El legado viviente de Abraham: Relevancia de los ritos y rituales en la era moderna (parte 2 de 3)

Hayy: El legado de Abraham

En el Corán, Abraham (la paz sea con él) es referenciado repetidamente como la figura central en la historia del Hayy. Se describe que Abraham fue guiado al lugar de la Casa (es decir, la Kaaba) en La Meca[1], y fue el constructor de la Kaaba junto con su primogénito Ismael (el patriarca de los árabes mecanos)[2]. En la literatura del Hadiz los rituales del Hayy son descritos explícitamente como “un legado entre los legados de Abraham (irz Ibrahim)[3]”.

Entender la vida de Abraham juega un papel poderoso en entender los rituales del Hayy. A través de dichos rituales, los peregrinos están en capacidad de conectarse a una historia compartida y al legado de Abraham y su familia.

Por esta razón, incluso los árabes preislámicos practicaron el Hayy, a pesar de apartarse del monoteísmo de Abraham. El Hayy los conectaba con sus antepasados (Abraham e Ismael), incluso después de haber abrazado el politeísmo, que contradice las bases del mensaje de Abraham.

Sin embargo, esto representa uno de los principales objetivos de los rituales del Hayy: la capacidad de conectarse a una historia, una narrativa y una comunidad en común. A través de los movimientos y los ritos del Hayy, el creyente da un paso atrás en su momento específico del tiempo y aprecia la tradición más amplia que lo une a millones de personas a lo largo de la historia.

Parte de la historia única del Hayy presentada en el Corán es que Abraham fue el primer hombre encargado de proclamar el deber del Hayy a los demás[4]. Sin embargo, Abraham también es presentado a menudo en el Corán como un hombre con prácticamente ningún seguidor aparte de su familia cercana. El Corán se refiere a Abraham como “una nación en sí mismo”, en referencia a su aislamiento[5].

Sin embargo, el llamado abrahámico al Hayy es, de algún modo, respondido generaciones después, por millones de personas de todos los rincones del mundo esforzándose por seguir sus huellas. Ello representa un mensaje de esperanza, optimismo y confianza en Dios, y revela cómo los resultados más inesperados pueden ser alcanzados con la voluntad de Dios.

El Hayy representa también la capacidad de conectarse con una nación y una comunidad mayores. Que millones de personas, hombres y mujeres, del pasado y del presente, de diversas etnias, colores y edades, puedan sincronizar ritos y rituales, impulsados por un propósito común, le proporciona al peregrino una experiencia poderosa de hermandad y parentesco compartidos, que de otro modo no se puede experimentar.

Tal vez lo más destacable en ese sentido es el testimonio de Malcolm X, que fue ampliamente conocido por su retórica contra la raza blanca ―debido a sus experiencias en los Estados Unidos y la segregación racial―, pero que renunció a dicha retórica después de experimentar el Hayy. Él habló de cómo fue transformado por La Meca y describió la naturaleza transformadora del Hayy en una carta que envió a su comunidad de Harlem desde el peregrinaje:

Había decenas de miles de peregrinos provenientes de todas partes del mundo. Eran de todos los colores, desde rubios de ojos azules hasta africanos de piel negra. Pero todos estaban participando del mismo ritual, mostrando un espíritu de unidad y hermandad que mis experiencias en los Estados Unidos me habían llevado a creer que jamás podría existir entre los blancos y los no blancos…

Durante los últimos once días aquí en el mundo musulmán, he comido del mismo plato, bebido del mismo vaso y dormido en la misma cama (o en la misma alfombra) mientras rezaba al mismo Dios con otros musulmanes, cuyos ojos eran los más azules, cuyos cabellos eran los más rubios, y cuya piel era la más blanca. Y en las palabras y los actos de los musulmanes “blancos”, sentí la misma sinceridad que sentí entre los musulmanes negros de Nigeria, Sudán y Gana. Todos somos realmente iguales, hermanos[6].

Esto ilustra bellamente cómo los rituales del Hayy se conectan con las emociones humanas profundas y brindan la oportunidad de transformar el comportamiento hacia lo positivo. Nos conectan con un propósito mayor que nosotros mismos, a una comunidad mayor que la nuestra, y a un legado y una historia de grandeza, el legado de Abraham.

El simbolismo de los rituales del Hayy

Como hemos expuesto ya, los rituales islámicos no son un desatino, sino que buscan evocar emociones en los corazones de los creyentes. Los ritos y rituales del Hayy no son la excepción a este propósito. De hecho, el Corán especifica el objetivo de “doblegar los corazones” (es decir, las emociones y pasiones) a través del mecanismo del Hayy. Esto se menciona en la súplica de Abraham, que luego fue cumplida por Dios a través del mandamiento del Hayy: {¡Oh, Señor nuestro! He establecido parte de mi descendencia en un valle árido de poca vegetación junto a Tu Casa Sagrada, para que, ¡oh, Señor nuestro!, cumplan con la oración. Infunde en los corazones de la gente amor por mi descendencia, y provéelos de todo alimento para que sean agradecidos}[7].

Esto se menciona una vez más cuando el Corán hace referencia a los ritos del sacrificio: {Dios no necesita de la carne ni de la sangre [de sus ofrendas], Él desea que ustedes alcancen la piedad [mediante la práctica de este rito]}[8].

Por lo tanto, al examinar cada rito y ritual del Hayy podemos descubrir los significados espirituales que pretende cada práctica. Comenzamos a entender cómo cada ritual incorpora significados que trascienden las capacidades de la expresión verbal y conectan al participante a una riqueza de espiritualidad, tradición y comunidad.

El simbolismo del tawaf

Tawaf (literalmente circunvalar) es el ritual de dar vueltas alrededor de la Kaaba (la Casa de Dios) siete veces durante el Hayy (peregrinación) o la Umra (peregrinación menor). El tawaf es el ritual más asociado con el Hayy, pues proporciona la imagen icónica de millones de personas circunvalando la Kaaba en La Meca.

Se dice que la Kaaba es la primera casa construida en la Tierra para adorar a Dios, el primer santuario dedicado únicamente a glorificar a nuestro Creador[9]. El Corán se refiere a la Kaaba como una “Mazaba (literalmente, lugar de retiro o reunión) para la humanidad”, y como “la Casa” (es decir, la Casa de Dios)[10]. En este sentido, estar en presencia de la Kaaba proporciona su propio beneficio espiritual, permitiendo a los creyentes recargar y reavivar su sentido de fe y conexión con Dios.

Es importante recordar que no hay nada inherentemente sagrado en los ladrillos, el cemento ni la tela, y muchos no musulmanes tienen la idea errónea de que los musulmanes adoran la Kaaba. En realidad, lo que es importante es lo que representa la Kaaba: la quibla o dirección hacia la cual se orientan los musulmanes durante sus oraciones a Dios. Los musulmanes solían rezar hacia la mezquita Al Aksa en Jerusalén durante la primera fase de la predicación del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Cuando fue cambiada la quibla hacia la Kaaba, Dios reveló un recordatorio importante en el Corán de que las direcciones y las estructuras físicas no son intrínsecamente sagradas. En lugar de ello, su santidad proviene de            que Dios les asigne significado y les otorgue un sentido: {La verdadera virtud no consiste en orientarse hacia el oriente o el occidente [durante la oración], sino que es piadoso quien cree en Dios, el Día del Juicio, los ángeles, el Libro, los profetas, hace caridad a pesar del apego [que tiene por los bienes materiales] a los parientes, los huérfanos, los pobres, los viajeros insolventes, los mendigos, y colabora para liberar esclavos y cautivos. [Tiene piedad quien] hace la oración prescrita, paga el zakat, cumple con los compromisos contraídos, es paciente en la estrechez, la adversidad y ante la persecución. Esos son los veraces en su fe y los verdaderos piadosos}[11].

Del mismo modo, besar la Piedra Negra durante el tawaf es un acto simbólico de penitencia y arrepentimiento[12]. Se relata que Ómar Ibn Al Jattab besó la piedra y dijo: “Por Al-lah, sé que no eres más que una piedra, y si no hubiera visto al Mensajero de Al-lah (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) besarte, no te habría besado[13]”.

El acto del tawaf nos recuerda a los creyentes que Dios debería estar en el centro de nuestras vidas, así como la Kaaba sigue siendo el centro del ritual. Es un acto de sumisión y servidumbre que reconoce que, aunque los creyentes han puesto voluntariamente a Dios como el punto central de su devoción, toda nuestra existencia gira en torno a Dios, lo reconozcamos o no.

El simbolismo del sai

Sai (literalmente explorar, buscar) es el ritual de caminar entre las dos colinas (As-Safa y Al Marwa). Este ritual conmemora la historia de Agar y su hijo Ismael. Ambos fueron abandonados en un desierto yermo por Abraham, bajo órdenes de Dios. Agar llamó a Abraham y le preguntó por qué la estaba abandonando con su hijo en un desierto desolado. Abraham no respondió hasta que ella le preguntó: “¿Acaso Dios te lo ha ordenado?”. Él contestó afirmativamente, y ella le dijo con total convicción en Dios: “En ese caso, Él no nos abandonará”[14].

Agar regresó junto a su hijo y, mientras el bebé lloraba de hambre, ella comenzó a correr entre As-Safa y Al Marwa, buscando por algo o alguien que pudiera ayudarlos. Agar corrió entre las dos colinas siete veces, desesperada. Luego vio cómo el ángel Gabriel, a los pies de su bebé, golpeaba con su talón el suelo, causando que brotara un manantial de agua conocido como Zamzam[15]. Más tarde, miembros de la tribu de Yurhum llegaron y se establecieron en la zona, tomando respetuosamente permiso de Agar para hacer uso del agua de Zamzam, y de este modo la ciudad de La Meca comenzó a existir.

Así fue como nació el ritual del Hayy de sai, y la historia de Agar es fundamental para comprender la narrativa del Hayy. Su historia es de suma devoción, convicción, certeza y confianza en Dios por encima de todo. Que una madre esté dispuesta a aceptar el destino de ser abandonada con su bebé de brazos en un desierto yermo, porque estaba segura de que era el deseo de Dios, muestra el mejor ejemplo de confianza en Dios.

Su carrera entre las dos colinas, como la imitan hoy día los peregrinos, nos recuerda la desesperación y la necesidad que todos tenemos de la ayuda de Dios. Como dijo un erudito musulmán: “Debes saber que el que está varado en el mar, aferrándose a una tabla y sacudido por las olas, no está en mayor necesidad de Dios que tú”. Reaviva la consciencia metafísica de que, sin el apoyo constante de Dios, estaríamos peor que varados en el mar o en medio de un desierto estéril.

El ejemplo de Agar también es apreciado por su excepcional optimismo y su esperanza en Dios y en Su promesa. Mientras los peregrinos corren entre las colinas, reconocen el inquebrantable optimismo de Agar a pesar de la ardua lucha que estaba soportando. Les recuerda a los creyentes que, independientemente de la magnitud de las dificultades que enfrentan, deben continuar con la esperanza de esforzarse y buscar una solución. Agar sabía que el sustento de Dios vendría a aquellos que lo buscan y se esfuerzan en ello.

Hay algo más fascinante acerca del ritual de sai y lo que representa. En cierto modo, este es el ritual en la raíz de la ascendencia del Islam, que representa la historia original de La Meca. Todos los demás rituales conmemoran eventos que ocurrieron después del sai de Agar en el desierto. Lo que es realmente notable de este ritual es la persona a la que emulamos. A través de este, conmemoramos la fe en Dios que tenía Agar, una mujer que originalmente había sido una muchacha esclava proveniente de Egipto, y que no tenía estatus, fama ni riqueza. Sin embargo, su devoción por Dios fue tan amada para Él que Él mismo la estableció en un ritual eterno para que fuera seguido por gente de todo el mundo. Una mujer recta cuyas huellas millones de personas están obligadas a seguir. Como declara el hadiz: “Esta fue su madre, hijos del agua Celestial[16]”.

El sai representa una tradición rica. Es realmente notable que durante miles de años, hombres y mujeres hayan emulado los pasos de una mujer del común, mostrando que la virtud de la humanidad está en su conexión emocional y su sacrificio físico por Dios.

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[1] Corán 22:26.

[2] Corán 21:27.

[3] Sunan An-Nasai, hadiz #3014.

[4] Corán 22:27.

[5] Corán 16:120.

[6] Malcolm X (Al-Hajj Malik El-Shabazz), Letter from Mecca, texto consultado el 17 de agosto de 2017, http://islam.uga.edu/malcomx.html.

[7] Corán 14:37.

[8] Corán 22:37.

[9] El Corán menciona que los cimientos de la Kaaba fueron levantados por Abraham e Ismael (Corán 2:127), pero los eruditos tienen diferencias sobre si esta fue la primera vez que fue construida. Una narración de Ibn Abás afirma que los cimientos ya estaban presentes con anterioridad. Además, el Profeta Muhammad afirmó que el tiempo entre la construcción de la Kaaba y Bait Al Makdis fue de 40 años (Sahih Bujari 3186), lo que no se corresponde al tiempo entre Abraham y Salomón ―que fue de miles de años―, y con base en ello, Ibn Al Jawzi (muerto en 597 d. H.) sugirió que ambos fueron construidos realmente por el Profeta Adán con 40 años de diferencia entre sí. Ibn Hayar Al Askalani (muerto en 852 H.) citó y apoyó esta conclusión, y enumeró una serie de evidencias que indican que la Kaaba fue construida por primera vez por el Profeta Adán. Él cita un reporte de Qátada Ibn Diama (muerto en 117 H.) que afirma: “Al-lah fundó la Kaaba con Adán cuando este descendió. Adán perdió las voces de los ángeles y el tasbih de ellos. Así que Al-lah le dijo: ‘¡Oh, Adán!, he designado una Casa alrededor de la cual la humanidad hará tawaf del mismo modo que se realiza tawaf alrededor de mi Trono, así que viaja a ella” (Véase Ibn Hayar, Fath Al Bari, El Cairo: Dar al-Rayan l’il-Turath, 1987. vol. 6 p. 467, 470-1).

[10] Corán 2:125.

[11] Corán 2:177.

[12] La Piedra Negra marca la esquina oriental de la Kaaba, y se dice que es una piedra del Paraíso descendida a la Tierra y ennegrecida por los pecados de la humanidad (Sunan At-Tirmidhi, 877). También hay una narración débil, atribuida a Ibn Abás, que afirma: “La Piedra Negra es (un símbolo de) la mano derecha de Dios sobre la Tierra, así que quien la saluda y la besa es como si hubiera saludado a Dios y Le hubiera dado la mano” (Ibn Adi, Al Kamil 1/336). Ibn Qutaiba Ad-Dainuri (muerto en 276 H.) afirmó: “Esto es solo una analogía, la base de esto es que cuando uno saluda a un rey, uno besa su mano, entonces es como si la Piedra Negra tuviera la estación de la mano derecha del Rey” (Ibn Qutaiba, Ta’wil Mukhtalif al-Hadith, El Cairo: Dar Ibn Affan, p. 406). Él también menciona un reporte de Aisha (que Dios esté complacido con ella) de que cuando Dios tomó el pacto primordial con la humanidad, Él lo puso en la Piedra Negra. Así, el significado simbólico puede extenderse también a la humanidad renovando su pacto con Dios al besar la Piedra Negra.

[13] Sahih Múslim, 1270.

[14] Sahih Al Bujari, 3364.

[15] Ibíd.

[16] Abu Dawud, 1949.