por ello que en su peregrinaje al primer templo del Único Dios, los musulmanes elevan la súplica “¡Labaika, Al-lahuma, labaik!”, cuando se acercan a la Ciudad Santa.

. . . .

Es parte del Hayy caminar siete veces alrededor de la Kaaba, no solo para mostrar respeto al santuario central del Islam, sino para recordar la demanda básica de la vida islámica. La Kaaba es un símbolo de la unidad y unicidad de Dios, y el movimiento corporal del peregrino a su alrededor es una expresión simbólica de la actividad humana, implicando que no solo nuestros sentimientos y pensamientos, y todo lo comprendido en el término “vida interior”, sino también nuestra vida activa y exterior, nuestros actos y esfuerzos prácticos, deben tener a Dios como su centro.

Yo también avancé lentamente y me hice parte del flujo circular alrededor de la Kaaba… Caminé y seguí caminando, pasaron los minutos, todo lo que había sido pequeño y amargo en mi corazón comenzó a abandonarlo y me hice parte de una corriente circular. ¿Ese era el significado de lo que estábamos haciendo, volvernos conscientes de que uno es parte de un movimiento en una órbita? ¿Quizás esto era el fin de toda confusión? Los minutos se disolvieron y el tiempo se detuvo, y este fue el centro del universo.

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[1] [4] N.T. De hecho, en el texto masorético no aparecen las palabras “de su hijo Isaac” en Génesis 21:9.

[2] [5] El Profeta Muhammad también era de la familia de Abraham, en la rama ismaelita, y sucesor de Moisés y muchos otros profetas hebreos, incluido el Profeta reformista Jesús. {Dios escogió a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la de Imrán de entre todos los seres} [Corán 3:33].

[3] [6] Muhammad Asad, The Road to Mecca, 1954, Simon & Schuster, Nueva York, pp. 377-380; 394-39.