El legado viviente de Abraham: Relevancia de los ritos y rituales en la era moderna (parte 3 de 3)

El simbolismo de Árafa

Árafa es el nombre de una planicie junto con una colina de granito que hay en ella, al oriente de La Meca. Yaum Árafa (el día de Árafa) es el noveno día del mes de Dhul Hiyya en el calendario islámico. En ese día, todos los peregrinos se reúnen en las planicies y el monte de Árafa y pasan allí el día hasta el ocaso, implorando perdón a Dios.

Los ritos y rituales del Hayy suelen tener ventanas de tiempo durante las cuales pueden ser completados. La reunión en el día de Árafa es el único ritual que reúne a todos los peregrinos en el mismo lugar y al mismo tiempo, realizando los mismos ritos. De hecho, se reporta que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo que “el Hayy es Árafa”[1], queriendo decir que este ritual es primordial en la experiencia del Hayy.

El día de Árafa tiene cierto significado en la tradición islámica. Primero, es el día en el que Dios reveló la aleya 5:3, que proclama la perfección de la tradición islámica y la finalidad de las leyes religiosas que se revelarían a la humanidad. En segundo lugar, se conoce como “el día de la alianza”. Esto se refiere a una existencia o consciencia previa durante la cual Dios tomó un juramento a cada alma. Este incidente se menciona en el Corán: {Cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adán a su descendencia y los hizo dar testimonio [preguntándoles]: “¿Acaso no Soy Yo su Señor?” Respondieron: “Sí, atestiguamos que así es.” Esto es para que el Día de la Resurrección no digan: “No sabíamos nada de esto”}[2].

Finalmente, es un día marcado por el perdón y por la complacencia de Dios. En una tradición se reporta que el Profeta dijo: “No hay día en el que Dios libere más a Sus siervos del fuego que el día de Árafa[3]”. En otra tradición, él dijo: “Dios se ufana ante los ángeles de la gente de Árafa (diciéndoles): ‘Miren a Mis siervos, ellos han venido a Mí en la mañana en un estado desolado con el pelo polvoriento, habiendo cruzado cada valle profundo. Los llamo a dar testimonio de que los he perdonado’”[4].

Así como Árafa es conocido como el día del pacto, en referencia a un día anterior al nacimiento de la humanidad en la existencia actual, Árafa también enciende la imaginación del creyente hacia la otra vida y el Día de la Resurrección.

El Día de la Resurrección tiene una serie de epítetos en el Corán, como el Día de la Rendición de Cuentas[5], el Día del Desastre[6], el Día de la Angustia. Pero muchos de los nombres del Último Día tienen una similitud sorprendente con el Día de Árafa. Estos incluyen el Día de la Permanencia[7], el Día de la Manifestación[8], y el Día de la Reunión[9].

Cuando el peregrino presencia a tantas personas reunidas en un mismo momento y lugar, pidiendo con ansia la gracia de Dios, esto inevitablemente le evoca imágenes del Día de la Resurrección. La vestimenta del Hayy también está marcada por simples sábanas blancas, análogas a las mortajas utilizadas para envolver a los muertos. Todos estos elementos se combinan para hacer que el Día de Árafa sea un recordatorio convincente de nuestra mortalidad y nuestra resurrección inevitable. Le recuerda al peregrino su posición final ante Dios, dándole cuentas de sus obras.

El simbolismo del udiya

Udiya se refiere al sacrificio ritual de un animal, que se lleva a cabo durante la temporada del Hayy durante o después del día del Id ul Adha (la fiesta del sacrificio)[10]. Esta es una de las dos celebraciones anuales para los musulmanes de todo el mundo[11]. El Profeta Muhammad dio instrucciones de que el animal debe ser sacrificado con misericordia, minimizando cualquier dolor y evitando incluso que el animal se sienta ansioso[12]. El sacrificio es un acto de gratitud y devoción a Dios, y un acto de generosidad hacia los demás, ya que la carne del animal se distribuye entre los pobres y necesitados.

Así, encontramos el espíritu humanitario del Islam enfatizado en el día del Id ul Adha. Como musulmanes celebramos este día con nuestras familias y compartimos las bendiciones entre nosotros, ya que Dios declara en el Corán que los rituales del Hayy fueron prescritos {Para que sean testigos de todas las gracias [de la peregrinación y la casa de Dios], y recuerden el nombre de Dios en los días consabidos al sacrificar las reses del ganado que Él les ha proveído. Coman de ellas y den de comer al desvalido y al pobre}[13]. El énfasis sobre los beneficios humanitarios se repite solo unas aleyas más adelante: {Cuando [los animales] se desplomen sobre sus costados [sin vida], coman de ellos y den de comer al mendigo y al necesitado. Así los puse a su servicio para que sean agradecidos}[14]. En el espíritu de servir a toda la humanidad, la carne es donada a los pobres, independientemente de su religión[15]. El Profeta Muhammad enseñó: “Dona en caridad a personas de todas las creencias[16]”.

El origen de este ritual es una de las historias más famosas sobre Abraham, la historia de que Dios le ordenó sacrificar a su hijo[17]. Es una historia que se encuentra en el corazón de cada una de las tradiciones religiosas que miran a Abraham como su antepasado espiritual. Pero también es una historia que ha sido objeto de mucho uso polémico. Miembros del “nuevo ateísmo” como Christopher Hitchens han atacado esta historia como el mejor ejemplo de “lo que está mal” con la religión. ¿Qué clase de Dios le ordenaría a un padre que matara a su propio hijo? ¿Qué tipo de padre aceptaría realizar tal acto? ¿Y qué tipo de religión veneraría a un hombre que aceptó matar a su propio hijo porque creía que Dios así se lo había ordenado?

Reflexionar sobre estas objeciones es imperativo, para garantizar que hemos entendido correctamente la historia y que podemos presentar adecuadamente sus lecciones a los demás, y también para ver por qué dichas objeciones tergiversan la historia. Para estar seguros, lo que se le pidió a Abraham fue una prueba tremenda de devoción. Cuando Abraham emigró por la causa de Dios, abandonando su hogar, sus pertenencias, sin nada más que su fe en Dios, suplicó: {Señor mío, concédeme un hijo de los justos}, a lo que Dios declara: {Le anuncié que le daría un niño sensato}[18]. Apenas podemos imaginar el inmenso amor que Abraham le tenía a Ismael un amor que seguía creciendo a medida que el niño crecía hasta comenzar a caminar detrás de su padre. Y fue precisamente ahí cuando llegó el mandamiento más difícil: la orden de sacrificar lo que más amaba.

Cuando examinamos de cerca el tema, hallamos que hay varias características claves en la narración islámica del sacrificio de Abraham, que demuestran por qué las dudas sobre la importancia ética de la historia están fuera de lugar. Un principio central de la teología islámica explica por qué no hay tensión en esta historia entre hacer lo que es bueno para la creación (ética) y lo que Dios desea (religión): en la base de la teología islámica está la noción de que Al-lah es el más misericordioso, y que Al-ah jamás ordenaría sufrimiento ni daño alguno para ningún ser humano: {Éstos son los signos de Dios que te revelo con la verdad, para que adviertas que Dios no oprime a ninguna de Sus criaturas}[19].

La profunda realidad que los críticos de esta historia no pueden comprender es la certeza de Abraham de que no importaba cuán intensa e inmensamente amaba a Ismael, el amor de Dios por Ismael era mucho mayor. De hecho, como describió el Profeta Muhammad, Dios ama a la humanidad más de lo que una madre ama a su propio hijo[20]. Abraham sabía que seguir los mandatos de Dios jamás causaría daño y, de alguna manera, al final los resultados serían buenos, incluso si él no entendía cómo. Este es el aspecto epistémico que los críticos descuidan: el hecho de que Abraham (como Profeta) poseía cierto conocimiento de lo que Dios estaba ordenando[21] y cierto conocimiento de que la Voluntad de Dios es moral y buena, explica por qué él sabía que seguir las instrucciones de Dios no resultaría en algo malvado[22]. Este no es un individuo cualquiera que afirma haber sido llamado por Dios, este es Abraham, quien salió ileso del pozo de fuego al que su pueblo lo arrojó[23]; Abraham, quien atestiguó con sus propios ojos físicos el milagro de la resurrección[24], y atestiguó también los secretos de los cielos y de la Tierra para estar entre aquellos con una certeza sin par[25].

En segundo lugar, una característica única de la narrativa coránica es que Abraham realmente se acercó a su hijo y le habló al respecto: {“¡Oh, hijito mío! He visto en sueños que te sacrificaba; dime, qué opinas”. Le dijo: “¡Oh, padre mío! Haz lo que te ha sido ordenado; encontrarás, si Dios quiere, que seré de los pacientes”}[26]. Ismael entra al asunto de buena gana y con devoción, en lugar de ser llevado al sacrificio sin conocer las intenciones de Abraham. No hay ocultación ni coacción en la narrativa islámica. Esta historia trata acerca de la belleza de la confianza plena que padre e hijo tenían en la voluntad de Dios, como dice el Corán: {Cuando ambos se resignaron, y [Abraham] lo echó sobre la frente [a Ismael para sacrificarlo], lo llamé: “¡Oh, Abraham! Has cumplido con lo que viste [en tus sueños]. Así recompenso a los que hacen el bien”}[27].

El filósofo existencialista danés Soren Kierkegaard (muerto en 1855) estaba fascinado por el aparente dilema entre fe y moralidad en la historia de Abraham. Kierkegaard sentía que dicha historia personificaba el verdadero significado de la fe, y pensaba que muchos cristianos no habían podido apreciar la profundidad de la misma. Dedicó su obra filosófica Temor y temblor a la historia del sacrificio de Abraham, enfocándose psicológicamente en la ansiedad que debió haber sentido el Profeta mientras atravesaba por esta experiencia con su hijo amado. Aunque representa una obra compleja con muchas interpretaciones, un tema central que surge de ella es la idea de que Abraham jamás se comprometió a hacer algo no ético, como el asesinato. En lugar de ello, Abraham sabía que, aunque lo que se le estaba pidiendo parecía inmoral, significaba confiar en que el resultado final sería algo moralmente bueno. Así, Abraham dio un salto de fe (que Kierkegaard denominó una “suspensión teleológica de lo ético”) al confiar en que Dios perdonaría a su hijo[28]. De este modo, Kierkegaard distingue entre un tipo de obediencia ciega que implica sentirse cómodo realizando un acto no ético, contra la fe verdadera que implica mantener las mismas preocupaciones éticas, pero confiando en que finalmente el bien vendrá al seguir lo que se sabe con certeza que proviene de Dios.

El famoso exégeta coránico, Imam Ash-Shaukani (muerto en 1250) hace un comentario interesante a este respecto. Afirma: “Cuando Abraham puso a Ismael para el sacrificio, un llamado proveniente de donde estaba la montaña le informó: ‘¡Oh, Abraham! Has cumplido la visión’, haciendo que su cumplimiento se basara únicamente en su firme resolución (de realizar la obra) a pesar de no haber hecho realmente el sacrificio. Eso es porque él fue tan lejos como pudo, y lo que se pretendía era que ambos (Abraham e Ismael) se rindieran y se sometieran a Dios (no el acto específico del sacrificio), lo cual lograron con éxito”[29].

En resumen, según esta narrativa, la respuesta de Abraham no fue “estoy conforme con matar a mi hijo porque Dios lo dijo”, como lo sugiere el “nuevo ateísmo”, sino que fue: “Dios me está pidiendo algo terriblemente difícil, pero confío en Dios sabiendo que, si sigo este camino, Él estará ahí para Ismael y para mí, y nos protegerá de todo daño. Dios aceptará nuestra devoción y confianza en Él y nos llevará a algo mejor”. Esta forma de confianza es, en cierto sentido, análoga al notorio ejercicio de la “caída de confianza”, en el que alguien se permite caer hacia atrás confiando en que el otro participante lo atrapará. Dicha persona sabe que caerse es algo malo y no desea golpear el suelo y herirse, pero demuestra su confianza total en que el otro participante la rescatará del daño antes de impactar contra el piso.

Por lo tanto, vista a su propia luz, esta historia representa el testamento más brillante y poderoso para la espiritualidad y la devoción verdaderas. Aunque Dios no nos pide que sacrifiquemos a nuestros hijos, la vida nos traerá muchos desafíos difíciles en los que cuesta mucho defender lo que es correcto, y mantener la voluntad de soportar el sufrimiento para lograr un cambio positivo. Podemos perder nuestra riqueza, nuestra familia e incluso más. La fe verdadera no significa descartar los valores morales ni la ética en favor de un compromiso sin sentido con instrucciones arbitrarias. Más bien, la fe verdadera significa estar preparados para partir con lo que sea que nuestros corazones estiman, para sacrificar lo que nos es más precioso cuando sabemos que podemos aprovechar la oportunidad de hacer lo correcto por la causa de Dios y para servir a Su creación. Porque, al final, sabemos que Dios estará con aquellos que luchan por hacer el bien en Su camino[30].

El simbolismo del yamarat

Yamarat (literalmente, lugar de las piedras) se refiere a tres lugares específicos en Mina, cerca de La Meca. Los peregrinos visitan los yamarat durante el Hayy y les lanzan piedras a cada uno de los tres pilares.

Según una narración, se dice que este ritual conmemora las acciones de Abraham mientras estaba en camino a sacrificar a su hijo Ismael, para cumplir las instrucciones de Dios. Después de que Abraham se convenció de que sacrificar a Ismael era la voluntad de Dios, en su camino hacia su hijo fue confrontado tres veces por el Diablo, que intentó disuadirlo. Y cada vez, Abraham le respondía tirándole piedras[31].

A pesar de la idea errónea que frecuentemente sostienen algunos peregrinos de que están lapidando físicamente a Satanás cuando lanzan piedras a los yamarat, este es en realidad un ejercicio simbólico que conmemora los actos de Abraham. Este ejercicio le recuerda al peregrino que debe ser consciente de los males tanto internos como externos en el mundo, que tratan de alejarnos de Dios y de la rectitud. Y ello nos recuerda que la fe y la sinceridad siempre serán abordadas y confrontadas por fuerzas externas y, por lo tanto, el creyente debe estar preparado para luchar cuando se trata de alcanzar la complacencia de Dios.

Conclusión

Como humanos, nos esforzamos por crecer moral y espiritualmente, y alcanzar nuestro máximo potencial mientras luchamos contra las arduas pruebas y tribulaciones que nos ocurren. A través del lenguaje simbólico de los rituales, descubrimos una capa de significado en nuestras vidas que habla a nuestro sentido central del ser: quiénes somos, de dónde venimos y cuál es el propósito de nuestra existencia. El mayor viaje es el trayecto espiritual hacia Dios, para alcanzar conocimiento de nuestro Creador y experimentarlo a Él en nuestras vidas, y el viaje físico del Hayy contiene muchos rituales poderosos que nos despiertan a nuestra relación con Dios y con los demás.

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[1] Sahih Bujari, 3179. Esta expresión resalta la importancia de Agar para la Umma (nación) del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y tiene varias interpretaciones. Una posibilidad es que indica que esta Umma nació en el momento en que Dios le respondió a Agar su súplica con el surgimiento de Zamzam.

[2] Corán 7:172.

[3] Sahih Múslim, 1348.

[4] At-Thahabi, Mizan Al-I’tidad, 4:381.

[5] Corán 38:16.

[6] Corán 22:55.

[7] Corán 2:85.

[8] Corán 50:42.

[9] Corán 40:15.

[10] Existe una diferencia clásica de opinión sobre si es una obligación (escuela de derecho Hanafí) o una recomendación enfatizada (escuelas Shafií, Malikí y Hanbali), y también una diferencia de opinión sobre si está prescrita para todos (Shafií) o solo para los no viajeros (Hanafí), o solo para los no peregrinos (Malikí), junto con otras posiciones intermedias.

[11] La otra es el Id ul Fíter (fiesta del final del ayuno) que sigue al mes de Ramadán.

[12] El Profeta dijo: “Cuando sacrifiquen, deben usar un buen método; uno de ustedes debe afilar bien su cuchillo y darle al animal el menor dolor posible” (Sahih Múslim, 1955).

[13] Corán 22:28.

[14] Corán 22:36.

[15] Ibn Qudamah Al-Maqdisi (muerto en 620 H.), Al-Mughni (Riad: Dar Alam Al-Kutub 1999) vol. 13, p. 381.

[16] Musanaf Ibn Abi Shaiba, 10494.

[17] En la tradición islámica, el hijo es identificado como Ismael de acuerdo con la opinión predominante de los eruditos, con base en las indicaciones del Corán, según lo articulado por Ibn Taimiah (muerto en 728 H.) en Maymu Al Fatawa (Dar Al-Wafa’ 2001, vol 4, p. 204).

[18] Corán 37: 100-101.

[19] Corán 3:108.

[20] Sahih Bujari, 5999.

[21] Se ha afirmado en Tafsir Al Qurtubi (37:102) que él recibió estas visiones durante tres noches consecutivas, y en la teología islámica, las visiones de los profetas incluyen revelación, como se relata en Sahih Bujari (véase Ibn Hayar Al-Asqalani, Fath Al-Bari, 6581).

[22] La mayoría de las objeciones tienen la presunción epistemológica subyacente de que quien hace la afirmación de que Dios le ordenó que haga algo es probablemente iluso o demente, porque en realidad no hay Dios diciéndole que haga esto o aquello. Sin embargo, si se establece con absoluta certeza que Dios ha ordenado que se realice una acción, un acto que parece entrar en conflicto con nuestras sensibilidades éticas, ¿cuál es entonces el curso de acción correcto? Según la teología islámica, las realidades éticas fundamentales son racionalmente discernibles, de modo que los mandamientos de Dios siempre se corresponden con lo que el razonamiento correcto identifica como verdaderamente ético. Si algo parece ser distinto, es porque no lo hemos estudiado lo suficiente. El Corán afirma que, cuando las personas intentan justificar actos inmorales declarando que Dios así lo ordena, la respuesta correcta es afirmar: “Dios no ordena la inmoralidad” (Corán 7:28).

[23] Corán 21:68-70.

[24] Corán 2:260.

[25] Corán 6:75.

[26] Corán 37:102. El exégeta coránico Mahmud Al-Alusi (muerto en 1270 H.) señala que esto demuestra la humildad de Ismael al no afirmar con valentía que sería paciente, sino más bien, diciendo que estaría entre aquellos que son pacientes, si Dios quiere.

[27] Corán 37:103-105.

[28] Alastair Hannay. Homing in on Fear and Trembling. En: Kierkegaard, Fear and Trembling: A Critical Guide. (Cambridge University Press 2015) editado por Daniel Conway. p. 13.

[29] Al-Shawkani, Fath Al-Qadir, (Beirut: Dar Al-Marefah 2007) p. 1246.

[30] Existe otro elemento de la crítica a esta historia por parte del “nuevo ateísmo”, que es lógicamente falaz: Cuando uno está comprometido con la idea de que los seres humanos son meros animales biológicos sin estatus especial ni santidad, ¿por qué el sacrificio humano es moralmente objetable pero el sacrificio de animales no? Si la vida humana no es, categóricamente, diferente de la vida animal, entonces ¿qué les da a los humanos el derecho de consumir animales? Para los musulmanes, este derecho solo proviene del permiso divino (con la condición de que el animal no sea muerto por deporte, sino que consumamos la carne y sacrifiquemos al animal de manera piadosa), y por ello se busca la bendición de Dios antes de sacrificar cualquier animal, a fin de que sea halal (permitido).

[31] Musnad Áhmad, 2791. Este hadiz fue autenticado por Áhmad Shakir, mientras que Nasir Ad-Din Al Albani lo declaró débil. Algunos eruditos adoptan el punto de vista de Al Albani y también han opinado que, dado que no existe una fuente concluyentemente auténtica que vincule la práctica de Abraham lapidando a Satanás, los yamarat no tienen relación alguna con dicho evento. Sin embargo, no proporcionan una alternativa para el origen del ritual de lapidar los yamarat.